España-Corea o la cumbre del fatalismo español

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“España nunca pasará de cuartos de final en un Mundial. Siempre nos fastidian los árbitros. Falta calidad y carácter para aspirar a más. La mala suerte la toma con nosotros en los momentos clave”. La retahíla de lamentos de la conciencia futbolística nacional previa a la Eurocopa de 2008 y al Mundial de 2010 podría continuar indefinidamente. Pertenece a una época ya superada, pero que este país padeció durante muchos años. Lo peor no es perder un partido importante en una gran competición, sino saber de antemano que vas a perderlo. Ese era el ánimo con el que los aficionados acudían al estadio o se sentaban frente al televisor para presenciar los torneos que disputaba la selección. Si la fe mueve montañas, su convicción apenas daba para desplazar un pedrusco.

Los resultados internacionales favorecían las percepciones pesimistas del entorno. La Roja salía a fracaso cada dos años, porque solía llegar a Eurocopas y Mundiales como una de las favoritas. España siempre ha tenido grandes futbolistas. No tan buenos como los de ahora, pero bastante cualificados. Hombre por hombre estábamos cerca, si no al nivel, de los mejores equipos. ¿Qué era, entonces, lo que fallaba? Una de las mejores versiones la dio en su día Luis Aragonés, depositario de uno de los apodos más certeros del mundillo futbolero. El Sabio de Hortaleza, el germen constructor de la actual selección, consideraba errónea la concesión de favoritismos que obviaban la dura realidad histórica. Desde 1964 España coleccionaba decepciones, lo que impedía la comparación con Brasil, Italia, Alemania o Argentina. Faltaba gen competitivo, espíritu ganador que complementase la calidad de nuestros jugadores más preparados técnica y físicamente.

El Mundial de Corea y Japón, en 2002, representaba una nueva ocasión de abofetear al pasado y encarar un futuro ilusionante.  Dos años antes, en la Eurocopa de Holanda y Bélgica, Francia había eliminado a la selección en cuartos al dictado de Zidane (2-1). Fue el día del penalti marrado por Raúl, el que hubiese llevado el encuentro a la prórroga. Con todo, no es lo mismo arrodillarse ante el campeón del mundo que ser despedido por los avatares de la competición en la primera fase, como ocurrió en Francia 98. La escuadra de Camacho gozaba de credibilidad, y viajó a tierras asiáticas con el objetivo de responder, por una vez, a las expectativas generadas en torno a un grupo con futbolistas tan competentes como Puyol, Hierro, Helguera, Baraja, Raúl, Valerón, Diego Tristán o Morientes, y en el que empezaban a adquirir trascendencia unos bisoños Xavi y Casillas.

El portero del Real Madrid, decisivo en la final de la Champions de Glasgow tras la lesión de César, volvió a salir beneficiado de los problemas de un compañero. Cañizares se destrozó el pie con un frasco de colonia durante la preparación del campeonato (versión oficial que muchos no se creyeron) y cedió la titularidad al joven arquero, que, lejos de achantarse, afrontó el desafío con la entereza de un veterano, del gran capitán que sería años después. Iker y el resto de los convocados se ejercitaron para retos mayores en una primera ronda cómoda. Emparejados con Eslovenia, Paraguay y Sudáfrica en el grupo B, vencieron a las tres y encararon el cruce de octavos con confianza. Argentina y Francia, las dos principales favoritas en la previa, estaban fuera del evento. Continuaban potencias históricas como Brasil, Italia y Alemania, pero ninguna infundía miedo. La ilusión volvía al aficionado, anhelante de que esta esperanza renovada no se desvaneciese como tantas otras veces, como si fuese presa de los designios de un demiurgo al que no le caíamos bien.

Irlanda, segunda del grupo E tras Alemania, era el adversario a derrotar para alcanzar los temidos cuartos. Los hombres de McCarthy constituían un bloque apañado, con algunas individualidades de cuidado como Damien Duff o Robbie Keane. Habían empatado con los teutones en la fase anterior, así que el choque no era una broma, por si alguien estaba tentado de pensar que los octavos de final eran un trámite hacia la verdadera prueba de fe.

