Jot Down Cultural Magazine – Biología e igualdad de género

Biología e igualdad de género

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Fotografía: dmagarityjr (CC).

Hombres y mujeres no tenemos las mismas características biológicas, producimos cantidades diferentes de hormonas y tenemos algunos genes distintos alojados en los cromosomas sexuales, esto nos resulta obvio. Sin embargo, ¿somos diferentes desde una perspectiva más íntima, en nuestros intereses y pretensiones y en el comportamiento que de ellos se deriva? Esto ya no es tan obvio y por ello prefiero acudir a la ciencia empírica para dar una respuesta, antes que a la introspección o a la observación de casos particulares.

Existe una tendencia a creer que animales y seres humanos estamos sometidos a diferentes reglas debido a la cultura o a nuestra «inteligencia». Esto hace que dejemos de considerarnos seres vivos como los demás. Sin embargo, esta idea no resiste el escrutinio. Pensemos que el conocimiento sobre nuestros rasgos ha progresado investigando animales. Nos parecemos tanto que hemos podido entender cómo funcionan nuestras neuronas porque alguien lo estudió en babosas marinas; sabemos cómo se desarrollan nuestros embriones pues lo aprendimos estudiando erizos de mar y codornices; comprendemos cómo funciona el aparato circulatorio porque lo estudiamos en cerdos y perros. Todos estos conocimientos se aplican diariamente en nuestras vidas. ¿Por qué habría de ser diferente en lo que respecta a nuestro comportamiento? Los modelos animales nos dan también información al respecto; nos dicen que machos y hembras somos distintos no solo en nuestro físico, sino también en nuestro comportamiento, por una diferencia biológica fundamental.

¿De dónde vienen las diferencias entre los sexos?

Para dar respuesta a esta pregunta hay que pensar en nuestra historia evolutiva. Todos los seres vivos tenemos algo en común: somos hijos. Somos el resultado de individuos que lograron reproducirse, hijos a su vez de otros hijos que lograron reproducirse: un linaje que viene desde nuestro origen común. Los que no se reprodujeron no dejaron copias relativamente parecidas de sí mismos, y sus linajes ya no existen. Cada ser vivo es, en potencia, un reproductor eficaz por haber heredado las características de su antecesor, que indudablemente fue un reproductor eficaz. Además, en los seres vivos con reproducción sexual, como nosotros, dejar descendencia no solo depende de uno mismo, sino de la pareja.

Desde el punto de vista reproductivo, sabemos que hay dos sexos: uno genera gametos grandes, inmóviles (relativamente costosos), y el otro produce gametos pequeños, rápidos (más «baratos» para el metabolismo). En muchas especies, el sexo de los gametos «caros» se ocupa de otros aspectos «costosos», como cruzar el océano para enterrar huevos, transportar a la descendencia en la espalda para que acabe devorándolo, o dar de mamar a la cría a las tres de la mañana.

Gracias a Robert Trivers sabemos que el sexo que tiene más gastos es más selectivo al elegir pareja, y esto suele generar una competencia más intensa en el otro sexo.

A ese respecto, el animal humano no tiene por qué ser diferente. Somos una especie típica desde las neuronas, los embriones y el corazón hasta las cuestiones relacionadas con los mecanismos que llevan a cada individuo a ser un reproductor eficaz. Los mecanismos subyacentes que guían las decisiones al buscar pareja están sometidos a una fuerte presión de selección. Como en otras especies, es lógico que la diferencia en el coste reproductivo (mayor para la mujer) haya conducido a que esos mecanismos sean distintos en los sexos, afectando qué es preferible elegir y cómo conseguir ser elegido. Gracias al trabajo de investigadores —como David Buss y Anne Campbell— sabemos que aún son parte importante de nosotros las estrategias reproductivas llevadas a cabo por nuestros predecesores, cuyo éxito se certifica porque hoy estamos aquí.

