
Los hombres también lloran, y la procesión va por dentro. Quizá les venga de nuevo lo que acabo de anunciar, pero que no confesemos nuestros dolores más íntimos ante un té con limón no significa que no nos duela. Que no verbalicemos la angustia no significa que ignoremos qué nos aqueja. Simplemente, tiramos adelante sin abrir la boca. Somos «the strong, silent type», que decía Tony Soprano. Como los hombres de 1914, los que regresaron del Somme y aplicaron una sólida tapa de alcantarillado sobre las mutilaciones espirituales y los horrores insondables, y continuaron acarreando el trauma en la joroba, levantando familias y sosteniendo casas y llorando sus pesadillas en secreto en el baño. Sólidos, caramba. Con corazas, leches. Soportando el desmorone interior, maldita sea. Tipos que no abandonan el bote cuando asoma la primera vía de agua. Fulanos que no moquean en un diván de psicoanalista cuando aflora la inaugural cicatriz paralizante en el alma.
Así, voy a romper una omertá milenaria y voy a cantarles aquí algunos de nuestros miedos más horripilantes, los terrores que nos mantienen insomnes durante las largas noches de invierno. Son mis miedos particulares, pero —a la vez— puesto que no soy más que un individuo corriente y moliente, lo más probable es que sean también los suyos. ¿Mi método? Embotellar la desazón, envasarla al vacío (sin autocompasión termina asfixiándose) y a seguir andando. A seguir viviendo, como caballeros victorianos, como siempre hemos hecho, contando chistes y palmeando espaldas y vaciando bares. Contándonos cosas los unos a los otros que nos recuerden lo que somos: hombres. Hombres hablando con otros hombres. Capeando el temporal y mañana será otro día y esta ronda la convido yo, cachis en la mar.
1) Sufrimiento infantil: He escogido quizá el peor momento posible para hablarles de este miedo, porque estoy visionando True detective, una serie donde se maltratan más niños que en las colonias de verano de un colegio de curas. Por lo común puedo enfrentarme a cualquier tipo de salvajada catódica sin pestañear (hombres envueltos en llamas, catástrofes naturales de proporciones bíblicas, noticiarios de Telecinco hablando de «los catalanes»), pero entra en escena un niño y me transformo en una temblorosa y sollozante masa de jalea. En True Detective no nos ahorran explicaciones gráficas: en el último capítulo vislumbrábamos de lejos un VHS snuff-pedófilo sustraído a un gang de abusadores paganos, y al cabo de un fotograma el agente Marty entraba a un hogar donde un adicto de crack había colocado al bebé en el microondas. Con el resultado ya experimentado en felinos. Oh, gracias a la vida, que me ha dado tanto. He llegado a la conclusión, así, de que mi padecimiento espectador se debe solo a la presencia querúbica de los inocentes gurruminos. Sustituyan las escenas con «niño» por escenas con «antidisturbios» o «banquero» y allí estoy, abriendo la siguiente cerveza y sacando las palomitas. Y es por toda la inocencia magullada. Es porque ellos no habían pedido vivir esa ponzoña. Hay gente que se busca la tortura rectal y los picahielos carcelarios en el bazo, pero un niño jamás merecerá algo así (exceptuando al abusón de la clase de mi hijo mayor; ese sí). Los niños confían en uno de forma implícita, y me parece una perrada devolverles todo el candor con malevolencia y putrefacción. El futuro está en los niños, como dicen las más vomitivas canciones melódicas. Quítenles de encima sus sucias manos, monos asquerosos.
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Pingback: Los hombres también tiemblan: quince miedos masculinos y cómo sobrellevarlos con dignidad
Un artículo lleno de encanto. Enhorabuena. Por aportar un temor (es algo que seguro que añadirán muchos varones a continuación) yo añadiría a los ya dichos la conciencia de la enfermedad. Que uno se levante un día con un dolor, vaya al médico y después de unas pruebas el médico le diga: es un tumor maligno. Ser consciente de que uno ya se está muriendo debe ser la peor de todas las cosas que le suceden a uno. Peor que morirse, de hecho.
Las palabras más bonitas de nuestro idioma no son ‘Te quiero’ sino ‘Es benigno’ (Woody Allen)
Excepto por el miedo al pene fláccido y al hombre del sable (me dan más miedo las masas enfurecidas y armadas, quizá porque mi abuelo escapó por los pelos de ser fusilado por los milicianos por «oler a incienso») podría firmar el resto sin dudarlo.
En cuanto al cliché de que los hombres no saben o no quieren expresar sus sentimientos, puedo decir que mi experiencia personal es justo la contraria. Los hombres sois mucho más abiertos cuando hay amistad auténtica, de las de quererte hasta dar la vida por ti. Todos mis amigos de verdad son hombres.
