Juanjo M. Jambrina: El caso Bettencourt

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Yo no sé si Sarkozy se irá o no a casa dentro de seis meses tras las próximas elecciones pero no cabe duda que durante estos últimos tiempos hemos vuelto a hablar de Francia como no lo habíamos hecho desde que se supo que Francois Mitterrand tenía una familia secreta y que comía cabezas de pajaritos fritos. Hace 4 años, tras la contundente victoria del consorte de Carla Bruni, algún intelectual dijo que Francia no había escogido un presidente sino un tema de conversación. Al comentarista no le faltaba razón a juzgar por los atareados que están en Francia teorizando sobre tanto affaire a cual más interesante. Esto de reflexionar ardientemente sobre los conflictos es uno de los excesos que muy probablemente nunca sufrirán los habitantes de los Estados Unidos de América.

El último episodio que agita la France  se desencadena porque una juez francesa, SKD por más señas, ha tenido a bien incapacitar legalmente a Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Francia, basándose para ello en ciertos informes médicos que la diagnostican de “demencia”.

La señora Bettencourt, de 89 años de edad, lleva tres años en litigio con su hija Francoise que la acusa de una pésima administración de su cuantiosísima herencia. La señora Bettencourt le regaló a un fotógrafo parisino conocido por su la dureza de su facies  la bonita cantidad de mil millones de euros repartidos entre cash, cuadros de Picasso, Monet y demás maestros y alguna que otra isla en las Seychelles. El cabreo de los herederos ante el dispendio de la abuela Bettencourt duró hasta que el fotógrafo, bien engrasado, hizo mutis por el  foro. Eso pasó hace un par de años. Luego han ido cayendo el abogado de Doña Lilianne, su contable y un ministro de Trabajo ya que en una de las conversaciones telefónicas filtradas por el mayordomo de la casa en plena batalla naval afloró una posible financiación irregular de la campaña electoral del presidente-que-camina-sobre-zancos. Hasta aquí podríamos decir que han desfilado Eric Rohmer, Balzac y Moliere. Conversación, más conversación, comedia humana y avaricia, mucha avaricia. Pero faltaba el drama. Hete aquí que llegan los forenses y con ellos  Claude Chabrol. El informe de los forenses sobre la competencia mental de la dueña de L’oreal , tan incompleto como inexacto, desata a su paso una vieja polémica entre el derecho del enfermo a la confidencialidad sobre su estado de salud y la así llamada libertad de prensa. Le Monde ha tirado de frente y ha publicado fragmentos del informe pericial que solo debieran conocer el juez, los peritos y la parte interesada. Pero ¿ Y qué decir del Journal du Dimanche, que en cuanto Le Monde dio la noticia, corrió a entrevistar a la afectada?

Porque el foco de esta historia hay que situarlo ahora en la propia Lilianne Bettencourt en cuanto afectada por una enfermedad que liquida las facultades más específicamente humanas y contra la que no se puede hacer casi nada. Y en el peor de los sufrimientos posibles que es el de la persona que muy difícilmente podrá ya dejar de sentirse indefensa. Solo falta concretar en qué acto del drama estamos. ¡Cómo le cuesta a la Medicina enfrentarse con la vida!

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