Javier Calvo: «Pensar en Saramago me provoca desórdenes intestinales»

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Javier Calvo es un escritor que busca escapar de generalizaciones y tendencias (por ejemplo, de aquello que en su día el I Encuentro de Jóvenes Narradores bautizó como “generación Nocilla”… comparto, amigo lector, su perplejidad). Tras cimentar una sólida base profesional como traductor —ha volcado al español unas cuantas de las publicaciones más relevantes de la literatura anglosajona de las últimas décadas— se lanzó a la arena literaria labrándose un nombre como novelista y articulista. A primera vista, el mundo anglosajón parecería tener un peso importante en su existencia (lee y traduce literatura en inglés, vivió en Estados Unidos y está casado con una norteamericana) pero aprovecha nuestra conversación para disipar parte de las preconcepciones sobre su obra que estos hechos pueden provocar y para reivindicar la importancia de otras de sus bien reconocidas influencias, las hispánicas. En un veleidoso día barcelonés —ahora sol, ahora lluvia— conversamos con el escritor catalán sobre diversos pormenores de su carrera literaria y también sobre el estado de la arena editorial. Nos habló de su proceso creativo, del estado del mundillo editorial, de su necesidad de traducir para subsistir y nos dio también su opinión —a veces diplomática, a veces tajante y a veces con colorista rotundidad— sobre algunos literatos célebres.

Empecemos por lo más básico: ¿cómo resumirías la esencia de tu literatura para quien nunca te haya leído?

Ha cambiado con los años, porque vas aprendiendo, obviamente. Ahora lo que estoy escribiendo son novelas de crímenes. Tratan sobre el conflicto entre el mundo moderno y el mundo premoderno: la magia, la religión, la superstición, etc. Son exploraciones, en forma de novela, del sustrato arcano o primitivo que hay en el mundo.

Dices que has cambiado a lo largo de los años, ¿crees que Corona de flores, tu última novela, muestra una versión más domesticada o sencillamente más convencional de ti como autor?

En mi opinión, no. Pero claro, si lo pensara… (risas), estaría haciendo el panoli. Con esa novela di un salto que consistió por un lado en encontrar mi voz, aunque después de tres o cuatro libros no se puede decir así, pero sí escribir algo bastante menos contaminado de lo que había hecho nunca. Hace diez años, cuando empecé, la mía era una literatura más del momento, de mi generación, “lo que tocaba”. En 2001, cuando salió mi primer libro, la narrativa española tenía unas coordenadas mucho más fijas que ahora. Hoy hay un poco de todo, todo tipo de novelas y todo tipo de autores. Autores comerciales, autores “indies”, autores “super-indies”, algunos más raros y gente más normal… pero todo el panorama de los noventa había sido muy uniforme. Se suponía que lo nuevo eran cosas tipo Ray Loriga y aledaños, esa generación que por un lado era interesante —muy urbana, retrataba el mundo contemporáneo— pero en el fondo era muy uniforme, muy, cómo decirlo…

¿Estereotipada?

No estereotipada, pero sí muy centrada en lo español, en la historia española inmediata, en la propia tradición. Poco aventurada. Creo que la narrativa española de los ochenta  y noventa era una respuesta al experimentalismo de los setenta. Es un tipo de novela muy burguesa, si quieres, y cuando saqué mi primer libro intentaba —como algunos otros autores— reaccionar en contra de todo esto. Al final, esa reacción es como una enfermedad que se pasa de joven.

Como una especie de sarampión literario.

Sí, como un intento de llamar la atención sobre ti, de hacer algo distinto y rompedor. Eso es lo que fueron mis dos primeros libros. Después considero que me fui adentrando más en lo que creo que es mi estilo y será mi carrera, en el presente y en el futuro. En cierta forma lo que pasó con Corona de flores es que los temas que trato y las cosas que me interesa decir las he ido destilando haciéndolas de forma cada vez más simple. Al menos en mi caso, madurar como escritor significa ir hacia la simplicidad: novelas más breves —no las novelas horrorosamente largas que había escrito antes— y más accesibles.

Ese estar al margen de modas y corrientes, ¿te ha hecho el camino más difícil?

Creo que el camino difícil no lo he tenido nunca. Empecé a publicar con una editorial que estaba asentada. He tenido buenos editores y gente que me ha conseguido traducciones en el extranjero… de todas maneras, tampoco está tan claro qué son las modas. Por ejemplo: ahora mismo, ¿qué está de moda? Cuesta mucho de saber porque, aparte, se publican miles de libros cada año.