España no hizo un buen partido. El gol precoz de Morientes presagiaba una clasificación confortable, pero la formación de Camacho careció de ambición para aumentar la ventaja y los irlandeses, sobrados de garra y temperamento, arrinconaron  a la selección y forzaron dos penaltis en la segunda parte. El primero, lanzado por Harte, lo detuvo Casillas, pero el segundo alcanzó la red hispana gracias a Robbie Keane. Era el minuto 90 y la prórroga acudía a la llamada. Fue media hora agónica, disputada con diez jugadores (Albelda se había lesionado y Camacho había hecho los tres cambios). Luis Enrique, tocado, presumió de coraje para no dejar al equipo con nueve. Con este escenario, la llegada de la tanda de penaltis no se acogió como un castigo, sino como una bendición solemne. Desde los once metros, Irlanda vio la portería de Casillas a escala e Iker tuvo temple para aguantar hasta el final en los lanzamientos de Connolly y Kilbane. Sus paradas, unidas a un fallo anterior de Holland, neutralizaron los errores de Juanfran y Valerón y valieron unos cuartos de final.

Otra vez entre las ocho mejores. Como en México 86 y Estados Unidos 94. Otra vez a la caza de unas semifinales que expeliesen de la memoria nacional el recuerdo del penalti de Eloy o la nariz rota de Luis Enrique. Para culminar el ejercicio de desagravio histórico había que superar a la anfitriona Corea del Sur. Guus Hiddink era el arquitecto de una obra muy meritoria. Sus pupilos no brillaban internacionalmente, aunque contaba con futbolistas interesantes como Park Ji-Sung, Seol Ki-Hyeon o Ahn Jung-Hwan. Más allá de jugadores concretos, la clave del equipo asiático consistía en la espectacular condición física de sus integrantes, unida a una convicción en la causa que rozaba el sectarismo y ligaba los destinos particulares. El triunfo y la derrota eran colectivos. Con una metodología militar, cada coreano cubría el sector del campo que dejaba libre su compañero. El trabajo solidario reducía los huecos en defensa. La fe irreducible era el mejor aval para aprovechar las escasas ocasiones de gol ante rivales más fuertes.

Corea llegaba al cruce con España tras sorprender a Portugal en la primera fase y eliminar a Italia en octavos. En el encuentro ante los transalpinos, resuelto en la prórroga, exhibió su gran virtud como selección. No conocía el significado ni el sentido de la palabra rendición. Así pudieron remontar el tanto de Vieri gracias a los tardíos goles de Seol, en el 88, y Ahn, en el 117. Este último finiquitó su carrera en el Perugia cuando apeó a la Azzurra.

No obstante, resumir el triunfo coreano en un arrebato épico sería caer en el reduccionismo. El colegiado ecuatoriano Byron Moreno, actualmente condenado por contrabando de heroína y con un historial de sospechas de amaños bastante interesante, dirigió el choque y adoptó unas decisiones sonrojantes para cualquier defensor de la imparcialidad arbitral en aquel campeonato. Moreno tuvo una actitud permisiva con el juego duro de los de Hiddink aderezada con un dudoso penalti a favor de Corea que interceptó Buffon, la expulsión injusta de Totti en la prórroga y la anulación de una opción clara de gol de oro a Tommasi por un fuera de juego que no era tal. Italia clamó a la FIFA (uno de los vicepresidentes de la organización era coreano), pero esta hizo lo que mejor se le da, lavarse las manos para no “estropear” el espectáculo. Los aficionados españoles, mientras, se tomaban las quejas italianas con sorna. A nadie le apenaba que la selección tantas veces beneficiada fuera, por una vez, perjudicada. Nadie pensaba que la siguiente en la infame pudiera ser su equipo.

El 22 de junio de 2002, a las 8.30 hora española, el Gwangju World Cup Stadium acogió el encuentro de cuartos entre España y Corea del Sur. La baja de Raúl, lesionado ante Irlanda, era una malísima noticia. La ausencia del delantero, principal referente sobre el césped, disminuía ostensiblemente el potencial ofensivo de la selección. Con todo, las excusas sobraban cuando enfrente estaba una escuadra luchadora y apoyada por el bullicioso público en su condición de anfitriona, pero de un nivel técnico bastante inferior.

