Rubén Díaz Caviedes: Pídele cuentas a Franco

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Un buen día, hace ya algunos años, perdí el control de la mano diestra, que de buenas a primeras me empezó a temblar, a cerrase y abrirse porque sí y a dar ella sola unos respingos muy locos. No acabé cogiendo un gato del rabo y lanzándolo por la ventana, como Devon Sawa en la película aquella, pero casi. El problema no fue de posesión infernal localizada ni de síndrome de castañuela fantasma, sino de estrés laboral. Me lo dijo el médico porque se lo dije antes yo a él y me recomendó que me cogiese la baja, así que lo que hice fue salir de la consulta, irme a la oficina y dimitir directamente. Eso, un mes a Diazepam y oye, mano de santo, nunca mejor dicho. Después estuve en paro ni te cuento lo que estuve, pero la extremidad recuperó sus facultades prensiles que bueno, ni los monos.

Hoy lo que tengo mala es la conciencia, porque siempre he culpado de esto a mis jefes de entonces y me entero ahora por la prensa de que no, mira por dónde. De que la culpa ulterior de lo de mi mano la tuvieron el sol y su embajador en la Tierra, don Francisco Franco. El primero por no alumbrar España y su ultramar a las horas que Dios manda y el segundo por dar por buenas las que mandaba Hitler en su lugar, cuando le quiso hacer una gracia a Alemania y sacó al país de la hora de Greenwich —un meridiano, según un ministro, que pasa por Canarias igual que el Pisuerga hace lo propio por Valladolid— para que tuviera la misma hora que los países ocupados. El resultado fue que hoy en España el sol casi no se pone, pero por razones distintas de las de antaño. O no lo hace a todos los efectos, porque si se va no nos enteramos: nos levantamos tarde y nos acostamos tarde y por eso, claro, tenemos las jornadas laborales que tenemos. Normal.

No es que lo diga así el informe de la subcomisión del Congreso que ha pedido al Gobierno que valore devolver el país a su horario natural, aprobado con la mayoría parlamentaria del Partido Popular. Lo dicen, sobre todo, los periodistas y periodistos que esta semana nos afanamos —primera del plural, vaya eso por delante— en explicar la medida al lector, que sabrán ustedes que es una figura hipotética a la que hay que explicarle todo como a los niños chicos, según enseñan en la carrera. De esta manera concluimos, y llevamos haciéndolo así ya un par de semanas en los periódicos y la televisión, que retrasar los cielos de España una hora o dos, dependiendo de la estación, sería poco menos que la hostia en patinete, sobre todo para la conciliación de la vida laboral con la familiar. Porque la culpa de que en España, pongamos por ejemplo, el horario comercial llegue en ocasiones hasta las diez de la noche y retenga a los empleados barriendo la tienda hasta las once, una hora en la que los ciudadanos de otros países sueñan desde hace rato con la razón y sin producir monstruos, no es en absoluto de la empresa que abre hasta esa hora ni de la legislación que lo consiente. Es culpa de que aquí hace mucho sol.

Y a mí me extraña, fíjate tú, y no porque no me guste echarle la culpa de cosas a Franco o porque en nuestro país no haga en efecto sol, como sabemos que lo hace ustedes y yo, los alemanes de Mallorca y las plantas de interior. Pero es que, les cuento. Yo empecé a trabajar a los dieciséis años, por entonces los veranos y en hostelería, y comencé a hacerlo de forma continuada en puestos de trabajos cualificados el verano que salí de la universidad, el mismo en el que comenzó la crisis económica. Desde entonces jamás he tenido un trabajo, fuese el sector que fuese, donde no se echasen horas extra por sistema y donde, por sistema, no se pagasen. He hecho jornadas dobles en más ocasiones de las que puedo ya recordar —una jornada doble son dieciséis horas seguidas, aclaro por si nos lee algún ministro—, he trabajado en sitios donde lo habitual era entre diez y doce horas al día con un contrato de ocho y he trabajado ocho horas todos los días con un contrato —de becario— de tres por doscientos cincuenta euros al mes. He hecho madrugadas enteras, fines de semana y hasta festivos en los que no es que no te pagasen la extra, sino que ese día te lo descontaban de la nómina porque tú, oficialmente, estabas en tu casa de libranza. En ninguno de estos puestos de trabajo me han dado a elegir y en ninguno me lo han devuelto en días libres. A mi corta edad he echado más horas extra de las que mucha gente echará en toda su vida, estoy seguro, y jamás he cobrado ninguna. Pero es que ni una.

