Sociedad

Rostros sin firma

Vivimos en crisis. Cierto es que esta última, esa que recorre las arterias de nuestro país (España) en lo más profundo, afecta y mucho a los medios de comunicación y por añadidura, a nosotros los periodistas.

Las cifras abruman, sí, pero no queremos convertir esto en un lamento; o en una oda a lo cojonudos que somos por el simple y mero hecho de ser periodistas. No. Ni queremos dar pena. Ni sembrar alegrías. Ni alimentar corporativismos baratos, que cuando te das la vuelta se desvanecen en el día a día.

No. Detrás de cada cifra, hay un nombre, un apellido, una vida. Humanizar las historias es nuestro objetivo, y poner rostro a aquellos que, durante mucho (o poco) tiempo, han hecho que la información haya sido parte de nuestra vida.

Os voy a contar un cuento…

«Rostros sin firma»

Érase una vez una época en la que existía el periodismo. El humo del tabaco, el tintineo del hielo en el whisky, las medidas del tipómetro, el olor a tinta y el sonido de las rotativas hacían funcionar una cosa llamada Información. Como aquello que decía Enrique Meneses: «no tengo sangre en las venas, sino tinta de imprenta mezclada con un poquito de whisky».

Hubo un tiempo en el que se creía en el periodismo. Un tiempo en el que los sueños de muchos y las palabras de otros tantos conformaban una profesión. Cuando las redacciones de este país rezumaban profesionalidad; cuando se trabajaba codo con codo, cuando las noches eran larguísimas, los días eternos y los medios, más que escasos, insuficientes.

Una época en la que se abrieron las ventanas y entraron aires de libertad. Una libertad que hacía grande aquello que tocaba, aquello que mostraba, aquello que peleaba. Se crearon facultades. Se alumbraron medios. Nacieron grandes y poderosas firmas, nombres y apellidos de muchas letras con sentido. Importantes imperios informativos. Un momento en el que, como decía Gabriel García Márquez, «el periodismo era el mejor oficio del mundo».

Pero con la libertad, llegaron las nubes. Y las prisas. Despertaron los días grises, casi del mismo color que el de los trajes de aquellos hombres que comenzaron a gestar nuevos cambios. En los despachos se instaló el olvido de unos tiempos que no volverán. Se impusieron carreras de fondo para llegar primeros. Daba igual con qué, pero había que llegar. Y, por supuesto, ser más que tú, compañero de fatigas en otros tiempos, que ya ni quieres ser recordado.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

10 comentarios

  1. «Cuando las redacciones de este país rezumaban profesionalidad»…

    Pues creo que uno de los problemas en España ha sido precisamente la falta de calidad, si no por culpa de los periodistas de trinchera, sí de los directivos, de los redactores, y de los propietarios. Falta de calidad por carencias graves en todo eso de que se habla aquí: honestidad, implicación, compromiso, profesionalidad.

    La prensa en España está muy, muy desprestigiada. No es el único factor, pero sí es uno decisivo.

    La manipulación interesada en los medios de comunicación, periódicos y televisiones, ha sido grotesca, descarada, insultante, durante décadas. Siempre arrimados al poder. Ocultando o falseando, intoxicando.

    La alternativa está precisamente en recuperar esos valores (honestidad, implicación, compromiso, profesionalidad) que permitirían ofrecer calidad. La gente pagaría por contenidos de calidad, da igual el formato. Sobrevivirá la prensa con prestigio. The Economist genera dinero… ¡en papel!

    Jot Down es un buen ejemplo de que se pueden hacer cosas interesantes, independientes, abiertas, adictivas y tan buenas que la gente paga por ellas. Y deberían surgir más iniciativas parecidas en otro tipo de medios especializados o no. El País, La Razón o El Mundo acabarán hundiéndose. Ahí no hay futuro. No tienen nada que ofrecer.