Cultura, biología y feminismo

¿Y la cultura no afecta? Aunque con certeza nuestra dimensión cultural afecta nuestro modo de reproducirnos, no puede modificarlo demasiado. Porque nuestros mecanismos dirigidos a elegir pareja y reproducirse son consecuencia de nuestra biología (o, al menos, seguro que la biología tiene bastante que decir al respecto, o no seríamos descendientes de un largo linaje de reproductores exitosos).

Las diferencias morfológicas siguen ahí; ¿por qué no habrían de permanecer las relacionadas con las preferencias y los intereses? Lo esperable como descendientes de reproductores exitosos es que muchas de nuestras preferencias y decisiones estén influidas por la necesidad de garantizar que dejemos descendencia capaz de reproducirse. Esto ocurre a pesar de que nuestras motivaciones conscientes no busquen explícitamente tales cosas. El proceso para llegar a ser un reproductor eficaz es distinto en machos y en hembras; por tanto, es previsible que nuestros rasgos biológicos produzcan modos de actuar diferentes en muchos aspectos entre hombres y mujeres.

Esa cuestión está detrás, al menos parcialmente, de muchas diferencias entre los sexos, presentes en nuestro día. Estas van desde los juguetes que tendemos a preferir de pequeños hasta los productos que consumimos de mayores. Las observamos también en el modo en que se ejerce el bullying y en la gravedad de sus consecuencias, en la probabilidad de provocar un accidente de tráfico o en la importancia que le damos a los puestos «altos» en el trabajo.

Hay quien cree que algunas de esas diferencias dificultan lograr lo que las personas feministas buscamos: la completa igualdad de derechos y oportunidades. A otras nos parecen simplemente anecdóticas. En cualquier caso, es importante tener claros todos los factores situados detrás de las diferencias si consideramos necesario corregirlas.

Según algunas corrientes del feminismo, lo que he expuesto no vale para la especie humana pues únicamente la cultura genera las diferencias entre los sexos. Afirmar la existencia de diferencias genéticas y fisiológicas que afectan al comportamiento se considera «determinista» o «biologicista», y esto sería nocivo pues, al parecer, justificaría las desigualdades, la inequidad o la violencia de género.

Las reacciones contra las explicaciones biológicas del comportamiento se producen porque se temen las consecuencias de vincular estas diferencias a dos conceptos claramente erróneos: que lo natural es bueno o correcto, y que lo que tiene una base biológica es imposible de modificar. El carácter incorrecto de lo primero —la denominada falacia naturalista— es obvio si pensamos en todas las cosas «naturales» que no son «buenas» (como las infecciones o los terremotos) o «correctas» (como la caza indiscriminada). Con respecto a si algo de base biológica es inalterable, podemos pensar en los comportamientos instintivos que «enseñamos» a controlar a nuestros animales domésticos (y también a las personas).

La igualdad de género es sencillamente una cuestión de respeto al otro. Este podría imponerse, pero desde mi punto de vista es más fácil combatir los problemas de género asumiendo que hay diferencias de base sobre las que trabajar, en lugar de obligar a seguir reglas que aumentan la incomprensión, basadas en falacias, promoviendo el miedo como motor del cambio. Ignorar las diferencias dificulta la comprensión sobre su origen y los métodos para minimizarlas.

En el camino por lograr la plena igualdad encuentro muchas mujeres que creen que, por ser mujeres, comprenden las causas, las razones y las motivaciones de todas las demás. Basándose en ejemplos particulares, normalmente no evaluados sistemáticamente, generalizan y promueven políticas. Creo que sería más eficaz basar nuestras decisiones en observaciones lo más ajustadas a la realidad. El objetivo que pretendemos lograr es político; queremos que afecte a cada uno de nosotros. Por tanto, el objetivo será más eficaz cuanto mejor se comprenda la realidad que quiera modificarse. Por ello, no es buena idea sustentar nuestra acción reivindicativa en opiniones personales, sino en evaluaciones lo más precisas posible del mundo en que vivimos, útiles para construir sobre ellas un cambio sólido.

