(Viene de la primera parte)
Empieza El desencanto con la inauguración en Astorga en 1974 de la estatua en homenaje a Leopoldo Panero. Suena la trompetería psicodélica, descacharrada, de una banda municipal, entre la marcha militar y el desafine místico de los pasos de Semana Santa. Asisten al evento las fuerzas vivas del lugar y la ciudadanía en pleno, que se agolpa tras las vallas. Entre el respetable se atisban niquis exiguos, patillas, pantalones de campana y gafas oscuras como de torturador pinochetista, que diría Savater. La moda inefable de los setenta. También atraviesan el encuadre un guardia vestido de blanco —casco incluido—, un alabardero con su cetro y un grupo de niños embutidos en sus trajes folclóricos. La cabeza de la estatua permanece tapada por la bandera.
En el lugar preferente de los invitados ilustres, aguarda el momento de pronunciar su discurso laudatorio el poeta Luis Rosales, ignorante de la que se le viene encima. Sólo los miembros de la familia Panero, en primera fila, con cierta cara de circunstancias, de papelón incipiente, son conscientes de la venganza parricida que se está fraguando. Amigo íntimo del homenajeado, compañero inseparable de su vida y de sus juergas, será Rosales la víctima colateral más sangrante de la película. Felicidad Blanc se quejará de su presencia constante en sus vidas, interfiriendo en la marcha cotidiana del matrimonio: sus chistes, sus risas, sus canciones, sus poemas leídos en alta voz, esa tos característica que anunciaba su llegada tras la puerta… Es difícil imaginar la humillación de este hombre el día del estreno de El desencanto en el cine Palace de Madrid, sentado en una butaca junto a la misma señora que le agraviaba desde la pantalla. La misma que, en un alarde de crueldad suprema, había entrado en la sala cogiéndole del brazo: “Ven, Luis, que te va a encantar la película”.
A la retórica rancia y hueca del presentador del evento, como recién salida del No-Do (“excelentísimos e ilustrísimos señores y señoras”), siguen los recuerdos lánguidos y un poco cursis de la viuda, adornados, cómo no, con referencias literarias: “La provincia representaba Madame Bovary leída en la terraza de mi casa durante la guerra, con las balas cayendo a mi alrededor, los relatos de Azorín, Baroja, La canóniga…”. Después, sentados a la mesa de un jardín, conversan Juan Luis y Michi, moviendo nerviosamente manos y cabezas como dos muñecos de guiñol. Gestos histriónicos y palabras tartamudas, con acento raro, entre la verborrea y el pijerío. Sobreactuados en su papel de sí mismos, es la escena menos natural de toda la película. Se pisan al hablar, solapan sus intervenciones, no se escuchan. Mientras Michi recuerda el impacto que supuso el momento en que se dio cuenta que su compañero de juegos —Leopoldo María— se había convertido en un ser raro, aparece éste caminando despacio entre las tumbas de un cementerio, cabizbajo, meditabundo, con el flequillo cayendo sobre la frente y las manos metidas en los bolsillos del abrigo, impecable en su papel de poeta maldito.
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Me gustó mucho ‘Después de tantos años’, más descarnada y ‘verité’ que ‘El desencanto’; y, curiosamente, recuerdo que me pareció que funcionaba muy bien la melancolía de la banda sonora con alguna, si no recuerdo mal, inesperada y emotiva incursión de música celta… Es una de mis películas ‘especiales’.
Me han gustado los dos artículos, que he leído en orden inverso. Descriptivos, abiertos, sin retórica ni pretensiones de groupie.
No he visto la segunda parte de Ricardo Franco y he aprendido cosas nuevas.
Una de las curiosidades de la transición española es que se utilizase el término ‘desencanto’ popularizado entre los progres por la primera peli como el síntoma de una decepción de los antifranquistas activos ante las limitaciones de la política posterior.
Parece tal absurdo hacer una conexión de esa idea con el ‘desencanto’ de los Panero que siempre me ha intrigado saber si hubo o no tránsito léxico del título de la película a la jerga política. Me parece una extraña coincidencia.
De nuevo, me ha gustado. La próxima vez que esté perdido en Princesa ya sé que no tengo más que preguntar.
Como todo jovencito pretencioso comencé a leer a Panero para tener material para ligar con las chicas. Soltar un verso, así, sin avisar del estilo «cuando el somormujo me diga su palabra» o parecido. Y qué mal resultado me dio este tío en mis maniobras amatorias. Va fatal para conjurar el amor.
Como el primero, también este me parece un artículo magnífico, Ernesto. Magnífico, de verdad.
Y, como dice Tadeus (o eso entiendo yo), sin poses.
Recuerdo que me habías contado esa anécdota, alguna vez en Madrid. Es sorprendente y triste. Como triste es todo lo que cuentan ambas películas; muy triste.
Un abrazo.
Genial ‘El desencanto’. Supe de los Panero gracias a una gran canción de Nacho vegas, El hombre que casi conoció a Michi Panero. Supongo que tú eres el hombre que casi conoció a Leopoldo Panero.
http://planetamancha.blogspot.com
Nota aclaratoria: Michi Panero jamás colaboró en El País, y sí lo hizo en cambio en El independiente durante el tiempo de vida de aquel periódico. Y sus algunos de sus cuentos eran cojonudos.
