Pablo Laso: «Muchos partidos de la NBA parecen una pachanga»

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Pablo Laso es un tipo normal. Colocado en fila con otros 50 entrenadores, físicamente no llamaría la atención. Tampoco por sus trajes. Si les hiciéramos hablar, entonces es probable que pasara un corte de 25, más por su claridad que por su oratoria. Si les viésemos entrenando, tendría sitio en el top ten por enérgico. Pero si no les miramos a ellos, sino sólo el baloncesto que juegan sus equipos, entonces no hay duda: el equipo del “tipo normal” es el más carismático. 

Estaba en un aeropuerto de Oriente Medio cuando de repente me sorprendió este párrafo de Sunset Limited, libro de Cormac McCarthy: “A veces las cosas sencillas tienen mucha más miga de lo que pensamos. Un montón de gente esperando en el andén de una estación. Para ir al trabajo. Han hecho lo mismo cien veces, mil veces. No es más que un andén. Pero podría ser que, para uno de esos currantes que hacen el mismo trayecto cada día, estar ahí al borde del andén sea algo más que esperar el tren”. ¿Y si, después de 20 años de basket control, de entrenadores providenciales, de equipos funcionando como monarquías absolutistas, de ver al baloncesto perder el tren de la audiencia, igual el baloncesto fuese más sencillo de lo que pensábamos?

El Limoges de Maljkovic ganó la Copa de Europa en 1993. Hace ya casi 20 años. El colmo del aburrimiento. El basket control que ha imperado en el baloncesto continental desde entonces, ¿ha dañado a este deporte? ¿Lo ha hecho más aburrido?

Los entrenadores compiten para ganar. No conozco ninguno que no lo haga, sea cual sea tu estilo. Al final tu satisfacción es ganar. Hasta los entrenadores de minibasket. Los resultados hacen falta.

¿Pero…?

Pero luego está cómo se consigue ese objetivo. Destruir es más fácil que construir en cualquier orden de la vida. Y en baloncesto, más. La sensación de que tú puedes armar un buen equipo desde la defensa es real. Como en fútbol cuando te llevas un punto sin jugar un pimiento. Pero yo no concibo el basket así. Quiero que mi equipo meta canastas, se mueva rápido por el campo, derroche energía… Y este juego es el que la gente quiere.

Hablábamos antes de televisión. ¿Crees que un baloncesto más ofensivo generaría más audiencia?

Cuando las televisiones o los medios hacéis resúmenes de los partidos, resaltáis muy raramente la labor defensiva. Como mucho, que Ibaka ponga diez tapones, pero ya es algo visual. ¿Quién escribe sobre una buena defensa de ayudas? Al final, lo que vendéis, lo que importa y lo que entra en el top de las jugadas, son canastas, mates, asistencias… jugadas ofensivas. Y nosotros tenemos que fomentarlas, no disminuirlas.

Antes no te has mojado. ¿El estilo del basket-control ha dañado al baloncesto? ¿Sí o no?

Probablemente sí.

¿Te has aburrido como espectador muchas veces?

Sí. Como espectador, sí. Como entrenador se ve desde un punto de vista diferente, pero los entrenadores no suponemos mucho en términos de una audiencia medida en cientos de miles de espectadores (sonrisa).

Llegas al Madrid y en pocos meses implantas una identidad. En un artículo te comparé con Margaret Thatcher, no por su físico ni su ideología, sino por una frase: “Europa se ha construido sobre su historia, o sea, sobre lo que hemos sido. Estados Unidos sobre su filosofía, o sea, sobre lo que podemos ser”. ¿Cuándo decidiste que tu Real Madrid tenía que jugar alegre y ofensivo? ¿Como consecuencia de tus jugadores o como principio, antes de poner un pie en Madrid?

