¿Existe Dios? (I) El argumento cosmológico

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Creacion

“Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias” (David Hume)

Un hombre entra en una habitación. Sobre la mesa hay un plato de comida. ¿Cuál será probablemente su primera deducción? Pensará que alguien ha puesto el plato allí, porque que el plato no ha podido llegar a la habitación por sus propios medios. La presencia del plato indica necesariamente otra presencia, quizá no visible, pero no por ello menos cierta: la presencia de la persona que colocó el plato sobre la mesa.

Esta sencilla deducción ejemplifica, a grandes rasgos, el argumento filosófico del que vamos a hablar aquí. Al igual que el plato que está en la mesa ha sido puesto allí por alguien, el argumento cosmológico expresa la idea de que si el universo existe, necesariamente ha sido llevado a la existencia por alguien o algo externo a él. Tradicionalmente se ha asumido que ese alguien o ese algo es un ente divino (inmaterial, intemporal, omnipotente y capaz de existir por sí mismo) ya que un ente no-divino no poseería las características necesarias que le permitieran realizar una tarea semejante.

Obviamente, en el ejemplo del plato sobre la mesa hay una pista clara para el hombre que entra en la habitación, una pista que le permite deducir que alguien ha puesto el plato allí. Esa pista es el carácter evidentemente artificial del propio plato: un objeto que sabemos ha sido fabricado por manos humanas con la intención de colocar comida en él. Lo sabemos porque todos y cada uno de los platos que hemos observado en el universo tienen origen artificial. Pero, ¿qué ocurre si el hombre entra en la habitación y encuentra sobre la mesa todo un universo en miniatura? Su perplejidad sería comprensible.

Esa misma perplejidad es la que siempre hemos sentido los seres humanos al observar no sólo nuestra propia existencia, sino la del mismo universo que habitamos. En un primer momento nos hacemos  la misma pregunta que el individuo que encontró el plato sobre la mesa  —“¿quién ha colocado esto aquí?”— pero ya no disponemos de ninguna pista sobre un posible origen artificial del universo (bueno, hay quien piensa que sí existen tales pistas, pero eso daría pie a otra discusión totalmente distinta que será motivo de otro artículo). Y durante una segunda reflexión, podemos hacernos una nueva pregunta: “¿de verdad es necesario que alguien lo haya colocado aquí, o podría haber aparecido por sí mismo?”. Para estas preguntas básicas, hasta hoy, no existe una respuesta enteramente satisfactoria. Sin embargo, sí se han manejado ciertos argumentos que defienden la idea de que, como en el caso del plato de comida, la existencia del universo demostraría la existencia de quien lo ha puesto aquí.

Para quienes no somos filósofos, y supongo que incluso para quienes sí lo son, la cuestión terminológica es a veces como una selva impenetrable. No todos los filósofos llaman a las cosas del mismo modo y no siempre las etiquetas significan lo que instintivamente podríamos deducir. Así, en frío, un “argumento cosmológico” sería cualquier argumento que trate cuestiones relacionadas con el universo, pero en la práctica lo usamos para referirnos a una hipótesis muy determinada: la de que la existencia del universo demuestra la existencia de Dios. Así, no siempre ha resultado fácil separar la cosmología de la “apologética”, o sea la doctrina que trata de demostrar esa existencia de Dios. Cuando hablamos de “el argumento cosmológico”, nos referimos generalmente a uno de los argumentos apologéticos por excelencia.

¿Por qué? Pues porque, aunque a lo largo de la historia no todas las ideas sobre el origen del universo manejadas por la cosmología han tenido carácter religioso, el “argumento cosmológico” sí lo tiene. Es un argumento apologético, esto es, pro-religioso. No porque los apologistas hayan deducido de él que existe Dios tal y como lo retratan sus respectivas religiones, sino porque han deducido la existencia de algo que tiene algunas características similares a las que esas religiones han atribuido a sus dioses.

De todos modos, el objetivo de este artículo no es debatir o no la existencia de Dios, lo cual debería hacerse a muchos otros niveles y usando muchos otros argumentos. El único objetivo es diseccionar —por el placer de hacerlo, como se haría con una partida de ajedrez— la posible validez de ese argumento cosmológico. Ni refutar el argumento cosmológico serviría para concluir que Dios no existe, ni demostrarlo serviría para demostrar que Dios sí existe. De hecho, el argumento cosmológico es sólo uno de los grandes argumentos tradicionales para intentar demostrar la existencia de Dios, pero ni mucho menos el único.

Los argumentos tradicionales sobre la existencia de Dios

“Cuestionad con atrevimiento incluso la propia existencia de Dios. Porque, si Dios existe, debe apreciar más el homenaje que nace desde la razón que el homenaje que nace de un miedo ciego” (Thomas Jefferson)

Las ideas principales que manejaba la antigua apologética eran argumentos meramente racionales, con un fuerte componente lógico pero con una base empírica más bien endeble. Dado que la ciencia del momento —y para ser justos, tampoco la de hoy— podía responder con seguridad cuestiones como “¿de dónde surgió el Universo” o “¿existe Dios?”, y la información proporcionada por la evidencia empírica a favor o en contra era muy escasa, se buscaba en el ejercicio de la razón una vía para encontrar esas respuestas.

Leibniz

Leibniz defendía la necesidad de una Causa Primera: nada puede surgir desde la nada.

Los argumentos tradicionales para probar la existencia de Dios pasaron por muchas manos y muchas mentes a lo largo de los siglos, adoptando muy diversas formulaciones e incluso distintos nombres. Pero podríamos quizá agruparlos en tres fundamentales:

— El argumento cosmológico, el cual afirma que la existencia del universo prueba la existencia de Dios, ya que el universo necesita una causa para explicar el por qué de su existencia (si el plato está sobre la mesa, es porque alguien lo puso allí).
— El argumento teleológico, el cual afirma que las propiedades del universo y no sólo su mera existencia prueban a Dios, porque en dichas propiedades puede percibirse la intencionalidad de un diseñador (si el plato es un objeto con una forma determinada, alguien debió diseñarlo de ese modo).
— El argumento ontológico, el cual afirma que Dios debe necesariamente existir debido a las propias cualidades que atribuimos a ese Dios y que su inexistencia, una vez hemos sido capaces de pensar en él, sería un absurdo (el hecho de que consigamos imaginar que alguien puso el plato sobre la mesa, demuestra por sí mismo la existencia de ese alguien).

Este último, el argumento ontológico, que viene a decir “pienso en Dios luego Dios existe” es el más abstruso y está demasiado basado en meras construcciones metafísicas como para seguir teniendo cierto sentido en la actualidad. Fue expresado por algunos filósofos —como el musulmán Avicena— pero refinado hasta su máximo esplendor por San Anselmo, quien pretendía lograr una demostración puramente intelectual de Dios, en la que usando solamente la razón y prescindiendo de toda consideración observacional y empírica sobre la naturaleza del cosmos, se llegase a la conclusión de que Dios existe. San Anselmo buscaba una “fórmula apriorística de Dios”. Pero la demostración de que Dios existe solamente porque somos capaces de pensar en él y porque podemos definirlo como concepto, es un ejercicio tan rebuscado que no solamente los actuales apologistas lo ignoran como argumento firme, sino que ya hubo —incluso en épocas pasadas— algunos eminentes teólogos que lo consideraron un mero ejercicio vacuo. Hay que decir que entre los filósofos posteriores a San Anselmo ha habido posturas de todo tipo: desde la abierta defensa que hizo Spinoza y el aprecio que mostró Descartes, al abierto rechazo de Hume y sobre todo de Kant. Pero en resumen podría decirse que a partir del siglo XVIII el argumento ontológico yace clínicamente muerto, aunque quizá algunos de sus razonamientos aún pueden ser usados —aisladamente— con cierto éxito intelectual. Pero, como decimos, el conjunto del argumento ontológico ha sido básicamente desestimado por la Historia.

Por el contrario, los argumentos cosmológico y teleológico, aunque nacieron también como construcciones casi totalmente lógicas, sí tenían y tienen bastantes conexiones con la realidad empírica y gracias a ello han sobrevivido —mejor o peor—a lo largo del tiempo. Decir que “han sobrevivido” no implica afirmar su validez, pero sí implica reconocer que han seguido siendo objeto de debate y que no están formalmente extintos. Es más, han sido activamente rescatados por los apologistas actuales, sobre todo porque se han asociado algunas de sus premisas a los más recientes descubrimientos científicos. A menudo se han hecho esas asociaciones de manera muy ligera, todo hay que decirlo, pero no quisiera adoptar una postura apriorística en contra del argumento sin pasar a analizarlo antes. Esto, en realidad, no es más que una excusa para realizar un ejercicio intelectual —que a algunos nos podrá parecer más o menos falaz y que otros sin duda analizarán con mayor acierto que quien suscribe— pero que nunca ha dejado de resultar interesante. La filosofía, como el ajedrez, fascina incluso a aquellos que somos legos, meros aficionados en la materia. A partir de este momento, el presente artículo se centra únicamente en el argumento cosmológico. El teleológico, también interesante, quedará para una futura ocasión.

El argumento cosmológico clásico

“¿Por qué hay algo en lugar de nada?” (Gottfried Leibniz)

Este argumento, en su forma clásica, es una de las hipótesis más sencillas sobre la existencia de Dios. Ha tenido diversos nombres, aunque en la actualidad se lo denomina mayoritariamente como en este artículo, y a veces “argumento cosmológico Kalam”. Esta última denominación (“Kalam”) se ha puesto de moda porque una de sus formulaciones básicas podía encontrarse en textos del kalam, una rama teológica medieval de la religión musulmana. La idea de que el universo requiere necesariamente una causa sobrenatural es muy antigua y bajo diversas formas la habían tratado los más importantes filósofos desde Aristóteles y Platón, por lo menos. Pero fue en la Edad Media cuando las exposiciones de este argumento adquirieron su forma clásica, ya fuese en los textos cristianos de San Buenaventura como, muy especialmente, de Santo Tomás de Aquino —el principal y más popular impulsor del argumento cosmológico en occidente— o en los textos del erudito musulmán Al Ghazali, por citar un buen ejemplo en el ámbito del Islam. El auge de las religiones monoteístas produjo una proliferación de grandes apologistas preocupados por demostrar la existencia del ente divino al que rendían culto. Pero, entrando ya en materia, la formulación más sencilla e intuitiva del argumento teológico reza como sigue:

1. Todo lo que existe tiene una causa.
2. El universo existe.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Santo Tomas de Aquino

Santo Tomás de Aquino fue el principal impulsor del argumento cosmológico en occidente.

