Arte y Letras Literatura

Dispara a la cabeza caliente del motorista ensimismado

Hunter S. Thompson

¿Sirve de algo una moto además de para provocar inquietud casi furiosa al peatón, ruido insufrible al vecino y una profunda antipatía al conductor de un taxi? Se puede afirmar que sí que sirve para algo más cabalgar esa máquina diabólica: además de la obvia satisfacción viril que procura al piloto, que siente cómo su cuerpo se funde justo por donde más duele con un artefacto que multiplica sus posibilidades de correr más, atronar más, ¿ligar más?, y como esto es un magazine cultural, sería pertinente subrayar tres casos de notables escritores a los que montarse en una motocicleta les ha supuesto penetrar en una nueva dimensión intelectual y así reflexionar, literariamente y de una manera más rica, sobre el mundo. Subidos a la moto, estos tres autores, o centauros, han visto la vida de otra manera, y para cada uno de ellos viajar en moto ha supuesto una forma diferente de expresar su ser más íntimo: la liberación, la introversión y la agresión. Hablamos respectivamente de Lawrence de Arabia, héroe a su pesar; Robert M. Pirsig, el autor del libro de filosofía más vendido de la historia y Hunter S. Thompson, un calavera metido a escritor que terminó inventando un género (el periodismo gonzo). Cada uno representa una forma de reflexionar sobre y encima de la moto que nada tienen que ver entre sí y que sin embargo suponen tres modelos de centauro, que, como se sabe desde los tiempos clásicos, es un ser mítico que está especialmente bien dotado para la guerra y las grandes cabalgadas, al que se le atribuye también una especial sabiduría… al menos se le supone a Quirón, el más famoso de todos.

¿Pero favorece de verdad el fermento de las ideas el hecho de viajar a horcajadas sobre una estructura de metal lanzada al viento sobre dos ruedas enganchadas por una cadena grasienta a un motor batido con furia por un par (o más) de cilindros? Lo que sí se sabe con certeza es que, mientras cabalga largas distancias con su motocicleta, la cabeza del piloto, sometida de manera constante al bronco murmullo del motor, adquiere un punto de calor cercano al que se aplica para cocinar el huevo duro a fuego lento. Se sabe que esto sucede porque el piloto se enfrenta durante horas, en absoluta soledad, con la desaforada aventura de sus pensamientos.

En ese lapso de tiempo —entre coger la moto y dejarla de regreso en el garaje— se aleja sutilmente del mundo; se podría decir que son unas horas en las que casi levita rozando el asfalto con la goma de los neumáticos. Esto tiene más consecuencias de las que parece: ese roce, casi una caricia, le aparta de lo que duele, de lo cotidiano que le obsesiona, de los gritos y las obligaciones, de la opresión de las pequeñas cosas y de la tiranía de las grandes también.

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15 comentarios

  1. La velocidad, el sentirse libre pilotando una moto o un coche descubierto, son una experiencia inefable para la que el lenguaje no está capacitado. Eso es todo.

  2. ¡GRACIAS!
    ¡Cuánto añoro mi Honda! casi tres años parada…pero volveré a montarte, seguro que volveré. Y volverán los buenos tiempos.
    V’ssss

  3. José Angel

    No renuncies a tu Honda, Iñaki.

    Y Cossack, no puedo estar de acuerdo contigo: aunque hay algo en común, el relato épico de la moto nunca será comparable al drama muelle y burgués que siempre supne subirse al coche.. aunque sea sin capota.. porque si llueve se la pones, ¿o no?

  4. Ya lo dijo Kevin Schwantz:Lo más divertido que se puede hacer con la ropa puesta.

  5. Un día jodido en el trabajo, bajo en el coche la rampa del garage y allí está, insinuándose en la penumbra, la miro y todo cambia…
    Muy bueno José Angel

  6. José Angel

    Pollomike, no sabría decir qué me gusta más de esas dos cosas..

    Gracias Ethan, Con la moto nos sentimos protagonistas (buenos) de nuestra propia película. Los malos son siempre los del taller.

  7. Enlacemos con una de las series favoritas de Jot Down: en el tercer episodio de la cuarta temporada de Mad Men, el británico Lane Pryce cena con Don. En un momento dado, le dice que le recuerda a un hombre al que conoció en el ejército y que terminó falleciendo en un accidente de motocicleta. Le habla de cómo todos le seguían, atraídos por su carisma, y añade ‘ensimismado’: «y sin embargo él ni siquiera se daba cuenta de nuestra presencia». Siempre lo tomé como una referencia a T.E. Lawrence.

    • José Angel

      Un ensimismamiento (siempre andaba un poco con aire de abstraído) propio de Lawrence. Así aparece retratado muy bien por David Lean y por uno de sus biógrafos, Jeremy Wilson.

  8. Perdón, pero… ¿el de la foto de arriba podría ser Clint Eastwood? Es que no lo acabo de reconocer, pero desde luego, se asemeja bastante.

    • José Angel

      Es Hunter S. Thompson en una de sus más famosas poses.. para vender su libro. Quizás te lo recuerde el revólver. Thompson se fotografió mucho con armas, botellas y motos.

  9. Me ha encantado el artículo. Los tres centauros son fascinantes.

  10. Pingback: 11/04/13 – Dispara a la cabeza caliente del motorista ensimismado | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  11. Pingback: T. E. Lawrence: El troquel (The Mint) – memorias del coraje. | kalais un retroblog marplatense

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