José Antonio Montano: Un gin-tonic azul

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Me parece que este chico (¡servidor!) está demasiado aislado. Hace mucho que no salgo, o salgo solo por las tardes, en paseos más bien introspectivos. Así, no me había enterado de la moda del gin tonic. He llegado a él por mi cuenta, un poco al azar, y me lo he encontrado lleno de gente. Aunque de gente que se está marchando: porque resulta que la moda ya se acaba y viene el vodka (en el gin tonic, pues, proseguirá mi aislamiento…).

Yo siempre he sido del whisky. ¡El medicinal JB en los crepúsculos de invierno! Esa lengua de miel líquida por las noches, de miel algo áspera, que abre el pulmón. El balsámico y farmacéutico whisky, ligeramente anestesiante: liquidador del entorno, porque lo vuelve líquido. Con el whisky la tarde se deslíe (¡se deslía!) como si fuese un caramelo. O el whisky sensual de después de los besos y las horadaciones, como una prolongación del abrazo. “Tu piel es un bourbon”, canta Djavan: pero es más un whisky.

Pero el pasado otoño pedí un gin tonic y me pareció adecuado. Deja más en pie la tarde que el whisky, quizá porque no permite que olvidemos su amargura: el whisky endulza más, el gin tonic deja más posibilidad para la filosofía. Es una protección que opera sin sensualidad, manteniendo los contornos. La acomodación se produce por fortalecimiento del observador, no por ablandamiento de lo observado. El whisky nos da una manta cálida; el gin tonic una armadura, aunque de cristal.

El sábado, por primera vez, me lo tomé azul. Había estado toda la mañana trabajando y por la tarde me di una vuelta por la costa. Estaba todo muy vacío, hacía viento y mucha luz. Me encontraba bajísimo de ánimo cuando entré en el chiringuito. La razón de mi ánimo puede expresarse sencillamente: era el día de mi cumpleaños. Nunca lo he celebrado y siempre me ha dado igual, pero desde hace unos cuantos acuso el golpe. Se acumula una autoconciencia que me atonta (tontamente).

El chiringuito tenía velas marinas a modo de cortinajes, y como hacía viento crujían con esplendor. Me senté ante un hueco por el que se veía el mar y me pedí un gin tonic. Me lo trajeron con una tónica azul. Al verla me mejoró el ánimo, y al vaciarla en el vaso me invadió, decididamente, la alegría. Una alegría extraña e imparable. De pronto la solución estaba allí delante: hay que beber cosas azules, naturalmente. Sea lo que sea, pero azul. En Brasil dicen tudo azul cuando todo va bien. Y también dicen tudo jóia, todo joya: como la joya de mi gin tonic azul. Autoayudísticamente puedo afirmar que “las cosas buenas de la vida” estaban resumidas en aquel gin tonic, y que esto es una maravilla porque tales momentos son posibles: una bebida azul por la tarde, con sus burbujitas azules frente al mar azul, y con su limoncito (¡amarillo!), y con el viento en las velas.

Después, sí, al proclamarlo, me he enterado de la moda del gin tonic, y que se acaba. Y te sale el snob que te cuenta los horrores de la tónica azul, y que el limón no va así y que es mejor otra ginebra. Llego tan contento y resulta que soy un parvenu, o un epígono. Y es verdad. El lunes regresé al chiringuito y comprobé que el sabor, en efecto, tiene algo que no cuadra. Pero mi sensibilidad es primitiva: a mí lo que me alegra es el azul.

 

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26 comentarios

  1. Muchas de mis historias comienzan con un gin-tonic y acaban… mal.

    http://planetamancha.blogspot.com.es/2011/12/la-falsa-gloria.html

  2. Ese gin azul es escocés, como el whisky.

  3. Pingback: Un gin-tonic azul

  4. Bigote Prusiano

    Señor Montano, como siga descubriendo las bebidas tan tarde no me extrañaría verle de aquí a unos años destacando las bondades de la zarzaparrilla y el hidromiel.