De lo cual también se deducía que dicha causa de la existencia del universo podía identificarse con Dios. ¿Por qué? Porque la causa del universo debe ser necesariamente ajena al universo mismo. Si el universo es material y temporal, su causa ha de ser inmaterial (espiritual) e intemporal (eterna). Ha de ser además omnipotente, ya que ha creado u originado todo cuanto existe en dicho universo. Estas características, inmaterialidad, intemporalidad y omnipotencia son las que atribuimos a Dios. Así que la conclusión “el universo necesita una causa que se parece mucho a Dios” les pareció suficientemente satisfactoria a los apologistas que empleaban esta formulación clásica. Naturalmente, habrá quien pueda plantear algunas objeciones a esta identificación entre causa del universo y Dios. Pero de momento admitamos que es una identificación por aproximación lo bastante satisfactoria (si existe algo que es Dios, necesariamente se parecerá a esa primera causa) como para dar un paso adelante y afirmar que… ¡problema resuelto! Hemos demostrado la existencia de Dios… ¿o no?

En principio, esta formulación del argumento cosmológico sí parece intuitivamente cierta. Es muy “lógica” y hubo grandes pensadores que la consideraron irrefutable. El problema es que cuando vamos más allá de la primera impresión, lo que debería servir para demostrar la existencia del Creador en realidad provoca un bucle lógico sin solución posible:

1. Todo lo que existe tiene una causa.
2. El universo existe.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa, que es Dios.

…por lo tanto:

4. Dios existe.
5. Si Dios existe, entonces, según la premisa 1, Dios tiene una causa.
6. Si Dios necesita tener una causa, ya no podemos considerarlo como Dios.

Con lo cual el argumento entra en un círculo sin solución. El universo existe, por tanto necesita una causa. Pero esa causa también existe, así que necesita a su vez otra causa. O dicho de otro modo: si el Creador existe, a su vez fue producto de otro creador, llamémoslo Dios II. Pero entonces, si ese Dios II existe, también necesita una causa, que sería Dios III. Que a su vez también necesitaría una causa. Y así con Dios IV, Dios V, Dios VI… hasta el infinito.

El hecho de que cada causa necesite a su vez otra causa nos conduce obviamente a una serie infinita de causas. Pero esta noción de causalidad infinita ha sido desestimada por prácticamente todos los filósofos importantes dedicados a la cuestión, ya que plantea un absurdo lógico indefendible. En una serie infinita de causalidades nunca podría señalarse a una Primera Causa, y los apologistas rechazaban la idea de que no exista una Primera Causa. Tomás de Aquino, por ejemplo, se opuso firmemente a la idea de una cadena causal infinita, considerándola algo sin sentido alguno. Lo mismo hicieron tiempo después nombres como Leibniz, otro decidido defensor del argumento cosmológico (al cual enunció como “principio de razón suficiente”). Leibniz defendía la idea de que algo no puede emerger a la existencia por las buenas desde la nada, ya que la nada, por definición, carece de propiedades. Y se necesitan propiedades —como mínimo la capacidad de crear— para llevar algo a la existencia.

[Conclusión: el argumento cosmológico en su forma más simple conduce a un absurdo lógico]

Pero si el argumento cosmológico clásico nos lleva a una cadena de causalidad infinita y los apologistas niegan la posibilidad de una causalidad infinita, ¿por qué siguieron usando el argumento cosmológico, si parece tratarse de un callejón sin salida?

¿Existencia o comienzo de la existencia?

“La única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez” (Albert Einstein)

Para salvar este considerable escollo en el argumento cosmológico se hizo una nueva formulación, en la que la estructura del argumento permanecía aparentemente idéntica, pero la modificación de sus premisas cambiaba radicalmente la naturaleza del argumento, añadiendo más implicaciones para poder facilitar la misma conclusión:

1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
2. El universo comenzó a existir.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Billar

El sentido común nos dice que si una bola se mueve, fue golpeada por otra bola. Pero, ¿quién o qué golpeó la primera bola que se puso en movimiento? Y ¿acierta siempre el sentido común?

Como se ve, la modificación parece mínima (se sustituye “existir” por “comenzar a existir”) pero el cambio es realmente sustancial y no se responden las preguntas suscitadas, sino que se trasladan a otro nivel. Por un lado la reformulación logra el objetivo inmediato de evitar caer en la trampa de la causalidad infinita, ya que se puede afirmar que “Dios existe” sin que sea necesaria una causa: si Dios nunca comenzó a existir y sencillamente ha existido siempre, ya no se requiere una causa que explique a Dios. Esto se concilia perfectamente con la idea de que una cadena infinita de causas carece de sentido, y por tanto existe una Causa Primera, esto es, Dios.

Y claro, aparentemente se resuelve la cuestión de la cadena de causalidades infinitas, pero al precio de provocar nuevos interrogantes sobre la validez de las propias premisas, algo que trataremos más adelante.

Para empezar, antes de afrontar esas preguntas sobre la validez inicial de las premisas, existen algunas alegaciones que hacer a la consistencia misma del argumento. En primer lugar se podría acusar a esta formulación de cometer la falacia lógica conocida como petitio principii (“petición de principio”) que consiste en incluir la conclusión que se pretende obtener dentro de las premisas que se supone deben demostrar esa misma conclusión. Esto ocurriría porque la premisa “todo lo que comienza a existir tiene una causa” se da por válida solamente porque así lo observamos en la naturaleza, en la que efectivamente nada sucede sin un motivo. Pero la naturaleza, de donde obtenemos esa ley de causa-efecto, forma parte del universo. Observamos que todo lo que comienza a existir tiene una causa, pero lo observamos dentro del propio universo, ya que no podemos observar nada que esté fuera del universo. Veamos el argumento cosmológico expresado de esta otra manera:

1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa (pero el universo contiene todo lo que ha comenzado a existir, por lo tanto podríamos decir que universo es igual a todo lo que ha comenzado a existir)
2. El universo comenzó a existir.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Lo cual, en el fondo, podría resumirse en:
1. El universo tiene una causa, por lo tanto
2. El universo tiene una causa.

Como puede verse, en esta formulación del argumento cosmológico la primera premisa y la conclusión están diciendo básicamente lo mismo, lo cual invalida el razonamiento. Es aquí cuando comienzan los problemas tanto terminológicos como conceptuales para debatir sobre el argumento cosmológico. Alguien podría decir que el argumento no comete este petitio principii porque no se puede confundir continente (universo) con contenido (todo lo que ha comenzado a existir). Observamos la premisa 1 en aquello que el universo contiene, pero eso no significa que podamos considerar que el universo es igual a todo lo que contiene. Del mismo modo que la botella de cristal no es igual a la leche que contiene. O, por usar otro paralelismo más apropiado, las propiedades del océano como continente no son iguales a las propiedades del agua como contenido. El océano como un todo tiene unas propiedades, pero las gotas —o moléculas— de agua que lo conforman tienen otras.

Pero si esto es cierto, y si continente y contenido son distintos, ¿con qué validez el argumento cosmológico atribuye al continente una cualidad (comenzar a existir) que hemos observado únicamente en el contenido? ¿Y con qué validez se somete al universo como continente a una ley (todo cuando comienza a existir tiene una causa) que hemos observado únicamente en el contenido? Si la botella y la leche no comparten todas las propiedades, si el océano y la gota de agua no comparten todas las propiedades, ¿cómo demostramos que el universo y aquello cuanto contiene sí han de compartir todas las propiedades? ¿De dónde proviene la supuesta validez de la premisa 2?

Si decimos:
— Que la leche que la botella contiene sea blanca, no implica que la botella sea también blanca.
Decimos también:
— Que todo aquello que el universo contiene haya empezado a existir, no implica que el universo haya comenzado a existir.
— Que todo aquello que el universo contiene haya necesitado una causa para empezar a existir, no implica que el universo haya necesitado una causa si es que ha comenzado a existir.

[Conclusión: para dar por bueno el argumento cosmológico, necesitamos demostrar que el universo ha comenzado a existir surgiendo desde la nada]

Como se ve se plantea otro problema importante para la validez del argumento cosmológico. Pero, ¿con qué versión nos quedamos? ¿Es el universo igual a lo que contiene, o hemos de tratarlo como un continente de características distintas?

Intentando convertir la botella en leche

“Lo que se recibe en algo, se recibe al modo del recipiente” (Santo Tomás de Aquino)

En principio, decir que “todo lo que ha comenzado a existir” tiene una causa parece razonable. Es más, está perfectamente apoyado por la observación e incluso por la ciencia, salvo que nos metamos en terrenos de física cuántica —que la mayoría de nosotros no entendemos e incluso algunos físicos cuánticos aseguran no terminar de entender— pero, por el bien de la discusión, demos por bueno que en nuestra experiencia sensorial conocemos esta verdad: nada aparece sin una causa. Más allá de las sorpresas que tenga que darnos el oscuro campo de lo cuántico, digamos que no hay nada en la naturaleza de lo que sepamos que ha surgido por las buenas sin una “razón suficiente”, como diría Leibniz. Volvamos a ver el argumento, formulándolo esta vez de una nueva forma:

1. Todo cuanto hemos observado comenzar a existir tiene una causa.
2. El universo comenzó a existir.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Botella

Si vemos que la botella es blanca, ¿significa eso que sea blanca realmente?

Pero como decíamos, el primer problema es que estamos atribuyendo al continente (universo) las propiedades del contenido (lo que observamos dentro del universo), ya que la premisa 1 proviene de la observación, pero nunca hemos observado nada que no pertenezca al universo o no esté dentro de él. Es cierto que todo lo que observamos en el universo y de cuya existencia conocemos un principio, ha tenido una causa siempre y en cada caso. Pero de ello no podemos deducir que —si el propio universo hubiera comenzado a existir— se le pudieren aplicar los mismos parámetros causales que a su contenido. Sólo porque la leche es blanca, no podemos extender las propiedades a aquello que la contiene. Esto es, no podemos decir que la botella también es blanca… aunque debido a la transparencia del vidrio nos pueda dar la impresión de que sí lo es.

Para sortear esta salvedad habría que demostrar en primer lugar que el universo sí comparte las mismas características de todo aquello que contiene, de “las cosas”: uno, que comenzó a existir, y dos, que dicho comienzo precisó de una causa. ¿Hemos observado que el universo comenzó a existir? Hasta la época moderna, el argumento cosmológico naufragaba en este mismo punto. No, no habíamos observado al universo comenzar a existir, así que el argumento cosmológico terminaba necesariamente siendo inválido.