Por si a alguien le interesa, he aquí una digresión novelada sobre Leopoldo María Panero
http://volet-ohsweetnothing.blogspot.com.es/2009/10/si-satan-soy-yo-que-esperabais.html
Muy buenos artículos sobre la tortuosa familia Panero, de la que mucho se ha dicho, escrito, filmado… Este hecho ha contribuido a la mistificación de los aspectos más oscuros de esos personajes, a la deriva en mundo cambiante al que no han sabido o querido adaptarse.
El elogio de la locura es un tema antiguo y recurrente.
Si algo puedo añadir al debate sobre ellos, es que en mi humilde opinión, felicidad, normalidad, estabilidad familiar son conceptos reñidos con la intelectualidad perversa.
Son multitud los hijos desquiciados de genios, aplastados por la sombra de sus progenitores cuando no devorados psíquicamente por esos mismos padres.
Por el bien de mi prole, me alegro de ser un zote.
«Felicidad, normalidad, estabilidad familiar son conceptos reñidos con la intelectualidad perversa.»
Maravillosamente cierto, el dedo en la llaga.
Increíbles los dos artículos sobre los Paneros, es bueno siempre recordar el lado oscuro de la literatura española que aportan estos personajes (como personajes mismos y como escritores).
Soy de Las Palmas de Gran Canaria, y he visto en diversas ocasiones a Leopoldo María transitando por las callejuelas… cuando lo veo, siento ver una especie de mito personificado… si no tienes ni idea de literatura, ni de quien es, simplemente observaras a alguien que no esta en sus cabales y roza la mendicidad.
En ‘El desencanto’, Luis María deja esta joya:
“La sociedad, más que por intercambios mercantiles, se rige por intercambio de humillaciones”.
Qué alegría toparme con ‘El Desencanto’ en La 2. Pude verla por tercera vez. No tiene desperdicio.
http://planetamancha.blogspot.com.es/2013/02/el-desencanto.html
Me parece que hablas con un tono despectivo y de autosuficiencia cuando narras tu encuentro con Leopoldo María….como si tú fueras «normal» y él un pobre loco de mirada perdida…En fin que sigas tan cuerdo….pero la buena literatura la hace él, no te olvides.
Hola Yo. No había visto este mensaje hasta hoy.
No era mi intención ser despectivo, ni mucho menos. Solo contar lo que vi.
En cuanto a lo de normal Vs loco, sí, la verdad es que me dio esa ligera impresión…
Totalmente de acuerdo con lo de la buena literatura. Se hace lo que se puede.
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Para mí una película culto. Michi nunca escribió el guión de El desencanto como lo escribes en la primera parte. No hubo tal y eso lo dejó claro Jaime Chávarri. Lo que sí admitió o intuyó es que Felicidad Blanc era la única que preparaba las intervenciones.
Como bien comentan por aquí arriba, narras tu encuentro con Leopoldo María con un desdén desmesurado. Cuando además, sí, es él el que escribe la buena literatura. Él y, curiosamente, muchos más de discutible cordura, y —por desgracia— a tu juicio poco merecedores de respeto por esto último ¿?
Hola Inés, si así lo veis ya varios por algo será. Me gustaría entenderlo por si quisiese reescribir ese pasaje algún día.
Por mi parte, traté de contarlo sin desdén y con respeto, pero también sin literatura, sin toda esa carga mitificadora, como si ese hombre desvalido y raro que me encontré no hubiese escrito un solo libro.
Respeto muchísimo a los locos. Además, pese a que aquí me toca el papel de cuerdo, nunca se sabe dónde puede acabar uno.
Un saludo.
Hola,a mí me pasa algo parecido,pienso,si nadie lo ve sera que estoy equivocado,así que expondré mí teoría,tomaspa lo medio dice.Hace tiempo que no puedo evitar que se me pongan los nervios de punta con presenciar,aunque solo sea de reojo,andando por la calle,por ejemplo,un maltrato infantil,si el maltratador resulta ser el padre,cosa muy posible,solo basta pensar en todos los años, con sus días,que le quedan al niño que aguantar ,sin remedio,a un canalla.No puede salir indemne.Por aquí arriba se dice de Panero padre que fue brutal y alcohólico.Para mí lo corrobora Michi cuando dice»lo que es un error es vivir,deberías suicidarte de pequeño».De una infancia así se podrà salir de varias formas,una destrozado,otra,paradójicamente,maltratador.
No hay que hacer tanto caso a lo que los Panero dicen en «El desencanto». Hay que tener en cuenta que es una representación preparada para un público, un espectáculo con intención de provocar. De hecho, el mismo Michi al final de su vida dice cosas muy distintas sobre su padre. Vease el siguiente video:
https://www.youtube.com/watch?v=ot4SlqG6FAQ
Gracias por el enlace,he visto el vídeo.Es muy interesante que Michi proponga ver la película como una alegoría,su familia igual a su país.La hipocresía de hacer ver que se es una sociedad ideal,la Franquista, cuando en realidad…Vuelvo a la misma idea,una sociedad no pude salir bien parada con consignas del tipo»este mundo es un valle de lágrimas al que hemos venido a sufrir…o con actitudes que son la esencia del fascismo,sumisos y aduladores con los poderosos,abusones y crueles con los débiles,consignas y actitudes emanadas de la autoridad(los padres) que vela por la educación de los súbditos (los hijos),autoridad con potestad absoluta.Una locura,imposible salir indemne.
Tu paseo con Leopoldo María hacia Zara me ha parecido un relato fresco, inocente y despojado de artificios y lugares comunes. Sentiste lo que la inmensa mayoría habríamos sentido. Aunque yo creo que no habría tenido valor para acercarme.. Enhorabuena