Dibuja mal y acertarás

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«Dibuja mal y acertarás» es una frase que uso para posicionarme como dibujante —de forma sarcástica— ante aquellos que me piden reflexiones sobre cómo dibujar. Normalmente el interlocutor se queda noqueado: «Ya está este con sus tonterías, menuda mierda de consejo» suele pensar, normalmente con razón. Pero lo cierto es que «dibuja mal y acertarás» es una declaración de principios honesta. Me explico: estoy absolutamente en contra de la validez de conceptos como «fulanito no dibuja bien», «este dibujo está mal hecho» o «yo no sé dibujar». Por un lado entiendo perfectamente el sentido de esas afirmaciones, tan profundamente arraigadas en la sociedad occidental, pero cuando las escucho no puedo evitar pensar en un gran abanico de aspectos, únicos en la acción de dibujar, que nos estamos vetando y que van mucho más allá de la búsqueda de la belleza, del gusto por el virtuosismo o de la tan de moda terapia artística.

Me cuesta mucho exponer los planteamientos que se derivan de ese punto de partida y salir airoso; encontrar entendimiento en mi interlocutor. Por suerte, hay quien lo hace tan bien, que incluso lo publica en un libro. Este es el caso de Rakugaki, del diseñador Bunpei Yorifuji (Blackie Books, 2017). Con el subtítulo «Cómo potenciar tu imaginación a través del dibujo», el diseñador de campañas para Muji y el metro de Tokio desarrolla de una forma brillante, visual, divertida, sencilla y a la vez profunda, un método para que todo el mundo pueda encontrar en el dibujo una herramienta única de expresión. Y no dudo que haya conseguido que mucha gente vuelva a dibujar (porque esa es la cuestión de fondo, que todos dibujamos, hasta que dejamos de hacerlo en algún dichoso momento). Y va más allá, a mi entender; Yorifuji pretende que cada uno lo haga a su manera, aunque como método que es pueda parecer lo contrario.

Es importante leer este libro, su texto y sobre todo sus imágenes, entendiendo que el background de cultura nipona pesa, y que hay muchos conceptos, consejos, estereotipos, con los que podemos no estar de acuerdo. Pero sería estúpido analizarlo a partir de esos aspectos. No solo eso no importa, es que uno intuye que son aspectos que puedes modelar a tu manera. Por esa razón se puede afirmar que estamos ante un método que es algo más (o mucho más) que un método, hasta puede no serlo. Hay buen puñado de ejercicios ilustrados, alguno de ellos muy útiles, para educar la mano o ser práctico. Ejercicios ilustrados pensados para no perder el tiempo, para optimizarlo. Pero dejando de un lado ese aspecto de «manual»,  en realidad Yorifuji presta atención al aspecto más importante y comúnmente olvidado del dibujo: la mirada. El dibujo no está en la mano, no es el trazo, el dibujo empieza en la mirada, y la mirada es intención. De nada sirve hacer un dibujo «bien hecho» que no comunica, ese es el centro de este libro, y lo que a mi entender, como profesional del dibujo, es lo más importante.

Eso es lo grande de este libro, que va mucho más allá de lo que en principio parece, y lo hace desde su puro planteamiento: «En realidad, para dibujar no hace falta ni estilo, ni talento», reivindica en las primeras páginas. ¡Gracias! ¡Ya era hora de que alguien lo afirme y lo demuestre! El autor manifiesta que un dibujo puede ser como un texto o una conversación: ¿acaso es necesaria una voz bonita para hablar? ¿o tener buena caligrafía para escribir? Ese es el gran espectro del dibujo que tanto cuesta comunicar a la gente, y que otorga a este libro un poder inmenso. Yorifuji desarrolla, durante ciento setenta y cinco páginas ilustradas, una serie de propuestas, ejercicios, planteamientos teóricos y reflexiones, todas muy útiles para aquel que pretenda usar el dibujo para explicarse. Y eso es importante, porque el dibujo tiene unas características únicas como disciplina única, perfectas para expresar cosas que son imposibles de explicar de otro modo. De la misma manera que ocurre con la música o la literatura. Y es una tremenda pena que nuestra sociedad, bajo ese dichoso mantra de «no sé dibujar», o bajo la creencia de que lo realmente importante del dibujo es dibujar bien (¡falso!), o hacer algo bonito (¡falso!), se está perdiendo una maravillosa capacidad del ser humano, la de transmitir cosas de forma única y personal.

Mención especial merece la edición: preciosa, útil, magistral, a la que nos tienen mal acostumbrados en Blackie Books. Solo por el objeto en sí tendríamos que ir todos corriendo al librero más cercano y adquirir, uno a uno, los volúmenes de esta editorial. La forma en que Blackie edita influye mucho en la elección de cualquiera de sus libros frente a otros, pero no solo eso, ya han demostrado que el criterio a la hora de elegir el contenido de sus títulos debería valernos para dejarnos llevar y adquirir estas joyas.

Así que ya saben, corran, adquieran Rakugaki de forma inmediata y si realmente piensan «es que yo no sé dibujar», mejor todavía, está a punto de descubrir un universo inmenso que les cambiará para siempre.

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3 comentarios

  1. Estoy que lloro! Tu columna me llegó al corazon! Soy ilustradora y me ha costado tanto dibujar “politicamente bien” que eso me ha frenado en mi avance profesional. Gracias gracias’

  2. Iván Pitzolu

    No, no, no…vamos ver que duele que se ningunee una profesión muy honorable a la que también me dedico. dibujar puede dibujar cualquiera como cualquiera puede hablar, escribir, o coger una guitarra y tocar las cuerdas. otra cosa es que cualquiera pueda dibujar bien, está vez sí, bien. en el bien está la causa, cualquier dibujo no vale como no vale cualquier escrito, ni cualquier sonido. si hiciésemos caso a la explicación del articulista en este mundo no habría museos. y ya puestos a opinar sobre las actividades profesionales de los demás, que les diga los mismo a los pintores, a los músicos o a los escritores, a ver que le contestan. estoy un poco arto de que se denigre de esta manera la actividad de dibujar, como si fuese una banalidad o un arte menor que cualquiera pudiese, sin mucho esfuerzo, llegar a realizar con notoriedad. lo primero que tiene que saber una persona que quiere aprender a dibujar correctamente, salvando estilos y foliaturas, dios mediante, es que va a tener que sacar humo de la mano. y una cosa es aprender a dibujar y otra muy distinta es desarrollar lo aprendido. que yo creo que aquí es donde surge la confusión.

  3. Uno qualiquiero

    Iván, eres un pesao, deja que la gente disfrute de dibujar sin tener que aspirar a la perfección. Te piensas que el libro denigra a tu profesión porque ni te has parado a leer el artículo entero.

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