1. El intendente que no tocaba las campanas
¿Se puede condenar a un hombre por prohibir tocar unas campanas? Por supuesto que sí. ¿Se le puede condenar a pesar de sus múltiples servicios prestados, a pesar de desempeñar eficientemente el trabajo encomendado, de ser un leal y abnegado funcionario real y de haber proporcionado a la institución que lo quiere condenar la nada desdeñable cifra de 6000 nuevos feligreses? Pues sí. Se puede. Y tanto que se puede.
Veamos el caso del intendente Olavide.
Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui había nacido en Lima y había llegado a la Península después de una serie de sucesos que aquí no hace falta narrar. Además de funcionario real, era un intelectual ilustrado. Lo cual no le ayudó precisamente, como veremos.
Era muy aficionado al teatro. En Madrid monta una tertulia y teatrillo en su domicilio donde se representan obras traducidas por sus amigos y traduce él mismo obras francesas. Especial devoción tuvo por Racine y Voltaire; este último fue sin duda el autor francés más traducido por Olavide, a quien conocía personalmente. También creó la primera escuela de arte dramático del país.
Carlos III le encomendará los proyectos de colonización en diversas zonas del sur de España, siendo nombrado intendente de Sevilla y del Ejército de Andalucía y superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Como intendente de los cuatro reinos de Andalucía (Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada) Olavide gozaría de autoridad sobre los intendentes locales, en asuntos militares y de guerra. Pero su cargo municipal le daba plenos poderes en todo lo tocante a justicia, política y hacienda.
La colonización de Sierra Morena es su mayor proyecto. Se llevaron unos 6000 colonos (campesinos alemanes católicos) repartidos por distintas fundaciones: La Carolina, La Carlota, La Luisiana y otras, hasta un total de quince pueblos fundados en el proceso.
En 1775 se le abrió proceso inquisitorial y fue acusado de haber sostenido proposiciones heréticas, tales como haber defendido el sistema de Copérnico y “haber prohibido en las colonias que se tocasen las campanas a muerto, para que no se abatiese el ánimo de los pobladores que diariamente diezmaba la peste”. También se le acusa de defender la moralidad del teatro y de permitir los bailes públicos. Ingresa en prisión a fines de 1776. Fue declarado: “hereje, infame y miembro podrido de la Religión”. Se le condenó a exilio perpetuo de Madrid, de las residencias reales, de Lima, de Andalucía; a ocho años de reclusión en un monasterio, bajo las órdenes de un director de conciencia, que le enseñaría todos los días la doctrina y los dogmas de la fe católica, que le haría confesarse, oír misa, rezar el rosario y ayunar todos los viernes durante un año. Además, solo podría leer algunas obras religiosas. Sus bienes quedaban confiscados y él mismo y sus descendientes hasta la quinta generación eran excluidos de todo empleo público.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Un artículo estupendo.
La frase de Voltaire es un buen resumen del fondo del artículo.
Espero que siga.
Gracias.
Sí. Hay una segunda parte.
Un artículo muy interesante y triste, por lo mal que lo pasaron personas que eran inteligentes y tenían buenas intenciones, y que querían defender sus ideas o, simplemente, actuar en consecuencia. Un buen artículo.
¡Vaya país! Uno puede ser muy bueno en su trabajo, puede traer progreso y riquezas, pero si no va a misa «como todo el mundo», pues ya está en la lista negra. Y no se puede hacer nada.
Así nos luce el pelo…
Genial, esperando la segunda parte.
Ay, señor, ¡con la Iglesia hemos topado! Lo de la Inquisición en España fue algo del otro mundo. Primero los Reyes Católicos la instauraron para hacer de ella un instrumento político y unificador, y luego Felipe II le puso una alfombra roja con el Concilio de Trento y el aislamiento español.
Pero bueno, teníamos muchas tierras, muchos hijos dalgo, mucho ejército y más cojones que nadie.
Y tristemente, al final eso es lo que cuenta (o de lo que más se recuerda).
No. Con la iglesia toparemos en la segunda parte. Pero no quiero anticipar nada. ¡Qué Dios nos pille confesados!
Gracias por leerme.
Felicidades por el artículo y por la revista. Siempre hablando de cosas interesantes y desconocidas. Seguir así.
Muy bueno como de costumbre.
Pingback: Jot Down Cultural Magazine | La Iglesia, las iglesias y los hombres de Iglesia (II)
Pingback: Duda Hache – La Iglesia, las iglesias y los hombres de Iglesia (II)
Pingback: Una propuesta territorial para España - Jot Down Cultural Magazine