¿Cómo podemos emplear este conocimiento?

Pese a lo expuesto, podemos preferir creer que las diferencias que nos llevan a comportarnos de manera sexista vienen exclusivamente de la cultura. Haciéndolo seguiremos tratando de imponer normas que no serán compartidas, que seguirán aumentando las tensiones entre nosotros y que convertirán la sociedad en un mundo más hostil, fundado en relaciones humanas artificiales. Estas normas impuestas no tendrán ninguna eficacia a mediano plazo, no promoverán el cambio. Los procesos internos —producto de nuestra evolución biológica— seguirán manifestándose en cuanto tengan oportunidad.

Para lograr un cambio, en primer lugar, hemos de estudiar qué somos y por qué nos comportamos como lo hacemos. Alcanzado ese punto, opino que el motor del cambio está en instruir y aumentar nuestro autoconocimiento. Debemos aprender a distinguir cuál parte de las cosas que deseamos, que hacemos y en las que creemos tienen como motor una causa biológica subyacente, y cuáles son, realmente, frutos de nuestros intereses libremente escogidos y conscientes.

Si la base no es fomentar el conocimiento sino creer que solo la socialización genera el sexismo, me temo que el techo de cristal se mantendrá sobre nosotras, el número de feminicidios seguirá inalterable y nuestros esfuerzos por corregir tales situaciones serán una fuente de decepción constante. Hay que lograr una síntesis entre el conocimiento científico de las causas de nuestro comportamiento y los objetivos políticos del feminismo. En nosotros está tener la mente abierta para entendernos y así crear las condiciones necesarias para una equidad real.

35 comentarios

  1. Posts como este hacen flaco favor a la lucha contra el desconocimiento y la desigualdad entre géneros. Leer tanto contenido vacío, como bióloga, feminista y mujer, me ofende. Existen diferencias sexuales que ni están datadas ni documentadas porque la ciencia ha estado tan sesgada por el heteropatriarcado y el androcentrismo, que ni las mujeres hemos sido objeto de estudio a la hora de evaluar efectos secundarios para medicamentos exclusivos para nosotras. Los cerebros de los sexos son diferentes, el bagaje hormonal es diferente. Tendría sentido hablar de estas diferencias si aclaramos que no se conocen, que ni ha interesado prestarles la misma atención al sexo mujer y al sexo hombre; y tiene sentido hablar de ellas cuando se le deja claro al que no está familiarizado con el campo de la investigación que esas diferencias biológicas caminan contracorriente a las diferencias culturales. No se trata de asumir que somos diferentes sexualmente (eso ya nos lo han dicho a todos) se trata de tener intención de conocer realmente esas diferencias y compararlas con las establecidas por la cultura, en lugar de justificarlas (sin dar ningún argumento de peso, en una revista reputada como esta) y hablar de una revolución antinatural.
    Ya está bien de tonterías.

    • Regla útil: a la expresión “flaco favor” siempre sigue un comentario basado en ideas preconcebidas y nula comprensión de lo escrito.

      Si por algo aboga este artículo es por “conocer realmente esas diferencias”. En ningún momento justifica nada, y mucho menos cae en la falacia naturalista; de hecho, dice lo contrario, que las diferencias injustas se pueden corregir aunque sean de origen biológico, pero no se conseguirá negando su existencia.

      • Zas en todo el matriarcado!

        Ahora a ver quién es más feminista, grita más y hace menos por entender la opinión del otro.

        Buscamos soluciones fáciles a todo, rápidas y fáciles… aunque los datos demuestren lo contrario. Las leyes viogen han reducido los asesinatos en 0, para qué nos vamos en molestar en pensar que podíamos estar equivocados.

        El nuevo feminismo se basa en uno de los peores defectos que el machismo achaca a la mujer, que es irracional, que solo es emocional y que solo quiere tener la razón cueste lo que cueste.

