Seis joyas del siglo XXI

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Foto: Chris Shutterhacks (CC)
Foto: Chris Shutterhacks (CC)

Muchas son las listas que enumeran los hitos literarios que nos ha regalado la historia. Otras, menos pretenciosas pero igual de dogmáticas, centran su recolección de tesoros en la narrativa del ya difunto siglo XX. Pues bien, ni una ni otra interesan hoy. Hoy les propongo desgranar seis novelas que, a mi entender, representan lo mejor escrito en lo que llevamos de siglo XXI. Seis oportunidades para entrar en contacto con autores que quizá desconozcan o para afianzar su opinión sobre los mismos. He aquí seis joyas cuya lectura recomiendo encarecidamente a todo el mundo. Búsquenlas. Y disfruten.

Lo profundo del asunto, de Jonas Wingright (2008)

Jonas Wingright, Bristol (1953), no es un novelista al uso. Sus narraciones dibujan un collage de matices en los que la historia en sí no supone más que el hilo conductor mediante el que nos plantea su permanente miedo a una sociedad vacía. En Lo profundo del asunto, más allá de conjeturar sobre el bien y el mal desde el punto de vista de un joven manatí amazónico, el autor ejecuta un soberbio ejercicio de prosa poética. El protagonista, el orondo mamífero placentario, se ve inmerso involuntariamente en el devenir de una facción de la guerrilla guatemalteca en la que milita Iris, una hermosa mestiza de un solo brazo de la que queda prendada. Lentamente, con la precisión de un orfebre de los sentimientos, Wingright nos plantea la historia de un amor contranatural, una unión imposible entre bestia y mujer que el británico ni censura ni condena sino, simplemente, narra. La novela está trufada de giros argumentales que obviamente no desvelaremos pero que son los encargados de que la historia fluya a base de aguijonazos de temor y esperanza que nos conducen, paso a paso, a un insólito desenlace. «Lo profundo del asunto» marca, sin duda, un verdadero hito en la literatura contemporánea.

Cuando fuimos Grunits, de Mary Everet Poo (2000)

De ascendencia vietnamita, esta prolífica y reconocida autora kazaja tiene en su pluma una inigualable fábrica de matices. En sus novelas fluye siempre un halo de desolación que nos atrapa y adentra sin remedio en la brutal atmósfera Poo. El mundo oscuro que habita dentro de la propia Everet se convierte en canal y fuente de inspiración para sus historias. Historias como Cuando fuimos Grunits, una excepcional apología de la lucha por la verdad adornada exquisitamente con trazos de taoísmo y autocomplacencia vegana. Los Grunits se nos presentan como los extintos pobladores de Mintraj, otrora una de las ciudades más florecientes de Asia. Sin incidir ni especificar en cómos ni porqués, flota entre líneas el poso de un posible genocidio caníbal respecto al cual la autora decide mantenerse al margen y, por extensión, mantenernos en vilo. ¿Qué pasó en realidad con los Grunits? ¿Qué confería poder al Kygú, su garbanzo sagrado? Estas y muchas otras son las preguntas que nos acompañan a lo largo de una impecable narración sustentada por elaborados personajes, como es el caso de Zyt, híbrido mitad hombre mitad abeja sobre el que pesa gran parte de la trama. Acción, sátira y un envidiable sensibilidad de lenguaje hacen de Cuando fuimos Grunits una obra de arte intemporal.

Donde mueren los cedros, de Elijah Notch (2005)

Hablar de Elijah Notch es hablar del abanderado de la mejor corriente literaria que ha dado jamás el estado de Virginia. Criado en el seno de una estricta comunidad amish, el autor se caracteriza por abordar de un modo exquisito la cotidianidad humana. Sobrio, huyendo de alardes y parafernalias literarias, Notch nos plantea una historia sencilla y profunda que se desarrolla en la cordillera Troodos, en la isla de Chipre. La inesperada erupción del monte Olimpo pone en jaque a una humilde comunidad de pastores dos de los cuales quedan atrapados entre ríos de lava. De este modo, sin más opción que la de esperar y sin más futuro que el que les depare el capricho de la naturaleza, Thum y Viger, nieto y abuelo, repasan y rememoran la ancestral historia de su tierra y su familia, su evolución, sus méritos y los errores que, según el joven, les han conducido al más implacable de los estancamientos. «Viendo el ayer, veo el mañana. Y se me antoja insuficiente», sentencia Thum. Minuto a minuto, asistimos a un sutil cambio de roles en el que el maestro aprende y del aprendiz emana la auténtica sabiduría. Se trata de una novela humana e intimista, aderezada de ecología, en la que se pone en tela de juicio el valor de las tradiciones y en la que, una vez más, el hombre no tiene más remedio que postrarse ante aquellos poderes que son netamente superiores a él.