Pero, por paradójico que nos parezca, esto mismo ha servido para que apologistas actuales revivan el argumento cosmológico, ya que —según afirman— modernas teorías como la del Big Bang vendrían a demostrar que el universo tuvo un comienzo. Esto ha llevado con frecuencia a la mala utilización del propio concepto de Big Bang (o del concepto de “singularidad”, el punto ideal que se expandió para dar lugar al universo tal y como lo conocemos). Así, algunos modernos defensores del argumento lo formularían de este modo:

1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
2. El universo comenzó a existir, porque así lo prueba que conozcamos su principio, el Big Bang.
3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

Pero dado que la teoría científica no afirma que el Big Bang o la singularidad fuesen el principio “de todo”, sino sencillamente el inicio del estado actual de nuestro universo, usar el Big Bang como demostración de la segunda premisa del argumento cosmológico constituye una incorrección. No sabemos qué hubo antes del Big Bang y tampoco conocemos la verdadera naturaleza y origen de esa “singularidad” (más allá de su concepto matemático), así que no se puede hablar del Big Bang como de un verdadero inicio de todo lo que existe, sino como una expansión de algo que ya existía pero que no sabemos exactamente qué era. Así pues, nos encontramos con un problema tanto terminológico [¿qué entendemos como “universo”, a) el cosmos tal y como lo conocemos ahora o b) también cualquier cosa que hubiese antes del Big Bang?] como epistemológico (¿realmente puede demostrarse que el universo, incluso entendido como “todo lo que alguna vez ha existido incluso antes del Big Bang”, haya tenido un comienzo?). Para salvar la validez del argumento cosmológico, la cuestión terminológica podríamos arreglarla llegando a un consenso sobre qué significa exactamente cada término. Sería así:

1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
2. El universo tal y como lo conocemos hoy comenzó a existir, porque así lo prueba que conozcamos su principio, el Big Bang.
3. Por lo tanto, el universo tal y como lo conocemos hoy tiene una causa.

Sin embargo, esta formulación puede prescindir de la idea de una causa sobrenatural, ya que existen posibles explicaciones naturales para el fenómeno del Big Bang (por ejemplo, el colapso de un universo anterior y otras que se manejan). Así pues, la causa primero del universo podría haber sido, por ejemplo, otro universo. El concepto de Dios no entra necesariamente en la ecuación.

Y si por el contrario entendemos por “universo” cualquier cosa que haya existido, se parezca a nuestro universo actual o no, el problema epistemológico es terminante: no conocemos un principio de “todo” y quien afirme conocerlo está equivocado, o está faltando a la verdad. Si retrocedemos en el tiempo más allá del Big Bang, no encontramos la nada como afirman los apologistas, sino sencillamente un misterio que tal vez nunca podamos resolver… pero no necesariamente un principio de todo. Así, el conocimiento argüido por los defensores del argumento cosmológico sobre el supuesto origen de todo lo que existe basándose en el Big Bang, sería un falso conocimiento, una mala interpretación de las afirmaciones de la ciencia. Por lo que sabemos, podría no haber habido ningún principio, sino por ejemplo una sucesión infinita de Big Bangs que generan universos que colapsan y dan lugar a su vez a nuevos Big Bangs. Por qué no.

Botella vacia

Las botellas realmente vacías no existen, ¿podemos pensar que alguna vez existió "la nada"?

Los apologistas que aún defienden el argumento cosmológico suelen señalar la necesidad de un inicio en la existencia del universo (o de la singularidad, o de fuera lo que fuese lo que existió en primer lugar) porque nunca puede surgir algo “desde la nada”. Sin embargo, el concepto de “nada” —como el de “infinito”— es algo de lo que no existe demostración empírica alguna, y por lo que sabemos sólo existe como construcción intelectual, ya que no se conoce ninguna región del universo —ni por descontado fuera de él— donde haya la nada. Volviendo al ejemplo de la botella, nunca hemos podido decir que una botella esté verdaderamente “vacía”, porque eso que llamamos “vacío” no lo es, si hacemos caso a lo que nos dicen los científicos. Por lo que sabemos, la nada no existe, sólo existe el algo, y repetimos que afirmar que la teoría del Big Bang prueba que el universo surgió “de la nada” es completamente falso.

[Conclusión: no podemos probar el argumento cosmológico porque no podemos probar que el universo surgiera desde la nada]

Sin embargo, una vez más, y de nuevo por el bien de la discusión, demos un salto en el vacío y asumamos que el universo, el todo, sí tuvo un principio, que surgió de la nada y de que dicha “nada” es posible. Sólo haciendo estos voluntariosos ejercicios de asunción de premisas no comprobadas podemos mantener en pie el argumento cosmológico, para evitar que caiga sobre el peso de su propia falta de justificaciones empíricas suficientes. Es lo justo, dado que para algunas de las preguntas planteadas no existen respuestas seguras por parte de la ciencia, que, puestos a movernos en el terreno de lo no probado, podemos ejercer como “abogados del diablo” o, en este caso, como apologistas o “abogados de Dios”.

Así pues, tomemos una de las objeciones principales que los apologistas modernos hacen a este tipo de teorías sobre procesos que se han repetido eternamente: es necesario un principio. Sea lo que sea aquello que existió antes del Big Bang, no puede ser eterno porque el propio concepto de un pasado eterno carece de sentido.

¿Qué es la eternidad?

“Aristóteles y Newton creían en el tiempo absoluto. Es decir, ambos pensaban que se podía afirmar inequívocamente la posibilidad de medir el intervalo de tiempo entre dos sucesos sin ambigüedad, y que dicho intervalo sería el mismo para todos los que lo midieran, con tal que usaran un buen reloj. El tiempo estaba totalmente separado y era independiente del espacio. Esto es, de hecho, lo que la mayoría de la gente consideraría como de sentido común. Sin embargo, hemos tenido que cambiar nuestras ideas acerca del espacio y del tiempo” (Stephen Hawking)

Si saltándonos todas las posibles objeciones damos por bueno que la nada existió alguna vez, que el universo surgió de la nada, que por lo tanto tuvo un principio y que dicho principio necesitó una causa, podemos intentar asumir —por los motivos que enumeramos más arriba— que dicha causa es necesariamente inmaterial, intemporal y omnipotente. Así pues, tenemos una causa eterna (Dios) y un efecto temporal (el universo). Pero de nuevo nos encontramos con una falacia lógica, la del “alegato especial”, en la que uno de los elementos involucrados en el razonamiento está exento de las características que forzosamente atribuimos a los demás elementos. Es decir: si atribuimos al universo la necesidad de un principio, ¿por qué no se la atribuimos también a Dios? Y ciertamente el argumento cosmológico necesita de este alegato especial para mantenerse en pie, así que la justificación de que Dios sí puede ser eterno mientras que el universo no puede, se convierte en un punto clave cuando consideramos la cuestión.

La respuesta de algunos apologistas a esta cuestión consiste en un cierto non sequitur, una asunción de la validez de ciertas premisas basada nuevamente en la mala interpretación —o al menos en la interpretación parcial— de ciertos conceptos científicos. Esta respuesta está apoyada en la noción de que, con el inicio del universo que conocemos, nació el espacio-tiempo. Esto es, el tiempo tuvo un inicio y no existió siempre.

Esta idea es importante, ya que los modernos defensores del argumento cosmológico defienden precisamente la tesis de que el tiempo no pudo haber existido siempre, entre otras cosas por la idea de que el infinito es solamente un concepto matemático sin base real (y por tanto no pudo haber existido una serie infinita de momentos) o recurriendo a conocidas paradojas que expresan la imposibilidad de que en el pasado haya transcurrido una cantidad infinita de tiempo. Por ejemplo, se suele argumentar que se hubiese requerido recorrer una sucesión infinita de eventos pasados para llegar al presente, pero que una sucesión infinita de eventos no puede llegar a recorrerse jamás, así que el momento presente nunca hubiese llegado a suceder si el tiempo nunca tuvo un comienzo. En cierto modo, este razonamiento es otra forma de rechazo a la causalidad infinita, como el de Tomás de Aquino y Leibniz, pero expresado con ejemplos más modernos, como la metáfora del Hotel Infinito de Hilbert (un hotel con un número infinito de habitaciones que sirve para ilustrar las extrañas y contradictorias propiedades del concepto de infinito si fuese algo real).

La principal objeción a esta idea de que una existencia eterna del universo es imposible y de que por tanto necesitó un principio (y por tanto una causa) es el concepto mismo de “tiempo” que se maneja. Es decir, un concepto tradicional del tiempo como una dimensión lineal parecida a un río. Esa es la percepción intuitiva del tiempo que todos tenemos en nuestras vidas: el tiempo es como una característica inmanente a la realidad, como el río inmutable sobre el que la realidad navega, un río que nunca se detiene. Si desapareciese la materia, el río del tiempo seguiría fluyendo, pensamos intuitivamente. Pero esto es algo que, como hoy sabemos, no necesariamente se ajusta a la realidad. La idea del tiempo como un gran río es útil en nuestra vida cotidiana pero inexacta, y desde luego no sirve como herramienta para descartar la idea de un universo que —en la forma presente o en otro estado de existencia— haya estado ahí desde siempre. La sucesión infinita de eventos que “impediría” llegar al momento presente no se produce si consideramos el tiempo no como un río en que navega la realidad, sino como una dimensión elaborada que nos hemos inventado, una dimensión que deducimos del movimiento. Dicho de otro modo: que percibamos un río no significa que el río esté ahí.

Ejemplificado de otro modo, para no liar más el asunto: el tiempo como lo experimentamos en nuestra vida no existe aisladamente, sino que es algo que deducimos del movimiento de las cosas. De hecho, no conocemos ningún método de medición del tiempo que no se base en el movimiento. Ya sea el movimiento regular de los astros (relojes de sol), el movimiento mecánico de piezas de metal (relojes clásicos), el movimiento de impulsos eléctricos (relojes digitales) o los movimientos de partículas elementales (relojes atómicos). El tiempo es una expresión del movimiento, no una magnitud absoluta que existe por sí misma. De hecho, sabemos que el río del tiempo no “transcurre” al mismo ritmo en todos los lugares del universo (“el tiempo es relativo”) y por lo tanto no hay un único río del tiempo. Es imposible que lo haya. Por decirlo de una manera quizá algo más inexacta pero rotunda: el tiempo no existe.

Si el tiempo no es, pues, una única magnitud lineal sino una dimensión construida por nosotros a partir de lo que observamos en otras dimensiones, ya no se produce una “infinita sucesión de eventos pasados” que haga impensable una existencia eterna del universo o de universos anteriores. De hecho, el concepto mismo de “inicio” resulta innecesario en un sentido absoluto, ya que no habría un inicio ni un final, propiamente hablando. Sólo habría distintos estados de existencia de “lo que hay”.

[Conclusión: si el tiempo no es una única dimensión lineal, no necesitamos pensar en la necesidad de un inicio del universo y el universo pudo estar “siempre ahí”]

¿Por qué Dios y cuál Dios?

“La idea de que Dios es un enorme hombre de raza blanca con una larga barba que está sentado en el cielo y llevando la cuenta de la muerte de hasta el último gorrión, es ridícula. Pero si por Dios uno se refiere al conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces claramente ese Dios existe. Aunque es un Dios emocionalmente insatisfactorio… no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad” (Carl Sagan)

Pero sigamos ejerciendo como “abogados de Dios”. Supongamos que nos estamos equivocando en el análisis, lo cual es siempre muy posible, y supongamos que el tiempo sí existe, que las objeciones al argumento cosmológico que hemos hecho hasta ahora son inválidas y que el universo tuvo efectivamente una causa sobrenatural completamente ajena a él. ¿Por qué llamarla Dios?

