70 años de Sir Alex Ferguson: “Boss, we salute you!”

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Cuando el pasado 28 de diciembre, Día de los (presuntos) Inocentes en España, el amigo Héctor Fernández lanzó desde el programa Al Primer Toque de Onda Cero la noticia de que Alex Ferguson declaraba en Manchester que en junio abandonaba el club con sustituto ya decidido, por un instante —dejando de lado la hora, medianoche, con opciones de que Ferguson estuviera ya en la cama, y el día—, por un instante, decía, pudimos pensar “¿Sí? ¿Se acabó de verdad? ¿Llegó el momento?”

Algún día, es inevitable. Pero todavía no. Sir Alexander Chapman Ferguson acaba de cumplir este 31 de diciembre la respetable edad de 70 años, 25 de ellos como entrenador, manager, boss y gurú del Manchester United FC. Por supuesto, celebra su aniversario sobre el terreno, en el banquillo local de Old Trafford, en partido de Premier League, esta vez contra el Blackburn Rovers.

Un cuarto de siglo antes, como si tal cosa, Ferguson entrenaba al Aberdeen de su Escocia natal, con el que le ganó una Recopa al Real Madrid en 1983, título que le llevó a decir “Ahora sí que he hecho algo importante en la vida”. No parecía ni imaginar lo que estaba por venir. Llegó a Manchester para sustituir a Ron Atkinson y fue nombrado el 5 de noviembre de 1986. El club se encontraba en una difícil situación económica y lo que era casi más grave, en una peligrosa indefinición deportiva, con los tiempos de Matt Busby y su prodigiosa generación de jugadores, los inolvidables Busby Babes, ya lejanos, y acomplejado por el Liverpool, que acumulaba títulos continentales y sobre todo una envidiada y sólida manera de entender el fútbol y de llevar al césped la tradición británica, con The Boot Room.

Decimonoveno en la tabla y el alcohol como principal protagonista del vestuario, mucho más que el balón; eso fue lo que encontró Ferguson a su llegada. Mal que bien, el equipo logró terminar en la mitad de la clasificación y reservó su única victoria a domicilio para Anfield Road, 0-1 gol de Whiteside, precisamente en un Boxing Day. Ese triunfo impidió que el Liverpool revalidara el título, que fue para el Everton… qué tiempos aquellos.

Pero fue un espejismo de equipo pequeño. Durante tres largas temporadas, el United y Ferguson maniobraron con poco éxito, sin apenas escapar de la mediocridad. La construcción continuaba pero no daba frutos. Ya se habían unido Steve Bruce y Gary Pallister, llamados a liderar la zaga durante años, o centrocampistas de cierto nivel como Neil Webb y Paul Ince. Curiosamente, mientras Johan Cruyff sobrevivía en el banquillo azulgrana ganando la Copa del Rey de 1990 ante el Real Madrid, Ferguson obtenía su primer título en la final (en un replay tras un agónico 3-3 del partido original) de la FA Cup de aquella misma temporada 89-90. Lee Martin, un desconocido lateral izquierdo de la cantera, marcaba en Wembley uno de sus dos únicos goles en toda su carrera con la camiseta roja y posibilitaba la continuidad de Ferguson en el cargo, como también lo había hecho el gol de Mark Robins en tercera ronda frente al Forest. La importancia de un pequeño paso, de un título importante pero menor, en la edificación de una leyenda.

Solo una temporada más tarde, Cruyff y Ferguson unieron sus carreras en un mismo punto. El holandés había superado una crisis cardíaca y encauzado el título de Liga, mientras Ferguson luchaba por obtener más refuerzos pero, un año más, lejos de la cabeza de la competición doméstica. Aquel año supuso el regreso a Europa de los equipos ingleses tras la tragedia de Heysel, y el MUFC lo aprovechó. Fue en Rotterdam, en De Kuip, en la final de la Recopa. Mark Hughes ya estaba de vuelta y se tomó cumplida revancha tras su triste año en el Camp Nou. Primero, tras aprovechar un cabezazo de Steve Bruce sobre Bakero tras falta deliciosamente tocada por el Captain Marvel, Bryan Robson. El propio ‘7’ del United habilitó a Hughes tras un horrible pase de Beguiristáin para el 2-0. Fue la noche de Hughes, también la de Busquets, portero esa noche por sanción de Zubizarreta. Robson alzó la Recopa mientras Cruyff se lo miraba subiéndose el cuello de la gabardina. Era el primer título europeo para los red devils desde la Copa de Europa de 1968 y el primer gran trofeo para Ferguson.

