Tour de France 2011, merci beaucoup

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Lo reconozco: renegué del Tour. Fui una oveja más dentro de la masa borreguil. Y tienen que reconocer que motivos no faltaban.

Desde que tengo uso de razón, la Grande Bouclé ha acompañado mis tardes de julio. Tanto en las plácidas etapas en línea, en las que dormito en el sofá, desperezándome a falta de cinco kilómetros para la meta para presenciar la batalla de codos de los gigantones sprinters, como en las maratonianas etapas de alta montaña que se podían disfrutar desde la salida neutralizada por La 2 –ahora en Teledeporte– culminando los últimos kilómetros en la Primera. Hemos tenido años más o menos emocionantes. La aplastante superioridad del molinillo de Lance Armstrong, el espectáculo desbocado de Marco Pantani cuando la carretera se empinaba y diez triunfos de ciclistas españoles en las últimas veinte ediciones. De todo.

Pero este año la cosa pintaba negra cuando llevábamos dos semanas de competición. Y eso que, a priori, el cartel del favoritos tenía muy buena pinta.

Alberto Contador llegó al Tour tras un año “movido” por las acusaciones de dopaje, de las que le absolvió públicamente, el por aquel entonces presidente de Cantabria, Miguel Ángel  Revilla en una edición especial de telebasura. Mirándole a los ojos. Verídico. Es cierto que también venía de dar un recital en el Giro de Italia, donde se llevó la maglia rosa. Quizás ha acabado pagando las dos cosas en la ronda gala. Llegaba con tanta actividad sobre la bicicleta como bajado de ella, cuando se vio envuelto en una montonera a diez kilómetros de la meta de la primera etapa, perdiendo 1’20’’ respecto al resto de favoritos. Al día siguiente nuevo varapalo: en la contrarreloj por equipos, su Saxo Bank se dejaba 23’’ más respecto al Leopard-Trek de los hermanos Andy y Frank Schleck. Lo que mal empieza… Quiso Contador quitarse el mal sabor de boca cuanto antes y, tan solo una par de días después, soltó el primer latigazo en el Mûr de Bretagne. Ganó Cadel Evans, pero la noticia ese día fue que Alberto recuperó 8’’ a los Schleck. Sintomático que nadie se fijara en el australiano. Al día siguiente, quinta etapa, Contador se cayó, golpeándose por primera vez la rodilla derecha. Cuatro etapas después, en el macizo central, volvería a verse envuelto en una caída tras chocar con el gigantón Vladimir Karpets, con tan mala suerte, que se golpeó su ya de por sí maltrecha rodilla derecha. Desde ese momento no se le volvió a ver cómodo sobre la bicicleta durante toda la carrera. Hablando de ciclistas que se van al suelo, hay que señalar el Carmaggedon que organizó un coche de la televisión francesa al atropellar a Juan Antonio Flecha y Jurgen Van den Broeck. Hijo de puta. Hay que decirlo más. Además, ese día presentaba sus credenciales el héroe francés de este año, Thomas Voeckler, que se enfundaba el maillot de líder en la misma localidad en la que se vistió de amarillo por última vez, Saint Flour, siete años antes.

Llegaron los Pirineos pero, por desgracia, no acompañó el espectáculo que se preveía. En la primera etapa con llegada a Luz-Ardiden, no hubo movimiento entre los favoritos hasta los tres últimos kilómetros. Y eso que ya había quedado claro en la subida previa al Tourmalet, que el rey Contador estaba herido. Parecía que los Schleck eran tiburones sin olfato. Lo único reseñable fue que un combativo Samuel Sánchez se llevó la etapa en una cima de gran recuerdo para el ciclismo español, ya que gente como Perico Delgado, Lale Cubino, Miguel Induráin o Roberto Laiseka , también del Euskaltel, ganaron etapas del Tour en esta misma cumbre. Al día siguiente, jornada en la que se subía el col d’Aubisque, ganó el sprinter noruego Thor Hushovd, toda una señal de la batalla que presenciamos. En la última etapa pirenaica, con meta en Plateau de Beille, tampoco tuvimos «ataques» hasta el último puerto, algo que se viene repitiendo desde hace algunos años, la verdad. Y digo “ataques” porque los hermanos Schleck se lanzaban pero, al tercer golpe de pedal, giraban la cabeza para ver quién venía detrás. Y coño, subieron a un ritmo con el que no consiguieron descolgar a Voeckler quien, con todos mis respetos, tiene que quedarse tirado en un puerto hors catégorie cuando los escaladores imponen su ritmo. En las cunetas, en lugar de las tradicionales pancartas por el acercamiento de presos etarras, banderas del F. C. Barcelona –Cristo bendito, cuánto daño ha hecho Guardiola. En las tres etapas de los Pirineos, la renta que las Hermanitas de la Caridad, perdón, los hermanos Schleck obtuvieron para Andy, el mejor escalador de los gemelos, sobre un maltrecho Contador y Evans, ambos contrastados especialistas en etapas contra reloj, era de 15’’ y 2’’ respectivamente. Puta mierda. Dos semanas y todavía no habíamos visto ciclismo. Que paren el Tour, que yo me bajo.