De hecho, como decíamos antes, no se puede considerar la refutación intelectual del argumento cosmológico como una refutación de la existencia de Dios, como tampoco se puede considerar la demostración intelectual del argumento cosmológico como una demostración de la existencia de Dios. De hecho, los apologistas más sofisticados y sinceros reconocen que el argumento cosmológico —si fuera cierto— no es una demostración de Dios suficiente en sí misma, sino en todo caso un argumento más en favor de dicha existencia, pero sin valor probatorio intrínseco. Jugando con las mismas cartas tendremos que considerar que, de ser incierto, eso tampoco tiene valor refutatorio intrínseco.

De todos modos, nos hemos saltado un paso: si el argumento cosmológico fuera cierto y demostrase la existencia de una Causa Primera, ¿por qué asumir que esa causa tiene propiedades divinas? Más aún, ¿por qué asumir que esa causa puede identificarse con el Dios personal e intencionado del que hablan las grandes religiones?

Naturalmente, una parte de los apologistas defiende que el argumento cosmológico sí conduce a la existencia de ese Dios personal, pero hay otra parte, especialmente entre los apologistas más cercanos a la ciencia (no son muchos, pero los hay, y algunos muy brillantes), que admite que el argumento cosmológico podría conducir a la idea de una Causa Primera, pero que las características de esa Causa deberán deducirse de otro tipo de argumentos, como el teleológico, de otras evidencias que exceden lo que el argumento cosmológico trata, y que entrarían sobre todo dentro del argumento teleológico. Y entre los no apologistas, por descontado, es prácticamente unánime la idea de que —aun siendo cierto el argumento cosmológico— no podría deducirse la existencia de una Causa identificable con el Dios de las grandes religiones.

Para explicar por qué el argumento cosmológico no puede conducir por sí mismo a la idea de un Dios personal como lo puedan ser el del cristianismo, el judaísmo o el islamismo, volvamos al punto en que dábamos por bueno que el universo tuvo una causa y que dicha causa debió ser inmaterial, intemporal y omnipotente.

La clave aquí está en el término “omnipotente”. Obviamente, un ser omnipotente sería capaz de tener voluntad, amar, etc. Así que sería muy similar al modo en que presentan las religiones monoteístas al Dios personal. Pero pongamos que un Ente creó el universo, ¿realmente necesitaría  ser omnipotente para hacerlo?

En primer lugar, aparece una cuestión peliaguda: ¿es posible la omnipotencia? Aunque existen argumentos lógicos en contra de la idea de omnipotencia en sí, obviémoslos para no alargar el asunto y digamos además que al ser argumentos puramente lógicos tienen poca relación con la realidad, provocarían una discusión lógica eterna y no nos interesan demasiado en este punto (entre esos argumentos está el de que un ser omnipotente sería capaz de cosas contradictorias, como existir y no existir a la vez, puesto que lo puede todo). Así pues, para obviar ese otro juego lógico, asumamos que la omnipotencia sí es posible y volvamos a la cuestión de si sería necesaria. Imaginemos una alternativa a Dios como creador del universo, otra clase de ente llamado Alfa que dio lugar a dicho universo, pero que lo hizo de forma automática e inconsciente. Este Ente no tendría personalidad ni intenciones, como las tiene Dios. No hubiese creado el universo por propia voluntad, como lo hizo Dios.

Alfa tampoco sería omnipotente, sino que tendría solamente dos capacidades, o dos potencias. Una, la capacidad de existir por sí mismo, y dos, la capacidad de crear un universo a partir de la nada. Por lo demás, no sería un Dios personal: no tendría consciencia de sí mismo, ni voluntad, ni preocupación por su creación o por lo que haya en ella (incluyéndonos a nosotros, los humanos). No se comunicaría con nosotros, no interferiría en nuestras vidas, no habría hecho revelaciones a profetas e incluso, si queremos, podría haber desaparecido tras crear el universo (lo cual añadiría una tercera capacidad, la de desaparecer). Su acto de crear el universo y su capacidad para existir sin una causa serían las únicas características comunes con el Dios personal. Pero no sería omnipotente.

anubis

¿de qué estaríamos hablando exactamente cuando hablamos de "Dios"?

¿Estamos atribuyendo a Alfa las características correctas? En el presente caso, creo que estaríamos atribuyendo a Alfa las dos únicas capacidades realmente necesarias para crear el universo, entre las que no está la omnipotencia. Estaríamos atribuyéndole las dos únicas características de las que podríamos estar seguros si el argumento cosmológico fuese cierto: inmaterialidad e intemporalidad. Un Dios personal, sin embargo, tendría esas características que sí pueden deducirse del argumento cosmológico pero también la omnipotencia, que no se sigue de la consecución exitosa del argumento cosmológico. Una posible objeción, y una importante, a la existencia de Alfa frente a la de Dios sería: si Alfa carece de voluntad, ¿por qué crea el universo automáticamente, quién o qué lo programó para ello? Es una buena pregunta y pone el dedo sobre la llaga. Alguien podría decir que Alfa necesita también la capacidad de querer crear el universo, pero ahí ya estaríamos entrando en un sesgo personalista que contradice nuestro conocimiento surgido de la observación. Continuamente observamos que unas cosas dan lugar a otras sin que exista algo que podemos calificar como intención. Así que, ¿por qué necesitaría Alfa una intención? Naturalmente, esto responde a una visión —la mía— del universo como un todo no intencional. Hay otra visión —por ejemplo, la de los apologistas— que sí atribuye una intencionalidad a la existencia del universo. De nuevo, el explicar por qué existen dos tipos de visiones o decidir cuál es la más correcta nos llevaría a una discusión más propia del argumento teleológico.

Pero según una visión no intencional del universo, Alfa estaría “programado” para existir y crear el universo, pero estaría “programado” de manera no intencional, como están programados los objetos hechos de materia para atraerse entre sí. Nadie habría programado a Alfa, sino que el programa formaría parte de su misma esencia. Un apologista podría perfectamente objetar que esta idea de que Alfa funciona con un programa para el que no hubo programador es una idea sesgada, pero no es menos sesgada la idea de que Dios es omnipotente sin que nadie lo haya programado para ser omnipotente (¿o en su omnipotencia estaría la capacidad de programarse a sí mismo para ser omnipotente…? Eso nos llevaría a otro callejón sin salida lógica). Además, que Dios haya podido crear “todo lo que ahora existe” no implica necesariamente que es capaz de “todo”, porque para empezar hay cosas que no ha creado. Por lo que sabemos, en el universo no hay cualquier cosa. Hay un número aparentemente finito de variedades de elementos, y un número finito de esos elementos dentro de cada una de las variedades finitas. Eso significa que existen cosas que nunca fueron creadas. Lo cual, en sí mismo, no prueba que Dios no tiene omnipotencia (un apologista diría que Dios sencillamente decidió no crear las cosas que no han sido creadas) pero sí impide probar que sí la tiene, porque para probarla de verdad, Dios tendría que haber creado todo lo que se puede crear. Así pues, la omnipotencia de Dios no quedaría probada por la propia existencia del universo, de lo cual deducimos que el argumento cosmológico, por sí solo, podría como mucho probar a Origen (por ejemplo) pero no prueba, ni mucho menos, al Dios tradicional de las grandes religiones.

[Conclusión: el argumento cosmológico no es cierto, pero aunque lo fuera, no podría probar la existencia de Dios]

Para probar esta idea tradicional de Dios habría que recurrir —y como digo se recurre— a otro tipo de razonamientos. Especialmente, como digo, todo lo relacionado con el argumento teleológico, en el que las características del universo demostrarían que había un plan detrás de su creación y por tanto que ese Dios sería intencional, pero eso —además de haber sido un tema candente en los últimos tiempos, especialmente en Estados Unidos, donde en cierto modo ha llegado hasta a los tribunales— ya sería motivo de otra reflexión en otro momento.

98 comentarios

  • Más que cosmológico, ¿no sería cosmogónico?

    • En la cosmología se engloba también la cosmogonía, puesto que el nacimiento del cosmos es parte del mismo.

  • Muy buen artículo, enhorabuena.

  • Hay un error bastante gordo en esa lógica:

    4. Dios existe.
    5. Si Dios existe, entonces, según la premisa 1, Dios tiene una causa.<—– ERRÓNEO
    6. Si Dios necesita tener una causa, ya no podemos considerarlo como Dios<—–ERRÓNEO

    El autor se olvida de un detalle en la ecuación. Y es que Dios tiene unas ciertas propiedades, como luego él mismo cita más adelante. Es "inmaterial, intemporal y omnipotente"(sic).

    Algo que es "intemporal", no me hacen falta ni las otras dos propiedades, no tiene ni principio ni fin, pues está más allá del tiempo. Y si está más allá del tiempo también está más allá del espacio. Ante una Entidad así, ¿qué sentido tiene preguntar por la causa?¿Cómo puede tener causa algo que está fuera del tiempo y del espacio?

    Por tanto es sumamente estúpido formular las premisas 5 y 6 pues son totalmente erróneas.

    • El error es plantear el debate de la existencia de dios desde los humos de paja de la filosofía, que es al saber humano lo que la homeopatía a la medicina.

      • Pues vaya analogía. Supongo que hablas desde el conocimiento de lo que es el “saber humano”, al estilo Ratzinger o Al-Zawahirí… te envidio. Una vez aclarado, of course, sabríamos desde dónde plantear el debate de la existencia de dios. Desde la ciencia… es de tontos… como dijeran Kant o Nietzsche, y Perogrullo. Mola tu avatar.

      • ah, entonces si no es sujeto de la especulacion filosófica lo es de la científica? pero entonces ya suponemos no tanto que existe como que posee esencia… pero si tiene esencia debe existir.
        Bueno, vamos a ver, enterese antes de lo que es la filosofía y luego vuelva a decir algo con sentido

    • Hola Ailian,

      La respuesta a tu objeción está diseminada por todo el artículo. Pero por ofrecerte un feedback incompleto: estás censurando una crítica a la lógica interna de la formulación clásica del argumento cosmológico que no es una objeción inventada por mí, sino una objeción generalmente aceptada incluso por teólogos y apologistas defensores del argumento. De ahí que se terminasen reformulando las premisas al modo que se indica en la siguiente sección del artículo.

      Si tu objeción fuese incontestable, no hubiese existido la necesidad de reformular el argumento, cosa que —insisto— hicieron sus defensores, no sus críticos. El problema aquí es el concepto mismo de intemporalidad.

      Repito que la respuesta está contenida en el artículo mismo. Pero de nuevo por el bien de la discusión, te diré que el que algo sea intemporal no implica que no necesite una causa. Y menos en la actualidad, cuando el concepto tradicional de “temporalidad” —que intuyo es el que manejas— ha dejado de tener sentido. El concepto de un ente intemporal —y por tanto no causado— como origen del universo fue muy razonable durante muchos siglos, pero actualmente no hay relación entre intemporalidad y ausencia de causa. Esto se explica en el texto.

      Un cordial saludo.

      • Si algo es intemopral, por definición no tiene causa pues la causa y el efecto ocurren dentro del espacio-tiempo.

        En un ámbito en donde no hay espacio-tiempo, no hay causa y efecto.