¿Crees que se publica demasiado y con poco criterio?

Es muy complicado juzgar. Puedes criticar el criterio de un editor en concreto, pero puede ser simplemente que ese criterio no coincida con el tuyo. Por otro lado, piensa a dónde estamos yendo: el hecho de que se publique mucho o poco es irrelevante, porque dentro de diez años es muy posible que el 20% o 30% de cosas que se lean sean de gente que las está publicando en sus páginas web. Estamos yendo a lo que mucha gente considera que es la quiebra del sistema editorial. En la próximas décadas posiblemente se publicarán muchos más libros que ahora, pero de forma más pequeña y fragmentada, individual incluso. De todos modos, la coexistencia de millones de libros no es mala. Para mí, cualquier libro que se publique es bienvenido y una buena noticia. Después cada cual elige lo que elige. Si detestas lo que se está publicando ahora, no hay problema: te lees Orgullo y prejuicio.

¿Tienes algún proceso concreto de creación? ¿Improvisas? ¿Partes de un hilo argumental, de una idea general, de personajes o situaciones?

Supongo que como la mayoría de escritores intento tener toda una historia estructurada antes de ponerme a escribir. Pero también es porque considero que no tengo suficiente talento como para ponerme a improvisar una historia, me parece una cosa increíble. Además tengo muy mala memoria, con lo cual si no lo tuviera apuntado seguro que me olvidaba de todo (risas).

¿Crees que alguien tenga tanto talento como para improvisar toda una novela?

Ah, no sé, ni idea. Yo ni una página me atrevo a improvisar.

¿Te parece correcto que se diga que eres un autor de escuela anglosajona pero que escribe en español o te parece una exageración?

Sí me parecería exagerado en el sentido de que me parece una simplificación. Lo que pasa es que también es un poco un estigma. En mi caso ha influido toda una serie de aspectos puramente profesionales, ya que llevo veinte años traduciendo literatura en inglés. He vivido en América, estoy casado con una americana y, claro, biográficamente mi vida tiene una influencia anglosajona. Pero la mía y la de todo el mundo. Cualquier persona a la que pares por la calle, ya no te digo escritores, tiene un consumo cultural que es mayoritariamente anglosajón. Todas las series de televisión, los libros, la música.

Entonces, pese a este estigma, no crees que tu forma de escribir sea especialmente “anglosajona” o no más que la de otros escritores españoles.

Habrá de todo. Mira, los idiomas que puedo leer son castellano, catalán e inglés. Casi todo lo que leo es literatura escrita en estos idiomas. Como escritor y como consumidor de literatura tengo una identidad que está determinada por esto. En ese sentido sí, es una cosa híbrida. Ahora, también te digo la verdad: por ejemplo, no leo mucha literatura rusa contemporánea. Ni china ni india, pero dime quién. En realidad, como lector, me siento bastante representativo del momento presente. No ya de los escritores españoles sino de todo el mundo.

¿Crees que hay algunos géneros literarios que suenan mejor en inglés que en castellano y a la inversa?

No lo sé. No me lo he planteado nunca, igual no sé lo suficiente como para poder contestar. Aunque si cambio de registro y pienso en la música, en el pop o el rock, recuerdo que cuando era chaval había muchas bandas de Barcelona que decían que esos estilos sonaban bien en inglés y que en español sonaban a rayos. Y cantaban en inglés. Un inglés infecto, evidentemente; un inglés de Barcelona. Parece que por entonces había mucha gente que lo daba por sentado, pero hoy en día ya no. Hoy me parece mucho más sensato cantar en castellano; vas a un festival y el público puede cantar las canciones, dices “bueno, al menos se entienden”. Si no, estamos reproduciendo esta conducta completamente disfuncional de ir a ver una banda americana y que todo el mundo esté moviendo los labios pero sin saber lo que cantan. Como prejuicio cultural ya ha quedado un poco atrás eso de que el rock sólo puede ser en inglés.

¿Crees que los cánones de la novela decimonónica pueden seguir vigentes hoy día o es necesario innovar?