Vosotros os ocupáis de lo que de verdad importa: la vida, vuestro legado, perdurar. El «sentido» del que habla Cristian Campos en otro (excelente) artículo. Las mujeres, por el contrario, se obsesionan con las relaciones y con el «qué dirán» que son tan variables como el ánimos de las personas implicadas.
Yo lo tengo claro: para salir a divertirme y ser frívola prefiero ir con mujeres. Para ser amigos de verdad, dame un hombre.
Y ahora, lapídenme, feministas enfurecidas.
Gracias :)
Hola Lady,
Quizas podrias plantearte que tu experiencia personal con los varones tambien extrapolable al mundo de las feminas. Mucha suerte – poca suerte.
No es justo que valores al genero femenino como frivolo e incapaz de tener amistades profundas. No te parece un pelin simplista? Cliches y topicazos mezclados con la cruda realidad de como crecemos, como se nos educa y el imaginario de lo que es ser mujer en este sistema patriarcal. Supongo que de esto a ti, ni te va ni te viene, ya que dices lo de ‘feministas enfurecidas’.
A mi, como mujer, me ha molestado profundamente tu opinion. Y yo, como mujer, tengo grandes AMIGAS con las que conecto profundamente y por las que daria todo. Sin embargo tengo menos amigos varones, aunque tambien buenos. Para quedarme con esos pocos amigos varones, a algunos primero he tenido que rechazarlos a nivel sentimental. Los hay que desaparecieron y otros quedaron, pero esa fase del interes sexual/sentimental ha sido bastante frecuente.. A pesar de esto no se me ocurre sentar catedra sobre el genero masculino.
Lo que creo que no hacen los hombres tan comunmente es atacarse entre ellos por ser hombres. Y esto es exactamente lo que estas haciendo tu con tu opinion.
Si no encuentras mujeres que sean como tu (o tu eres frivola y estas obsesionada con lo que piensan los demas??) quizas puedes cambiar de hobbies o buscar nuevos circulos.
Un saludo
Dicho sea de paso, me ha gustado mucho el articulo.
Vaya sarta de chorradas.
¿Por qué los editores de JotDown (¿no hay ninguno para revisar paridas?) no cambian el título por «Quince miedos que yo tengo, por si alguien también los tiene, sea masculino, femenino o neutro»?
Qué amargados están algunos. Si se hubiera titulado el artículo «quince miedos que yo tengo» habrían saltado otros diciendo que por qué el autor se cree tan especial, si otras muchas personas sienten algo parecido. Ganas de quejarse y soltar mala baba, en fin. El texto destila sinceridad y cercanía y me ha encantado.
Oye Xugar, qué koño es eso de pijamiles?
Me identifico únicamente con el nº15 y solo hasta la mitad del párrafo. Lo único que temo es decepcionarme a mí mismo. Los otros 14 +1/2 miedos me la traen al pairo.
Yo también tengo muchos de los 15 pero tengo otros, por lo menos 15 más de mi propia colección. Está simpático el artículo :)
Cuánto valiente!!
Cuando leo cosas tan buenas como esta me empiezo a preguntar, con una mezcla de asombro, ingenuidad y agradecimiento infinito, cómo leer el jotdown sigue siendo gratis, y me reconcilio con mi patria y hasta con el género humano.
El dia que cobren la pagina web dejan de hacerla. La cual no deja de ser una forma de promocionar productos que si cobran directamente, publicidad aparte.
Y despues, el nivel no es que sea precisamente como para plantearse cobrar nada. El mismo Amat, alguien a quien sigo hace mucho con cierto gusto, relaja bastante el esfinter a la hora de escribir para jotdown. Este artículo es un pasatiempo para cagar distraídamente. Y para los que lo leemos también.
Un buen ejemplo paradigmático del «hombre(cito)» contemporáneo español.
No, no es un halago.
Menos mal que están los próceres de la gran España para señalarnos el camino.
Joder, pues a mí me ha hecho bastante gracia en general y el cierre está fetén. Tampoco creo que pretendiera sentar las bases del estudio de la psique masculina del siglo XXI.
Entre ese tono irreverente encuentras fragmentos de ternura, te estás haciendo mayor Kiko, o será el efecto Jotdown.
el artículo tiene su punto. y te hace pensar sobre cuàles son tus propios miedos. como jr., yo tambièn incluiría el miedo a la enfermedad. en un mundo que exalta la salud, el hipocondrìaco es el anacoreta del siglo XXI.
M’has fet pensar en aquest poema:
http://writersalmanac.publicradio.org/index.php?date=2002/08/02
Con todo respeto, me parece que si reaparecen los militares del 36 seran los verdaderos hombres los que salgan a dar la cara. Y los hombres no se andan con tanto melindre y ombliguismo. Dicho todo esto con todo respeto por hombrecitos.
Hubiera sido un detalle haber dicho que no se pondrían spoilers de True detective…
Spoilers de True Detective!!
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