        Esto es inapelable. Estoy impaciente por ver cómo argumentas que algo que no tiene principio ni fin tiene causa. ¿Qué genera esa causa? No puede generar un principio, pues no ha principio.

        Sin embargo, ese algo que no tiene principio ni fin, sí puede genarar algo finitio, pues genera un principio.

        Y no es que se parta de la premisa de que Dios es de tal manera, si no que es la deducción lógica que deriva la pregunta: ¿qué características debe tener algo para que pudiera ser la causa primera del universo? ¿Qué había antes del universo?

        Y una posible respuesta es: sí algo hay antes, está fuera del tiempo y el espacio si no queremos abocarnos a un bucle sin fin. Si queremos ver el final del bucle, ¿qué podría haber?

        Pues despues de mucho sicurrir se podría deducir que hay un algo que abarca todo el universo, pero que no es el universo tal y como lo conocemos. Pdría ser un universo previo, pero volveríamos al bucle.

        Entonces, si determinamos que el universo tiene un principio (lo cual es una premisa, siempre hace falta alguna) y buscamos un principio definitivo, ese principio es el infinito, y el infinito no tiene tiempo, y tiene todo el espacio infinito que es como decir que no tiene nada y lo contiene todo. Entonces ese “infinito”, sin tiempo y espacio o con todo el tiempo y el espacio infinito, que es lo mismo, al ser infinito es omnipresente, al contener todo es omnipotente, etc, etc.

        Pero como ves la premisa no es Dios, es la búsqueda de un origen, de un principio.

        Ahora, si abandonamos la búsqueda de un principio y determinamos que el universo en sí mismo es infinito. Vale, entonces el Big Bang no puede ser considerado el origen del universo, pues en un universo infinito no hay principio, por lo cual, no hay origen posible y el Big Bang es un evento más de los cientos de miles de millones que ocurrieron, ocurren y ocurrirán.

        Toda tu argumentación cae como un castillo de naipes por lo que pongo en mi nota anterior, si pones a Dios en la ecuación, no puedes obviar alegremente sus características, las que quieras ponerle, pero con esas tienes que jugar. No puedes afirmar que es “inmaterial, intemporal y omnipotente” y luego saltártelo a la torera.

        Y si no es todas esas cosas, entonces estamos hablando de otra cosa.

    • Dios existe?
      lo creamos en nuestra mente, así como no lo han enseñado, antiguamente, yo creía en muchos dioses y demonios, y todos existían, también eran atemporales, omnipresentes, superiores, y de algún lado habían salido;
      de la mente humana.

      • No estoy defendiendo la existencia ni la ausencia de Dios.

        Solo digo que el blogero hace trampa. Pone en la ecuación a DIos y luego pretende ignorar sus carácterística. Si lo pones, no puedes darle las misma propiedades que al Universo, porque entonces no es DIos, es una parte del Universo y una parte no puede crear el todo.

        Por tanto, toda la refutación, todo el artículo, se cae. Pues no respeta las más elementeles leyes de la lógica.

        No en vano todos los grandes pensadores de la Humanidad llevan milenios dándole vueltas al asunto, y ninguno ha encontrado una explicación totalmente satisfactoria y concluyente.

        Mucho menos la va a encontrar un bloguero empirísta de estar por casa.

        • Es una paradoja extraña. Queremos probar la existencia de Dios pero, para ello, tenemos que basarnos en sus “propiedades”, es decir, debemos dar por descontado que existe antes de probar que existe. Me parece que la trampa la hacen otros.

  • Es cierto que el argumento cosmológico (si fuese cierto) sólo prueba que Alpha puede existir por sí mismo y crear el universo. Pero desde la creación del universo hasta la actualidad existen otros 2 momentos que podrían probar la existencia de Dios. De estas intervenciones, junto a la de ser la Causa Primera, se deduciría su carácter personal. Los momentos son: la existencia de vida a partir de materia inanimada (planetas, elementos tabla periodica,…), y la existencia de voluntad en el ser humano (la teoría de la evolución sólo explica cambios físicos, biológicos, genéticos)

    • Hola, Fer:

      Planteas una interesante cuestión, de hecho lo que estás arguyendo es una variante (un par de ellas en realidad) del argumento teleológico, el cual pensaba tratar más adelante, así que permite que no adelante acontecimientos.
      Un cordial saludo.

    • Fer, dices: “la existencia de voluntad en el ser humano (la teoría de la evolución sólo explica cambios físicos, biológicos, genéticos)”

      Todos los animales tienen libre albedrío en mayor o menor medida, incluso las moscas de la fruta. El libre albedrío puede explicarse como la limitación de un fenómeno aleatorio (relacionado con la mecánica cuántica) limitado biológicamente.

      Saludos.
      David.

      • Seguramente la cuestión es que no usamos el mismo concepto de voluntad. Para mi la voluntad es sinónimo de libertad de elección, tomada de forma consciente, pudiendo prevalecer incluso sobre nuestros instintos. Quizá es que tengo un concepto algo más elevado de la naturaleza humana. No creo que las moscas de la fruta pueden decidir voluntariamente tener relaciones sexuales fuera de su epoca de apareamiento o que un salmon pueda decidir libremente no remontar el curso del río.

        • Los experimentos recientes con escáneres cerebrales demuestran que cuando un sujeto “decide” pulsar un botón en el lado derecho de un ordenador, la elección puede ser predicha por la actividad cerebral con una antelación mínima de siete segundos a que el sujeto sea consciente de haber hecho la elección. Las “decisiones” así tomadas no son conscientes. Y si nuestras elecciones son inconscientes, con una determinada antelación a que pensemos que las hemos hecho, entonces no tenemos libre albedrío en ningún sentido significativo.

          http://www.arcadiespada.es/wp-content/uploads/2012/01/librealbedrio-jacoyne.pdf

          • Por lo tanto usted cree que no existe la libertad en el ser humano.

          • Una interesante puntualización. Esto vendría a demostrar, una vez más, que el universo tal y como lo concevimos no es más que una construcción de nuestra mente. Es por eso que yo desecho los argumentos empiristas como que “todo en el universo tiene una causa”. La afirmación real es “Yo no he experimentado cosas sin causa”. Asique cualquier cosa que parta de ahí me parece incompleta.

            Por eso yo personalmente me decanto por lo ontológico. No comprendo porque esa rama ha sido descartada tan a la ligera y espero que el Autor tenga a bien escribir un articulo tan brillante como el presente que trate también esa rama,

            Por lo demás me sumo a los argumentos de ailian. Añado, siguiendo con el argumento cosmológico, que Dios puede ser la causa de si mismo.

            Y Dios dijo: “Yo soy.”

            Un saludo

  • Estoy totalmente de acuerdo contigo ailian. El razonamiento prescinde de las cualidades esenciales que previamente se le otorgan a Dios.

    • Es extraño tener una “idea previa” con “cualidades esenciales” de un ser, para luego intentar “comprobar” su existencia basándose en ello.

      Es como jugar un juego y, durante el transcurso, ir creando las reglas y normas para ganarlo.

      “Las cabezas existen porque hay sombreros”

      En fin.

  • Muchas gracias por su atención. Independientemente de que no coincidamos en alguno de los plantemientos, mi más sincera felicitación por la calidad y la profundidad de su artículo. Esperaré impaciente la siguiente entrega. Hasta la próxima.

  • menudo tocho post, esta tarde lo leo tranquilamente

  • El plato de comida como la mesa son creación de un ser humano. Luego usar ese argumento para justificar la existencia de un dios implicaría que ese dios es el ser humano, o que el ser humano ha creado a un dios junto con el plato y la mesa.

    Ahora, más importante ¿Por qué el hombre entró a la habitación? ¿De que color era esta?

    • “Ahora, más importante ¿Por qué el hombre entró a la habitación?”

      Evidentemente, por el mismo motivo por el que Adán y Evan mordieron la manzana.

      Un cordial saludo.

  • Después de Kant, Nietzsche y Wittgenstein ya quedó claro que todas estas discusiones son simples juegos del lenguaje que no pueden ser tomadas en serio.

    • Por eso Nietzche enloqueció.

      No, en serio, la filosofía de Nietzche es prácticamente un retrato de su profunda depresión.

      Si deseas algo similar a la filosofía de Nietzche, pero basado en la lógica y la razón, entonces necesitamos a Ayn Rand.

  • Artículo de calidad extraordinaria en todos los sentidos.

    Mi enhorabuena y gratitud por su esfuerzo.

  • La existencia de Dios no es obvia, si lo fuera no necesitaria demostracion alguna, esto si que esta claro.

  • Un profesor de física decía en una clase a sus alumnos: si os diera la espalda, para mí vosotros dejaríais de estar aquí. La respuesta fue: por supuesto que no estaríamos. Estaríamos en la cafetería.

  • >[…]No sabemos qué hubo antes del Big Bang y tampoco >conocemos la verdadera naturaleza y origen de esa >“singularidad” (más allá de su concepto matemático), así >que no se puede hablar del Big Bang como de un >verdadero inicio de todo lo que existe, sino como una >expansión de algo que ya existía pero que no sabemos >exactamente qué era. Así pues, nos encontramos con un >problema tanto terminológico […]

    Deberías de ponerte un poco al día en estos temas:

    En la formulación clásica, no hay antes del Big Bang al ser el comienzo del tiempo, y éste es un resultado indefectible, pues la energía que se necesita para crear una estrella o el propio universo, es cero, ( fluctuaciones cuánticas).

    En formulaciones más modernas, si existe un antes y hay planteadas unas premisas.

    Todas estas cosas, aun sin demostrar, no necesitan de un principio, una vez demostradas quedaría el círculo cerrado.

    Por otro lado, el hecho de que observemos el comienzo de la existencia causal de cosas dentro de este universo, no implica que el propio universo tenga que seguir la misma pauta.

    • No quedaría el círculo cerrado porque faltaría explicar el origen de la/s leye/s (la gravedad permanece inexplicada en las teorías más potentes)

  • O sea, que si DIos es omnipotente “come de todo, ¿no?” (Faemino y Cansado).

    Excelente artículo.

  • Sinceramente creo que el argumento se basa en tratar de dar una explicación lógica partiendo de un conocimiento que se encuentra “mas allá del conocimiento científico” y deduciendo cosas en base a ellas que por lo tento no tienen ninguna base de ninguna clase.

    Por que (y croe que se menciona en el artículo pero igual no con estas palabras): ¿Que es eso de que todo lo que existe ha tenido qeu ser creado en algún momento? ¿alguien se ha planteado que el tiempo pueda ser infinito?¿que previo al big bang pueda haber algo que se extienda en el tiempo hacia el pasado infinitamente? ¿o que se extienda hacia el futuro?.

    El kid de la cuestión es que la ciencia sabe muy poquito al respecto de lo que “es” el tiempo, cuando se creo, si es que se creó alguna vez y como se extenderá en el futuro. ni siquiera se sabe a que velocidad transcurre por que… je, no puedes definir el tiempo en base a si mismo… luego definir el principio del tiempo o su velocidad es un absurdo.