Es bastante complicado hablar de un canon. El siglo diecinueve es supuestamente la edad de oro de la novela realista, el canon de la novela realista, pero en realidad no hay dos autores que escriban igual. Dickens y Dostoievsky no son lo mismo, ni Balzac y Thomas Hardy. Pero bueno, puede decirse que es un canon, está compuesto de una serie de piezas, y esa forma de escribir está bastante vigente todavía. Le cambias el nombre y el aspecto exterior, pero hay muchos escritores que tienen un estilo decimonónico. Por ejemplo casi todos los escritores de género. Stephen King escribe igual que en el siglo diecinueve, aunque evidentemente sobre seres sobrenaturales y cosas que ocurren en otras dimensiones, pero en realidad está escrito de la misma manera que entonces porque es un lenguaje ya muy conocido, muy universal. Así que no, no creo que sea necesario innovar porque lo que no tiene que haber es una norma, todo es válido.

En tu progreso como escritor, ¿tienes alguna historia reservada para el momento en que creas que estás preparado para afrontarla como le ocurría a Stanley Kubrick con algunas películas?

No, pero yo tampoco soy como Stanley Kubrick (risas), creo que él era un genio. Pero me encantaría tener una gran historia reservada para, en el momento que nadie se lo espere, “¡zasca!”.

Has traducido algunas ediciones de libros bastante importantes, ¿puedes llegar a elegir las obras que traduces?

Tengo cierto grado de elección, sí, pero sobre los libros que me ofrecen. Salvo en casos muy contados, no puedo ir a la editorial y decirles “quiero traducir este libro”. Pero sí hay cierto grado de decisión individual.

¿Necesitas traducir para subsistir?

Sí.

Si tuvieras un gran éxito con una novela, ¿dejarías de traducir?

Traducir es mi trabajo, es de lo que yo vivo. Y tener una novela de éxito tampoco te garantiza el que puedas dejar de trabajar. Conozco escritores que tienen muchísimo más éxito, pero muchísimo, y siguen teniendo que trabajar.

Entonces es difícil vivir de la literatura en España.

Es difícil vivir del hecho de escribir, lo que pasa es que ser un escritor publicado y con cierto grado de reconocimiento te permite acceder a otros tipos de trabajos. Puedes trabajar en la prensa, escribir columnas y reseñas en un suplemento, puedes dar clases, charlas, etc. Eso te permite una serie de ingresos adicionales asociados al hecho de ser escritor. Pero de escribir en sí, de publicar el libro y cobrar el adelanto… prácticamente nadie vive de eso. Imagino que igual Carlos Ruiz Zafón, una élite que gana muchísimo dinero, algo cósmico que no nos imaginamos.

Patricio Pron hablaba de las “ligas literarias”, ¿de qué depende que un escritor esté en primera división o en segunda división a nivel comercial?

No estoy seguro de que se refiriera exactamente a lo comercial, creo que se refería a una amalgama de cosas que tienen que ver con el prestigio, sobre todo. Con el hecho de haberte posicionado. Claro, él lo veía desde su perspectiva también; es un escritor muy competitivo. Realmente cree en este tipo de consideraciones: “voy a llegar a ser más importante que tal y que cual”. El éxito profesional de un escritor puede llegar por la vía de las ventas, pero al nivel en que Pron se mueve creo que se refiere más al hecho de conseguir un estatus, una importancia literaria. Lo que determina esto son muchas cosas; por un lado la capacidad de llegar a un editor que apueste por ti, generar esa confianza en una editorial para que te distribuyan bien y te vendan bien. Que te permitan llegar a un público que puede ser pequeño, de unos cuantos miles de lectores. Por otro lado, el beneplácito de la crítica o de los medios, que son los que te posicionan en última instancia.

Entonces ese posicionamiento depende mucho del marketing.

Depende del marketing, evidentemente, para todos los escritores que estamos en una editorial. La editorial tiene un departamento de marketing que se dedica básicamente a concertarte entrevistas. Esta no, porque ha sido completamente espontánea (risas). Pero el libro que has escrito también influye: si has escrito una cosa que no la entiende ni Dios, por mucho marketing que tenga vas a vender cuatro libros y la gente va a decir “qué coño es esto”.

El público tiene poder de decisión.

El público tiene muchísimo poder de decisión, evidentemente. Los grandes best-sellers que ha habido en la literatura española durante los últimos años eran cosas completamente inesperadas. Recuerdo Soldados de Salamina, fue el público el que decidió que el libro estaba muy bien y que iban a comprarlo. O por ejemplo el boom de la novela histórica en español, La sombra del viento y todos los libros que han venido después… yo lo siento, pero ahí no hay una inteligencia editorial. No es que una editorial haya dicho “voy a promocionar este libro porque es la hostia y voy a hacer que todo el mundo lo sepa”. No, hicieron como todos: lo publicaron a ver qué pasaba y fueron los lectores quienes decidieron que les interesaba, que la novela histórica se podía hacer en español y no simplemente limitarse a comprar libros de Ken Follett.