No hay un momento definido, pero sí una filosofía de baloncesto que llevas dentro e intentas transmitir, sumada al talento de tus jugadores. Cuando yo veía al Real Madrid el año pasado, había cosas que me gustaban y otras que no. Y jugador por jugador, lo mismo. Yo tenía un punto de partida, una filosofía de juego:  querer ser atractivo, agresivo y optar por el campo abierto aunque luego pudiéramos sufrir más en el cuerpo a cuerpo. Pero, cuando valoré mi plantilla, intenté sobre todo colocar a esos jugadores donde mayor rendimiento podían ofrecer.

En esa revisión de los roles de la plantilla de Messina, se habló mucho de tu decisión de poner a Sergi Llull como ‘uno’.

Todos decían que no podíamos jugar con Sergio Rodríguez y Sergi Llull de bases. Pues a lo mejor el que entrenara a ese equipo no podía jugar con Llull de base, pero para mí son mis dos mejores bases.

¿Cuántas veces se te ha mosqueado Llull por jugar de base?

Hablé con él el primer día porque le había visto jugar de base en las categorías inferiores. Le dije: “Mira, Sergi, el equipo está sin terminar, te vas con la selección, pero mi idea es que juegues de base. Sé que puedes adaptarte a varias posiciones, pero creo que tu crecimiento al más alto nivel pasa por esta posición”. Me miró y me dijo: “Pues claro que puedo jugar de base”. Igual los entrenadores anteriores, por lo que no tenían en la plantilla, apostaron por él de escolta. Pero yo traje ahí dos muy buenos jugadores: Jaycee Carroll y Martinas Pocius. Y además estaba Rudy.

¿Qué otros jugadores viste fuera de su sitio?

Por ejemplo, creo que Carlos Suárez es un jugador que debe postear mucho más. Que Velickovic debe jugar de interior y no de exterior. Que Felipe Reyes no pinta nada fuera de la canasta, porque donde siempre ha dominado es cerca del aro. Y pienso que Begic puede tener un rol importante dentro del equipo. Con lo cual, sin hacer tantos cambios de jugadores, sino por lo que quiero sacar de ellos, le doy otro perfil a la plantilla.

¿Se puede jugar igual con cualquier equipo? Empezaste en San Sebastián con un juego muy ofensivo y te tocó recular después.

Ahí entra otro problema. La calidad de tus jugadores. En San Sebastián tenía otros objetivos, otro presupuesto y tenía que jugar de otra manera. Cuando tuve una lesión aquí me trajeron a Ibaka. Y en San Sebastián tenía que reconducir a los que tenía. Igual yo entrené mejor en San Sebastián que en el Madrid. Fíjate si tiene mérito que el Levante vaya cuarto en Primera. Entonces quién tiene más mérito, ¿el entrenador del Levante o Guardiola? Yo igual sería un fracaso como entrenador de baloncesto femenino. No por lo técnico y lo táctico, pero en el trato personal, nunca he entrenado a mujeres.  Igual no sabría cómo llevarlas. El éxito del entrenador muchas veces depende de cosas que no son entrenar. Sino motivar, lidiar con el club, la presión mediática… aunque bueno, eso yo  no lo llamo presión, sino la sensación de medios alrededor del club.

¿Por qué no lo llamas presión?

Nunca la he sentido. Me la quité muy pronto, cuando era jugador, y eso me ayudó a saber manejarla después.

No te vino mal. En tu primera rueda de prensa había una manifestación de aficionados fuera. Y la mayor parte de los seguidores madridistas estaban con Messina. Te tocó empezar desactivando minas y recuerdo tu respuesta: “Si hay una manifestación fuera quiere decir que esta sección le importa a la gente”.

Yo no sé actuar. Tienes que ser tú mismo. E igual hay entrenadores que no valen para un sitio. A veces se venden como fracasos de entrenadores situaciones que son fracasos de un club en un determinado momento.

¿Qué sección te encontraste aquí?

Era una situación de dudas, por el final de temporada, nuevos jugadores, nuevo entrenador… pero esas dudas eran normales. No había que interpretarlas como inestabilidad. Sobre todo porque las dudas en el Madrid son diarias. Yo en el Madrid gano 10 partidos y pierdo el undécimo y a la mañana siguiente la pregunta es por qué no he ganado el undécimo.