    De ahí mi argumento de que este “argumento cosmológico” se basa en dar por supuesto algo que se encuentra más allá de la física conocida (y por lo tanto no puede ser revatido ni confirmado) y despues deducir en definitiva lo que sea menester.

    Lo planteo de otra forma: ¿todo lo que existe fue creado? ¿quien, como o cuando se creó el tiempo? nadie por que si antes de que Dios creara el plato, el tiempo no existía, Dios no existía antes que el plato por que no había un “antes”.

    Por lo tanto el tiempo no fue creado y por lo tanto la premisa de “todo lo que existe ha sido creado” es falsa.

    Lo cual es volver la misma falacia en la que se basa el argumento cosmológico en su contra. He partido de algo que se encuentra más allá del conocimiento científico “el tiempo existió siempre” (puede que no fuera así) y que por lo tanto no puede ser revatida, para llegar a una conclusión irrelevante por que parte de un argumento que no tiene por que ser cierto.

    Desde siempre las religiones se han basado en eso: Tomar como afirmaciones para sus deducciones elementos que se encunetran más allá del conocimiento a partir de los cuales puedes deducir lógicamente cualquier cosa.

    ¿A alguien le suena “las estrellas giran alrededor de la tierra por lo tanto la tierra es el centro del universo”?

    Es exactamente igual la afirmación partía de algo que se desconocía (hasta que llegó el pobre copérnico al que le calleron leches como panes) y a partir de la cual puede deducirse cualquier cosa.

  • Pasan demasiadas cosas malas como para que exista.

  • Por tanta filosofía y teología nos va como nos va, si se conciera a las dos el valor que realmente tienen, en vez de anteponerlas, como se ha hecho tantas veces a la ciencia y a la realidad mejor nos iría.
    Cuando alguien demuestre la existencia de dios entonces se le dara veracidad y se dira que se puede creer o no en el, mientras tanto, como las hadas o los dragones.

    • La ciencia sólo habla sobre cómo SON las cosas, es decir, nos aporta conocimiento sobre el ser, por ejemplo, la cantidad de potencia que es necesaria para que un proyectil atraviese el cuerpo de un niño. En cambio, la Ética o Filosofía moral habla sobre qué DEBEMOS hacer, es decir, nos aporta conocimiento moral, por ejemplo, que no debemos asesinar a los niños. Ésta es la razón por la que la ciencia siempre debe estar subordinada a la Ética. La Ética es una de las ramas de la Filosofía.

  • Me esta encantando, mañana lo termino de leer. Felicidades

  • Creo que el argumento cosmológico puede rescatarse de ese bucle infinito.

    1) El universo tiene Tiempo y Entropía.
    2) Por tanto, tiene un Inicio y un final.

    Y luego:

    1) La Causa del Universo no necesariamente tiene tiempo y entropía.
    2) Por tanto, la Causa del Universo no necesia a su vez una Causa.

    Por otro lado, si la causa carece de tiempo, la Causa en sí misma puede ser la Última Causa. Esto cumple una vez más con una característica de Dios: Eternidad.

    Yo pienso que es lógico que exista un Dios, pero queda por demostrar si es o no es una ente personal.

    Por supuesto, me refiero a Dios como un concepto más que como una personificación de la naturaleza (como lo es Zeus respecto a los relámpagos).

    • La entropía la tiene el universo que conocemos. No sabemos si eso es todo el universo, y aún menos si tiene entropía. Y si la tuviera, tampoco sabemos en qué sentido. ¿Podríamos darle la vuelta a la flecha del tiempo? ¿Y que las tazas salgan del suelo rotas en mil pedazos y se agarren perfectitas en mi manos, llenas de café calentito hasta que se pone frío…?

      • ¿Y qué es la entropía sino la inercia a que la materia se establezca en el estado de menor gasto de energía? Pero ¿qué estado podría ser ese en otros universos distintos al nuestro? Quiero decir que vale que las tazas no vayan a aparecer del suelo des-rompiéndose pero, ¿de qué forma diferente podría conseguir ese estado, según rijan otras leyes, otra materia, otra energía? ¿sería necesario, en cualquier caso?

  • “podría no haber habido ningún principio, sino por ejemplo una sucesión infinita de Big Bangs que generan universos que colapsan y dan lugar a su vez a nuevos Big Bangs. Por qué no.”

    Entonces la sucesión infinita de Dioses no es un absurdo lógico, después de todo.

  • ” Sea lo que sea aquello que existió antes del Big Bang, no puede ser eterno porque el propio concepto de un pasado eterno carece de sentido.”

    No si definimos lo “eterno” como lo carente de tiempo. No había tiempo antes del Big bang, así que básicamente la singularidad es eterna.

    Por supuesto, la palabra es “mala” porque se relaciona con la religión, pero esa es su definición.

  • “una falacia lógica, la del “alegato especial”, en la que uno de los elementos involucrados en el razonamiento está exento de las características que forzosamente atribuimos a los demás elementos. Es decir: si atribuimos al universo la necesidad de un principio, ¿por qué no se la atribuimos también a Dios?”

    Si las aplicamos a Dios, entonces los ateos quedan peor, porque incluso un pre-Universo puede ser considerado como un Dios.

    Podriamos postular el Kalam así:
    1) El universo tiene una causa.
    2) Esa causa es Dios.

    No obstante, no veo por qué las premisas deban tener carcterísticas idénticas, pues de hecho la lógica consiste en eso, ¿No?

  • Dios mueve al jugador (de ajedrez) y este la pieza
    ¿Que Dios detras de Dios el juego empieza?
    Borges

  • “la justificación de que Dios sí puede ser eterno mientras que el universo no puede, se convierte en un punto clave cuando consideramos la cuestión.”

    Solo podemos observar el Universo, y debido al tiempo y la entropía, no tiene sentido darle características de eternidad al Universo.

  • “si el argumento cosmológico fuera cierto y demostrase la existencia de una Causa Primera, ¿por qué asumir que esa causa tiene propiedades divinas?”

    ¿No es acaso así como se define lo divino?

    “Más aún, ¿por qué asumir que esa causa puede identificarse con el Dios personal e intencionado del que hablan las grandes religiones?”

    Estoy de acuerdo, pero eso no es lo que tratan de demostrar esos razonamientos, los cuales se limitan mas bien a un Dios deísta.

    “Pero pongamos que un Ente creó el universo, ¿realmente necesitaría  ser omnipotente para hacerlo?”

    Depende como definamos omnipotencia. Tal vez se refiere a controlar al conjunto de toda la energía y materia del universo, ¿No? En ese caso, las leyes físicas cumplirían con esa característica de Dios, como dijo Carl Sagan.

  • “Por lo demás, no sería un Dios personal: no tendría consciencia de sí mismo, ni voluntad, ni preocupación por su creación o por lo que haya en ella (incluyéndonos a nosotros, los humanos”

    Para eso habría que discutir los argumentos a favor o en contra de esas características. Sería intelectualmente deshonesto hacer conclusiones sin analizar esos razonamientos.

  • Yo pienso que el planeta está muriendo. Lentamente, se está descomponiendo. Nuestra creación pudo ser fruto de la putrefacción. Lo mismo que un cadaver cuando es devorado por gusanos. Nosotros somos sus gusanos….

  • ־־El ser humano, que tiene tiempo (poco, menos de un siglo por persona) y entropía (hay muchos huesos en las catacumbas), es valeroso y se mide con el infinito. Ya sólo el haberlo descubierto es una hazaña.
    ־־¿No será que se lo ha inventado?
    ־־Ahora que lo pienso, a ver si va a ser de ahí de donde viene esa famosa pregunta de por qué hay algo en vez de nada.
    ־־Que tío, el ser humano; es capaz de inventarse al mismo tiempo la nada y el todo.

  • Parece que con nuestro razonamiento aun con toda nuestra ciencia no llegaremos a ser capaces de comprender la creación y mucho menos a su creador. Sin dudarlo estamos atrapados en una realidad limitada por nuestros sentidos aun por nuestra misma inteligencia y los rumbos que esta a tomado a través de la historia de la humanidad.

    Para mi todo parece un broma ya que solo damos vueltas sin sentido sobre nuestras propias ideas, y nuestras vidas que por mucho distan de ser comparables a la de las estrellas, limitadas en existencia, llenas de necesidades corporales que no nos dan espacio suficiente para hacer un mayor esfuerzo filosófico o científico.

    Más aun con la soledad cósmica en la que vivimos, estamos encerrados en nuestras propias experiencias en este planeta del que apenas hemos logrado salir, todo esto resulta siempre frustrante para quienes como nosotros buscamos mas allá de nuestras narices un sentido a nuestra propia existencia y la de los demás.

    Será que aun no logramos entender la fé, la voluntad o el amor como verdaderas fuerzas del universo, simplemente porque no tenemos una demostración científica de ello, pero que en muchos casos ha producidos resultados, aunque viéndolo como un tercero resulten solo fantasía difícil de creer.

    Estoy seguro que la realidad es mucho más amplia y maravillosa de lo que podemos llegar a imaginar.

  • A pesar de que discrepo con algunas partes de este artículo, el hecho es que es bastante completo e interesante (y perdonas tantos comentarios).

    Le felicito sinceramente.

  • Gran lectura, muchas gracias! A mi personalmente, y como salvaguarda por si Dios existe, siempre me impresionó la actitud de Bakunin: si Dios existe el hombre es esclavo, y por lo tanto deberíamos hacerlo desaparecer. Con dos cojones! El antiteísmo extremo es lo que tiene y me parece de lo más romántico.

  • Y si el Big Bang no ha sido el primero? Y si el Universo es un ciclo donde el Big Bang es el eslabon entre ciclos? Todo tiende a repetirse, por qué no el Universo?

  • Gran articulo. 2 consideraciones:

    1) Un agujero negro lo es porque la densidad es tan grande que ni siquiera la luz o el tiempo pueden escapar de su gravedad. En ese agujero negro el tiempo no trancurre. Por tanto, si extrapolamos, en la singularidad que dio origen al Big Bang (mucha mayor densidad aún) el tiempo no trancurría. Es decir el tiempo se creó a la vez que el universo. Implica que nada pudo existir antes (Dios), pues no había tiempo en el que existir.

    2) ¿De dónde salió esa particularidad que dió origen a todo? Aunque cueste creer, de la nada. Según la física clásica esto no tiene sentido, pero en la física cuántica es posible: pueden darse casos como que una partícula se encuentre en dos o más puntos a la vez, o que aparezca en un lugar y desaparezca.

    El principal problema es que, como el artículo comenta esta física cuántica es muy difícil de entender, ya que en ella se dan sucesos fuera de la lógica basada en el estudio de la física más clásica.

    • Es curioso que defender la no existencia de Dios tb resulte una cuestión de creer (=fe).

