
La guerra introdujo el jazz en Europa. Esta afirmación, por chocante que pueda resultar, es tan real como paradójica. Los soldados norteamericanos que lucharon en la Primera Guerra Mundial no solo portaron sus armas, sino también su música al viejo continente. Las unidades militares a menudo se hacían acompañar de bandas, generalmente formadas por negros, que interpretaban marchas y ragtimes. La del 369º Regimiento de Infantería, los Hellfighters, destinados en Francia y dirigidos por el teniente James Reese Europe, interpretó en 1918 números sincopados tanto para militares aliados como para civiles galos. Gracias a grupos como ellos, el jazz llegó a territorio europeo con algunos años de retraso, pero de manera triunfal. Es curioso cómo, a pesar de ser una música popular de origen afroamericano, enseguida gozó de la admiración de las clases más pudientes. Artistas e intelectuales vieron en el jazz un signo de modernidad.
En principio, Inglaterra, Francia y Alemania fueron los países donde más rápidamente se asentó. Durante los años 20, Berlín se erigió en la capital europea del jazz debido a su intensa actividad nocturna en cabarets y salas de baile. El Wild-West-Bar programaba hasta seis bandas de jazz en una misma noche. En los 30, ese privilegio correspondió a París. Los músicos, escritores y pintores de Montparnasse acudían al Club Bobino para ver cómo la afamada bailarina negra Josephine Baker se desnudaba a ritmo de charlestón. Music-halls, tabernas, bistrós o nightclubs de la Ciudad de la Luz, enloquecían con los sonidos negros venidos del otro lado del Atlántico. El jazz se benefició de los movimientos literarios y asimismo inspiró a poetas y bohemios. La locura era tal que el distrito de Montmartre era conocido por entonces como el «Harlem de Europa».
Al mismo tiempo, en el período de entreguerras, muchos músicos norteamericanos y pequeñas orquestas se lanzaron a la conquista europea. La llegada de la Original Dixieland Jazz Band causó furor en el Londres de 1919. Ese mismo año, la Southern Syncopated Orchestra trajo por primera vez a Sidney Bechet a París. Sería el inicio de una serie de constantes visitas a la ciudad. Otros artistas, bien huyendo de la Ley Seca o atraídos por el dinero y la fama, se ganaron el respeto del oyente europeo. Nombres como Louis Armstrong o la orquesta de Duke Ellington alcanzaron una inmensa popularidad en Europa durante esa época, antes incluso que en Estados Unidos. Además, a medida que el jazz se hacía más bailable —la Era del Swing— los salones y hoteles de las grandes capitales se rindieron a los encantos de un estilo que caló hondo entre la juventud europea. El jazz conectaba con la gente, era diversión, pero también libertad.
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Genial como siempre! Haber si para los próximos artículos, y si te gusta la idea, pones un Playlist de Spotify con las canciones que más o menos vas nombrando, como ya hacen alguno de tus compañeros.
Realmente un placer leerte, tanto por aquí, como por tu blog, como por twitter!.
Muchas gracias, tomo nota de tu recomendación, Xavier, con respecto a la lista. Saludos
tanto que te gusta leer, a ver si aprendes a escribir
Una cosa es comentar las faltas y procurar escribir bien, y otra atacar a alguien por una falta de ortografía. Menos amargura, por favor, ya hay bastantes problemas en el mundo como para andar molestando a los demás.
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Simplemente genial!
Gran artículo. Felicidades. La historia de «Charlie and his orchestra» la primera vez que la vi fue en está página dedicada al libro sobre Lili Marleen de la germanista Rosa Sala Rose. Increíble cómo el jazz se utilizaba como arma propagandística. https://www.facebook.com/photo.php?fbid=392024700890745&set=a.352878154805400.85284.352478854845330&type=1&theater
Es curioso. Yo estoy estudiando en Alemania y al intentar acceder a los videoclips, las leyes de protección alemanas no me dejan escucharlas, que raro… ^^
Muy interesante artículo y bien escrito.
Aquí un enlace a otro sobre el mismo tema:
https://docs.google.com/file/d/0B3RbtUrgC_ohWWgwZUctYjNzSzA/preview
Muchas gracias. Valiosísimo enlace, desconocia la existencia de tu artículo. Sin duda mucho más completo y exhaustivo que lo que aquí se cuenta, que por otro lado no pretende más que dar una visión panorámica de la situación. Un saludo!
Solo apuntar que entre los detractores del jazz habría que incluir a Theodor W. Adorno, uno de los filósofos y musicólogos más importantes del siglo XX (pero que no era del bando nazi sino del comunista). Se puede rechazar el jazz también desde la cultura y la civilización. Otra cosa es prohibirlo, claro…
http://artilleriainmanente.blogspot.com.es/2013/01/theodor-w-adorno-moda-atemporal-sobre.html
enhorabuena, muy buen artículo Manuel. Te sugiero una segunda parte que trate sobre los músicos americanos de jazz que, tras la Segunda Guerra Mundial, se quedaron a vivir en París y en el resto de Europa, sobre todo negros, a los que se llamó Americans in Europe. Un saludo cordial.
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