El respaldo estaba conseguido, ahora solo faltaba ganar la Liga, así de claro. La última databa de 1967 y, en la primera edición de la renombrada y modernizada Premier League, el curso 1992-1993, el título regresó a Old Trafford. El año anterior, un sorprendente Leeds United, con aquel magnífico medio campo integrado por Gordon Strachan, Gary McAllister, David Batty y el recientemente fallecido Gary Speed, se llevó el premio gordo dejando al United el subcampeonato. Sin embargo Ferguson, en uno de sus frecuentes golpes de efecto con los fichajes, reclutó a la reina de aquel equipo que combinaba el fragor británico con el ajedrez en el pase a través de los citados y repletos de buen gusto centrocampistas (sobre todo los dos primeros): Eric Cantona.

Rodeado de conflictos y problemas en Francia, barruntando incluso la retirada del fútbol, Cantona llegó a Inglaterra en enero de 1992 y en apenas cinco meses fue clave en el éxito de aquel Leeds. El olfato de Ferguson y poco más de un millón de libras le llevaron a Old Trafford. El resto es historia. Desde ese momento, el Manchester United dominó con pie de hierro la Premier League durante toda la década de los 90, con siete títulos sobre nueve posibles. El éxito, entre otras cosas, radica en que el equipo se fortalece al tiempo que se rejuvenece. Los fichajes no son caros y la cantera proporciona un éxito inesperado, lo que permite aligerar nóminas y vestuario.

El fichaje de Roy Keane en el verano del 93 es el primer paso en todo ese proceso. Keanno sustituyó a Bryan Robson como líder en el campo y brazo ejecutor de Ferguson. Pese a que en la actualidad las relaciones entre ambos no pasen su mejor momento, Sir Alex siempre calificó a Keane como “el mejor jugador que he entrenado jamás”, lo que dados los tiempos que manejamos, son palabras mayores. Mientras tanto, el 20 de enero de 1994 fallecía Matt Busby, el pionero y verdadera inspiración de Ferguson. Busby le apoyó públicamente en aquellos días difíciles de 1989 y, pese a que el palmarés del actual entrenador ya triplica al del maestro, el respeto no puede ser más profundo: “Creía que Matt estaría aquí para siempre. Quizá porque llegó justo después de la II Guerra Mundial, reconstruyó la plantilla y después superó el desastre emocional de Múnich, volvió a armar un equipo nuevo y ganó la Copa de Europa de 1968. Para mí, todo lo que hizo Sir Matt posee un halo de eternidad. Mis éxitos no cuentan con esa carga de emotividad, por eso mi idea de que él siempre sería el entrenador. Me sorprende haber batido este récord» dijo Ferguson el año pasado, tras superar la marca de los 24 años, un mes y 14 días que estuvo Busby en el banquillo. También tuvo tiempo, cómo no, para el sarcasmo «El consejo más importante que me dio Matt fue no leer los periódicos. Un gran consejo. No he vuelto a leerlos desde entonces».

Un año más tarde de la muerte de Busby, Eric Cantona se marchaba expulsado de Selhurst Park tras una dura entrada al portero Richard Shaw del Crystal Palace cuando decidió que no iba a aguantar los insultos de la grada. Así, ante la estupefacción general, inventó una patada o directamente un nuevo arte marcial. El angelito objeto de la agresión se llamaba Matthew Simmons, veinte años de edad por entonces, y corrió varias filas debajo de su asiento para llegar a Cantona y dirigirle cariñosos epítetos, que bien podían haberse dedicado en la actualidad, en las recientes reuniones de la UE, aunque siempre en la intimidad y con más sutileza, Cameron y Sarkozy… ya saben, la histórica dualidad franco-anglosajona .

Cuenta la leyenda además que Simmons lanzó té hirviendo al futbolista, lo que terminó de enfurecerle. Dos semanas de prisión, conmutadas por trabajo comunitario, y nueve meses de sanción futbolística fue la condena para Cantona, que despachó así lo ocurrido: “Pido perdón a todos, al Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los fans, a la Federación… y también quiero disculparme con la prostituta que compartió mi cama la tarde pasada”. El caso es que el United se quedó sin Cantona y el equipo, pese a luchar por Liga y Copa hasta el final, se quedó sin nada.