¿Pero había una cierta desmoralización de la plantilla? Muchos de tus jugadores estaban dolidos.

No (tajante). Creo que muchos de ellos estaban, al contrario, deseando sacar su mejor baloncesto. Lo cual me facilitó las cosas. Querían demostrar que son grandes jugadores.

¿Cómo viste desde fuera la salida de Messina del Madrid?

Los que toman decisiones son los valientes. El cobarde es el que no hace nada y deja pasar las cosas. Una decisión tan difícil como tuvo que ser para Ettore dimitir fue una decisión valiente, seguro. Como la mía de venir al Madrid. Yo tenía contrato en San Sebastián, estaba muy bien allí y algunos podrían pensar: «dónde se mete éste» o «vaya regalo envenenado». Lo importante es tomar decisiones. No como ese taxista que te subes y te pregunta: “¿por dónde le llevo?”. Tú sabrás, que eres el taxista.

¿Los entrenadores han tenido demasiado protagonismo en el baloncesto reciente?

Sí. Sin duda. Pero es que el entrenador de baloncesto influye e interactúa mucho durante el partido. Cambios, tiempos muertos… pero eso hace que también se nos pueda juzgar cada decisión.

Hablando de tomar decisiones y salir del Madrid, muchos han olvidado que te fuiste como jugador a mediados de temporada. Un poco como Messina.

Llegué al Madrid con Zeljko Obradovic y en mis dos primeros años fui muy feliz. El equipo era un equipo en todos los sentidos, con grandísimos jugadores, con buenos y malos momentos. En el tercer año llegó un entrenador que lo único que intentó y consiguió en ese tiempo fue romper ese grupo.

Miguel Ángel Martín. 

Sí. Entonces, como yo no quería ser partícipe y no estaba a gusto, pensé que la mejor decisión era salir porque yo no era feliz. Y probablemente debería haberme callado la boca, porque Miguel Ángel Martín al tiempo se fue y yo, que tenía contrato, habría seguido con otro entrenador.  Pero, igual que decíamos con lo de Ettore, a veces uno tiene que tomar decisiones aunque sean jodidas.

¿Cómo te sentó el spot de la Euroliga con tu bronca?

Ni bien ni mal. Me hizo gracia cuando llegué a casa y mi mujer me dijo: “Te han sacado en un tiempo muerto de Euroliga en un plan…”. Y mi hijo de 10 años intervino y soltó: “Uy, pues si yo a papá le he visto en casa mucho peores…”.  Es algo que me sale y lo que sí me fastidia es que se quede una imagen de ese tiempo muerto con 1000 tiempos muertos en todo el año. No sé si vende más o menos, no sé si para la tv es atractivo vender un tiempo muerto, pero sí tengo claro que hablar duro no es alzar el tono de voz. Yo he sido mucho más duro que eso con mis jugadores sin gritar.

Todos hablan de la enfermedad del baloncesto. ¿Qué le pasa a este deporte?

El baloncesto, como todo en la sociedad, tiene mucha competencia. Y esa competencia hace que a un producto le cueste crecer. En cuanto a afluencia en los pabellones, a calidad de la Liga, impacto de la Copa del Rey…. Somos seguro la mejor liga de Europa y probablemente la más seguida tras la NBA. Igual no es tanto una situación de crisis, sino de saber dónde estamos y valorar qué debe mejorarse.

¿Quiere decir que la enfermedad es sólo la baja audiencia? ¿Es la televisión el termómetro de cada deporte?

Si ése es el único termómetro, entonces la situación sería desastrosa. Pero ése problema de competencia televisiva no lo tiene sólo el baloncesto. Lo tienen los programas, las series… la competencia es extrema.

Pero vivimos en una sociedad que ha hecho de la libre competencia el centro de su funcionamiento.

A los diez años tenía un balón y jugaba al baloncesto. Ahora mi hijo de diez años tiene más oferta televisiva, la consola, la Wii, mil juguetes… hay niños de esa edad hasta con teléfonos. Antes el colegio estaba abierto y yo iba a jugar. Ahora están cerrados. ¿Es esto malo? No creo. Simplemente, la sociedad funciona así y hay que adaptarse. Y el baloncesto también.