Corea arrancó mucho mejor. Se benefició de un inicio pésimo de España, que no era capaz de conectar tres pases seguidos. Camacho apostó por Nadal en el eje de la defensa junto a Hierro y alineó a Helguera con Baraja en el mediocentro. Según se mirase, era una proclama de prudencia o una propuesta de equipo pequeño, más pendiente de contrarrestar al adversario que de practicar su fútbol. De todas formas, a poco que la selección se centró, el balón cambió de propietario. El problema residía en que no había demasiadas ideas para moverlo con criterio. Los asiáticos, menos incisivos que en contiendas anteriores, apenas generaron peligro sobre la portería de Casillas. La resolución de los cuartos iba a depender de la iniciativa y el acierto de los españoles.

Resulta paradójico que el que candidato principal para liderar el histórico pase a semifinales fuese un chaval de 20 años. Un extremo descarado, rápido y de regate fácil llamado Joaquín. El entonces bético debutaba en un gran torneo e intentó, con Valerón, condimentar la monotonía general. Ante la ausencia de protagonistas, el árbitro del partido, Gamal Al-Ghandour, y sus asistentes, Ali Tomusange y Michael Ragoonath, debieron pensar en el descanso que era el encuentro ideal para pasar a la historia de los Mundiales. Un egipcio, un ugandés y uno de Trinidad y Tobago. No era un chiste clásico, pero su sucesión de errores tras la reanudación bordeó lo grotesco. Todos hubiéramos deducido que simplemente no sabían arbitrar si no fuese porque todas las equivocaciones afectaron al mismo bando. Dos goles mal anulados a España, uno por una infracción previa invisible en un saque de falta y otro por interpretar que el balón había rebasado la línea de fondo antes de que Joaquín asistiese a la cabeza de Morientes, encabezaron la comedia del peculiar trío. El tanto del atacante extremeño, además, hubiese supuesto la victoria de los de Camacho, puesto que la jugada se produjo en la prórroga y todavía estaba vigente en el reglamento el gol de oro.

Los jueces de línea se dedicaron a levantar el banderín como posesos ante cualquier pase al hueco en el ataque español. Sus movimientos compulsivos decretaron la invalidez de los desmarques, también en el tiempo extra, de Joaquín, Morientes y Mendieta, dos de los cuales dejaban a sus protagonistas mano a mano con el portero coreano. Al margen del ridículo arbitral, la mejor oportunidad apareció en el minuto 100, cuando Morientes disparó al poste. Al-Ghandour señaló el final de la prórroga antes de que España ejecutase un córner y los dos equipos se prepararon para los penaltis.

En circunstancias competitivas extremas, los lanzamientos desde los once metros están influenciados por la tranquilidad de los jugadores, el acierto de los porteros y también, por qué no decirlo, la suerte. El precedente de Irlanda sugería optimismo, pero cada tanda es diferente a la anterior. En esta, Casillas (poco había intervenido en los 120 minutos anteriores a excepción de un paradón a Park Ji-Sung) solo tuvo posibilidades de detener un disparo, el primero, de Hwang Sun- Hong. El balón se le escurrió, y con él, las opciones de la selección. Los otros cuatro lanzamientos coreanos fueron impecables, a semejanza de los penaltis de Hierro, Baraja y Xavi. Llegó el turno de Joaquín, y el mejor del partido fue engullido por el peligroso cóctel de juventud y responsabilidad. Tomó carrerilla, se detuvo antes de chutar y Lee Woon-Jae adivinó sus intenciones. Hong Myung-Bo, el perpetuo capitán del cuadro de Hiddink, consumó la clasificación para semifinales marcando el quinto de la tanda.

Lo que ocurrió a continuación no fue nada agradable. Los españoles, con los ojos llorosos de abatimiento, rabia e impotencia, se acercaron a Al-Ghandour y Helguera personificó la indignación de sus compañeros. El cántabro, fuera de sí, se encaró furioso con el colegiado egipcio. Era mucha la tensión acumulada y demasiada la frustración de quedarse apartados otra vez de la lucha por un título que se acabaría llevando Brasil. Corea, por su parte, finalizaría su polémica ruta perdiendo en semifinales ante Alemania.