Cuando regresó Cantona casi un año más tarde, las cosas habían cambiado un poco. El Newcastle United de David Ginola, Philip Albert, Les Ferdinand, Robert Lee, un redivivo Peter Beardsley y, sobre todo, Kevin Keegan, dominaba la liga. Llegaron a tener 14 puntos de ventaja, pero ni aún así les sirvió. No contentos con ello, los magpies quisieron volver a intentarlo al año siguiente y añadieron al escuadrón a Alan Shearer, que continuó goleando como lo hacía en Blackburn formando aquella extraña paerja con Chris Sutton. Incluso, a inicios de aquella Liga 96-97, ese estupendo Newcastle goleó 5-0 al United, anticipando un relevo en la jerarquía del fútbol inglés que no llegó a producirse: Ferguson y su equipo ganaron (de nuevo) el título y Kevin Keegan terminó desquiciado y despedido tras dos meritorios subcampeonatos consecutivos. Jamás el NUFC ha vuelto a disputar en serio el título.

Paralelamente a los éxitos deportivos, Ferguson encuentra un aliado para el crecimiento exponencial del club. Se trata de Peter Kenyon. Este ex director de la marca Umbro llega en 1997 para impulsar la marca comercial Manchester United; de repente, la camiseta roja Umbro con publicidad Sharp es la más deseada, comercializada y vendida del fútbol mundial. Los derechos televisivos y de marketing adquieren una importancia capital, y en el United fueron de los primeros en verlo y aprovecharlo. Junto con el ascenso de futbolistas de la cantera a ocupar puestos clave en el equipo, esta época consolidó la estabilidad financiera del United al tiempo que multiplicó su influencia deportiva y comercial.

Y es que poco a poco, sin ruido ni excesos mediáticos, Alex Ferguson había introducido en su XI inicial a toda una generación de jugadores de casa. Ryan Giggs fue el primero (y allí sigue). Luego llegaron Beckham, Scholes, los hermanos Gary y Phil Neville y Nicky Butt. Los Fergie Babes. Todos ellos resultaron clave en los tres títulos consecutivos con los que el club cerró la década, 1998-2001, la gloriosa temporada del trébol incluida. En 1999, en el Camp Nou, Ferguson por fin emulaba a su mentor Matt Busby y levantaba la Copa de Europa. En una final inolvidable, con Paul Scholes y Roy Keane vestidos de calle tras ver tarjeta en el heroico partido de vuelta de la inolvidable semifinal frente a la Juventus, con Beckham de obligado medio centro, con la temible pareja Yorke & Cole que intimidó a Europa durante todo el año y que aquella noche se quedó seca, con Sheringham y Solsjkaer vestidos de héroes, con Collina levantando a los inconsolables jugadores del Bayern… la Final.

Con la Premier de 2001, tercera consecutiva, la séptima de su carrera, Ferguson dudó. Quizá por primera vez, pensó en dejarlo. Eran quince años, lo había ganado todo, podía ser el momento de dedicarse a los caballos, a la familia, a la lectura de Historia que tanto le gusta. Se dice que el mal año del equipo en la temporada 2001-2002, la influencia de Peter Kenyon y sobre todo el verse en casa tomando el té formaron un cuadro cuya visión le resultó demasiado impactante. Las conversaciones que mantuvo durante aquellos días con Sir Bobby Robson fueron en esa dirección. Robson, despedido del Newcastle en 2004 con 71 años, le describió a Ferguson su cese casi como un duelo, y la jubilación forzosa como una agonía. A él que no le despedían, sino que parecía querer dejarlo voluntariamente, solo podía llamarle loco. Se dice que hablaron de Winston Churchill y su liderazgo en la lucha contra el nazismo a los 70 años, entre otros viejos y activos ilustres.

Así, en febrero de 2002, Ferguson anunció su renovación “por tres temporadas”. Poco después, lanzaba el guante a un Liverpool que lideraba (sí, créanselo) la Premier: “Mi mayor reto no es lo que pasa ahora, sino derribar al Liverpool de su maldita posición privilegiada. Puedes publicarlo”. Finalmente el Arsenal ganó aquella Liga, pero el United regresaba y del final de ese contrato han pasado ya otros seis años…

Solo un año tardó el MUFC en recuperar el título, ya con Rio Ferdinand en el equipo y con Van Nistelrooy como máximo goleador. Sin embargo, las eliminatorias europeas, con dolorosas derrotas ante Leverkusen, Real Madrid o Porto, delataban el irregular potencial del equipo, y el rearme en Londres fue terrible. Primero el todopoderoso Arsenal de Wenger y sus Invincibles, después el bienio del Chelsea de Mourinho y su Blue Revolution mantuvieron al United tres años sin Liga, el periodo más infructuoso desde que Ferguson llegó al cargo, incluyendo sus primeros años. La reconstrucción más drástica, esa que todos los grandes clubes deben afrontar de vez en cuando y que en Manchester casi nunca fue traumática, esta vez era necesaria.