Decía el otro día Albert Agustí, director de la ACB, que “el público tiene que despertar”. ¿Quizá no debería despertar el baloncesto?

Lo fácil es decir “la culpa es de la televisión”. Igual que en el baloncesto, para un jugador a veces es fácil decir: “No juego bien porque no me ponen, porque no me pasan, porque el árbitro me pita mal…”. Muchas veces el jugador debe pensar “no meto los tiros, no me sacrifico en defensa…”. Hay que mirar hacia dentro. Qué podemos hacer nosotros para mejorar.

Como la frase de Magic Johnson reformulando a Kennedy: “Plantéate lo que puedes hacer por tu equipo, no lo que tu equipo puede hacer por ti”.  ¿Qué debería cambiar el baloncesto por sí mismo?

A lo mejor el sistema de competición. Habría que analizar si el actual es el más atractivo.

¿Incluso planteándose abandonar los playoffs?

Puede ser. Por qué no.  También cómo se marcan las clasificaciones para Europa. Los descensos y los ascensos. Y, por supuesto, el estilo de juego, que viene marcado por la voluntad de un equipo, por la calidad de los jugadores y también por las reglas.

¿Estás planteando cambiar las reglas del baloncesto para favorecer el espectáculo?

Sí.  Para mí la falta en mediocampo para parar contraataques debería ser castigada con más dureza. Eso liberaría el juego. Habría que permitir menos contactos, aunque eso es un tema de arbitraje en el que no puedo entrar. Y una tercera cuestión, para mí la más importante, es que el campo se hace pequeño. Estamos jugando en las mismas medidas que cuando empecé yo en el año 83. Los jugadores son más altos, más rápidos y más fuertes. El campo se queda pequeño. El baloncesto debe ser más alegre. Esto ayudaría.

Me contaban el otro día que Florentino Pérez, el día de la final de la Copa del Rey, cuando ya no quedaban cámaras, subió a la grada con los 800 seguidores madridistas a celebrar con ellos el título.

Me lo contaron y fue una de las cosas que más me alegró. Que exista esa sensación de club, desde el aficionado que va a Barcelona frente a 15000 culés, que ganemos un partido difícil, que el presidente esté con ellos… importantísimo para la imagen del club. O que Mourinho lo primero que hizo al llegar a Rusia fuese felicitarnos por la Copa del Rey. Nosotros también cenamos con el Madrid de fútbol encendido.

¿Qué te dijo Florentino Pérez tras ese título?

Varias cosas se me quedaron grabadas. La primera, en el vestuario nada más terminar, cuando me dijo: “Ahora a por la Liga”. ¡Es la identidad de este club: ni cinco minutos para relajarse! Luego, hablando con él, estaba sorprendidísimo de llevar 19 años sin ganar la Copa del Rey. Y lo comparaba con el fútbol, que el Madrid pasó otros 18 años. En tercer lugar, el conseguirlo en Barcelona fue muy especial para él porque el año pasado, en ese mismo escenario, la Final Four fue una gran decepción.

¿Tiene más impacto ganar la Copa del Rey que la Liga ACB? ¿Ya lo ha superado en importancia como título?

La Copa del Rey ha conseguido ser algo especial: ser un foco del baloncesto mundial. Los árbitros de Euroliga en estas jornadas venían y me daban la enhorabuena y eran un croata, un esloveno… Los entrenadores de Siena me felicitaron también y, como ellos ganaron la suya, yo hice lo mismo. La respuesta de Pianigiani fue: “No compares. Lo nuestro fue sin gente en el campo”. En San Sebastián sé que clasificarse para la Copa ha sido la releche. Casi tiene más interés la primera mitad de la liga regular que determina ese corte de la Copa que la segunda.

Desde el arranque de temporada llamó la atención el reparto de minutos en el Madrid. Tu rotación es más larga de lo habitual. Y casi todos los jugadores jugaban al menos un cuarto, como si fuera minibasket. En la Copa, Felipe se salió en cuartos, Mirotic en semis y Llull y Carroll en la final. ¿Buscabas tener a 11 jugadores enchufados para las fases finales de tres días, como son Copa y Euroliga?

