La mirada de Francis Halzen es directa y serena. Con los brazos cruzados en torno al pecho y una sonrisa casi irónica bailándole en los labios, su pose es relajada y cordial como corresponde a un científico de su talla. Pero hay algo más en este respetadísimo físico teórico, que también es el director del experimento más interesante del momento, el gigantesco telescopio de neutrinos ICE CUBE, sito en la Antártida. Necesito unos instantes para entender de qué se trata, pero cuando caigo en la cuenta, no puede ser más obvio. Este afable caballero es un tipo peligroso. Pertenece a una clase especial de científicos, los depredadores, que nunca abandonan la caza hasta que consiguen que la propia naturaleza se rinda ante ellos. De hecho, nada me cuesta imaginármelo presentándose a sí mismo así: «Me llamo Halzen. Francis Halzen». Claro. El agente 007 de la física.
Recientemente ha saltado a la fama por el descubrimiento de neutrinos extraterrestres (posiblemente extragalácticos). Francis, por favor, dinos cuándo y cómo se te ocurrió la idea de construir un detector de neutrinos en el Polo Sur.
Si la memoria no me falla, la idea surge mezclando dos ingredientes principales. El primero era que tenía conocimiento del proyecto DUMAND, que había definido la idea de construir un gran detector de neutrinos, basado en el efecto Cherenkov, empleando un gran volumen natural de agua. El concepto surgió en Rusia en los años noventa, pero el primer intento serio de realizar un experimento similar tuvo lugar en Hawái, donde querían situar un detector (denominado DUMAND) cerca de cuatro kilómetros bajo el nivel del mar, al lado de la costa de la principal isla de Hawái. Aunque nunca participé en ese proyecto, lo sabía todo acerca de él porque trabajé con teóricos en Hawái, y a menudo iba a desayunar con gente que trabajaba en el proyecto DUMAND. El segundo ingrediente era que estaba trabajando en la detección de neutrinos en el hielo con el físico español Enrique Zas…
¿Con nuestro Enrique Zas, de la Universidad de Santiago de Compostela?
¡Efectivamente! Entonces él era estudiante de doctorado en Madison, y estábamos trabajando en la idea de detectar emisiones de radio de neutrinos en el hielo. Cuando el neutrino interactúa, de hecho emite radiación Cherenkov en la banda de gigaherzios. El físico ruso Askaryan había sugerido el concepto en 1963, pero los artículos originales no habían mostrado cuál era la potencia de la señal, en apariencia debido a que, por aquel entonces, los rusos no tenían suficiente potencia computacional. En realidad se trataba de un problema difícil de resolver, y Enrique lo solucionó de forma brillante. Pero de otro lado, conocía DUMAND, y combinando ambas ideas surgió la posibilidad de construir un detector de neutrinos en el hielo.
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¡Brillante!
¿¡Seguro que lo que dice este hombre no es cachondeo!?
Me refiero, por ejemplo, a esa distinción entre físicos fundamentalistas y físicos vanityfair.
¿¡…qué pasa con esa ciencia puntera, ¿¡de qué va!??
Me parece que el nivel es demasiado alto, incluso para lectores de cultura científica media. Demasiado abstruso para un lector de Humanidades. Los entrevistadores estarán encantados de conocer personalmente a este tipo y se lo contarán a sus colegas e incluso a sus nietos, pero a la mayoría de los mortales nos pilla demasiado lejos este mundo.
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«cultura científica media» dices? siendo de Humanidades? permítame que me ría.
Soy de ciencias, tío listo… y bastante aficionado a la Física, por cierto. El nivel es demasiado alto para mí, aunque seguro que no lo es para un lumbreras tan sobrado como tú.
¿Nivel alto? si sólo ha contado anécdotas y un par de cosas de óptica.
No importa que no tengas ni repajolera idea de física, la historia es deliciosa y el personaje delicioso. Un placer.
Increible jot down, entrevistaza!
¡Como si los alumnos necesitasen, encima, que se les animara «a no leer»? Soy profesor (¡de adultos!) y hasta resulta complicado que un alumno se pasa toda una clase de dos horas sin poder tocar su dichoso smart-phone.
¿Es ese un mensaje apropiado y positivo en la sociedad en que vivimos? ¿Hacer cosas? Bien. ¿Y leer no es hacer? Esa opinión respira un anti-intelectualismo peligroso. Es cierto que en España nos falta iniciativa, muchas veces creatividad y ganas de experimentar. De acuerdo. Pero leer menos no creo que sea un antídoto eficaz para, necesariamente, «hacer más». Además, ¿hacer qué?
Evidentemente, no es lo mismo dar clase a adultos que no fueron capaces de acabar sus estudios de niños (que será el caso más habitual en tus clases) y dar clase a doctorandos de física teórica. De ahí que los consejos que él da a sus alumnos sean necesariamente distintos que los tú darás a los tuyos.
Me ha encantado la entrevista. Felicidades por vuestro trabajo.
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