    • “flaco favor”, chupito.
      “como X, me ofende”, chupito.
      “la siensia está sesgada”, chupito.
      “heteropatriarcado y androcentrismo”, chupito.

    • Estoy aburrida, a bu rri da, de que constantemente se diga que los estudios científicos de las diferencias entre hombres y mujeres solo los hacen hombres. Sinceramente aburridiiiiiiisima. Griet Vandermassen, Anne Campbell, Maryanne Fisher, Patricia Gowaty, Barbara Smuts, Leda Cosmides, Sarah Hrdy, Tracy Vaillancourt, Lisa DeBruine, Paula Stockley…. Y no son estudiantes de doctorado, son jefas de grupo. Todas ellas investigan cuestiones relacionadas con las diferencias entre hombres y mujeres y la biología. ¿Qué son? ¿Traidoras al clan?

      Muchas de ellas han escrito libros hablando de evolución y feminismo (igual que no estén traducidos es lo que dificulta el acceso a esa información). Muchas de ellas han contribuido a cambiar el foco de estudio de la perspectiva evolutiva sobre el comportamiento humano.

      No entiendo por qué sistematicamente os oponeis al trabajo de mujeres que buscamos exactamente lo mismo que decís buscar vosotras, eliminar el machismo y alcanzar una igualdad real. Me gustaría que algún día alguna explicaseis por qué veis tan nocivo averiguar realmente como de enraizadas en nuestra biología estan las diferencias que empiricamente observamos. A veces me da la sensación de que simplemente quereis preservar vuestro punto de vista, sin admitir otras perspectivas, porque os conviene

    • Lo de que ” ni las mujeres hemos sido objeto de estudio a la hora de evaluar efectos secundarios para medicamentos exclusivos para nosotras” debe de ser una coña marinera, en esta época (desde hace décadas, vaya) de estudios poblacionales y ensayos clínicos examinados hasta la nausea por grupos de estudio e investigación que encuentran en los subgrupos una fuente casi inagotable de publicaciones.

      Vamos, que alguien que se trasciende que es investigadora diga esto es alucinante.

      • Pues en una enfermedad puramente femenina es así, en endometriosis sois cobayas, el origen del tratamiento que recetan estaba pensado en un principio para una enfermedad de hombres pero como no funcionó pues… que se lo tomen las mujeres y por lo menos las tenemos calladas. Es escandaloso y que haya mujeres en el gobierno y que no hagan nada contra eso me enferma.

  2. “Porque nuestros mecanismos dirigidos a elegir pareja y reproducirse son consecuencia de nuestra biología”.

    No es la primera vez que esta persona publica artículos sobre el tema ignorando por completo la diversidad humana a la hora de establecer uniones matrimoniales o sexuales con fines reproductivos. Su idea de lo que es esto no va mucho más allá de las películas románticas de Hollywood, eso sí, con la debida decoración (pseudo)científica. Y sin embargo lo toma como el comportamiento humano “natural”. Etnocentrismo de manual. Una rápida panorámica de las costumbres sociales en materia matrimonial y reproductiva demuestra que se trata de algo sujeto a cuestiones políticas, sociales, culturales y económicas, ya que son cuestiones de gran trascendencia para la sociedad. No deja de ser gracioso que compare un modelo concreto de unión matrimonial o reproductiva ideológica y culturalmente específico con especies animales antes que con otros seres humanos. Ya no digamos la patada que estas tesis representan para el feminismo, que desde hace casi un siglo ha rebatido y combatido las ideas que basan el comportamiento social y cultural en lo biológico. Estas ideas han sustentado las peores tesis racistas y clasistas a lo largo del s.XIX y también el XX, por esto existió una cosa que llamamos “racismo científico”, o quienes decían que la clase obrera inglesa tenía una forma craneal que la hacía propensa al crimen. Veo que no estamos muy lejos de esto.

    Gracias a Andrea por su comentario.