Creo que nuestro estilo de juego nos obliga a mucha energía y mucho esfuerzo físico. Somos un equipo que toma muchas decisiones. Eso nos obliga a estar frescos mentalmente. La fatiga se nota primero en el cerebro que en las piernas. Muchos de mis jugadores no pueden estar jugando mucho tiempo en el campo a esa velocidad. Y no quiero que descansen en el campo. Lo segundo, no quería un equipo que dependiera de un solo jugador. Porque arrancamos con grandes estrellas, pero si se iban no podíamos ser un equipo que dependiera de Tomic, de Llull o incluso de Rudy. Que un mal momento de un jugador no nos afectara para conquistar un título.

Consigues un gran rendimiento medio de la plantilla, salvo en una semana en la que se va la Euroliga al traste. Bilbao y Siena. ¿Fue sólo una “mala semana” o fue miedo?

Fueron 15 días extraños. Pero Siena y Bilbao fueron partidos muy diferentes. Con Siena hicimos el peor partido ofensivo del año ante uno de los mejores equipos y nos lo hicieron pagar. Fue un mal partido. El de Bilbao fue otra cosa. Tiene otras connotaciones. El equipo no estuvo y nos ha costado la Euroliga, siendo el tercer equipo, tras CSKA y Barcelona, con más victorias.

¿Pesó en ese partido ser un equipo muy joven?

Puede ser. Pero pasó. Y precisamente sacar con el grupo las conclusiones de ese partido nos tiene que hacer crecer para la siguiente.

Una vez, Rafa Benítez me comentó que aunque Steven Gerrard llevase el brazalete del Liverpool, no era un capitán. En el vestuario no era el líder. El verdadero capitán era Carragher: nacido en el puerto, cabrón como él solo, capaz de poner firme a cualquiera. Lo recordé el otro día cuando vi la polémica que se montó cuando dijiste que Navarro no es un líder. ¿Qué es un líder?

Hay equipos que ganan y no tienen líder, porque a lo mejor el líder es el club. Ser líder es difícil de definir. Benítez pensaba seguramente al llegar a Liverpool que su líder sería Gerrard. Pero no lo era, aunque ganase los partidos. Navarro es probablemente el mejor jugador que ha dado el baloncesto español.

¿En tu equipo tienes algún líder?

Tengo varios jugadores que pueden llegar a ser líderes. Pero yo creo que para ser grandes líderes todavía deben mejorar. El rol de los líderes ha cambiado mucho. Porque cuando yo empecé a jugar, en el Caja de Álava, en el 83, había 7 u 8 de Vitoria, uno de Lazkano, ahora presidente, un catalán que había caído allí por casualidad y dos americanos. Y jugabas contra el Manresa, que tenía siete tíos de Manresa. Ahora entras en un vestuario y hay ocho nacionalidades. Esta globalización hace más difícil llevar un grupo. La conversación de un esloveno que chapurrea inglés con un vitoriano es más jodida que la de dos tipos del mismo barrio.

Hablamos de identidad, y tú eres seleccionador de una tierra con identidad como Euskadi al mismo tiempo que entrenas al Madrid. ¿Has sentido algún tipo de incomprensión, en Madrid o en el País Vasco, por tus respectivos cargos?

Es un tema muy personal. Si alguien quisiera politizarlo, sería absurdo. Este tema va más allá de la política o del sentimiento. Es una cosa diferente. Yo he disfrutado mucho en la selección de Euskadi, primero como jugador y ahora desde el banquillo. Y cuando me llamaron para ofrecérmelo, lo dejé muy claro: soy entrenador de baloncesto. Si se quiere politizar esto, yo no entro. Si se quisiera sacar rédito de mi imagen en algo diferente del deporte, no habría aceptado.

¿Cuesta a veces desde Madrid entender lo que pasa políticamente en Euskadi y viceversa?