      • No soy físico y sólo tengo unas pequeñas nociones de cuántica, pero estos argumentos los he sacado de un documental realizado por Stephen Hawkings. Y, al igual que él muchos físicos están usando la cuántica para explicar el origen del universo. Incluso de un posble multiverso, con múltiples, hasta infinitos universos paralelos.
        Es cierto que aún hay muchas cosas que desconocemos del universo, pero precisamente eso es lo que se llama Dios, aquello que aún no somos capaces de explicar por la ciéncia. Lo que ocurre és que la ciéncia va avanzando (imagina los conocimientos de hace 200 años comparados con los actules), así que cada vez ese Dios va empequeñeciendo. ¿Qué pasará cuando se pueda demostrar totalmente el origen del universo? o ¿Cuando se llegue a crear en un laboratorio una célula viva?

        • Creo que es bastante pretencioso por parte de la humanidad pretender encontrar respuestas a todo sin asumir nuestras limitaciones. La propia ciencia se ha reformulado desde cero en múltiples ocasiones. Del neutron al quark, del quark al boson de giggs,… Si no conseguimos podemos de acuerdo sobre lo que pasó hace 70 o 100 años, como vamos a llegar realmente a saber hace miles de millones de años? Practicamente no sabemos cómo funciona nuestro cerebro y en cambio si podemos afirmar que existen universos paralelos?
          No confundamos las hipótesis más o menos plausibles con la realidad. Ya puede esperar sentado al día que desde cero o mediante la simple combinación de elementos de la tabla periódica se consiga crear vida. Hasta entonces, defender que la ciencia da respuestas a todo me parece el mayor acto de fe, que se puede hacer. Si ni siquiera sabemos determinar el momento exacto en que se inicia la vida en el ser humano…

          • Si nos basamos en lo que se percibe de los creyentes apologistas, estaríamos ante la respuesta final a todas nuestras dudas: Dios.

            No veo mayo pretención y soberbia que presentar a ese dios como la verdad absoluta.

  • Nuestra percepción de la realidad exige que todo lo que existe tenga una causa. Ahora bien, una regresión infinita de causas es inconcebible, y, de igual manera, nuestra mente no puede aceptar una causa “primera” que no haya sido causada. Como agnóstico que soy, no tengo ningún problema en responder a esta cuestión con un “no sé”.

    • Concuerdo. Decir “no sé” no tiene que asustarnos. Es más honesto que buscar respuestas para justificar nuestros vacíos y temores.

    • Concuerdo. Decir “no sé” no tiene que asustarnos. Es más honesto que buscar respuestas en dioses para justificar nuestros vacíos y temores.

  • He empezado a leer y, por el cansancio de llevar toda la tarde estudiando, me he perdido más allá de la segunda conclusión. Habrá que dedicarle más tiempo al artículo, porque es muy interesante.

  • La nada no existe (inconcebible).
    Sí el ser.
    Siempre fue, es y será el ser (inconcebible pero, aún más, insoslayable).

  • Me ha gustado mucho el artículo, felicidades. Estaré atento a la continuación con el argumento teológico.

    Un saludo

  • Nuestra percepción nos enseña que tidi tiene que tener una causa. Pero si podria haber una causa primera ajena a las leyes del tiempo, lo que no es comprensible para nosotros.
    Luego es primera causa podria tener un ejecutor al que podríamos llamar Diós.
    Lo que aquí no queda dicho, es la implicación de Diós con nosotros más allá de esa primera causa, en el nacimiento del tiempo. Puedes llamar Diós a la causa primera, hasta creador, lo que no puedes es demostrar que Diós se un ente con consciencia, voluntad o hasta vida.
    Formaría parte de otra realidad, la cual no podemos comprender.

    • A mi me ha gustado mucho esa parte del artículo en la que decía que la omnipotencia implicaba una serie de características pèrsonales, a mi no se me habría ocurrido.

      Yo para empezar me decantaria por definir el concepto de Dios. Como bien dice el artículo a lo más que puede aspirar el argumento cosmológico es a demostrar la existencia de un creador, y como ya hemos visto, en realidad, la existencia de un origen.

      • Una “demostración” que podría atribuirse a todo lo que, apriorísticamente, podamos imaginar.

  • Perdón Manu, pero cuando hablamos de la “causa primera” estamos utilizando el concepto “causa” en su concepción ontológica, es decir, libre de condicionamientos temporles o espaciales. Por lo tanto, aun esa “causa primera” no podrá eludir la pregunta de cuál es su propio origen (qué la ha causado).

    • En mi anterior comentario hubiera sido más consecuente decir “cuál es su causa , y no “qué la ha causado”.

  • ¿y por qué la necesaria existencia de un solo Dios?, Satán ya estableció que era legión. Llegado el caso, este ser omnisciente es producto del que entra en la habitación. ¿No podía haber entrado antes otro y haberlo dejado?. Y con el encuentro con extraterrestres, ¿será su legado o el nuetro quien se imponga? NUEVAS PREGUNTAS A LAS QUE NADIE HA HECHO REFERENCIA.

    • En ese sentido el monoteismo es un avance lógico y obvio a la vision que propones, aunque insisto que debe definirse que estamos dispuestos a aceptar como Dios. Si existen varios dioses no son omnipotentes porque se limitarían entre ellos y por tanto no son dioses. En ese sentido me gusta la referencia de Abraxas (Dios) que a su vez contiene al Dios cristiano y al demonio. Los dos son entes distintos de Dios pero forman parte de él.

      • El monoteísmo sólo plantea una solución a la omnipotencia, pero el problema es que ella no sería necesaria para explicar la existencia del universo, así como otros “atributos” divinos.

  • “Si Dios existe el hombre es esclavo, y por lo tanto deberíamos hacerlo desaparecer. Con dos cojones!”

    “Si existen varios dioses no son omnipotentes porque se limitarían entre ellos y por tanto no son dioses”.

    “Siempre fue, es y será el ser (inconcebible pero, aún más, insoslayable)”.

    “La Ética o Filosofía moral habla sobre qué DEBEMOS hacer, es decir, nos aporta conocimiento moral, por ejemplo, que no debemos asesinar a los niños”.

    “Ahora, más importante ¿Por qué el hombre entró a la habitación? ¿De que color era esta?”

    “Defender que la ciencia da respuestas a todo me parece el mayor acto de fe, que se puede hacer. Si ni siquiera sabemos determinar el momento exacto en que se inicia la vida en el ser humano”.

    “Por otro lado, si la causa carece de tiempo, la Causa en sí misma puede ser la Última Causa”.

    “En un ámbito en donde no hay espacio-tiempo, no hay causa y efecto. Esto es inapelable”.

    “El libre albedrío puede explicarse como la limitación de un fenómeno aleatorio (relacionado con la mecánica cuántica) limitado biológicamente”.

    • Si tiene algo que replicar a estos comentarios, hágalo. Yo por mi parte podría hacer el esfuerzo de “estupidificar mi discurso” para que comprenda alguna de mis afirmaciones.

  • Me encanta las que se montan sólo para discutir si existe o no existe una cosa inexistente. Es super-LOL

  • Y toda esta discusión por un plato vacío. A mí un plato vacío no m dice nada.

  • Me ha llamado la atención el hecho de que se hablase de un “antes” del Big Bang, momento en que según entiendo se crea el entramado espacio-tiempo… si en ese momento se creó el tiempo no tendría sentido hablar de un “antes”, ya que es un concepto temporal, ¿no?

  • Interesante artículo, e interesantísima página. Soy creyente y, aunque lo he leído entero, no estoy lo suficientemente versado como para contestar: sólo sé de un tema -de los que me suenan- del que no has hablado -y no recuerdo si es que no estaba ni remotamente relacionado con el argumento criticado-: es la defensa del conocimiento de Dios por “analogía”, defendido más quizá por la teología católica que la protestante -que se ampara más en Kant, donde Dios, de existir, no puede ser conocido más que por un acto ciego de la fe, y en último extremo, como postulado de la razón práctica-.

    Este conocimiento por “analogía”, implica, si no lo entendí mal, que, si Dios existe -omnipotente, eterno, etc- sus cualidades son absolutamente suprarracionales -no somos capaces de entender ni las consecuencias ni la esencia de la “omnipotencia”, que mencionamos tan alegremente; ni de las demás “cualidades” de Dios-, y por tanto, todo conocimiento elaborado sobre Él no es sino una aproximación (analogía): similitud con algo de lo que conocemos por experiencia, pero que no puede verse reducido a la misma: la supera.

    Puede que sea también una petición de principio católica . De hecho, el discurso de Ratisbona de Ratzinger sobre “Dios como Logos”, salió en defensa de la razonabilidad de Dios, y de la importancia de aceptar esta premisa desde todas las religiones teocráticas, para avanzar en la desaparición de la violencia causada por la religión. Puede que sea más que nos convenga pensar así, que que sea así de hecho. (http://www.zenit.org/article-20352?l=spanish el enlace es malillo, pero no lo encuentro en otro sitio)

    Pero ya me estoy alargando: lo dicho, buen artículo, y os seguiré de cerca.

  • Sugerencia personal: me está entrando monos de darle al “me gusta” en los comentarios… ¿No podríais hacer algo?

    Venga, que no os cuesta nada…

  • El origen de todo este embrollo es pensar que la nada existe cuando no es más que un simple espejismo cognitivo.
    El concepto de “nada” nace de la ausencia de percepción. Cuantizamos esta ausencia al valor cero y nos quedamos tan tranquilos.

    La gente creyente me cae bien y me recuerdan a los niños cuando les cuentas una historia que necesitan que todo tenga un sentido y una lógica para sentirse tranquilos.
    La Naturaleza no necesita explicación, la explicación la buscamos nosotros. Porque las explicaciones nos tranquilizan.
    Que sean verdad o no es lo de menos.
    Creer en cosas que no son ciertas… lo hacemos todos los días y a todas las horas. La certeza real es secundaria, lo importante es la certeza moral.

    Lo siento, pero Dios no existe.
    Lo único que existe es la necesidad de trascender el instante siguiente.

  • Diría que es sencillamente estúpido creer en Dios, pero no es estúpido; la creencia en Dios es consecuencia del miedo a la muerte y de la ‘cara de pasmaos’ que se nos pone cada vez que pensamos en dejar de existir para siempre. El ser humano ha evolucionado creyendo en Dios o en alguna divinidad o en algo sobrenatural, eso está claro, y estamos evolutivamente diseñados para aferrarnos a cualquier esperanza de que nuestra vida no acaba y de que, después de todo, hay un sentido para estar vivos. Pero una cosa es nuestra necesidad y otra cosa es la verdad… Es altísimamente improbable que exista un más allá, que haya otra vida después de la muerte, que haya alguien sobrenatural que escuche y responda nuestros rezos, etc., etc. Hay cosas mucho más probables que mucha gente se niega a creer aún cuando se les presenten razonamientos sólidos y pruebas evidentes, como es el caso del Cambio Climático que muchos niegan. Sin embargo esos mismos se creen una historia que podríamos calificar de pueril, o de ‘cuento chino’. Vamos…

  • ¿Y para cuando el (II)?