Pero por lo visto he sido injusto, lo dicho, alzando ese dedo acusador que se me quedó tonto en su día y culpando con él a los endemismos de la res hispana, al desamparo planificado al que se somete cada día más a los trabajadores y hasta al capitalismo, así de estupendo he sido yo en mi irresponsable verborrea. Incluso se me ha ocurrido pensar, qué osada es la osadía, que el rotundo «éxito de la liberalización de horarios comerciales» decretada hace un año en la capital, por citárselo como lo glosa Telemadrid in excelsis Deo, tiene algo que ver con la redistribución a lo ancho de las horas que trabajan buena parte de los que están de cara al público en Madrid, por ejemplo, y de que esta desregulación fomenta y mucho la jornada partida, enemigo natural de la conciliación. O que el hecho de que las grandes superficies puedan allí abrir de sol a sol, por seguir hablando de flexibilidad, tiene que ver con que los trabajadores del pequeño comercio se vean obligados a acometer jornadas interminables para sostener la competencia. Que la impunidad con la que las empresas y corporaciones obligan a echar horas extra ilegales —sin remunerar ni devolver— ha sido amparada y ampliada  por la reciente reforma laboral del Gobierno, y que si desde 2012 el permiso de lactancia se aplica día a día y solo a uno de los progenitores y puede verse modificado a través de los convenios colectivos es porque así lo impuso esta misma reforma laboral y no, como así es, por culpa de Franco. He llegado a pensar incluso, fíjense lo equivocado que estaba, que la ampliación de la jornada laboral de los funcionarios de la Administración impuesta por el Ejecutivo es la responsable de esto mismo: de que se haya ampliado la jornada laboral de los funcionarios de la Administración. Cuando, ahora lo sé, la culpa es de que tenemos demasiadas horas de sol. Y de Franco, claro. Como siempre.

Menos mal que, lo dicho. Ahí está la prensa generalista, con los medios públicos a la cabeza, para sacarme de mi error y no mencionar las condiciones leoninas de la contratación en nuestro país cuando hay que informar sobre la verdadera verdad verdadosa de los horarios en España: la de que el enemigo de la conciliación laboral no son nuestros legisladores, que a la postre son también los empresarios para quienes rinde todo esto, sino el sol y Franco. De no ser así lo mismo hasta habría pensado, desconfiado de mí, que el hipotético cambio de huso horario debería acompañarse de una gran reforma de la legislación laboral vigente, una que garantizase el derecho de quien trabaja a irse a su casa a una hora decente y que impidiese que quienes tienen dinero pauten y desnaturalicen el ritmo de la vida en sociedad. Incluso podría haber pensado que lo mismo pretenden cambiarlo todo para que nada cambie, como dijo Lampedusa en El gatopardo que hacen los poderosos. ¿Se lo imaginan? Qué error habría cometido.

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30 Comentarios

  1. Muy de acuerdo.

    El problema de este país no es el huso horario que manejejemos (aunque personalmente, preferiría estar siempre en UTC y no cambiar), ni siquiera la libertad de los horarios comerciales, sino las jornadas partidas, las horas extras y la interpretación del empresauriado español de que libertad de horarios implica abrir 24/7/365.

  2. Y ni siquiera haría falta una reforma laboral en profundidad porque la legislación actual sobre jornada máxima, horas extraordinarias y días de descanso no permite ninguna de las cosas que dices. Sería suficiente con cumplirla.

    • Cumplirla por parte de los trabajadores. Si la empresa te pide hacer algo que no está en el contrato, y además, aceptas, y GRATIS… ¿Qué cojones? No me entra en la cabeza que hayamos llegado a esto.

      He trabajado de albañil y de mozo, y las horas extra se me pagaban. Ahora, en un trabajo cualificado, lo que se lleva es tragar todo lo que te echan a última hora. Que alguien me explique por qué el empleado, un «mindundi» novato, dice «vale». Llegas a casa, te duchas y vuelta al trabajo… Y todo ello, por los 1000 € al mes.

      Anda ya.

  3. Me gusta el tono irónico del artículo, pero yo no lo veo de forma tan extremista: un poco de una, y otro poco de otra.

    Lo del huso horario… hay que corregirlo, y eso sí es culpa de Franco.

    Lo de las horas extras, pues que quieres que te diga. Trabajo en una consultoría informática y lo veo cada día, pero se que el panorama es desolador, y por lo visto, aquí, lo normal, es echar horas de gratis. Y a mi, no me da la gana. No las echo, y cuando me piden algo a última hora «lo siento, mañana». Bastante tengo con vivir a hora y media del trabajo como para, además, trabaje de gratis. El día que tenga que tragar y me amenacen con despedirme, tampoco creo que me lo piense.