    • Es fascinante que haya gente que profundamente religiosa e ignorante que crea la selección sexual o la biología evolutiva son algo ajeno al ser humano y que no se nos aplica como especie, como si los humanos no fueramos también animales.
      Sosteneis una posición cuasireligiosa, y como en todas las religiones en cuanto aparecen realidades que chocan con vuestro dogma, solo os queda gritar “racistas”, “nazis”, o en su versión mas pulida intentar culpar por asociación, que es tu propósito cuando nombras teorías ridiculas racistas del siglo XIX para intentar desacreditar el consenco existente enre los biólogos sobre este tema, que es la base del artículo.

      Marina y Andrea, es una pena que no pongais un enlace a vuestras cuentas de twitter desde las cueales respondeis cabreadas a Marta cada vez que publica algo que os hace enfadar muchísimo y no podeis ni siquiera debatirselo porque no estais a su nivel. ¿Por qué sois siempre veinteañeras con hoz y martillo en su cuenta de twitter, que viven con sus papis y estudian algo de letras? Puro posmodernismo en hacsion.

      • Porque son feministas posmo de clase media y, si son de hoz y martillo, son solo socialdemócratas de h y m o no pasan del marxismo vulgar y tuitero.
        Relativismo y desinformación.

    • ¿Por qué ves menos util para entender la naturaleza humana el etnocentrismo que el antropocentrismo? ¿Lo que le pasa al resto de seres vivos no le pasa al ser humano? ¿Por qué os sentís tan especiales? Igual es porque tenemos un alma inmortal…

    • “Una rápida panorámica de las costumbres sociales en materia matrimonial y reproductiva demuestra que se trata de algo sujeto a cuestiones políticas, sociales, culturales y económicas,”

      ¿Y las cuestiones biológicas no influyen nada? ¿Ni siquiera un poquitito? ¿Ni un 0.1%?

      • Te compro e 0.1% de diferencia, y te pregunto: ¿Un 0.1% de diferencia es suficiente para las grandisimas diferencias sexistas y machistas que hay en nuestra sociedad actual?

        Seguro que tú yo yo, siendo hombres ambos, somos más diferentes de un 0.1%, y sin embargo socialmente no nos tratan de manera tan diferente.

        ¿Un 1%? Te lo compro también. Mi pregunta y comentario anterior siguen siendo válidos.

    • Tu hablas de relaciones forzosas para obtener beneficios o estatus, como los matrimonios concertados o por interés. Y el artículo habla de lo que a ti te gusta o te atrae, que es en efecto fruto de tu biologia y no lo controlas. Un poco mas de comprension lectora y un poco menos de bilis, que es un poco el resumen del artículo tb.

  3. Qué cansina es la sociobiología!

  4. Me gustó el artículo. Se presenta la idea de la biología como factor definiendo algunas particulares diferencias no solo la cultura y la historia. Como investigador que soy, me hubiera gustado tener las referencias a los artículos/libros de autores que se mencionan. Lo que entro en desacuerdo es la generalización, aunque la abstracción puede ser mejor o más válida opción.
    Me gustan éstos temas ya que ante más luz científica, menos fanatismo oscurantista y reaccionario poblando los comentarios.
    Mil gracias.

  5. Hablar en 2017 del objetivo de “la completa igualdad de derechos y oportunidades”, “los problemas de género”, “el camino por lograr la plena igualdad”, “objetivos políticos [feministas]”, “lograr un cambio”, “techos de cristal” y “feminicidios”… a la vez que se reivindica una actitud científica, es sencillamente delirante. Es como hablar del “problema de los unicornios” para argumentar que requiere “un enfoque científico”. Leer algunas buenas referencias científicas sobre la pretendida “diferencia de género en retribuciones” llevaría a la autora a entender que “el problema” simplemente no existe. Por ejemplo, Bertrand, Goldin y Katz, “Dynamics of the Gender Gap for Young Professionals in the Financial and Corporate Sectors”.