Cristiano Ronaldo, descarado mocoso que con diecisiete años volvió locos a los veteranos del United en un amistoso, tanto que en el descanso de ese partido Ferguson decidió ficharlo y casi obligarlo a lucir el número 7… el de Best, el de Robson, el de Cantona, incluso el de Beckham. Wayne Rooney, desde la orilla menos mala del Mersey. Vidic y Evra para la defensa. Carrick para el medio campo coincidiendo con la tumultuosa marcha de Keane, tras dejar uno de sus últimos servicios al equipo manteniendo a raya a Patrick Viera en los túneles de Highbury para después liderar a su equipo a un 2-4. Van der Sar en la búsqueda de reencontrar al añorado Schmeichel y olvidar de paso a Barthez… el equipo estaba hecho y la temporada 2006-2007 lo corroboró. A pesar de que ya se imponían las nuevas reglas imperantes en el fútbol europeo, las de la globalización y los traspasos millonarios, Ferguson, un viejo y tozudo laborista, lo había logrado de nuevo. Otro trienio victorioso en la Premier, frustando a Wenger y Mourinho, obligando a los críticos a recapacitar. Nunca pensaron que volvería.

Así, en mayo de 2008, Ferguson cerraba en Moscú otro círculo. El enésimo. Unos meses antes Kaká y el Milan les habían cerrado el paso europeo, pero esta vez sería diferente. Casi una década después del éxtasis del Camp Nou, una cerrada final bajo la lluvia ante el Chelsea coronaría al campeón europeo tras el duelo doméstico que diez días antes, finalmente, el MUFC había decantado a su favor. Marcaron Cristiano y Lampard en la primera parte, pero de manera irremediable el duelo se encaminó hacia los penaltis. El propio Cristiano fallaba en la tanda. John Terry lo tenía. Se encaró con decisión ante el balón, dispuesto a patear para la gloria, para coronar el proyecto de Mourinho ya sin Mourinho, para olvidar a Ronaldinho y a Messi, para enterrar para siempre el no gol de Luis García y al Liverpool de Rafa Benítez… para ganar, por fin, la Liga de Campeones. Pero Terry resbaló, y la parada de Van der Sar a Anelka envió la Champions a Manchester. La segunda para Sir Alex. El presente era inmejorable y el futuro estimulante. Mientras, un famoso ex futbolista daba sus primeros pasos como entrenador, en la segunda división B del fútbol español. Se llamaba Pep Guardiola.

Y es que Ferguson, que ha batido todos los récords posibles, logró uno más inadvertido pero de tremenda dificultad: conseguir que un equipo repitiera final europea tras haberla ganado. Su grupo se presentó en Roma 2009 dispuesto a revalidar el título. Tras eliminar a Inter, Porto y Arsenal, solo quedaba el FC Barcelona. Durante los primeros diez minutos de la final, el MUFC avasalló a su rival y Cristiano rozó el gol; después, Xavi, Iniesta, Yayá Touré, Eto’o, Messi y compañía obligaron a los red devils a la resignación del campeón digno pero derrotado. Dolorosa pero justa, Ferguson no imaginaba que su peor derrota estaba por llegar. El decimoctavo título liguero, muy importante porque servía para empatar con el Liverpool, y su anuncio de que continuaría mientras tuviera salud en búsqueda de nuevos retos endulzaron la pérdida europea.

El título de Carling Cup de 2010 supo a poco en Old Trafford, sobre todo tras el intenso duelo (perdido) en Premier ante el Chelsea de Ancelotti y la dolorosa derrota ante el Bayern de Robben en UCL, un solo gol que impidió el acceso a la tercera final consecutiva. Pero los retos continúan y no hay tiempo para lamentarse. 2011 ha resultado un año tremendo, casi dramático, repleto de buenas y malas noticias, con sobresaltos incluso para alguien que lleva un cuarto de siglo en el mismo trabajo.

