Arte y Letras Historia

Los dos alicantinos que Washington enterró

John Trumbull Declaración de independencia

«¿Morirá Hyde en el patíbulo? ¿Hallará el valor suficiente para librarse de sí mismo en el último momento? Solo Dios lo sabe. A mí no me importa. Esta es, en verdad, la hora de mi muerte, y lo que de ahora en adelante ocurra ya no me concierne a mí sino a otro. Así pues, al depositar esta pluma sobre la mesa y sellar esta confesión, pongo fin a la vida de ese desventurado que fue Henry Jekyll».

Último párrafo de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson

Los dos nacieron en Petrel, provincia de Alicante, a las seis de la mañana del día 23 de julio de 1713. Casi sesenta y siete años después, el 28 de abril de 1780, ambos fallecían a causa de una pulmonía en la mansión Ford, residencia del general George Washington en Morristown, Nueva Jersey. Por qué la Historia ha preferido ignorar prácticamente sus vidas, es algo que quizá este artículo nos pueda ayudar a comprender.

Juan de Miralles y Trayllon, espía

El primero de estos dos hombres, hijos ambos de Juan de Miralles, capitán de infantería galo al servicio del duque de Anjou en la Guerra de Sucesión, y Gracia Trayllon, natural de la población francesa de Arbus, fue bautizado como Juan de Miralles y Trayllon. Actualmente, su infancia en Petrel todavía continúa siendo una gran incógnita. Lo único que sabemos con seguridad es que en 1728, a la edad de quince años, se mudó con parte de su familia a la mansión de Manaud, en el Bearne, una vez hubo fallecido su abuelo. Su padre, que compartía su procedencia bearnesa con la mayoría de los franceses radicados en el levante español en aquella época, se había mudado a Alicante como oficial de las tropas felipistas para liderar los combates contra los partidarios del archiduque Carlos de Austria que se estaban librando en las inmediaciones de Petrel. Habiendo heredado la hacienda familiar, cercana a la villa de Monein, regresó a la Navarra francesa con la intención de restaurar la mansión —todavía se puede leer la inscripción “1731” en la clave del arco de entrada— e instalarse definitivamente en ella con su familia. Algo con lo que el joven Juan no parecía estar muy de acuerdo, pues cuatro años más tarde retornaría a España para no volver nunca más a Manaud.

De nuevo, se desconocen los particulares de la vida de Miralles hasta 1740, cuando 8.500 pesos atesorados en España a lo largo de ocho años lo convierten en uno de los vecinos más acomodados de la ciudad en la que residiría durante las siguientes tres décadas y media: La Habana.

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8 comentarios

  1. Cojonudo

  2. Pingback: Los dos alicantinos que Washington enterró

  3. Muy bueno, ¡sí señor!. Como alicantino me gustaría darte la enhorabuena y las gracias por descubrirme una de las muchas historias que envuelven esta provincia y que aún no han salido a la luz o no han aflorado como debían.

    Un saludo

  4. No es por ser tocapelotas, pero el nombre del pueblo oficial es Petrer. Que la wikipedia castellanice cualquier nombre de pueblo no significa que esos nombre sean válidos, o que no siquiera existan! Incluso los castellanohablantes de la Comunidad Valenciana lo llaman Petrer!

    Francesc

    • Lo sé, pero en todos los textos de la época que consulté para documentarme (y no fueron pocos) se usa la forma castellana del topónimo. Ha sido, sin más, una cuestión de coherencia.

    • Efectivamente lo es, no quiero quitarle la razón en eso. El nombre oficial será Petrer como el de la ciudad de Manhattan es New York, pero en español estas ciudades tienen su propio nombre, a saber, Petrel y Nueva York.

    • Siempre estamos con la misma polémica, ridícula por otra parte… Cuando estamos hablando en español lo normal es decir los topónimos en español, y no en otras leguas.
      ¿No resulta del género tonto decir: «Mañana viajo a London»?. Uso el topónimo con la lengua del lugar, es decir, inglés, pero no es forma de hablar. Lo mismo es aplicable a los pueblos y ciudades de España que tienen lengua vernácula.
      En los distintos informativos de la televisión nacional, y como regla general, se hace lo mismo, y se cae en el ridículo, ya que no se usan las palabras Gerona, La Coruña, Lérida, Orense, etc, etc.,, y sin embargo se está hablando en español. Muy mal.
      Además, con ese peloteo a los nacionalismos lo único que se consigue es complicar las cosas.

  5. Pingback: Calatrava, espías, estafadores y la Casi Tercera Guerra Mundial: otra forma de ver la Historia | iedahistoria…y Arte y Geografía

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