
Existe una modalidad de ensayo muy atractiva, a veces más cerca de la crónica periodística y otras de la literaria —si es que es posible separar ambas cosas—, que no tiene empacho en relacionar los conceptos que trate, por muy sesudos que a priori puedan parecer, con la anécdota personal. En las manos adecuadas, de esta mezcla entre el mundo objetivo de ahí afuera y la subjetividad cotidiana surge un espléndido fruto que hemos dado en llamar «ensayo» o «crónica», pero que de hecho escapa a los límites de cualquier género, y que suele reflejar e incluso celebrar esa mezcla de roles profesionales y familiares que nos define a todos en general y a las mujeres en particular. Por eso, muchas de estas piezas inolvidables —léanse autoras como Adrienne Rich o Joan Didion— suelen estar escritas por mujeres, que son quienes tradicionalmente mayor número de «malabares» tienen que hacer (traducción literal de «juggling», típica de la expresión «juggling with roles», pero que también significa «hacer trampas») con todas las exigencias que la vida les pone por delante.
En manos no exclusivamente —aunque preferentemente— femeninas, esta actualización de la miscelánea renacentista, contraria a la especialización, no reconoce prioridades en función de instituciones de prestigio frente a labores consideradas de poca importancia; y así, cambiar un pañal o llevar a un hijo al dentista adquiere idéntica trascendencia que preparar una ponencia para un congreso, o bien lo segundo queda desprovisto de su «supuesta» significación. Aprender a leer la vida propia de este modo, sin plegarse a lo que solo tiene reconocimiento público y sin tratar de compartimentar lo que, de todos modos, constituye un continuum, acaso no rebaje la carga a menudo excesiva de trabajo e incluso dificulte la precisión del resultado, pero sí ayuda a enfocar el porqué de lo que se hace de un modo más consciente.
Todo esto viene a cuento por una recopilación de ensayos que ha caído en mis manos (The grand permission: new writings on poetics and motherhood, editado por Patricia Dienstfrey y Brenda Hillman), en la que un grupo de poetas estadounidenses nacidas entre 1940 y 1970 reflexiona sobre la poesía y la maternidad dentro de un panorama incluso más amplio donde se reconocen como madres, parte de una pareja —o no—, profesoras, escritoras, etc. La mezcla de situaciones y sentimientos que generan unas vidas tan ajetreadas es igualmente variopinta: felicidad, inquietud, estrés, frustración, plenitud, agotamiento… toda la gama posible que no es exclusiva de poetas, sino de cualquier madre trabajadora que, además, no se pueda permitir rebajar ese ritmo acelerado de vida.
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