  5. Jajaja, probar la zarzaparrilla es el sueño de mi vida: a ver si un día voy a una cantina del Far West a pedirla. En cuanto al gin-tonic azul: no lo he descubierto tarde, sino en el exactísimo momento en que podía hacerme más feliz.

  6. Jarttita

    El día que Mario Vaquerizo descubra a Montano se va a liar parda.

  7. Protactínio

    Lo azul es la tónica (http://www.ginebras.net/tonica/nordic-mist-blue) y no la ginebra, que la Bombay azul no tinta tanto. Por lo demás, y como bien dice Bigote Prusiano, el amigo Montano va a descubrirnos, de aquí a nada, la zarzaparrilla y el hidromiel. Un epígono. Aunténtico.

  8. Vaquerizo debe de estar varias modas más allá de la del gin-tonic. El gin-tonic para él (incluso el azul) será como del pleistoceno…

  9. Malaquías

    Algo parecido me pasa a mí con el Cola-Cao y el Nesquick. El Cola-Cao me fortalece, pero no por ablandamiento de lo observado. En cambio, el Nesquick… es otra cosa.

    ***********

    No sé si será usted un epígono del Gin-Tonic, pero sí que lo es de Proust. Con tanta introspección, cómo no le iba a gustar a usted Javier Marías. Dios los cría y ellos se juntan.

    Saludos

  10. Así es, amigo Prota: lo azul en mi gin-tonic era la tónica, pero ya dije que la segunda vez no me convenció mucho el sabor. Voy a ver si pruebo con una de esas ginebras azules y una Schweppes de las de toda la vida. Y, en cualquier caso, todos estos peregrinajes por el azul terminarán donde deben acabar: en casita, es decir, en el whisky.

    * * *
    Amigo Malaquías: el Nesquick fue siempre para mí un territorio inexplorado. Toda mi infancia transcurrió bajo el imperio del Cola-Cao. Quizá ahí esté la clave de la instrospección: uno empieza por ser fiel a una bebida chocolateada y termina no saliendo de sí mismo… :-)

  11. Ah, amigo Prota: he pinchado su enlace después de escribir lo anterior. Pensaba que sería un catálogo protactínico de ginebras azules. Pero veo que no abundan. Una que me han recomendado es la London. Por lo demás, justo esa tónica que usted enlaza era la que tomé, la que me azuló el gin-tonic.

  12. El otro día cumplí la edad fatídica, la edad más redonda, esa a la que no quería llegar (y no llegó) Gabriel Ferrater: el medio siglo. Hizo calor el 12 de mayo en Madrid. En el patio de mi casa bebimos cerveza fría y carne que hice según la receta de los marroquíes: sal, especias, carne de ternera, aceite y cebolla. A mí tampoco me ha gustado nunca celebrar mi cumpleaños.
    A los regalos una amiga sacó una cesta llena de diferentes tónicas y una botella de ginebra. Ahora se llevan los gin-tonic de autor. Como decía el otro día no sé quién: no sabía si tomarla con cuchillo y tenedor. El caso es que la ginebra no era azul. Tenía el color del azafrán. Fue una magnífica forma de despedirme de mi mejor década: la de los años cuarenta. Después de dos o tres copas las estrellas brillaron como si el cielo fuera una campana de cristal. Un buen regalo.
    Ánimo mi querido José Antonio. No es mucho lo que necesitamos: un buen gin-tonic de vez en cuando (un daiquiri al estilo cubano también), buenos alimentos y de vez en cuando un revolcón.
    http://www.vinosencasa.com/b2c/pop_mas_imagenes.php?img=z_20018.jpg