Tenemos un país repleto de identidades. Hay un canon para los andaluces. Una horma determinada para los extremeños. Para los valencianos… Si todo se rigiera por estereotipos, acabaríamos a puñetazos. Menos mal que no todos se guían por cosas menos importantes de lo que muchos creen.

Recuerdo que hiciste en Twitter un elogio a un programa de Salvados sobre el conflicto vasco. Decías: “Me he quedado con una frase: sensación de libertad”.

Fue una frase que dijo él. Para el que no recuerda el programa, Jordi Évole hizo entrevistas a una serie de personajes políticos, y nadie le negó la respuesta. Desde Antonio Basagoiti, del PP, al concejal del PSOE Mondragón, a Maiorga Ramírez, de Bildu… y todo el mundo dio su opinión. Esa sensación de que todos daban su opinión, estés o no de acuerdo, esa sensación de poder hablar, es algo que la gente desde fuera sí ha pensado que no pasaba en el País Vasco. Y no era real.

Una vez escribiste: “si hablaran más los políticos y menos los que opinan, mejor nos iría”. ¿Falta valentía en la política?

Los que tendrían que hablar para solucionar los problemas son los políticos. Pero ahora la opinión de la calle no se genera por las ideas de los políticos, sino por lo que algunos hablan de lo que piensan los políticos. Eso genera incertidumbre. Ahora sólo toca hablar de la crisis. Hay temas más importantes que el conflicto vasco, pero el problema sigue estando ahí. Los presos, etcétera… Y habrá gente en política trabajando sobre ello, pero hacia fuera sólo importan el paro y la economía.

Vamos, que la opinión la generan los tertulianos. Tú, como ciudadano, ¿qué echas en falta?

Los políticos tienen una oportunidad y un problema que es el mismo: los elige la sociedad cada cierto tiempo. A mí me gustaría saber si trabajan para que les vuelvan a elegir o para sacar las cosas adelante. Lo que no me gusta es que algunos trabajen pensando en ser reelegidos. Si yo trabajara en el Madrid sólo para que me renueven, sería triste, corto de miras, no disfrutaría… y probablemente no me renovarían.

¿Cuánto tiempo le dedicas a Twitter y para qué te sirve?

Le dedico poco tiempo y sobre todo para informarme. Por ejemplo, de un vistazo por la mañana veo qué ha sucedido en la NBA, porque yo durante la temporada no la sigo mucho. Veo algún partido suelto, pero no soy un gran seguidor.

¡¿Qué no te gusta la NBA?! ¿Qué es lo que no te convence?

La falta de competitividad que hay entre los equipos en la liga regular. Muchos partidos parecen una pachanga. Mira, este año ha habido un equipo que me ha sorprendido: Philadelphia. Defienden, juegan como equipo, con tensión… y están haciendo una gran temporada casi sin estrellas. Yo apenas te puedo decir jugadores de los Sixers. Ahora la NBA tiene un seguimiento enorme porque hay seis jugadores allí formados en la ACB que engrandecen el baloncesto americano y tapan todo lo que no es la liga americana. Se ven partidos muy malos en la NBA, como en la ACB. Y muy buenos en las dos competiciones.   

Estuviste en Estados Unidos. ¿Hay muchas diferencias entre entrenar allí y en Europa?

Estuve en una pretemporada y en una liga de verano con los Spurs y la sensación es muy diferente a la del baloncesto europeo. El trato con los jugadores, por ejemplo. La sensación de control del equipo. De cómo se entrena. Y además hay un concepto mucho mayor del show-business.

Coincides entonces con esa frase de Ettore Messina a su llegada a Los Ángeles de “y yo qué le voy a decir a Kobe Bryant si viene a entrenar en helicóptero”.

No. Yo eso no lo comparto. Si eres entrenador, tienes que decir lo mismo vengan en helicóptero, en Mercedes, en un Mini o en bicicleta.  Si dejas de decirle algo a un jugador, entonces ya no estás siendo entrenador. Por eso quizás también es por lo que me guste menos la NBA.