Menos mal que no lo hice.

En la jornada previa a las jornadas alpinas, con un perfil que invitaba a pensar que nada pasaría, Contador dinamitó la carrera. A catorce kilómetros de la meta, en la ascensión al col de Manse –puerto de 2ª categoría–, el pinteño atacó hasta que consiguió demarrar llevándose consigo a Cadel Evans y Samuel Sánchez. Toda una demostración de que los puertos los hacen duros los ciclistas y no el perfil de la etapa. Del grupo con el resto de favoritos, liderado por un valiente Voeckler, se descolgó Andy Schleck. El luxemburgués demostró que, no solo no tenía su día subiendo, sino que además es prudente, dicho educadamente, en lo que a descensos con asfalto mojado toca. El trío de cabeza consiguió meter 20’’ al resto de favoritos y algo más de un minuto al pequeño de los Schleck.

Al día siguiente primera etapa alpina con meta en Pinerolo. Quizás el volver a suelo italiano inspiró nuevamente a Contador, que atacó en el descenso del Pramartino junto a Samuel Sánchez. Tras la etapa, los Schleck se quejarían tímidamente de que el tres veces ganador del Tour se lanzara a tumba abierta en un terreno en el que sabía que los luxemburgueses toman más precauciones  que el resto. No te jode, si te parece se queda quieto. El valiente Voeckler casi se nos mata en dicho descenso metiéndose en un patio particular. Finalmente la dupla española sería neutralizada en línea de meta y solo el líder perdía algo más de medio minuto respecto al resto de favoritos, pero conseguía conservar el maillot amarillo una jornada más.

Y llegó la épica. Y con ella el día en el que Andy Schleck decidió tapar muchas bocas, entre ellas la mía. Era la segunda etapa que transcurría por los Alpes, con un recorrido de poco más de doscientos kilómetros, en el que se subían entre otros el col d’Izoard y el Galibier. El Leopard había metido dos hombres en las escapadas del día y el pequeño de los hermanos pegó un puñetazo sobre la mesa atacando en las faldas del Izoard, a más de sesenta kilómetros de meta. Ciclismo con sabor añejo, del que ya no se ve hoy en día. Andy se escapó sin que ningún rival supiera o quisiera reaccionar y fue abriendo hueco hasta alcanzar los 4’ de ventaja. Cuando por fin se decidieron a reaccionar por detrás, solo Evans tiraba, sin nadie que le diera relevos. El mundo al revés, puesto que si algo ha caracterizado al australiano a lo largo de su carrera, ha sido su forma de correr “tapado”, subiendo puertos siempre a rueda de alguien. En un derroche de fuerzas, consiguió reducir el hueco en 2’ a lo largo de once kilómetros. Aun así, Andy consiguió finalizar la etapa con más de 2’ de ventaja sobre el resto de favoritos. Un desconocido Contador se hundió definitivamente, perdiendo casi 4’. Era el adiós a un Tour al que nunca optó, demasiado castigo para sus piernas. Un colosal Voeckler cruzaba la meta puño en alto y reteniendo el liderato, una vez más gracias a la ayuda de su compañero Pierre Rolland, escudero de lujo del francés a lo largo de todas las etapas de alta montaña. Ojo a este chaval, que promete tardes de alegría para el ciclismo en general y para Francia en particular. A dos días de llegar a los Campos Elíseos, el jefe de filas del Europcar conservaba el maillot amarillo. Diez etapas como mejor clasificado de la general, record personal.