Las editoriales, pues, no tienen la clave del éxito.

Por eso siempre se están dando hostias. Si fuera tan fácil como decir «tengo el perfil perfecto de escritor que va a ser el bombazo este año…»

La crítica literaria, ¿interesa a alguien más aparte de los escritores y los propios críticos? ¿Cuál es el papel que desempeña?

También interesa a los editores. Es algo que se consume principalmente dentro del mundo de los profesionales de la literatura.

¿Tiene influencia sobre el público, sobre el lector?

Depende de lo que consideres “el público”. Supuestamente hay un público lector, igual hablamos de unas diez mil personas —no sé por qué pienso que son diez mil personas, creo que me lo dijo alguien— y que es el público especializado en leer novela en español. Que lee con una supuesta conciencia cultural más desarrollada: profesores universitarios, estudiantes, gente que trabaja en el mundo editorial, etc. Estos, a lo mejor, leen la crítica literaria. Pero creo que el gran público no. Además, ¿para qué? A mí no me interesa leer una crítica o saber lo que otro ha dicho sobre un libro, me interesa leerlo yo y descubrir que me gusta.

Entonces, ¿qué criterio usas para elegir tus lecturas?

Prueba y error (risas). Voy probando cosas que veo y si un libro me gusta, compro otros del mismo escritor.

Entonces debe de pegarte muchos cabezazos… ¿cuál es el último libro que te ha decepcionado?

¿Que me haya decepcionado? Es un poco feo decirlo con una grabadora delante, prefiero no decirlo.

Pues más fácil: ¿el último libro que te haya gustado mucho?

Me estoy leyendo ahora Juego de tronos y me está gustando bastante. Lo leo simplemente porque me gusta la serie de televisión, no conocía al autor. Si no, es el típico libro en el que jamás me habría fijado. Las sagas de fantasía… mi vida es demasiado corta para leerlas, ¿entiendes? (risas)

No he leído el libro pero estoy viendo la serie y me está gustando mucho.

La serie está de puta madre. Es la serie con más decapitaciones y destripamientos que he visto en mucho tiempo.

Tengo una curiosidad: los diálogos de la serie son muy buenos, ¿ya eran así de buenos en el libro o son producto del guión?

Los diálogos del libro están bien. Está bien escrito, realmente. Pero no, los diálogos no son exactamente los mismos.

Volviendo a la literatura, ¿te parece que la literatura española está en un buen momento?

Sí, yo creo que sí. Es una cuestión de perspectiva; puedo compararlo con otras épocas que recuerdo y en comparación con hace diez o veinte años, ahora están pasando muchísimas más cosas. Cuando yo empecé se publicaba muy poco, no había toda una serie de escenarios como hay ahora. En la última década se han publicado muchas cosas interesantes y ha habido, no una renovación, pero sí un despegue de muchos tipos de literatura, tanto aquí en Barcelona como en el resto de España. También en América latina: ahora mismo en la literatura argentina es brutal lo que hay. Solamente en Buenos Aires hay cientos de autores, muchísimas antologías y colecciones, se están publicando un montón de cosas. A partir muchas veces de lo más pequeño, de editoriales cartoneras, independientes, etc.

¿Hay algunos nombres recomendables que te vengan a la mente?

Pues en Argentina por ejemplo, gente de mi edad: el propio Patricio Pron, Juan Terranova, Marian Enríquez. Una literatura muy gamberra, muy potente, sin ese tipo de inhibiciones que provienen del hecho de ser un literato. Herederos de César Aira, gente que hace lo que les da la gana y jamás se han planteado si “con este libro voy a ganar mucho dinero” o “voy a escalar posiciones” ni nada. Simplemente van a la suya.

¿Crees que hay escritores, incluso jóvenes, que viven prisioneros de la idea de ser un literato, de tener que proyectar una imagen de literato?

Creo que hay mucha gente en general, no sólo escritores, que son prisioneros de su imagen pública. Pero escritores también, sí. Muchas veces el tipo de personaje que se construyen puede que no sea el que corresponde con el literato tipo Umbral o Cela, pero no deja de ser también una imagen.