    La mujeres están legalmente privilegiadas, no discriminadas. No hay ningún cambio que lograr, ningún techo de cristal, ningún problema de género. Las diferencias que observamos se deben simplemente a las preferencias y a las capacidades de cada cual.

    En cuanto a la ciencia… ¿dónde la paramos? No todo depende de las distintas actitudes ante la reproducción. Mirarse al espejo es una experiencia muy dura. Le aconsejaría a la autora el artículo “Sex differences in brain size and general intelligence ( g )”, de Dimitri Van der Linden, Curtis S Dunkel y Guy Madison.

  6. Enhorabuena. Clara y concisa sobre un tema escabroso que cuesta mucho hacer ver a la opinión publica media. Más necesario si cabe que lo escriba una mujer, con todos los ataques que conlleva.
    Pone los puntos sobre las íes en muchos aspectos, y en mi opinión recalca uno fundamental:
    Que haya ciertos factores que expliquen un problema, no implica justificar ese problema, ni culpabilizar a la víctima del mismo. Es más, favorecen un análisis mas justo y exhaustivo sobre la problemática en cuestión, estando de esta forma más cerca de su solución al saber mejor a qué nos enfrentamos exactamente.
    De nuevo, mi enhorabuena.

  7. Buena exposición y claridad de ideas. Esto es lo que el feminismo necesita, y con estudios en esa línea es como se conseguirá la igualdad real, sin necesidad de imponerla.
    Como siempre, en todos los ámbitos hay gente que vive de la confrontación política también en cuestiones de sexo, y a esos no se les va a callar, dado que comen del conflicto.

  8. Muy buen artículo, la explicación del porqué de las diferencias en estrategias reproductivas entre hombres y mujeres es bastante evidente y fácil de entender por cualquiera que haya estudiado biología y evolución. Y también bastante valiente ya que va en contra del dogma actual en la sociedad de que todos somos iguales en todos los aspectos y no se puede decir nada que pueda ir en contra de ello, como ya han demostrado unos cuantos comentarios que lo han atacado desde puntos de vista más ideológicos que científicos. Lo cierto es que no tiene sentido decir que esto es inmoral, incorrecto, o malo. La naturaleza es completamente amoral, no sabe de derechos, de lo que es correcto o no, o de la felicidad de los individuos que componen las especies animales. Estas diferencias se producen porque evolutivamente son estrategias que han tenido éxito, y en estos momentos la humanidad las tenemos enraizadas en los genes.

  9. Pingback: Biologicismo e igualdad de género | Ciencia mundana

  10. “prefiero acudir a la ciencia empírica para dar una respuesta”

    No he visto nada de ciencia en este artículo

  11. Estaba yo pensando cómo acercar posturas en esta guerra que se ha generado entre lo que impone la biología y lo que procede de la educación/cultura/sociedad. Creo que lo tengo, díganme si les convence:
    Se trata de la figura de la potencialidad o predisposición. Estos conceptos permiten aunar los frentes, e incluso cumplen con el buen deseo de la autora: conocernos mejor para mejorar en nuestro control.
    Una breve explicación: Existe en el ser humano, como en todo ser de base animal//biológica unas inevitables características provenientes de su evolución (de ese “linaje de reproductores exitosos”), esto es ciertamente innegable, pero también lo es que el ser humano es como tal “humano” precisamente porque, en cierto momento, se ha elevado sobre el elemento puramente biológico, en otras palabras, tiene posibilidad de dejar de ser naturaleza para llegar a ser otra cosa. La biología, lo animal, es tan solo, en nosotros, una predisposición, que puede o no desarrollarse (o puede hacerlo en tal o cual sentido y extensión). La biología siempre estará ahí, evidente e innegablemente, pero solo como recipiente, puesto que la cultura, la educación, todo lo “social”, es lo que determina si esas potenciales se convierten en acto o se quedan solo en posibilidades sin concreción, en meras virtualidades.
    Debemos ser conscientes, añadiría a la autora, que ciertas posibilidades, por estar favorecidas por esas predisposiciones, pueden ser más fáciles de desarrollar, y nuestra vigilancia debe ser más atenta e intensa en ellas; pero no creo, no comparto con la autora, que exista ni un solo elemento biológico, ni una sola de esas predisposiciones, que no sea más que eso, mera potencia, susceptible de ser totalmente abandonada o silenciada con la debida intervención de lo social.
    Existe en lo humano la capacidad de elevarse e ignorar la naturaleza, y eso conlleva una gran responsabilidad: la de vivir en un mundo sin límites, y la de autoimponérnoslos allí donde creamos que deban regir. Ahí reside el auténtico debate. Los dioses no tienen dios.

