Economía de urgencia

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ImprimirJorge Juan es el seudónimo bajo el que se esconden seis economistas dispuestos a divulgar conceptos básicos de su disciplina para aquellos que estamos poco versados en la misma y que contemplamos la realidad desde otros puntos de vista. Ya editaron el libro Nada es gratis y ahora hacen lo propio con Economía de urgencia, donde se dedican a plantear y responder un brainstorming de preguntas que cubren todo el espectro de cuestiones que, a raíz de la crisis que estamos padeciendo, puedan surgirle a cualquiera. Al menos a cualquiera que no se dedique profesionalmente al análisis de la economía. Así, bien ordenados, en el libro aparecen interrogantes de toda índole, desde los más (aparentemente) simples como «¿qué es la economía?» hasta otros tan peliagudos y complejos del estilo de «¿pagamos demasiado poco a nuestros políticos?», «¿deberíamos eliminar el estado autonómico para ahorrar?» o «¿deberíamos aceptar los recortes sociales por nuestro bien?». Entre otro muchos.

Estas cuestiones y muchas otras están planteadas y respondidas de un modo sencillo y directo, en el que afortunadamente no hay demasiados tecnicismos ni continuas alusiones a argumentos de autoridad: se trata de que cualquier lector, sea cual sea su nivel de implicación con el mundo de la economía académica, pueda entender perfectamente cada párrafo. Así, es un libro cuyo primer objetivo es de la divulgación.

Naturalmente, es difícil tratar estos temas desde una perspectiva completamente neutral. La economía es una disciplina que va íntimamente ligada a la política y rara vez puede presentarse desprovista de sesgo ideológico. Este libro tiene, cómo no, un cierto sesgo ideológico (más en unos asuntos que en otros) con el que el lector podrá estar de acuerdo o no dependiendo de su propia visión del mundo. Pero lo importante, creo yo, es que se le da al lector la oportunidad de confrontar sus propias ideas con las expresadas en el texto. Dicho de otro modo: rara vez alguno de nosotros —especialmente si no se dedica profesionalmente al análisis de la economía— contempla estos asuntos desde una perspectiva global. En nuestros análisis de tertulia casera tendemos a analizar los diferentes problemas económicos por separado y también tendemos a plantear también soluciones independientes, a menudo más inspiradas por lo que sentimos que por deducciones producto de un largo razonamiento. Economía de urgencia, por el contrario, nos intenta hacer entender que todos esos problemas están íntimamente relacionados entre sí y que al final la solución para muchos de ellos podría ser la misma, o que en todo caso la lógica empleada para proporcionarles solución debería partir siempre de las mismas premisas, en la medida de lo posible. Así pues no se trata de que el lector coincida o no con las soluciones planteadas por el texto, sino que podrá poner a examen sus propias ideas al respecto.

Los autores del libro admiten lo que todos sabemos: que la economía no es una ciencia exacta. Las leyes de la física, por ejemplo, se cumplen siempre por más que no seamos capaces de entenderlas. La física no es una ciencia humana, en el sentido de que estudia leyes sobre las que no tenemos ningún poder ni influencia. Sin embargo, las leyes de la economía no son inmutables, o no lo son sus efectos, que varían dependiendo de que entendamos esas leyes o no. Esas leyes solo se cumplen si nosotros decidimos ponerlas en práctica: en este sentido, la economía es una ciencia social y el texto insiste en la idea de que los ciudadanos debemos ser conscientes de las consecuencias que tienen nuestras decisiones o las decisiones que queremos que nuestros gobernantes pongan en práctica. El libro presenta sus propias propuestas para solucionar la crisis, pero el lector bien puede creer en otras distintas y al final se trata de que ese lector reflexione sobre los motivos por los que cree en otras distintas. El ejercicio de dialéctica que cada lector entable con el texto («estoy de acuerdo», «no estoy de acuerdo») servirá para hacerlo más consciente de sus propias ideas, más interrogativo acerca de por qué él mismo piensa como piensa. Si coincido o disiento con lo que el libro plantea, ¿a qué se debe? ¿Lo he reflexionado bien o se trata de una postura visceral? ¿Creo que tengo argumentos para rebatir, matizar y contestar los argumentos del texto? ¿Son los argumentos que creo tener consistentes con una visión bien construida de la realidad o sencillamente forman parte de un paquete ideológico al que me he aferrado sin demasiado análisis previo? Quien suscribe, por si les sirve de algo, no coincide plenamente con el conjunto de las tesis de este libro, pero agradece que por una vez haya alguien que se tome la molestia de explicar con sencillez, claridad y con un buen arsenal de argumentos bien razonados por qué está diciendo lo que dice. Así pues, al contrario que con (por desgracia) la mayor parte de debates en televisión, radio y prensa, con este libro no se trata de si usted está de acuerdo o no y ya está, sino de si realmente cree tener argumentos para coincidir o para disentir de los argumentos con los que los autores han apoyado cuidadosamente cada una de sus explicaciones y propuestas. En este caso no hay escapatoria posible: han planteado sus análisis con tal sencillez y de manera tan directa, que para disentir el lector se verá obligado a considerar sus propias ideas con la misma sencillez y claridad, sin trucos ni autoengaños. En el libro, además, hay muchas puntualizaciones sobre la realidad económica en las que no siempre reparamos, al menos quienes no somos economistas y por narices estamos todo el día pensando en otros asuntos. No son puntualizaciones que encontrará fácilmente por esos debates de Dios, más tendentes a juzgar la economía y la política desde los apriorismos de la cruzada ideológica. Son puntualizaciones que a veces pueden parecer obvias una vez planteadas, pero que curiosamente no suelen formar parte de la argumentación de muchas personas.

Ante una situación como la que está viviendo nuestro país, situación que irá dando cada vez más pábulo —ya lo verán, tiempo al tiempo— a profetas portadores de soluciones mágicas o a extremistas panfletarios que pretendan tocar las fibras más viscerales de la población, se necesita más que nunca un esfuerzo colectivo para la reflexión común. Nunca todos estaremos de acuerdo en todo, esto es evidente, pero aún más importante que estar de acuerdo es saber razonar por qué se está en desacuerdo, y hacerlo sin tener que recurrir a la descalificación del contrario o a la glorificación religiosa de nuestra propia postura. Un libro como Economía de urgencia puede ayudar a que entendamos no solamente los mecanismos básicos de la economía en sí, sino la manera en que pueden presentarse las ideas: ordenadamente, razonadamente, con claridad y sin recovecos destinados a confundir a los disidentes. Si todos fuésemos capaces de expresar nuestro modo de ver las cosas según estos patrones, nos resultaría mucho más fácil no ya coincidir en nuestras ideas, sino incluso estar en desacuerdo pero sabiendo perfectamente que el otro quizá tenga también sus buenos motivos para pensar como piensa. Quién sabe, la solución podría estar en este libro… y si no lo está, que también puede que no lo esté, lo que ha de hacer usted es plantear la suya propia con idéntico orden, claridad y  apoyo argumental.

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