Volviendo a Twitter, eres un tuitero tímido

No me suelo meter en muchos temas, pero sí me gusta que haya una ventana para acercarse a mí. Veo por dónde respira la gente, me mantiene cercano a la afición, aunque quiero que quede claro que no me influye lo más mínimo. Está bien esa democracia de los 140 caracteres porque así no te crees nadie especial. Ni yo ni mis jugadores somos especiales. O bueno, ellos sí, pero sólo porque son muy altos.

Alberto Herreros.

Un amigo.

Joe Arlauckas.

Uno de los mejores americanos que han jugado en Europa. Quizá el mejor.

Josean Querejeta.

Presidente de un club.

Patxi López.

Gran seguidor del Bilbao Basket.

Zeljko Obradovic.

Un maestro.

Pau Gasol.

El referente que ha hecho crecer el baloncesto español.

Fernando Martín.

El primer español que pisó la NBA

Juanma López Iturriaga.

Mejor periodista que jugador (sonrisa).

Xabi Alonso.

La eficiencia en un deporte.

¿Magic o Jordan?

Me quedo con John Stockton.

 

Fotografía: Javier Villabrille

 

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26 comentarios

  1. Jesús

    Una buena entrevista a un buen profesional. Te felicito, aunque podría haberse mojado algo más.

  2. Ay Pablito:

    Alberto Herreros.

    Un amigo.

    Joe Arlauckas.

    Uno de los mejores americanos que han jugado en Europa. Quizá el mejor.

    Josean Querejeta.

    Presidente de un club.

    Eso duele!

  3. Ben Hanscom

    Entrevista muy buena, pero falla el titular. Aunque no ponéis las comillas, se da a entender que Pablo Laso dice textualmente esa frase, y no es así.

    No es por ser puntilloso, pero creo que hariáis bien en eludir los métodos de la prensa generalista.

    • Comparto totalmente lo que dice Ben Hanscom. Es un mal del periodismo actual que cada vez es más sensacionalista, ¿pero qué se puede esperar si es lo que se enseña y se premia?

    • El titular es justo la frase con la que contesta Laso. ¿Dónde está el fallo?

      • Ben Hanscom

        Amigo Alex, el titular lo han cambiado con buen criterio. Antes rezaba: No me gusta la NBA.

        • Disculpa, no vi el anterior titular. En ese caso te doy la razón. Increíble que se optara por esa frase.

  4. Muy buena entrevista. Y creo que se ha mojado bastante.

  5. X-Crim

    Muy buena entrevista, te felicito.

  6. Ned Beaumont

    Se moja más en los temas no baloncestísticos. También produce cierto sonrojo cuando dice que no puede hacer que el equipo dependa de un sólo jugador y menciona a Tomic, cuando a su vez dice que él está para hacer mejor a sus jugadores. Si es consecuente con lo que dice el pívot croata debería venderlo al finalizar la temporada, porque es el jugador peor utilizado de toda la plantilla.

  7. Me gusta Pablo Laso. Tanto de entrenador como lo que dice fuera de la cancha. Y me gusta que se aleje de esos sobreentendidos del baloncesto FIBA, que están echando a perder este deporte a este lado del charco. Y aunque yo soy pro NBA, reconozco sus defectos, y veo bien lo que dice sobre ella. Creo que estaría bien que se unificaran reglas, o que la FIBA adoptara algunas del baloncesto americano, zona de triples a 7 metros, suprimir ciertas zonas y defensas, aumentar el ancho del campo…..
    Una diferencia curiosa existe entre la NBA y el baloncesto FIBA. La NBA permite los pasos de salida con jugadores físicamente superdotados y con unas dimensiones del campo superiores, mientras que la FIBA no lo permite con jugadores en general con poco físico y reducidas dimensiones de parquet. ¿curioso no? ¿no debería ser al revés?