  • Dios existe, y para cuando tengamos la capacidad de respondernos todas las preguntas que hasta el dia de hoy hemos sido incapaces de contestar acerca de el ya estaremos en su presencia nuevamente. Pese a nuestro ego debemos reconocer que no tenemos los recursos necesarios para explicarnos satisfactoriamente la existencia de Dios, simplemente esta fuera de todo alcance, esa es la razon por la cual la FE existe y cuando se quiere suplir la fe por la logica el resultado es una lucha de egos, frustraciones y fantasias sarcasticas incontestables. Gracias y respeto a todos los participantes.

    • Esperemos que no sea el dios cristiano. Lo digo por el currículum bíblico del personaje en cuestión.

  • El hechizo se mantiene, al parecer. Hay que deshacer el encantamiento y va costando habituarse a la mediocridad.
    Todo este despilfarro por un ‘subproducto’ de la evolución.
    Fer, lea a Vilenkin, hombre.
    Gracias por su esfuerzo, sr. Rodríguez y su deliciosa y cuidada sintaxis (sólo he encontrado un futuro de subjuntivo (¡!) algo chirriante, y un ‘podemos’ que habría de ser ‘podamos’).
    Saludos.

  • ¿Qué tamaño tiene el Universo? La ciencia dice, más o menos, que 14.000 millones de años luz. ¿Cuánto hemos explorado de ese universo? No hemos cruzado ni siquiera nuestro sistema solar.
    ¿No es muy pretencioso conocer muy poco y alardear que Dios no existe?
    El problema es cuál es el camino para conocer a Dios. Es decir cuál el método.

  • El hecho de que exista el Universo no lleva como resultado que exista Dios. La ciencia no tiene todavia respuesta para muchas cuestiones que suceden en el Universo, pero que la Ciencia no tenga las respuestas no da derecho a tener que situar a Dios como la unica explicacion.

    Tengamos en cuenta la historia y tengamos en cuenta la teoria del Dios de los vacios, porque justamente es este Dios al que se está alabando en este tema debido a que todavia no tenemos respuestas cientificas para poder explicar el origen del Universo.

    Recordemos que es el Dios de los vacios: El concepto del dios de los huecos o dios de los vacíos se refiere a una tendencia derivada del teísmo que establece que aquello que puede ser explicado por la razón humana queda fuera de la acción divina. Por lo tanto, la acción de Dios queda confinada a los huecos que la ciencia no puede explicar.

    Este concepto supone una interacción entre las explicaciones religiosas de la naturaleza y las explicaciones científicas. El teísmo tradicional asume un dios que está más allá de la naturaleza; como corolario, a medida que la ciencia progresa el espacio que le queda a dios se achica.

    El “dios de los huecos” a menudo se usa para describir el declive de las explicaciones religiosas de fenómenos físicos, a la luz de las cada vez más exahustivas explicaciones científicas. Podemos citar como ejemplos las descripciones primitivas de los fenómenos y objetos físicos (el sol, la luna, las estrellas, los truenos y los relámpagos) que eran dioses u obra de dioses. A medida que la ciencia ha encontrado explicaciones a través de la astronomía, la meteorología, la geología, la cosmología y la biología, la “necesidad” de un dios para explicar dichos fenómenos se ha reducido progresivamente porque le quedan huecos en el conocimiento cada vez más pequeños. Esta linea de razonamiento habitualmente concluye que dado que la ciencia cada vez explica más, el espacio para las explicaciones teístas o divinas de la naturaleza es cada vez menos plausible, en definitiva la hipótesis de la existencia de un dios se convierte en innecesaria.

  • Buen artículo y buen debate :-)

    Saludos y feliz año.

  • “Los hechos son el eterno lenguaje de Dios y las opiniones, el efímero lenguaje de los hombres”. Gabriel Celaya.

    Aún así, ¡buen debate! :-)

  • Ops, olvidabábame :-) En cuanto al “Dios de los vacíos” del que habla la última aportación al debate, somos muchos los creyentes que nos alegramos de que la Ciencia “rellene” esos vacíos con una explicación aún más ancha y larga de las “cualidades” de Dios. A mí en particular (y en principio sólo puedo hablar por mí, aunque sé que muchos piensan como yo, exceptuando a los literalistas, claro) me habla mucho más y mejor de la grandeza de Dios el hecho de saber que el viento lo producen los cambios de presión en la atmósfera, que dos angelotes soplando en dos esquinas diferentes del planeta :-) como se creía en la antigüedad, lo cual me parecería una explicación muy “poética”, sí, pero sosa hasta el hartazgo. Y lo mismo te digo de la evolución de las especies y cualquier otro descubrimiento más reciente. Me parece simplemente grandioso. A cada avance de la ciencia mi admiración hacia la Mente que está detrás del “invento” aumenta, como aumenta mi admiración por los técnicos y diseñadores de computadoras cuando alguien me explica con pelos y señales cómo funciona mi ordenador por dentro; alucino en colores, como dicen los chavales, y besaría los pies al creador de tan maravilloso artilugio, con mucha más razón que si me quedara “en la superficie”, mirando sólo cómo se mueve el cursor por la pantalla del monitor cuando empujo el mouse.

    Yo me inclino ante la ciencia, y le agradezco profundamente que aumente mi conocmiento del primoroso, majestuoso, minucioso trabajo de Dios en el universo.

    Una abrazo a todos, y de nuevo feliz año. Que sea mejor que el pasado, al menos. Es mi deseo para todos, de corazón.

  • Con sinceridad le digo estimado E.J. Rodriguez que usted me parece un tipazo que tiene intereses variados y que felizmente yo cincido con muchos de ellos, Basketball, Ajedrez, Historia, Filosofia, Ciencia. Aunque algo tarde estoy leyendo este articulo (y continuare con los siguientes) y me parece harto interesante al igual que el debate. Algunos somos muy absolutistas e inflexibles en nuestros comentarios y otros sabemos que no las tenemos todas con nosotros pero estoy seguro que usted coincide con el ideal de Voltaire “No estoy de acuerdo en nada de lo que dice pero daria mi vida por el derecho que tiene udted de decirlo”. Y a todo esto ¿quien modera los comentarios que se vierten aqui?

  • Acojonante este artículo. Claridad y orden expositivo para hacer sencillo un tema complicado. Nivelazo, ¡gracias! Los comentarios también están rayando la excelencia, ¡gracias, este espacio es una bendición!

    Echo en falta un buen físico que nos eche un cable y rompa los topicazos sobre las fronteras de nuestro conocimiento: la función de onda y la decoherencia entre lo macro y lo micro (¿colapso, copenhagen?, ¿muchos universos, everett?), la constante de planck (¡una constante, me mola!) y el patrón para medir la “acción” o tamaño de lo que puede ser grande o pequeño, la indefinición de que el límite clásico-cuántico sea solo el tamaño, la dualidad onda partícula (carácter corpuscular de la radiación y aspecto ondulatorio de las partículas), ¡existe un límite comprobado, el de la velocidad! (dilatación del tiempo, contracción de longitudes, aumento de la masa), la imposibilidad de la simultaneidad y del reposo absoluto (a cuenta del límite de la velocidad de la luz y de su relatividad), la energía del punto cero y la vibración de los electrones en forma de nube difusa, el principio de indeterminación que no solo imposibilita conocer el momento y el movimiento a la vez (lugar/posición y velocidad) sino que imposibilita conocer otras parejas esenciales de categorías, la superposición de estados posibles, la probabilidad de que un suceso dado acontezca en un momento determinado sin especificar cuándo ocurrirá, el intercambio de modo continuo de energía entre la radiación y la materia (cuantos de planck), el vacío mayoritario que hay en el espacio que ocupa la materia (en el universo: estrellas-gases-planetas-¿materia y energía oscura? y en el núcleo del átomo: electrones-protones-neutrones ¡hay bastas y extensísimas áreas de vacío y más vacío!), que exista un bosón para cada fuerza ¡ojo!, la teoría de cuerdas (ni punto-materia, ni campo-onda, sino vibraciones ¡ole! en 11 dimensiones, las cuatro de ahora más siete dimensiones compactificadas e inobservables en la práctica), la teoría del universo inflacionario (¿existe el inflatón? ¿o es un medicamento o algún tipo de música disco?), el fondo de microondas detectado que tumba o no la teoría del estado estacionario, la teoría M de los múltiples universos que se crearon de la nada, la naturaleza de la luz frente a la materia o cómo los neutrones, protones y electrones pueden emitir fotones ya que la mayoría de interacciones electromagnéticas entre partículas consisten en el intercambio de cuantos de luz (entre el núcleo y los electrones de la corteza para mantener unido el átomo o entre electrones en una descarga eléctrica), el cumplimiento de la conservación de la energía también en fenómenos como la desintegración radiactiva (e=mc2), el horizonte de sucesos en los agujeros negros donde se produce una singularidad y desaparece la luz y la materia pero queda grabada su información, una revisión de este mismo concepto para hablar mejor de un horizonte “aparente” que mantendría prisionera la materia pero sólo temporalmente, lo del flujo oscuro (que es de traca) y eso de que haya parte del universo siguiendo una determinada dirección por lo que tendría que haber otro universo que tirara de esa parte (en fin, telenovelas) y, sobre todo, ¿qué cojones significa que existan “magnitudes físicas cuyo espectro de valores es discontinuo”?

    Por Dios, lector bien formado en física, explíquenos, dénos luz, ¿qué es eso de estar en dos sitios o más a la vez, los saltos cuánticos y la tele-transportación, que dos materias se recuerden (ojo, que dicen que el agua tiene memoria), que dos puntos a inmensa distancia se muevan o se comporten igual, que surja materia de la nada durante instantes brevísimos, casi imperceptibles, y demás zarandajas que, siendo bien intencionadas, su representación o explicación más visual no hace sino perdernos y desorientarnos a los que no sabemos de física, ¿pero es que tú sabes lo que es de verdad un entrelazamiento cuántico?

  • Mi comentario anterior lo pongo porque al final, en el límite del conocimiento científico está la frontera a partir de la cual se puede especular. Aún con las limitaciones ya conocidas del lenguaje (Wittgenstein) y del conocimiento (Gödel), si no apostamos por una teoría que explique científicamente el posible origen del universo basadas en evidencias, no podemos iniciar un debate sobre si existe Dios o no. A partir de lo ya demostrado o sugerido con grandes fundamentos por los científicos, podremos los demás jugar a darle forma o cara a Dios. Quiero decir, que yo intento aprender física (no lo consigo) buscando a Dios. Existe: http://www.elmundo.es/opinion/2013/11/07/527bf08563fd3ddb188b4570.html y http://www.tendencias21.net/La-ciencia-y-la-metafisica-nos-trasladan-a-la-incertidumbre_a27410.html – No existe: http://entangledapples.blogspot.com.es/2011/09/la-ciencia-y-dios.html

  • Plas, plas, plas, plas!!! (Aplauso, a todos ustedes). Mi ignorancia sobre el tema solo me permite disfrutar como espectador, lo que está siendo fabuloso. Enhorabuena sobretodo al autor del artículo, me parece soberbio.

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