Arte y Letras Literatura

James Ellroy a contraluz

James Ellroy

Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

UNO. La calefacción goteaba recién encendida. El radiador susurraba y la habitación era como una sala de espera. Periódicos. Recortes de periódicos. Bourbon de seis dólares. Una bolsa con palos de golf y unas cuantas pelotas desparramadas por el sofá. Una revista de sucesos. Una foto de mujer en blanco y negro. Una habitación de hotel dispersa y una vida más o menos metódica. Desde detrás del cristal mamá le miraba hecha instantánea, con esa loca ternura de la bofetada. Atrapada en el marco de madera parecía menos fiera pero más muerta.

James Ellroy pensaba detrás de sus gafas completamente redondas. Llevaba treinta minutos pensando en completo silencio. Había vuelto del Club a las 14:00 y había dormido sobre el sillón durante treinta minutos. Comió algo y afiló ideas. Como siempre, se sentó a escribir por la tarde. Nada de improvisación: el diagrama sobre la mesa le proveía de las líneas maestras sobre lo que tocaba hacer. Llenó huecos. Deshizo enredos. Narró escenas casuales y otras más relevantes. Sobre la silla de metal se agitaba rítmicamente en suaves acometidas. Siguió y siguió llenando folios de libreta barata sin interrupción. Una hora antes de las diez paró y se echó un trago con soda. Revisó con calma los párrafos del día. No se reprochó nada. A medianoche lo dejó todo como estaba y salió vestido de manera casual. Se encaminó a completar la última estación de su trinidad particular diaria: trabajo por el día, escritura por la tarde y coños por la noche. Cuando se echó a la calle, el primer borrador de Réquiem por Brown descansaba sobre el aparador. Era 1979.

DOS. Cuatro editores recibieron el manuscrito. Cuando lo leyeron, dos hiperventilaron y los otros dos hicieron llamadas. Los cuatro respondieron con intenciones claras: queremos publicarla. James Ellroy recibió las contestaciones cuando volvió del club de golf donde trabajaba. No experimentó ninguna sorpresa especial por la reacción positiva de los editores. Comió y hojeó los sucesos del día anterior en el Times. Luego dio una lectura valorativa a las cartas de los cuatro mercaderes. Ellroy se tomó cinco minutos en señalar la misiva más agresiva de todas. Al punto le dio su conformidad y descartó a los otros. Cuando llegó el momento su nombre estuvo en los librerías de treinta y seis de los cincuenta estados del país. Después llegó a los hogares. Lloyd Hopkins respiraba detrás de las páginas.

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15 comentarios

  1. Es curioso porque se trata del retrato de un autor que bien podría haber sido escrito por ese mismo autor. Muy buen artículo.

  2. Colosal, muy emocionante.

  3. Magnífico.

  4. Ha sido empezar a leer el artículo y no poder parar. Muy bueno.

  5. Woof, woof!

  6. No sabía lo del recorte de 800 a 600 páginas que sufrió ‘L.A. CONFIDENTIAL’ por orden de los editores, seguro que Ellroy tuvo que mutilarla a regañadientes, en todo caso es una novela descomunal para todo aquellos que les guste el género de la novela negra. Muy recomendable también, y sin que sirva de precedente, la versión cinematográfica de Curtis Hanson (1997).

  7. Un artículo excelente. Soy muy MUY fan de Ellroy, pero creo que las dos novelas que completan la trilogía no están a la altura de la colosal «América»: si «Seis de los grandes» era un notable descenso (de interés, de calidad) con «Sangre vagabunda» la caída por el terraplén ya fue brutal. Que sí, que son novelas entretenidas y con esa estructura y personajes tan negros y tan de Ellroy, pero no le llegan ni a la suela de los zapatos a «América», que me parece una de las mejores novelas de los últimos años. Por cierto, una mención a sus dos excelentes traductores (a cuatro manos) al castellano, M. Gurguí y H. Sabaté (recientemente fallecidos ¡los dos!) hubiera estado bien. Claro que igual el autor del artículo tiene la suerte de dominar el inglés y ha leído a Ellroy en inglés, afortunado él. Pero yo, que le he leído en castellano, admiro el nivel de las traducciones, sobre todo teniendo en cuenta que al bueno de James le dio por la aliteración en sus últimos trabajos, y traducir eso… tiene que ser difícil.

  8. ¿Qué novelas y en qué orden recomendaríais de James Ellroy para un no iniciado?
    Gracias por anticipado

    • Si no has leído nada de Ellroy, yo empezaría por «La dalia negra», la primera de las consideradas «el cuarteto de Los Ángeles». Es buena, entretenida y menos compleja que «América», que a mí me parece la mejor. Pero vamos, empiezas por la dalia, y te zampas seguro el cuarteto entero. Y ahí tienes muchas páginas de entretenimiento y calidad por delante.

    • Coincido con Kemper. La Dalia y de ahí en adelante. Y sí, la verdad es que América fue una cumbre insuperable. En los dos siguientes creo que Ellroy se pierde un poco en su propio laberinto, en su propia forma. Ah, ¡y muchas gracias por lo de los dos traductores! De haberlo sabido, habrían tenido su hueco en la historia. Un abrazo a todos, agradecido.

  9. James Ellroy es dios.

  10. Magnífico artículo, de quitarse el sombrero. Yo me leí «Seis de los grandes» y se me atragantó un poco el estilo de Ellroy (supongo que empezar una historia a medias tampoco ayudó…), pero me parece que voy a darle una oportunidad y empezar por donde hubiera debido, La dalia negra. Muchas gracias por anticipado.

  11. Un gran artículo, la verdad. Mis rincones oscuros me parece uno de los mejores libros de los años noventa.

    James Ellroy es un monstruo de novelista.

  12. Emeterio Pernia

    Este hombre podría perfectamente haber sido redactor del semanario El Caso. Qué miradas, qué prosa rimbombante, qué miedo… cuánta hojalata.

  13. Ellroy es un pelmazo considerable. Sólo ha hecho algo decente con «Requiem por Brown» Su estilo y forma de narrar son penosos y propios de alguien que no está muy allá… Pero en fín, ya veo que por aquí triscan otras cabras como él.

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