La lucha contra las barbas: una perspectiva histórica

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Imagen: Cortesía de beardtoken.

Les confesaré una cosa: no me gustan las barbas. Nada. Ni un poquito. Tranquilos, no se asusten, no se vayan tan rápido. Soy tolerante en lo que a una descuidada barbita de tres días se refiere. Lo que no soporto es la invasión de las barbas tupidas, de semanas, ¡meses incluso! a la que nos vemos sometidos últimamente. Pueden imaginarse que con la fiebre barbuda que coloniza nuestra sociedad de un tiempo a esta parte, por la cual se ha negado a las mujeres el derecho a conocer el rostro de quien las corteja, mi postura no es especialmente popular. Barbas con flores, artículos sobre por qué enamorarse de un hombre con barba, material y más material online sobre cómo cuidar, recortar, acicalar y mantener perfecto el peludo accesorio nos acechan por todas partes, y aquellos felices años en los que la imagen del hombre atractivo incluía siempre un perfecto afeitado se alejan tristemente hacia el pasado.

Dadas las circunstancias, parece que la lucha contra la invasión velluda podría ser propia de unos cuantos pognófobos exaltados (pognofobia: persistente, anormal e injustificado miedo a las barbas). ¿Pero y si les digo que nombres tan importantes para la historia como pudieron serlo Alejandro Magno, Enrique VIII de Inglaterra, o el zar Pedro I el Grande fueron también simbarbistas, y gobernaron en consecuencia? Les invito a hacer conmigo un repaso de la historia y a conocer a quienes pusieron su granito de arena por conseguir una sociedad afeitada.

Comencemos nuestro recorrido por la cuna de nuestra civilización: la antigua Grecia. Pero antes de observar directamente a sus habitantes, hagamos un pequeño rodeo para ver qué encontramos por el Olimpo. Es cierto, Zeus era quien manejaba el cotarro y poseía sin duda una frondosa barba. ¿Pero se pararían ustedes ante una estatua suya, salivando ante su abrumador atractivo? Quiero pensar que no. ¿Y si les hago esta misma pregunta, pero sustituyendo a Zeus por Apolo? ¿A qué entonces cambian las cosas? Díganme ahora… Este tal Apolo, ¿lleva barba? Exacto. El dios de la belleza masculina de la antigua Grecia lucía un perfecto afeitado. Y ahora, dejemos tranquilos a los dioses para volver al mundo terrenal.

La barba era común en la sociedad griega, donde su existencia se consideraba un símbolo de sabiduría, y su ausencia una señal de afeminamiento. Los grandes sabios y filósofos de la época solían llevar largas barbas, y en ocasiones, se utilizaba el afeitado como castigo para los delincuentes, al ser este visto como una forma de humillación. Las tornas comenzaron a cambiar ante la aparición del primer simbarbista de la historia: el gran conquistador Alejandro Magno. El soberano macedonio, a quien al contrario que a sus antecesores siempre vemos representado afeitado, fue entre muchas otras cosas el fundador del simbarbismo, al hacer que todo su ejército se armase… de navajas de afeitar. Alejandro consideraba que el vello facial podía poner a sus soldados en situación de desventaja en las batallas, ya que si sus enemigos tiraban de sus barbas en pleno combate cuerpo a cuerpo esto distraería la atención del combatiente, y podría ser aprovechado para asestar un golpe mortal. Espero que si usted está leyendo esto mientras se atusa la barba, corra raudo y veloz a su proveedor de cuchillas de afeitar más cercano. Recuerde: es por su seguridad, estar afeitado no solo le hará más guapo, sino que alargará su vida.

Caricatura del Siglo XVII, sobre el impuesto de llevar la barba. (DP)
Caricatura del Siglo XVII, sobre el impuesto de llevar la barba. (DP)