¿Qué haces cuando un amigo te envía un manuscrito, el boceto de una novela por ejemplo, y no te gusta?

Normalmente me escondo durante varios meses hasta que pienso que esa persona se habrá olvidado del tema. Pero no siempre funciona.

¿Y qué haces cuando no funciona?

Depende del caso: mentir, seguir escondiéndome, cambiar de país…

¿Ocurre a menudo el que te envíen textos tus amigos o gente conocida?

Sí, bastante a menudo. Pero no solamente a mí.

¿Hay algún escritor consagrado, respetado, establecido, cuya lectura tú no soportes?

Sí, hay varios millares. Podría pasarme el resto de la tarde hablando de escritores consagrados que detesto. Paul Auster, me parece un idiota; tiene tan poco talento que me extraña que el universo no se colapse a su alrededor. Y está mal decirlo porque se ha muerto, pero Saramago, por ejemplo. Sólo la idea de pensar en Saramago me provoca desórdenes intestinales.

Te gusta bastante Stephen King.

Sí, aunque he de confesar que no le he seguido religiosamente, son muchos libros.

¿Crees que gente como Stephen King son la versión moderna de los antiguos cuentistas como los hermanos Grimm, de aquellos cuentos que servían para asustar a los niños?

No lo sé, es posible que sí. El cuento popular tipo hermanos Grimm era una cosa de folcloristas, gente que recogía leyendas populares y las recopilaba en un libro. Lo de Stephen King quizá también sea folklore en el sentido de que crea toda una serie de figuras y personajes que son como mitos contemporáneos. Por ejemplo el protagonista de El resplandor es un personaje del folklore contemporáneo, está en las camisetas de la gente, etc. Una cosa que me pregunto, sin embargo, es si realmente los libros de Stephen King asustan, no lo tengo demasiado claro. He leído muchos libros de él y lo he pasado muy bien, pero asustarme no me he asustado. Este elemento de asustar a los niños igual no es exactamente lo que existe ahora, aunque también habría que preguntarse qué es lo que asusta ahora mismo a la gente.

Incluso qué es lo que asusta ahora mismo a los niños.

A los adultos les asusta el telediario. A los niños… yo tengo dos y todavía no he averiguado qué les asusta.

También te gusta Lovecraft. Sinceramente, ¿cuántos libros aprovechables tiene Lovecraft?

Para mí, todos. Bueno, a ver, yo quitaría del canon de Lovecraft todas las colaboraciones, porque él no estaba demasiado involucrado y también porque cuando  murió hubo mucha mentira acerca de libros que se dijo que eran de él y no lo eran. Eso pasa siempre, mira por ejemplo todos los libros de Bolaño que se están publicando ahora. Realmente, ¿cuántos de ellos ha escrito Bolaño, me pregunto? No lo veo demasiado claro. Pero de Lovecraft, toda su obra escrita en vida. Bueno, quizá lo primero de cuando era joven —esos cuentos más románticos, más decimonónicos— es prescindible, pero a partir de La llamada de Cthulhu todo me parece maravilloso. Lo que pasa es que es un autor que no es nada representativo, no es un autor canónico que se estudie o que se le enseñe. Pero se lleva reeditando un siglo entero y eso es porque tiene fans. Siempre ha tenido fans, desde que estaba vivo… que son todos “frikis”, evidentemente, como lo era él.

Dices que no te gusta la ciencia ficción pero en alguna ocasión has elogiado el Mecanoscrit del segon origen, de Manuel de Pedrolo.

Sí, pero lo leí cuando tenía diez años. No conozco mucha ciencia ficción, esa es la verdad. Por ejemplo, mi mujer y mi cuñado son megafans de Philip K. Dick, pero yo sólo habré leído un libro suyo en toda mi vida.

Ahora tu opinión sobre algunos autores bastante famosos: Charles Bukowski.

No lo he leído.

Thomas Mann.

Leí La montaña mágica hace mucho, mucho tiempo. La verdad es que casi ya no me acuerdo.

Pero, ¿recuerdas qué sensación te produjo?

En su momento me pareció algo bastante impresionante. Con cierto punto parodiable con todo el tema balneariesco.

Francisco de Quevedo.

Igual, lo leí de estudiante. Te puedo decir que cuando estudiamos el Siglo de Oro me interesó mucho más Góngora, pese al hecho de que apenas podía entender un veinte por ciento de lo que decía. El humor de Quevedo no es algo con lo que yo conecte mucho.