El fútbol muchas veces es injusto, pero acaba dando nuevas oportunidades para devolverte lo que te arrebató en algún momento. Resulta curioso que Italia y España, los grandes perjudicados por el bochornoso arbitraje del Mundial de Corea y Japón, conquistaran las siguientes ediciones (2006 y 2010). Triunfos históricos para olvidar los traumas del pasado, esos que ahora están felizmente superados.

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12 comentarios

  1. Guzmán

    Descubrí esta página web hace menos de una semana y ha sido uno de los grandes aciertos del año. Qué pedazo de artículos que hacéis…y es que hasta me emociono!!! Enhorabuena!

  2. Pingback: España-Corea o la cumbre del fatalismo español

  3. Me quito el sombrero por los artículos aquí escritos. Me quito el sombrero por el cuidado en la fotografías. Me vuelvo a quitar el sombrero por el diseño global de la página.

    Enhorabuena a todos los que participan en este proyecto. El periodismo está cambiando gracias a iniciativas como esta.

  4. Javier Brizuela

    Muchas gracias, de verdad. Vuestros comentarios ayudan a seguir mejorando

  5. Javier DDT

    He descubierto la web hace poco por recomendación de un buen amigo y sólo puedo decir que enhorabuena, artículos como el presente hacen a uno plantearse que todavía queda periodismo de calidad entre tanta prensa basura dirigida por carroñeros. Reitero mi felicitación a los integrantes de la web y especialmente al Sr. Brizuela por esta maravilla de artículo, muchas gracias por hacerme disfrutar con su lectura.

  6. Javier Brizuela

    Me parece un artículo muy interesante, que nos hace recordar y volver a ese mundial de Corea donde teniamos puestas tantas ilusiones. Enhorabuena a la pagina.

  7. Oscar López

    En la mejor época de la historia del fútbol español era necesario un artículo que nos recordase de dónde venimos: de palmar una y otra vez en los cuartos de final (cuando no antes). Parece mentira como pasa el tiempo pero el estigma de los cuartos lo estuvimos sufriendo justo hasta que derrotamos a Italia en cuartos de la Eurocopa 2008. Felicidades al medio por elegir la temática y al autor por el excelente relato que realiza.

  8. Alberto

    El arbitraje de Al-Ghandour fue francamente malo, pero seguramente no peor que aquélloos que suelen padecer los equipos medianos o pequeños cuando visitan el Santiago Bernabéu o el Camp Nou.
    Recuerdo el comportamiento de Iván Helguera al final de la tanda de penaltis como uno de los más infames que he visto en un deportista profesional. Resultó curioso, por no decir lamentable, que la FIFA no le hubiese impuesto una sanción por aquellos hechos, tal y como hizo la UEFA con Didier Drogba a consecuencia de una reacción del marfileño, muy parecida a la de Helguera, al final del partido de vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones que el Chelsea disputó contra el barcelona en 2009.
    ¿Qué habría publicado la prensa española si esos hechos los hubiese protagonizado, por ejemplo, José Mourinho?
    En contraste con los insultos del cántabro al árbitro egipcio, recuerdo el comportamiento señorial de Camacho. El entonces seleccionador nacional, lógicamente indignado por haberse encontrado con «adversidades» añadidas a las que ofreció la selección coreana, se limitó a saludar al colegiado y a los miembros del equipo rival y aceptó la eliminación de su selección, algo que por cierto era ya inamovible y que no se iba a solucionar con arrebatos de niño malcriado.

  9. The best

    Alberto, que critiques a Iván Helguera por eso… para mí Iván representaba a la mayoría de los españoles en ese momento: frustración, rabia…. jamás se lo he echado en cara, ni yo ni creo que nadie.

  10. Raúl González Gilabert

    En esta foto se refleja la rabia de todo un país por sufrir una nueva decepción. Evidentemente no es una reacción limpia ni correcta en un deportista, pero ¿justa? no soy quien eche la primera piedra, yo ese día estaba destrozado:

    http://1.bp.blogspot.com/-T6ZT1qZIJoo/TkBHE7BBRwI/AAAAAAAAAqE/KhJVSW94vEk/s400/al-ghandour_espana222222.jpg

  11. A-LU-CI-NAN-TE! Vaya paginón nos ha descubierto @albertpelias por twitter!

    GRACIAS JOTDOWN

  12. Pingback: Nigeria’99, la cuna de los héroes « Javier Brizuela

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