
Podría ser el inicio de un bestseller metaliterario, pero no lo es. Antonio Muñoz Molina entra en un café de Nueva York de estilo centroeuropeo y paredes forradas con portadas de libros que fueron escritos en estas mesas. Los clientes son jóvenes, algunos no tanto, que sueñan con el día en que sus portadas luzcan en alguna pared. Y nadie le reconoce. A Muñoz Molina parece no importarle porque, aunque sea un autor consagrado, miembro de la Real Academia y profesor de literatura en la Universidad de Nueva York, está encantado de su anonimato de bermudas, camiseta de letras trémulas «¿Dónde está mi cerveza?» y libro de Nietzsche que acaba de comprar por un dólar. En la entrevista habrá más risas de las aquí descritas, frases dichas con una determinación que escapa a las exclamaciones y una o muchas pruebas del amor que siente por Nueva York, la ciudad desde la cual mira el mundo seis meses al año.
¿Por qué estamos en esta cafetería, la Hungarian Pastry Shop? ¿Podría describirme la ubicación de este lugar en el mapa de Nueva York?
Este es mi barrio en Nueva York, un barrio al que tengo mucho cariño porque dentro de Manhattan es de los pocos sitios que todavía tiene un aire vecinal. Manhattan está muy embellecido por ese proceso que sufren a veces las ciudades en el que se va la gente normal y llegan las tiendas, las franquicias, los restaurantes de lujo y la gente normal se tiene que ir. Este barrio tiene todavía una vitalidad muy grande. Está muy cerca la Universidad de Columbia y de la catedral de St. John The Divine, que es la catedral episcopaliana de Nueva York y es extremadamente progresista. Son muy avanzados en cuestiones sociales, políticas y de costumbres. En la catedral, todos los años con motivo del Memorial Day, toca gratis la Filarmónica de Nueva York. Se forma una cola que no te puedes imaginar, nunca he conseguido entrar. Y ésta es la Hungarian Pastry Shop, el nombre remite al carácter que tenía el barrio de todo el Upper West Side y Morningside Heights, un sitio en el que se mezclaba la inmigración centroeuropea y, un poco más allá, en Amsterdam Ave., la inmigración puertorriqueña. Es un barrio muy mezclado. Hay una biblioteca pública a la que me gusta ir a trabajar. También hay puestos callejeros de libros, entre la 106 y la 116, me acabo de encontrar éste —El nacimiento de la tragedia de Friedrich Nietzsche—. Fatalmente siempre encuentro alguno; encuentras obras maestras por un dólar. El sitio éste tiene una intensidad vital muy grande, hasta el baño tiene los graffitis más cultos que hay en el mundo, todo son citas de Nietzsche o de Chomsky. Cada año lo repintan y empiezan otra vez las citas. Y en la pared ponen libros de gente que ha escrito aquí. Yo aquí he escrito bastante, pero no he dicho nada. Me gusta citar a la gente en la Hungarian Pastry Shop. A las personas cuando nos gusta una ciudad, nos gusta enseñar los sitios que son difíciles de encontrar. Hace falta que te lo diga alguien. Representa mucho la ciudad y el barrio y una idea de Nueva York que en España no se tiene, que es un Nueva York nada cool, ni nada de moda. Tonterías del tipo de Sexo en Nueva York han creado una imagen de la ciudad completamente falsa.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






En un país en el que los medios, los periodistas y tertulianos necesitan llamar la atención imperiosamente para ganarse los garbanzos y para ello han de radicalizarse, soltar soflamas maníqueas y, en definitiva, decir gilipolleces, se agradece que aún quede gente con sentido común como Molina. Es una inteligencia amable, así da gusto. En las fotos no queda muy agraciado, también es verdad, tiene más pelos que Coco el de Barrio Sésamo. Pero bueno, muy interesante la entrevista.
jajaja… muy bueno Chinchilla.
¿Por qué será que, de un tiempo a esta parte, toda la gente a la que merece la pena leer/escuchar, está exiliada?
No me parece para nada acertada la elección de la cita que está de titular de la entrevista.
Por un lado es una reformulación del clásico «la realidad supera a la ficción» y destacar eso en una entrevista como ésta (o cualquiera) es ir a por la polémica fácil que puede provocar el ponerlo así, fuera de contexto que impacta falsamente, y no por lo interesante y con sustancia como si hay en otras respuestas. Como la línea editorial vaya por ese camino, mal vamos.
Por otro lado yo contestaría fácilmente con un «¿limitado respecto a qué?» si usamos el mismo argumento que usa él para dar ejemplo de ello también la realidad es limitada respecto a la imaginación humana, muy limitada. ¿Y en qué nos quedamos? En nada, en una de las respuestas más insustanciales de toda la entrevista.