A merced de Claudia, de Iván Cortzi (2002)

Iván Cortzi reconoce que ideó esta excelente novela en el tren que cada mañana une Turín con Varese y a mitad de cuyo trayecto observaba siempre a una joven campesina. Lo común de su presencia unido a la certeza de que jamás llegaría a conocerla impulsaron al autor a embarcarse en un proyecto que a la postre ha resultado ser un indudable referente en el denostado género romántico. A merced de Claudia nos sitúa en una Italia convulsa dominada por la corrupción, la injusticia y un conjunto de creencias anacrónicas que salpican el relato con tintes sobrenaturales. La batalla entre la razón y la fe genera el enfrentamiento brutal de una sociedad arcaica que lucha por avanzar. Y en mitad de la contienda, dos almas, dos criaturas de naturaleza frágil pero de propósitos firmes. Claudia y Enzo abanderan esta epopeya moderna en la que partimos de un mundo que se nos presenta irremediablemente perdido. Se trata de una historia de amor, eso es innegable, pero aquí el amor no emerge como protagonista ni como fin sino como mero salvoconducto. La sensibilidad con la que el genovés viste a sus personajes marca un antes y un después en la galería de héroes anónimos que salpican nuestra literatura. La novela no dejará a nadie indiferente. Es más, aventuro que si el autor mantiene este nivel, pronto todos quedaremos «a merced de Cortzi».

El tridente de Moisés, de Brigitte Urklen (2006)

Brigitte Urklen tiene un don para coquetear con el surrealismo. La escandinava se desmarca de la etiqueta de novela negra predominante en su tierra a través de una prosa fresca y cargada de simbolismos. Para ejemplo, esta breve pero exquisita historia en la que se nos plantean los entresijos de un hipotético pacto entre el profeta Moisés y el dios Neptuno que a la postre derivará en la bíblica apertura del Mar Rojo. Madame Medusa y Monsieur Calamar capitanean un inverosímil bestiario de adorables personajes de los que resulta imposible no enamorarse. Un elenco de variopintos juristas, notarios y albaceas debaten a contrarreloj los pormenores del acuerdo mientras, en la orilla, un pueblo de Israel formado metafóricamente por alpargatas espera en tensión el resultado de las deliberaciones. El tridente de Moisés es una novela divertida, canalla e incluso algunos dirán que ingenua. Pero aquí ya no destaca el fondo sino la forma. Urklen es a la literatura lo que Adrià a la cocina y su genialidad reside en la búsqueda de nuevos lenguajes que quizá sean censurados por irreverentes e incomprendidos. Si desean leer algo absolutamente diferente a todo lo que conocen, esta es una oportunidad única.

Las cerezas no vuelan, Anne Marie Lacovina (2012)

Cuando en 1991 se publicó Su grotesca majestad, primera novela de Anne Marie Lacovina convertida ya en obra de culto y traducida a más de cincuenta idiomas, esta joven autora búlgara sentó los precedentes de lo que iba a ser una carrera meteórica. Su último gran éxito, Las cerezas no vuelan, nos sumerge en el macabro escenario de la guerra franco-prusiana a mediados de 1871. En un mundo de crueldad, muerte y desconfianza, dos artilleros enemigos en plena huida coinciden al ocultarse en un establo. Jean Claude, soldado del II Imperio Francés y Karl, perteneciente a la Federación Alemana del Norte, dejan a un lado la obligación de matarse y se embarcan en un romance que saben inviable. De vuelta cada uno a sus frentes y encargados de los cañones que martillean la trinchera rival, idean una manera de comunicarse envolviendo con cartas las mortales bolas que les sirven de munición. Así, cada devastador disparo va acompañado de su romántica misiva. Con trabajados giros y un portentoso moldeo de personajes, Lacovina juega a desplazar la frontera entre el horror y la ternura. El resultado es una novela excelente e inclasificable que explora los límites de la naturaleza humana.