    • Completamente de acuerdo en la idea de “potencialidades” que se desarrollan o no, según lo que cada individuo permita que se desarrolle. El problema es que, por lo que se ve, es que esas posibilidades siguen convirtiéndose en rasgos socialmente poco deseables. A lo mejor eso ocurre porque nos empeñamos en “desdeñar esas posibilidades”, sin darnos cuenta de que lograremos poco cambio si no se trabaja activamente sobre ellas, o si se cree que esas “potencialidades” son solo consecuencia de una “cultura” y van a desaparecer sin una actuación específica sobre ellas, simplemente cambiando el contexto cultural. Lo que ocurrirá es que, como las potencialidades emanan de nuestra biología y esta no cambia, volverán continuamente a acecharnos. Pensando que son fruto de la “cultura” no vamos a acabr con ellas.

  12. Hay un problema a la hora de extrapolar los resultados de investigaciones sobre animales, a los seres humanos: y es el factor cultura. Los seres humanos no elegimos pareja para reproducirnos, sino para sentirnos amados, arropados y felices. Lo de la reproducción viene después, de hecho nos pasamos la mayor parte de nuestra vida reproductiva evitándolo con anticonceptivos; y lo de intentar evitar el embarazo es tan antiguo como el mismo ser humano, no es moderno aunque ahora dispongamos de mayor eficacia para ello. Por tanto, no es nuestra prioridad como lo es en los demás animales. También somos la única especie capaz de practicar sexo sólo por placer y en momentos en que la hembra es infértil (los tan traídos y llevados bonobos tienen sexo más por motivos de jerarquía y paz social que de disfrute sensual). Por tanto, las personas eligen a sus parejas por parámetros muy distintos a los que lo harían si sólo pensaran en la reproducción: la hembra de nuestra especie no elige al mejor, sino al que más le gusta. Porque si sólo “el mejor” tuviera opción al sexo ¿cuántos machos de nuestra especie morirían vírgenes?

  13. Me encanta que la genre hable de motivaciones en los animales y decida cuáles tienen. Lo bueno de la ciencia es que trata de apartar la subjetividad todo lo que puede y no se precipita. Un buen estudio no dirá que los animales “tienen sexo para” sino que los animales tienen sexo. No follan para reproducirse, se reproducen porque follan. Un animal que tiene sexo probablemente pondera, igual que un humano, con base en su conocimiento. Tienen inteligencia y formas de comprender el mundo. Nuestros cortejos varían culturalmente, pero siguen siendo cortejos como los de nuestros primos. Y lo hacemos y escogemos pareja. La forma varía, nuestras motivaciones sí parecen ser de origen biológico. El problema de la etología (que deja de ser ciencia natural cuando es juzgada a la luz de ideologías ajenas), como el de todas las ciencias sociales, es la profusión de para qués. Por favor, saquen sus paraqués de su juicio y vuelvan a leer el texto.