Yukio Mishima.

Es un autor que me interesa bastante, lo que pasa es que ahora también lo tengo muy, muy lejano.

Fiodor Dostoievsky.

Es uno de mis maestros. En cierta manera, en la novela del siglo XIX Dostoievsky es el equivalente de Nietszche. Es el autor que trata de la voluntad de poder, de haber matado a Dios. Para mí cubre todo lo que es el conflicto moral del siglo XX. Él y Thomas Hardy, que es el escritor de novelas que hace tragedias siendo ateo. Es decir, tragedias en las cuales el destino ya no es un destino religioso.

Marcel Proust.

Leí a Proust en una época en que yo estaba bastante influido por Juan Benet, y en su momento conecté con esa sintaxis narrativa y esa sintaxis mental probablemente mucho más de lo que conectaría ahora. Incluso tengo algún texto escrito, anterior a mis primeras publicaciones, que contenía este tipo de frase benetiana, proustiana. Sin embargo sólo pude aguantar tres de los libros de la serie.

Y ya puestos, Juan Benet.

En su momento me destrozó completamente. Lo devoré entero en una época —entre mis diecinueve y veinticinco años— en la cual uno es mucho más impresionable y mi primera reacción, obviamente, fue imitarlo. Lo que me salvó de acabar siendo un benetiano fue precisamente el hecho de ver lo que eran precisamente los benetianos, sus discípulos, sobre todo gente de la generación de Marías, etc.  El último gran benetiano que ha habido es Luis Magrinyá, sobre todo su trabajo de los noventa. El de Benet es un legado muy interesante pero es una obra que, al mismo tiempo, es tan potente que ha generado pocas cosas válidas. Ha sido superior a todo lo que ha venido después.

Italo Calvino.

Curiosamente, me interesa bastante más Joan Perucho, un discípulo catalán de Calvino. Tiene ideas sobre lo sobrenatural que me interesan más. Calvino tiene esa cosa juguetona, como Borges, con la que no conecto demasiado.

¿Tampoco conectas con Borges?

La verdad es que no, a pesar del hecho de que sé que es el mejor escritor en lengua española del siglo XX, pero nunca me ha dado por meterme mucho en su mundo. Me parece maravilloso, pero también es verdad que me gusta mucho más leer novelas que cuentos.

De José Saramago ya habíamos hablado…

(Javier hace el gesto del pulgar hacia abajo, como los emperadores romanos) A los leones.

(risas) Camilo José Cela.

Me pasa un poco como con Benet. Aparte, la obra de Cela fue mucho más extensa, no sé cuántos libros debió publicar Cela en su vida. Conocer el canon de Cela es maravilloso, es un placer, y tiene algunas novelas tremendas. También pienso que ha matado su propia estirpe; creó un universo tan personal y un estilo tan absolutamente idiosincrático que es muy difícil seguir a partir de ahí.

Carmen Laforet.

Me sabe mal dar una opinión principalmente negativa, pero creo que Carmen Laforet y muchos autores de los cuarenta y cincuenta estaban haciendo literatura un poco de segunda mano. No hay nada en aquellos autores que no estuviera ya en la literatura francesa, por ejemplo. Quizá con alguna excepción, El jarama —de Rafael Sánchez Ferlosio— creo que es una novela que se sale un poco de esto. Pero de todas maneras es una época que la considero una especie de noche oscura de la literatura española.

Pérez Reverte.

No lo he seguido. Leí sus primeras novelas, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes y me gustó, me pareció un buen escritor de novela de aventuras. Muy pastichero, muy de hacer pastiches, algo que supongo él mismo admitiría, pero bien. Me parece divertido.

¿Qué te parece su faceta como personaje periodístico?

No le hago caso, no me interesan las facetas periodísticas de nadie. Tengo televisión, pero lo único que veo en la tele es fútbol. Las figuras mediáticas no me interesan.

Por último, ¿podrías hablarnos de lo que estás escribiendo ahora?

Sí, estoy escribiendo una trilogía, el primer volumen fue Corona de flores. Es una trilogía sobre la muerte y los crímenes. Ahora estoy escribiendo la segunda parte que tiene lugar exactamente cien años después: Corona de flores tiene lugar en 1877 y ésta en 1977. Es una novela sobre el activismo político, el terrorismo y el punk.

¿Algún otro proyecto paralelo o con la trilogía ya tienes bastante?