  13. Mayo es un buen mes para nacer, amigo Hermi :-) Gracias por su comentario. Salud!

  14. Protactínio

    En fin, puestos a tintar, qué más da ocho que ochenta. Azules, azafranados, verdes (¡como el pippermint verde, que tan calentitas ponía a las chicas según la antigua, famosa mentira!), parduzcos, rojizos… Ora con sabor a lima, ora a pepino. Todo parece valer excepto la recia amargura de la quinina en la tónica recalcando la líquida sequedad de una M.G., una Giró o una humilde Larios, Eso, y nada más, es el gin&tonic. Y así lo comprobará el epígono Montano, hoy algo abrumado entre entre el ser y la nada, entre Escila y Caribdis, entre el J&B y la Bombay, ¡ay! Como casi en todos los órdenes de la vida, hay que perderse primero en los caminos barrocos para llegar a lo simple, que es donde nos espera la verdad.

  15. Amigo Hermi: escribí antes otro comentario pero creo que se ha perdido (no sé si saldrán ahora dos). Le decía que mayo es un buen mes para nacer :-), que gracias y que salud!

  16. Jajaja, no estoy tan perdido, amigo Prota: no me muevo por el arcoiris sino por ese preciso azul. Ese clasicismo del gin-tonic que usted describe es lo que me gusta: solo que en azul. Un clasicismo azul.

  17. Gintleman

    Muy bonito texto. Sólo dos aportaciones:
    – Queda mucho gintonic por delante. Además, yo creo que en un tiempo habrá mucho tránsito de aficionados a la buena bebida que pasen del gintonic al whisky, por edad y por hábitos. Así que, a compaginar ambos, que pueden convivir en armonía
    – De ginebras azules, yo me quedo con ésta: http://www.gintleman.com/ginebra/35-gin-magellan.html Una cosa seria.

    Salud!

  18. Gracias, Gintleman. No conocía esa ginebra, pero tiene un azul perfecto para mí. La probaré. Y, por supuesto, mantendré mi bigamia de gin-tonic y whisky (siempre que a este no le cambien su color, que me gusta el que tiene).

    • Jaja. Muy bueno. Sí, si empieza a haber whisky «pitufo», habrá llegado el momento de pasarse al Anís El Mono.
      Gracias a ti

  19. Galahat

    Me pasa lo mismo el día de mi cumpleaños. Probaré la receta a ver si me alegra el día. Me temo que me va a faltar, eso sí, el mar azul con el viento en las velas y el contexto, en este caso, parece imprescindible. Como yo también he descubierto el gin tonic tarde, pero a tiempo, estoy deseando que se pase la moda para que bajen los precios del Premium.

    Un saludo

  20. Un saludo, Galahat. Con el cumpleaños pasa que un día normal de pronto se convierte en un día-cuchilla. Esta fórmula del gin-tonic azul puede que sea, en efecto, la solución. El año que viene lo repetiré con ánimo científico, a ver si sigue funcionando.

  21. Bienvenido.

    Yo también descubrí el gin tónic hace relativamente poco, unos tres años,… Y ahora lo que hago es ir probando nuevas ginebras (Todos los bares tienen una carta más larga que la de vinos), nuevas tónicas, y nuevos «aderezos»: pepino, frutas del bosque, regaliz, …

    Ánimo para todos los cumpleaños venideros.

    Un saludo,

  22. Jajaja, me ha encantado todo el hilo de respuestas sobre el mundo gin tonic. He empezado muchos blogs,pero al que soy fiel, y mira que es difícil ser fiel, es al de Montano. ¿para cuándo el artículo sobre la zarzaparrilla en el far west?

  23. Después de leer el post no me extraña que el amigo que me ha enviado el enlace se haya acordado de mi. Esta entretenido. Eso si… hay una cosa que se llama colorante alimenticio. Usted se busca uno azul y si necesita beberse algo se lo hecha al whisky, tiene el mismo sabor, intensidad, olor pero… de color azul.
    P.D. También va muy bien para los menús infantiles. Es la única excusa que se me ocurre decir cuando alguien me pregunta que hago con colorante la mochila.

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