  14. Sí, hay diferencias biológicas. No, no está demostrado que esas diferencias expliquen “nuestros mecanismos dirigidos a elegir pareja y reproducirse” o “los juguetes que elegimos de pequeños”. Y lo mejor de todo: es completamente indiferente. Efectivamente la naturaleza es amoral, y la discriminación de género, tal y como se produce en nuestra sociedad, sea explicada o no en supuestos parámetros biológicos -aislados, incompletos, etnocéntricos, parciales-, es inmoral. Separar naturaleza de cultura en seres humanos es imposible, porque somos animales sociales.Los gatos no nacen sabiendo cazar, aprenden, y no son una especie muy social. El comportamiento humano no es instintivo, es aprendido. Y después, es moral o inmoral. El problema no es que los hombres sean “biológicamente” más o menos agresivos, ese debate está fuera de foco. Ser agresivo cuando te sientes amenazado está bien. El problema es ético. Los hombres que violentan a mujeres, negros u homosexuales se sienten amenazados por ellos. Y a la vez se sienten superiores a ellos. El problema de la violencia masculina es cultural, no biológico. La discriminación de género -que sustenta valores y comportamientos que pueden llegar hasta la violencia- no responde a condiciones biológicas, más bien las explota y, donde pueda haberlas, las profundiza. Las preferencias desde antes de nacer están condicionadas. La educación de los niños y de las niñas se basa en valores éticos y morales distintos, no en tendencias biológicas. Así que sí, está estupendo conocer cómo de diferentes somos en nuestra naturaleza. ¿Por qué la discriminación de género o machista se reivindica como un problema en las últimas décadas y no antes? Porque las mujeres han cambiado mucho en poco tiempo, pero los hombres han cambiado o están cambiando más despacio. El equilibrio se trabaja en sociedad, porque lo de que ellos tienen pene y ellas vagina ya nos lo sabemos.

    • Creo que hay algunas de tus afirmaciones que son inexactas o matizables. Son los mecanismos encaminados a buscar pareja y reproducirnos los que causan las diferencias entre sexos, no al reves. Sí es posible separar naturaleza y cultura al estudiar un comportamiento en seres humanos. Es una separación que se hace estadísticamente (y por tanto sujeta a leyes probabilisticas, pero ofreciendo certezas con cierto grado de probabilidad). Creo que cuando dices que los gatos aprenden a cazar te refieres a que perfeccionan sus habilidades para hacerlo, partiendo de unos instintos. Pero vamos, que las arañas, los escorpiones, y las serpientes cazan sin aprender de nadie (por supuesto, a lo largo de su vida perfeccionan la técnica, pero creo que no e a esa clase de “aprender” a la que te refieres). Desde luego lo que hacen algunos hombres es inmoral y terrible, y no tiene justificación ninguna. Pero seaa o no inmoral no va a dejar de ocurrir si no se hace algo.A lo mejor, dado que no deja de ocurrir al ritmo que bediera, no está de más averiguar por qué algunas conductas son tan persistentes. Puedes creer que persisten porque se les educa en ese sentido, aunque igual explorar otras posibilidades es buena idea. Malo no creo que sea, desde luego. Desde luego que las mujeres hemos cambiado rápido y algunos hombres no se adaptan al cambio. ¿No te parece interesante tratar de saber por qué?

      • Ah, me olvidaba de una cosa. Los monitos machos muestran más interés en jugar con juguetes mecánicos, y las monas pequeñas prefieren muñecas. Seguro que se puede postular que se les educa para hacer eso, aunque son objetos que no existen en su mundo. También se puede decir que es una observación hecha por hombres, y por tanto intencionalmente sesgada (y si son mujeres, son “mujeres abducidas”). O igual lo que ocurre es que simplemente a unos le llaman más la atención un tipo de objetos, y a otros, otros. ¿Qué tiene de malo asumir que ese sesgo de intereses puede existir? ¿Por qué es tan peligroso? ¿No crees que entendiendo esas diferencias infantiles es más facil corregir las diferencias que aparecen en los adultos?

  15. En mi opinión,solo la constante evolución del ser humano y de la sociedad en la que se desarrolla,esclarecerá todas las preguntas.Somos demasiado complejos para a dia de hoy determinar sin ninguna duda el por que de nuestras conductas.

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