En la primera mitad del año, Ferguson celebra con el equipo la decimonovena Premier, el liderazgo histórico y en solitario del fútbol inglés. Rooney, que había flirteado con marcharse al City a inicios de curso —y cuyo affaire describió Sir Alex con este temple: “Hay veces que vas por el campo y ves una vaca, y piensas que es una vaca mejor que la que tienes, ¿verdad? Y en realidad nunca deja de ser una ilusión”—, dejaba el gol del año precisamente ante el odiado vecino. Ferguson era elegido, otra vez, Manager of the Year para la Premier, celebró con los suyos sus 25 años en el cargo, pero al tiempo recibió reveses que bien podían poner a prueba sus ganas de continuar.

En sus propias palabras, la final de Wembley frente al FC Barcelona fue el momento de mayor inferioridad de toda su carrera: «En todos mis años como técnico, nadie nos había dado un repaso como este». Sin embargo, la cruda realidad le desmentiría más tarde. Seguro que no tenía tanta importancia como una final europea, pero poco después de golear con placer y estrépito al Arsenal, 8-2, el City destrozaba al MUFC por 1-6 en un Old Trafford cuyas gradas iban vaciándose con cada gol citizen, en un paisaje muy pocas veces visto antes. El proverbial instinto ofensivo que Ferguson ha inoculado durante tantos años en la pócima mancuniana, ese estilo no especialmente elaborado pero leal, espectacular y ambicioso, esta vez pareció traicionarle: “Es el peor día de mi vida. Con 1- 4 debimos decir basta y dejar de atacar, pero no lo hicimos. Ahora hay mucha vergüenza en el vestuario. Esta es la peor derrota de mi carrera, de mi historia. No creo que jamás haya perdido un encuentro por 1-6, ni siquiera cuando era jugador… Así que esto también es un reto para mí”. Aún no había llegado la derrota en Basilea y la reciente eliminación en la fase de grupos de la Champions. Se interrumpía así una formidable presencia de un título, dos subcampeonatos y una semifinal en cinco años, trayectoria que da permiso para un año en barbecho aunque duele que sea tras un grupo con Basilea y Benfica.

En cualquier caso, el resto está lanzado para 2012. El equipo tiene mucha gente joven pero dispuesta a ofrecer rendimiento inmediato como De Gea, Jones, Cleverley o Young. Pero más allá de títulos o jugadores, Sir Alex Ferguson es un superviviente. Su tiempo en la élite le permite escapar de la dictadura del cortoplacismo que condena al fútbol de hoy a un permanente llanto y crujir de resultados.

Pese a ello, en él queda energía. Cada partido, cada gol que su equipo le marca al Sunderland o al Fulham, por nombrar a alguien, cada ocasión fallada o cada error arbitral en contra ofrecen imágenes de Ferguson que exhiben ilusión, ambición, pasión por un oficio y por una manera de entender el fútbol. Quizá ya no sea aquel impulsivo escocés que tiraba botas, tazas de té o trozos de pizza en el vestuario al más pintado, pero al tiempo él se defiende con aquello de «la jubilación es para los jóvenes».

El estupendo periodista Simon Kuper, autor del imprescindible libro Football Against the Enemy, escribió en el Financial Times que “Ferguson se convirtió en ‘unsackable’ (1) en el Manchester United en parte mediante la conversión de simple empleado a encarnación en sí mismo de los valores del club. Tras llegar en 1986 se entrevistó con los técnicos que ya estaban en el club, escuchó a los aficionados y obtuvo estas tres conclusiones fundamentales: los equipos del MUFC deben atacar siempre, el mundo está contra el United y el United es más una causa que un club de fútbol”. De hecho, en la portada del magazine When Saturday Comes, se puede leer como balance “25 años, 2 Champions, 12 Ligas y 100 árbitros conspirando contra nosotros».

Quizá, sin complicarse tanto y sin necesidad de tanta elaboración, sirva también la declaración de Ferguson tras la final del 99 en Barcelona: “No puedo creerlo. Fútbol. Diablos”.

PD1: Sir Alex Ferguson`s Era, 25 Years

PD2: Recomendación y lectura imprescindible: “Ferguson, el último líder de la izquierda”, reportaje de Javier Gómez en el número 00 de la Revista Panenka.

(1) “Imprescindible”, podríamos traducir; indespedible no existe en castellano

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3 comentarios

  1. Guille Llopis

    Muy bueno

  2. Tremendo!! Gran personaje del fútbol Sir Alex Ferguson. Muchas gracias por este precioso reportaje.

    PD: Guardiola entrenó en Tercera, no 2ªB.

  3. Pingback: L’escocès de les galtes rosades | futbol articulat

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