Existen muchas similitudes entre la cultura griega y la romana, pero precisamente las barbas fueron uno de los símbolos que los habitantes del Imperio romano utilizaron para diferenciarse, y es que en Roma el hecho de ir afeitado pronto se convirtió en un signo de ser ciudadano romano y no griego. Esto no fue así desde el principio, sino que debemos agradecer tal cambio a Publius Cornelius Scipio Aemilianus Africanus (Escipión el Joven para sus amigos), conocido por haber sido elegido cónsul por aclamación pese a ser demasiado joven según la legalidad vigente que las leyes duerman por esta noche», se dijo entonces), y por haber llevado a cabo la conquista de Cartago. Su verdadero legado para la historia, sin embargo, no es otro que el de haber sido en el siglo II a.C. el primer cónsul que se afeitaba a navaja a diario. Pronto se impuso la sensatez, y Escipión no hizo sino crear una tendencia que duraría siglos, hasta que el emperador Adriano (casualmente un tipo tirando a feo cuya cara estaba repleta de cicatrices), que gobernó el Imperio entre el 117 y el 138 , decidió volver a la barba, imponiendo con esto una nueva moda que permanecería durante casi dos siglos. Señal de que los romanos eran simbarbistas de corazón es la anécdota que nos cuenta que, cuando el senador M. Livius volvió a Roma tras años retirado de la ciudad, solo fue autorizado a entrar en el Senado cuando se hubo librado de su aspecto poco higiénico y, por supuesto, de su barba.

Uno de los argumentos más repetidos por los amantes de las barbas hoy en día, es que el vello facial contribuye a dar a quien lo porta un aspecto más masculino que si llevase el rostro al descubierto. Sin embargo, en la sociedad romana se sostenía todo lo contrario, siendo tradición el que los adolescentes dejasen crecer su barba hasta el momento de proclamar su entrada en la edad adulta. El pelo recortado era entonces ofrecido a los dioses, y el nuevo afeitado se interpretaba como un símbolo de masculinidad. En esta línea está también la tribu germánica de los Catti, cuyos jóvenes no estaban autorizados a afeitarse hasta haber matado a su primer enemigo y ser verdaderos adultos.

Recapitulando: la ausencia de barba aumenta la esperanza de vida, hace que los hombres sean más apuestos, da un aspecto limpio y, es además, señal de masculinidad.

Es hora de avanzar en el tiempo hasta la Inglaterra del siglo XVI, y concretamente hasta la corte de Enrique VIII. El monarca inglés ha pasado a la historia por haberse casado con hasta seis mujeres, separando la Iglesia anglicana de la católica de Roma por el camino. Sin embargo, los libros de historia tienden a olvidar que fue el primer soberano en establecer un impuesto sobre las barbas. Ya en 1447 Enrique VI había impuesto la prohibición de los bigotes, decretando el afeitado obligatorio del labio superior al menos una vez cada dos semanas, pero no sabemos si esta ley aplicaba al resto del vello facial. Es en 1535 cuando Enrique VIII, pese a ser portador de una frondosa barba, establece una sumptuary law por la cual se imponía una sanción monetaria a los ciudadanos que se negaran a afeitarse. Esta ley seguirá vigente hasta ser derogada en el año 1560, ya durante el reinado de Isabel I, aunque se desconocen los motivos por los que dejó de aplicarse.

El impuesto más famoso que conocemos en contra de las barbas se estableció en la Rusia de principios del siglo XVIII. Su artífice fue el zar Pedro I, el Grande, quien se ganó este sobrenombre no solo por su altura (medía dos metros y cuatro centímetros), o por haber occidentalizado en gran medida su país durante su zarato, sino sobre todo por la expansión de la cultura simbarbista a lo largo y ancho de su imperio. En 1697, el soberano ruso emprendió un viaje de incógnito por Europa con el objetivo de buscar aliados contra el Imperio otomano. Su empresa como tal fue un fracaso, ya que los países del oeste europeo estaban por aquel entonces entretenidos con la Guerra de Sucesión española, y tampoco les convenía renunciar a la paz establecida con el sultán otomano. Sin embargo, el viaje fue fructífero ya que propició que el Zar entrase en contacto con las más avanzadas costumbres occidentales, entre las que se contaba, cómo no, el afeitado regular. Así, a su regreso, ordenó a toda su corte afeitarse sus largas barbas, para que tuvieran un aspecto más europeo. Esta medida fue aceptada en su mayoría sin protestas, salvo por parte de los boyardos, que estaban al parecer muy orgullosos de ir por la vida con felpudos en la cara. Entra así en vigor el primer impuesto simbarbista del zarato, que gravaba con cien rublos anuales a los boyardos que quisieran guardar sus barbas.