Este hombre pone ejemplos, creo que más que suficientes -porque son precisos, entre otras-, cuando habla del ‘Human kind cannot bear very much reality’, que es una otra cosa a ‘la realidad supera a la ficción’. Son ejemplos comprensibles, que ilustran digna y eficientemente lo que quiere contar y cuenta su autor.
Ahora bien, ¿cuándo supera la ficción a la realidad? ¿a qué se refiere el fan de El Señor de los anillos, exactamente?
Una cosa es el verso de Eliot y otra que la imaginación es limitada. Son cosas distintas aunque estén mezcladas en la respuesta. Yo no me refiero a la que tú te refieres.
De nuevo, repito la pregunta: respecto a qué. Es el mismo error o ingenuidad que comete mucha gente cuando dice «no sabemos nada» o «sabemos mucho», sienta cátedra y todos aplauden.
Puedes empezar escuchando cualquier pieza de Mozart, creo que eso supera al mendigo que enchufa una radio a una farola o al menos está al mismo nivel para tocar la campana y que empiece el combate imaginación-realidad, ¿no? Decir que la imaginación es muy limitada es tan vacío, a día de hoy, como decir que el ser humano es muy limitado.
Pingback: Muñoz Molina: "Hay un malentendido terrible en la sociedad española y es creer que el mérito y el esfuerzo no cuentan"
Excelente.
Una entrevista estupenda. ¡Gracias!
Desmontando a Enrique Moradiellos, historiador de excepcional neutralidad, según este señor:
http://nodulo.org/ec/2004/n032p11.htm
Me parece una excelente entrevista.
Se agradece la naturalidad que tiene, que sea literal, que a veces las frases queden sin terminar y el entrevistado se pierda en alguna que otra digresión. Es una conversación en un bar; pero el que habla no es un parroquiano que pontifica con el palillo en la boca ni un escritorcillo de medio pelo feliz de posar, de ejercer su personaje. Me refiero a uno de esos a los que lo que realmente les gusta es ser escritores y no escribir. Muñoz Molina es uno de los mejores escritores en español del fin de siglo XX y comienzos del XXI, y que ahora, pienso, está entrando en su madurez creativa. Quizá sus mejores obras estén aún por llegar. Aborda en la entrevista muchas cuestiones y reflexiones interesantes, especialmente cuando habla de literatura.
Un pero. Estoy con Gándalf en lo que respecta a la desafortunada, y puede que amarillista, elección del titular.
Qué hombre. Me enamoró con «El invierno en Lisboa» y me ha encantado que lo mencione aquí. También la frase que ha dicho sobre los escritores muertos («El diálogo con los escritores es algo muy íntimo que no tiene mucho que ver con su presencia física.»).
Gran entrevista.
Pingback: Antonio Muñoz Molina: “La imaginación humana es muy limitada”
Pingback: Antonio Muñoz Molina: “La imaginación humana es muy limitada”
Pingback: Periodismo que se lee con marcapáginas | Punto de Encuentro
Antonio, querido, has perdido el Norte. Antonio, por favor, déjalo ya. Antonio, te lo suplico: lo tuyo no son novelas, no hay por donde pillarlas. Una novela no consiste en «contar cosas», y ya está. Nooo…. Lo que pasa es que no sabes hacer otra cosa que eso. Son malas, muy malas, y excesivamente onanistas, yo diría que incluyen grandes dosis de mal gusto.
Antonio, una vez más: No sabes escribir… lo dice la literatura, a gritos. ¡Y tú te permites hablar de Lope de Vega! ¡Vamos hombre, por favor! ¡ni a la suela de los zapatos le llegas!.
Antonio, lo que eres es muy hipócrita, así que me parece pasmoso que seas tan cínico en tu entrevista. Por cierto, ¿bien por Israel?¿defenderás ahora las causas Palestinas?¿sin pudor?
Aduladores, por favor: leed, culturizaos. Leed a los buenos y, tras mucho leer, comprenderéis la verdad a la que estáis adulando en la actulalidad.
Antonio: sé humilde. No te hagas el interesante. Y, por el amor de Dios, independízate, libérate del «Club de Prisa»… Eso sí que te liberará a ti… y que dejes de escribir hará un gran e imperecedero favor a la literatura española.
Y, por cierto, decir que en el Instituto Cervantes te pagaban mal… tiene tela, ¿eh? Publica, por favor, Antonio, si tan mal pagado estabas, TODOS los «apéndices» económicos que te proporcionaba el Instituto. Publica los datos de dietas, de incentivos, etc…
Y tómale el pelo a otros, a tus aduladores, pero, hazte un favor, y no te creas nada y deja de escribir un poquito, anda, que sí, que eres muy guay.
Por Dios, qué embarazoso es leer este tipo de comentarios, tan biliosos y envidiosos. Si en vez de perder el tiempo echando espuma por la boca en internet aprovecharas un poco el tiempo lo más seguro es que no estarías tan rabioso y resentido.
Pingback: El oficio de la literatura, o ser Muñoz Molina – La Línea de Fuego