  8. No me llenaba la entrevista hasta que mencionó a John Stockton….

  9. Breakpoint

    El personaje no me gustaba desde que era jugador.
    La bronca del banquillo que se menciona en la entrevista:
    http://www.youtube.com/watch?v=a_OF3uaynnk
    Me da vergüenza ajena, es como si hubiera visto ayer any given sunday y hubiera preparado unos discursitos «motivadores».
    Este berrinche vale para la selección española de cadetes, pero Pablo Laso estaba esputando a jugadores con bastante más palmarés y kilómetros de avión que él mismo.

  10. Aumentar el espectáculo no pasa por impedir la realización de ningún tipo de defensa. Si acaso, para negar a los menores herramientas con las que competir.

    Me sorprende y me fastidia que cuando la media de anotación está por encima de los setenta puntos se hable de básquet-control, cuando el básquet-control a lo que llevaba era a partidos a 50 puntos. Y del que no queda apenas nada más que la mayor eficiencia de movimientos de la defensa en la fase defensiva.

  11. Zhurrer

    Es la primera vez que veo en este Magazine al entrevistador queriendo mostrarse en los vídeos y las fotos. Mala señal.

  12. End Of Line

    Muy buena entrevista.
    Coincido totalmente con Laso en lo de cambiar algunas reglas del baloncesto ACB para hacerlo más atractivo. En España necesitamos un baloncesto más vistoso y ofensivo como el que defiende Laso, y para ello es necesario, entre otras cosas, aumentar el tamaño de la cancha.
    A ver si los directivos de la ACB actún de una vez.
    Ya hicieron un intento con lo de alejar la línea de 3, pero si haces eso y no agrandas el campo no se consigue nada, como se ha visto.

  13. Pepito

    Echo de menos que cuando Laso dice que Navarro es el mejor jugador español, no se le pregunte por Gasol…

  14. Lo que hace tener complejos…

    «Se ven partidos muy malos en la NBA, como en la ACB. Y muy buenos en las dos competiciones.»

    Igualitos… :facepalm:

  15. mike23

    Todavía no entiendo porque tantas alabanzas a este «entrenador».
    Cualquiera que sepa un poco de este deporte y no sea un «futbolero forofo» vera que este tío es muy mediocre como entrenador.
    El rendimiento sacado a la mejor plantilla que se le recuerda al Madrid desde hace mas de 10 años es nefasto.
    Sus sistemas son de patio de colegio, su juego para los pivots es nulo, y su apuesta por los Sergios como bases…es de risa. LLul salva un poco la cara aunque su aportación como escolta sería muy superior. Al «Chacho» se le tenia que caer la cara de verguenza, cuando hay 15 bases por delante de él en la ACB!!! y aun así hay plumillas amigos que le ponen como sustituto de ricky en la selección.

  16. Nunca me gustó como jugador (bastante malo tirando, perdía con holgura más balones de los que recuperaba, dirigía a trompicones y limitado físicamente) y no me gusta como entrenador (cuando jugaba una de las pocas cosas buenas que hacía, para mi gusto, era que metía buenos balones a los pivots, como entrenador pasa totalmente de ellos).
    En mi opinión siempre muy sobrevalorado y parece que sigue siéndolo.
    La entrevista sosita y sin chicha. Y rematada con este final que me ha lanzado a los comentarios con el cuchillo en los dientes:

    Fenando Martín – El primer español que pisó la NBA.

    Vale Pablo. Te faltó decir que jugaba con el 10 a la espalda y tal.

  17. Gracias por cambiar el titular en su momento, creo que era lo correcto.
    Y ya que estamos, podíais correr la voz entre los compañeros, que se sigue viendo lo de entrecomillar frases que no ha dicho el protagonista en las nuevas entrevistas que vais haciendo…

  18. superninio

    La foto que cierra….periodista boca abierta, personaje escuchando……nuevo periodismo???

    Wena entrevista, por lo que Laso dice, el final, en el rush de un nombre, una frase, decepcionante, por lo que Laso dice.

  19. Con bastante retraso pero le felicito, sr. Gómez. Ni alguna discrepancia mantenida en twitter entre usted y yo sobre el sr. Laso me hace desengancharme de sus buenas entrevistas.

    Si «apretase» un poco más a los entrevistados, sería (aún) más fan ;)

    Saludos.

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

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