  2. Pingback: “ROSTROS SIN FIRMA” | Sin Pelos En La Pluma

  3. Curro Burgos

    Sin palabras. Ya lo habéis dicho todo vosotros. Un abrazo a todos.

  4. A todos los que sienten la profesión de verdad quiero darles un mensaje de esperanza: hoy no existe periodismo, todo es manipulación, como ejemplo basta citar los tertulianos de partido o los medios apesebrados. Si te sientes periodista cuenta la verdad, lo que sientes, lo que vives, escríbelo hasta en las paredes,… grítalo, … no te quedes con las ganas, no busques un medio contaminado, trata de decir a los más próximos a ti la verdad que tu ves y volverás a ser periodista. Quizás esto no te ayude a pagar las facturas pero te sentirás útil a una sociedad que realmente necesita libertad y periodismo.

  5. Genial artículo, extraordinarias fotografías. La tragedia se vive diferente si no se tiene imaginación. Gracias por los rostros.

  6. PorComentar

    ElMundo, ElPais,TVE,TeleMadrid…y luego se les llena la boca hablando de honestidad,rigor,profesionalidad,verdad…coño,que cara mas dura

  7. David Peñasco Maldonado

    “Cuando las redacciones de este país rezumaban profesionalidad.”

    Sí, ahora que se echa a los veteranos es cuando nos llevamos todos las manos a la cabeza, ¿verdad? Pero en su momento no vimos a ninguna de las vacas sagradas del periodismo, ni a esos sindicalistas que tanto hablan de derechos laborales, mover un dedo cuando las redacciones se llenaron de becarios que hacían el trabajo por ellos, sin sueldo ni prestación alguna. Todo era: ‘¡Niño, baja al bar y tráeme un café!’, o que te dijeran: ‘Oye, que tú estás aprendiendo, no querrás encima que te paguemos, ¿verdad?’. Antes era: ‘Estos jóvenes de ahora… No hay trabajo, ¡mis cojones! Unos mantenidos, eso es lo que son…’; y ahora que doblan las campanas también por ellos, todo es llorar por las esquinas y echarle la culpa a Internet: ‘¡Uy, qué frío hace aquí fuera! A lo mejor no debí votar a favor del ERE’. ¡¡¡PUES QUE OS JODAN!!! ¿NO OS GUSTABA TANTO HABLAR DEL MUNDO REAL Y QUE YA NOS TOCARÍA ESPABILARNOS? ENHORABUENA: ESTÁIS EN ÉL CON NOSOTROS. SALUDOS DESDE ALEMANIA.

  8. Una de las mejores opciones es humanizar.

    Cuando generalizamos nos olvidamos de las personas, y si bien la unión hace la fuerza, al referirse a un colectivo (en este caso a los periodistas), desvirtuamos la injusticia.

    Hay profesionales magníficos, pero estoy un poco de acuerdo con comentarios como el de David Peñasco, ya que mucha gente se ha aprovechado (como en tantos otros colectivos) de los teóricos subordinados.

    Quizá a muchos sectores públicos les haya sucedido lo mismo.

    Llevamos muchos años denunciando la dejadez, la pérdida de citas, las negligencias, los retrasos en el transporte público, el nivel educativo, abusos en los organismos oficiales, horarios incompatibles con la gran mayoría de trabajadores, la burocracia y el «vaya a la otra ventanilla», y sólo cuando en el horizonte están los despidos masivos y el adiós al trabajo fijo, se llena la calle de camisetas de colores o se cierra un aeropuerto o el metro de Madrid.

    Sólo si humanizamos y escuchamos a todas las partes, conociendo los casos, podremos valorar correctamente todas las reivindicaciones, pero se echa en falta que TODOS rememos en la misma dirección y en todas las circunstancias, porque se corre el riesgo de que el resto nos importe un carajo.

  9. Cada día tengo más claro, que ese tal David Peñasco Maldonado, que hace miles de comentarios por internet…tiene la psique a años luz de un mongolo…

  10. Pingback: Esto no es nuevo | bernaltrivino.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*