    Trabajo para vivir, no vivo para trabajar. El problema real es que hay MUCHO lame culos, demasiado, y mucho tragón. Si nos hubiéramos negado a hacer horas gratis desde siempre, otro gallo cantaría. Y como veo que esto es lo que me va a tocar el resto de mi vida laboral, desde YA estoy planeando emigrar. Esta batalla la doy por perdida, y la culpa, en última instancia, no es sólo de Franco y del gobierno: es nuestra, que parece que somos gilipollas.

    • Muy de acuerdo, Edgar. El artículo refleja muy bien la mentalidad de victimismo y resignación en el tema de las horas extras. Qué cabe esperar de un país donde echar horas extra independientemente de si estás realmente trabajando o calentando la silla está bien visto.
      Señor Caviedes, si tantas horas extras ha echado, seguramente es porque ha querido, porque si no en un tiempo razonable hubiese hecho por mejorar su situación. Por la tanto lo siento, pero sus lamentos realmente no me llegan al corazón.
      Si queremos levantar el país, deberíamos adoptar la mentalidad que refleja Edgar.

  4. Estoy con Edgar. Trabajamos para vivir, los favores se hacen a la familia y a los amigos, no se deberían contemplan en el trabajo. No estoy diciendo que haya que negarse a trabajar horas extras, pero nunca gratis. ¿Flexibilidad, unir salarios a productividad? A ver si es verdad pero no sólo para lo que le interesa a la empresa. Si se trabaja 16 horas diarias entonces hay que cobrar el doble que cuando se trabajan 8.

  5. Pero alguien sabe de algun lugar donde pagen las horas extras? yo pensaba que eso era algo de los 90 nose a que viene ahora reclamar cosas que no se hacen

    • En 2006 yo cobraba horas extra a 10 € como «mozo» (chico para todo) en una empresa que se encargaba de pintar camiones.

      Hasta las ETT’s pagan por hora, al menos cuando tiré de ellas para trabajar en verano.

    • También tengo un amigo trabajando en Decathlon al que le pagan por horas.

      Ahora, pregunten a alguien que trabaje para Everis. Echará pestes de su empresa, pero seguro que es el último en salir de la oficina. Especialistas en agachar la cabeza y tragarse las horas extra dobladas.

      No lo entiendo, de verdad. Y no hablo de gente con hipotecas a cuestas u otros compromisos económicos que le hagan a uno temer quedarse sin trabajo. Hablo de gente de veintipocos, recién salidos de la carrera y en casa de sus padres.

      Lo que empieza a parecer muy de los 90 es lo de tener vida personal, hobbies, novia. No sé, cosas que hacer.

  6. Y nuestros queridos, eficientes e independientes sindicatos qué opinarán de ésto? Es un misterio casi irresoluble, sí, pero bueno, a veces me lo pregunto.

    • Siempre le queda la opción de afiliarse a uno y tratar de cambiar las cosas desde dentro. Ah, no. Que se está mejor en casa, lloriqueando con el teclado a través de Internet. Muy adulto todo, y tal.

  7. el cambio de huso horario nos equipararía con Portugal, con lo que a los que acostumbramos a visitar a nuestros queridos vecinos en cuanto tenemos oportunidad, se nos elimina la necesidad de adelantar el reloj una hora así que abandonamos Ayamonte… todo por supuesto, con permiso del Govern, al que esta cuestión le debe traer un poco a trasmano y seguro que prefiere quedarse en el huso que más se le aproxima… total, nuevo elemento de agrio debate a la vista

  8. Según tengo leído, el cambio al horario «alemán», ya lo adoptó el gobierno republicano en abril del 38. Franco lo readoptó, al parecer. Y según tengo también leído (leo muchas tonterías), existe alguien por ahí que lleva viviendo de este tema más de diez años. Cobrando de lo público.
    El artículo estupendo y cargado de razones. Una cosa es lo que se publica en el Boe, y otra muy distinta la realidad. A ver cuando aprenden a adaptar aquello a esta.

  9. Bravo, bravo y bravo
    Lo verdaderamente gracioso de este tema es que hay gente (y mucha) que realmente cree que este cambio de huso horario traera consigo un estilo de vida mas «europeo», es decir, llegar a casa a las 16-17h para disfrutar de tu familia…en fin, debe ser los mismos que creen que esto se soluciona yendo a las urnas cada 4 años

  10. Mucha razón pero, joder: este artículo es ilegible. Prosa más barroca y construcciones más pesadas no se han visto desde que Marcel encontró el tiempo.