Creo que con la trilogía ya tengo suficiente para una década. “Y aparte me quiero montar una banda de rock…” (risas)

Fotografía: Tono Carbajo

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13 comentarios

  1. ludovico

    Sólo por haber traducido a David Foster Wallace (y haber salido airoso del empeño) este hombre es Imprescindible.

  2. tiago miguel

    anda tío, que a los españoles les gusta mucho vapulear los portugueses. impresentable actitud!

  3. alvaro

    Tiago miguel, el entrevistado da su opinión, buena y mala, de muchos y distintos autores así como de diferentes nacionalidades. Lo que dice de Auster es bastante peor que lo de Saramago y eso no implica que a los españoles les guste vapulear a los americanos. Tampoco da buena opinión de muchos españoles. No es éste un lugar donde saltar con tales paranoias, prejuicios y complejos…

  4. Muy buen punto de vista, sin duda se nota tu conocimiento sobre el tema. Es la primera vez que entro, pero te aseguro que no sera la ultima, espero que todos los que lean esto opinen lo mismo que yo.

  5. Miquel Àngel

    No acabo de entender que un traductor de libros y escritor ocasional que todavía no ha demostrado ser capaz de ser un escritor sólido tenga que despacharse como lo hace con Paul Auster, con semejante falta de respeto y con Saramago. Te pueden gustar o no, pero no entiendo el tono con el que se refiere a ellos….el alumno de Dostoievsky…nada menos.

  6. Creo que tienes un punto, Miguel Ángel. Los trata con un desprecio que cuesta pensar que se esté refiriendo a la obra y no al autor (lo cual sería un error inexcusable).

    En todo caso, me suena fresco. No es que me haya caído bien, pero no repite «el discurso oficial» ni tampoco «la contrarreacción oficial».

    Eso lo suelo agradecer…

  7. Rubén

    ¡Qué guay que soy! Vaya cultura literaria de mierda que tiene el menda éste. Este no lo he leido, aquel lo leí en el cole, de este no me acuerdo, el otro si lo he leido y es un gilipollas que me da ganas de cagar. Se va a leer tus libros tu señora madre. Anda lee un poquito más y sigue traduciendo que eso se te da algo mejor.

  8. Vale la nota, sobre todo para polemizar, que creo que es el fin último del escritor, ya que incurre en algunas ideas que resultan contradictorias.

  9. Ignacio

    La frase del titular me lo dice todo. Los que van de provocadores, porque sí, suelen provocar desórdenes intestinales y también un dolor de índole estética, esa incomodidad que produce la vergüenza ajena, como ver a Espe diciendo que es «liberal», o a Cayo Lara intentando ser del 15M, o al 15M hablando tan pronto de su posteridad, de su propio carácter histórico y providencial…

  10. No entiendo qué problema hay que no le guste Saramago. La literatura no es dogma. Yo leí los Miserables y me pareció una auténtica bazofia, una telenovela barata con personajes muy polarizados, y ahí todo el mundo la encubra. Suerte que Víctor Hugo escribió otras obras más interesantes.

  11. Charlie

    Claro, claro: José Saramago, Paul Auster y Jorge Luis Borges, pulgar hacia abajo. Stephen King y George R. R. Martin (el de Juego de Tronos) pulgar hacia arriba.

    Nivelón.

  12. Dalek_fan

    Resulta como poco llamativo que diga que de no ser por la serie, no se habría atrevido con una saga de fantasía como es Canción de Hielo y Fuego (sí, se llama así, Juego de Tronos es solo el nombre del primer libro, y llaman así la serie para que parezca mas politiqueo y menos fantástico. Ya basta de esnobismos antifantasía) cuando es traductor de Mundodisco, serie fantástica por excelencia.

  13. @Candimero

    El gaché: «Paul Auster, me parece un idiota; tiene tan poco talento que me extraña que el universo no se colapse a su alrededor. Y está mal decirlo porque se ha muerto, pero Saramago, por ejemplo. Sólo la idea de pensar en Saramago me provoca desórdenes intestinales.»

    Pero OJO! que a la pregunta «¿cuál es el último libro que te ha decepcionado?» el tío se corta: «Es un poco feo decirlo con una grabadora delante, prefiero no decirlo»

    No hace falta que te cortes, ya habías quedado mal,
    ANTE TODO CABALLERO, UN RESPETO A LOS MAYORES, sobre todo cuando se es nada.

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