Pero quedaba una etapa alpina. Y más ciclismo añejo. En una etapa muy corta, pero explosiva, Contador decidió atacar prácticamente de inicio, llevándose a rueda al pequeño de los Schleck primero en el Telegraph y después en la segunda ascensión del Galibier durante la edición del 2011. Tras conseguir 1’ de ventaja frente al grupo de Evans y sin que el luxemburgués colaborara con la escapada, fueron neutralizados al pie del Alpe d’Huez. En cuanto comenzó la ascensión, el de Pinto volvió a atacar y, con más casta que piernas, se fue a por la victoria de etapa. Solo le siguió Samuel Sánchez que, involuntariamente, le hizo el ascenso a Pierre Rolland. Mención especial a los comentarios despectivos que le dedicó Perico Delgado cuando se escapó el francés  –¿Dónde vas?. Parece ser que tenía muy estudiado y entrenado el puerto. Amén de hablado con Voeckler, su líder, que le autorizó a que fuera a por la etapa si se veía bien. Y tan bien. En la curva uno puso el plato grande y dejó clavados a los españoles. Victoria para Rolland. Repito: ojo con este chaval. Por detrás, Andy decidió cambiar de ser la sombra de Contador, a ser la sombra de Evans. Craso error. Si nunca te funcionó con el español, ¿por qué lo iba a hacer con el australiano? Entraron de la mano en meta, Andy se enfundó el maillot amarillo con 53’’ y 57’’ de ventaja sobre su hermano y Evans respectivamente. Escasa ventaja frente a un especialista en correr contra el crono, cuando tienes por delante 42.5 kilómetros de soledad y megáfono.

En Grenoble no hubo suspense alguno. El australiano sacó el rodillo –segundo puesto en la etapa por 7’’– y le metió 2’38’’ al luxemburgués. Contador hizo un tiempo bastante digno, tercero a poco más de 1’ del vencedor, Tony Martin. Hay que volver a destacar a Samuel Sánchez, séptimo clasificado del día a 1’37’’ y por delante de auténticas bestias de la especialidad como Fabian Cancellara. Y de postre, mejor clasificado del premio de la montaña. Chapó.

En París, Cadel Evans le dedicó el triunfo a su entrenador Aldo Sassi fallecido a finales del año pasado víctima de un tumor cerebral. Es el primer aussie en ganar un Tour. Quién sabe si le seguirán más compatriotas como pasó con Lemond, vencedor en 1986 e inspiración de Armstrong, o en el caso de Delgado e Induráin, espejos en los que se miraron los Pereiro, Sastre o Contador. Por el bien de Andy Schleck –y del ciclismo–, esperemos que él no se esté mirando en el espejo de Poulidor.

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5 comentarios

  1. Inés

    Para 2012 te recomiendo ver el Tour en Eurosport en español. Los comentaristas son mil veces mejores que los de TVE

  2. Josema

    Si, pero no sería lo mismo, es como si el Tour te lo diera la sexta en lugar de TVE, sería un sacrilegio!!!!

    Enhorabuena David Moreno, he seguido el Tour y suscribo palabra por palabra todo tu artículo, bueno, menos lo de Perico, -» ¿Dónde vas?»- yo dije lo mismo en ese momento aunque quizás más con el corazón que con la cabeza…

  3. Hola Inés. No tengo Eurosport en casa. Hablaré con la dirección de la revista para que nos lo ponga en la redacción y pruebo. Pero me va a costar. Me pasa lo que comenta Josema: llevo muchos años de sobremesa compartida con Pedro González (D. E. P.) y Perico primero, con Carlos de Andrés después, cuando se bajó de la moto para tomar el relevo del primero. Son como esos pantalones que tienes desde hace años que, por muy ajados que estén, no te decides a tirarlos porque te resultan comodísimos. Y si no tengo tele a mano, tiro de radio y Javier Ares. Pero a ver si el año que viene puedo darle un tiento a los de Eurosport.

    Muchas gracias Josema, celebro que te haya gustado el artículo. Rolland tiene muy buena pinta. Viendo como había pasado etapas como la de Luz-Ardiden, al verlo arrancar en Alpe d’Huez pensé que podía llegar el primero arriba. Es una muy buena noticia la aparición de un ciclista francés que funciona en carreras de tres semanas. A ver cómo evoluciona.

  4. Rucaes

    Excelente crónica del tour, y excelente lo de las banderas del Barcelona por las banderas de presos vascos, me encanta tu naturalidad a la hora de escribir.
    Sin perico el tour no es el tour.

  5. Unos detalles. El coche no atropelló a Van der Broeck, ese se cae solo, sino a Hoogerland. Y dos, los Schleck no son gemelos.

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