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27 Comentarios

  1. «Conjeturar sobre el bien y el mal desde el punto de vista de un joven manatí amazónico». No cuela, cariños, no cuela.

  2. La de Las cerezas no vuelan tiene una pinta estupenda, podría estar llamada a fundar el género bélico-romántico, sobre soldados enemigos que se aman.

  3. Casualmente las he leído todas, y varias más de esos autores. De la del manatí amazónico ya están adaptando un guión para la película. Lo interpretará John Goodman, según creo, aunque aún no está firmado el contrato.
    En el último tenéis una errata: Karl no es de la Federación Alemana del Norte, es prusiano, de ascendencia austrohúngara, lo cual marca su carácter, agrio, despechado, y un poco dictatorial. Y exento de sentido del humor.

    • Hombre, en Las cerezas no vuelan, la parte en que Karl para conseguir una erección canta en voz en grito «der freischütz» mientras pasan por su mente imágenes de Otto Von Bismark golpeando a Napoleon III con un palo me pareció muy rica en matices.

  4. Lo increíble es que al buscar en Google, se encuentra uno los blogs y webs que plagian el artículo sin siquiera chequear su veracidad. Copy paste del peor. Jeje

  5. Sinceramente, esto me parece una nueva muestra del poco criterio y rigor de esta revista. He leído «Sacrificio en el embarcadero» de Mary Everett Poo (2003) y me parece infinitamente superior a Cuando fuimos Grunits. Del resto de autores no tengo excesivas referencias, pero me sorprende que no se mencione a Ursula Van Atoppe ni a Klaus Mons Ergah.

  6. Es una injusticia que no le hayan dado aún el Premio Nobel a Lacovina. Por cierto que este no es su verdadero apellido, se lo cambió para rendir homenaje a su tío, héroe de guerra en el que se basa esta obra.

  7. Me lo estaba creyendo, ¿pero un manatí amazónico (que no existen) que de algún modo llegó a Guatemala? O estos gringos son muy ignorantes o el autor es el ignorante y no ha oído hablar de América Central.

    Por lo demás, varias me parecen buenísimas ideas para libros. Fue divertido.

  8. Buenas a todos. Gracias por leer y gracias por jugar a los que habéis entendido esto como una pequeña gamberrada cuyo objetivo era el de divertirnos un rato.

    Y dos cosas en referencia a los comentarios. Respecto a la influencia de «Operación Palace», aunque no sea necesario, matizar que este artículo se escribió un mes antes de la emisión del programa de Évole. Y lo de que no existen manatíes amazónicos: http://es.wikipedia.org/wiki/Trichechus_inunguis

    Un abrazo y hasta pronto.

    Rafa

  9. Muy divertido, me ha recordado a los juegos de Casaubon y sus amigos en la editorial de Milán, Manuncio y los AAF.

  10. Creo que esta página es verdaderamente buena, no se digan sus contenidos, gracias por crear tal cosa, saludos

  11. Es graciososillo, se pueden desarrollar cosas así hasta el infinito, pero hay ejemplos de este tipo mucho más irónicos y con más mala leche. Por ejemplo, en «la literatura nazi en América» de Bolaño, algunos personajes son casi verosímiles.

    Aun así me he reído mucho con el virginiano que escribe sobre Chipre

  12. Y cuatro o cinco décadas antes que usted lo hizo Borges, y, en los noventa, Bolaño. Y, de otra forma aunque con la misma idea, Marcel Schwob o Alfonso Reyes. Y en muchos sentidos Foster Wallace y Vila Matas o Rodrigo Fresán y Cortázar. Ni lo de Évole ni lo suyo es novedoso, ni lo de los que cito, todo remite a Cervantes, Sterne y otros (hasta donde yo puedo retroceder por lo que conozco)

    P.D. Esto es para el que resaltaba lo de Évole, supongo que lo del sr. Vives es premeditado; no así el comentario.

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