  11. «Desde entonces jamás he tenido un trabajo, fuese el sector que fuese, donde no se echasen horas extra por sistema y donde, por sistema, no se pagasen.»

    O sea que a usted siempre le han pagado las horas extras. O eso, o se ha liado redactando la frase. Si es la primera opción, enhorabuena.

  12. Que fue antes: el huevo o la gallina? El empresario explotador o el trabajador que se deja explotar? Uno no existiria sin el otro.

    Dile a un trabajador estadounidense o aleman que se quede trabajando «entre diez y doce horas al día con un contrato de ocho (…) ocho horas todos los días con un contrato —de becario— de tres por doscientos cincuenta euros al mes. (…) madrugadas enteras, fines de semana y hasta festivos en los que no es que no te pagasen la extra, sino que ese día te lo descontaban de la nómina porque tú, oficialmente, estabas en tu casa de libranza» y veras a donde te manda. El español lo hace sin rechistar. A lo sumo, escribira un articulo quejandose en Internet.

    Por otro lado, mi novia hizo la carrera en España y practicas gratis (como es obligatorio en España) en un hospital aleman, de Erasmus. Su jefe flipaba y llego a ofrecerle algun tipo de compensacion economica. Alguien se imagina a un empresario español haciendo eso?

    Si uno detesta esta situacion, tiene tres opciones: la pataleta en Internet, la rebelion personal o el exilio. Como demuestra la ausencia de tildes, yo opte por la tercera, aunque en mis tiempos de currito en España opte por la segunda y no me fue tan mal.

    Respecto al huso horario, es demencial. Aunque no vaya a ser la panacea, es necesario cambiarlo.

  13. Buena mano has tenido en este artículo, Rubén. En mi opinión la bendita hora de más debería sumarse siempre al tiempo de descanso o de ocio en detrimento de la obligatoria del trabajo, que siempre debería sumar menos (los putos horarios partidos joden sobremanera a los currantes) pero eso me temo que fue, es y será… una utopía.-

  14. ¿Que no se «desnaturalice» el ritmo de vida en sociedad?» WTF?… ¿Y del sueldo natural y decente de 1.500 €/mes limpios qué? ¿Y de los clientes que van a comprar a esos comercios que están abiertos hasta tan tarde, incluso en algunos sitios los domingos qué?

  15. No te falta razón pero, como dicen por ahí arriba, la mezcla de ironía, doble negación y la propia construcción de las frases hacen muy difícil leer el artículo

  16. Las culpas se pueden repartir entre las empresas que abren centros comerciales 7 días a la semana de 9 a 10 de la noche, y entre las hordas de subnormales que tienen como plan de ocio vivir dentro de esos centros comerciales. Los currantes son el jamon del sandwich.

  17. Todos los octubre de cada año ratrasamos la hora. El resultado es que anochece una hora antes y amanece una hora antes.

    Si cambiamos la hora por la de Reino Unido volverá a pasar lo mismo otra vez, haremos que anochezca otra hora antes y que amanezca otra hora antes.

    ¿¿ Resultado ?? Que cuando todos estamos dormidos el sol iluminará las calles una hora antes que ahora y cuando todos estamos despiertos el sol se irá una hora antes con lo que habrá que gastar mas luz.

    Es increíble que tanta gente siga diciendo que el cambio de hora no produce ningún cambio en la luz solar.

    • En resumen: sea cual sea el horario el Sol está por encima del horizonte el mismo número de horas. ¡Qué raro que el Sol no se someta a nuestras leyes!

  18. Mi horario 9-17:30 LMXJV
    Mi mujer 11-21 MXJV 11-8 SD
    Mi hija 9-5 LMJV 9-1X

    Chupate esa vida familiar.

    Tenemos que contratar a alguien para llevar y recoger a la niña. Los fines de semana son tristes, no estamos los 3 para hacer planes.

  19. Cambiar el huso horario no va a hacer los días más largos; ni más cortos. En cuanto a la reconciñiación de los horarios familiar y laboral se hace lo mismo en un huso que en el otro, pues no es problema del número que marca el reloj. Respecto a los adelantos y atrasos tal vez llevasen un ahorro cuando se ideó, hace la tira de años, cuando las fábricas no funcionaban las 24 horas y cuando la vida no era tan ajetreada. Ahora los cambios horarios sólo traen problemas, desde la toma de medicamantos hasta la reducción de la leche producida por las vacas, que de relojes no tienen ni idea, pero sí de cuándo sale el Sol y cuándo se pone.

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