En 1705, Pedro decide ir más lejos, y exige que todos los hombres se afeiten y se vistan de modo occidental. Esto disgusta profundamente a un grupo de fieles tradicionalistas, más conocidos como los viejos creyentes, que comienzan a referirse a él como «Pedro Belzebubovich»: Pedro, hijo del diablo, y se niegan a afeitarse. Lejos de echarse hacia atrás, Pedro comienza a poner en práctica una serie de medidas para quitar poder a la Iglesia ortodoxa, lo que enfada aún más a los viejos creyentes. Tras años de disputas, en 1722 se establece finalmente un impuesto anual para todo aquel que quisiese continuar llevando barba; que obligaba además a quienes lo pagasen a llevar un medallón con la inscripción «las barbas son ornamentos ridículos».

Medallón simbarbista. Imagen: Cortesía de beardtoken.com
Medallón simbarbista. Imagen: Cortesía de beardtoken.com

Nos acercamos ya hacia nuestros días, y al evento que supuso la democratización del afeitado: la invención a finales del siglo XIX de la maquinilla de afeitar por King Camp Gillette. Hasta entonces, los hombres que deseaban afeitarse debían hacerlo utilizando navajas, lo cual requería especial destreza y podía provocar más cortes de los deseados. En el año 1901 se crea la American Safety Razor Company (posteriormente Gillette Safety Razor Company) y se comienzan a popularizar las primeras maquinillas. Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército americano llega a comprar hasta tres millones y medio de maquinillas, y treinta y dos millones de cuchillas de afeitar. A partir de este momento, asistimos a grandes campañas de marketing que promocionan la imagen del hombre afeitado, y las barbas descienden en popularidad, comenzando a relacionarse solo con sectas y grupos marginales. Héroes de películas, grandes estrellas, políticos y otros referentes de la sociedad lucían un perfecto afeitado. La sociedad había visto la luz.

Casi un siglo más tarde, y pese a la irrupción de grandes avances como el acero inoxidable o las cuchillas de hoja múltiple en el mercado de las maquinillas, las barbas amenazan con volver. Pero estemos tranquilos. Siempre habrá un simbarbista esperando para luchar contra las tinieblas de la Oscuridad Velluda.

Patente de la maquinilla de afeitar. (DP)
Patente de la maquinilla de afeitar. (DP)

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54 Comentarios

    • Tienes razón respecto al año, no me había dado cuenta al escribirlo porque es un dato que aparece en más de una fuente, supongo que lo correcto sería hablar de que estaban preocupados no con la Guerra en sí, sino por la futura sucesión de Carlos II

      Gracias por la precisión :)

  1. Es un rasgo distintivo de especie… sólo los hombres tienen barba y bigote… cubre la cara del sol e incluso filtra el aire…
    yo sólo le veo ventajas… porque sino podría plantearte la siguiente pregunta ¿Son malas las mujeres que llevan faldas? Por que algunas psicópatas de la historia llevaban faldas… podrías encontrar mejores argumentos para decir «A mi no me gustan las barbas» pero no puedes decir que todo el que tiene barba es malo o marginal… y como apunta Donnie ¿Qué hay de las perillas?¿Se permite la perilla «española» o cual?

      • ¡Ja, ja, ja! Una ex-esposa mía decía lo mismo. No soportaba las barbas pero es que las perillas… las perillas eran ese espanto que usted dice preferir ignorar, algo vomitivo per se… Ahora está casada con uno que lleva barba y se está quedando calvo. Ahora solo falta que el tipo decida dejarse la perilla. ¡Que se joda! ¡JAJAJAJAJA!

  2. Divertido texto!
    De todos modos, si alguien ahí fuera no está enteramente de acuerdo, puede acudir al Facial Hair Handbook de Jack Passion, donde encontramos cantidad de motivos para no afeitarnos.

  3. No recuerdo un solo campeón de F1 barbudo, por algo debe ser!…
    Tenistas lo mismo, artemarcialistas, boxeadores.
    Futbolistas… ahí si hay más.

    Artistas de cine pocos. Como no sean películas históricas.
    Presidentes y ministros, pocos.

    Psicoanalistas barbudos los debe haber por millones.
    Chefs barbudos?. Ni pensarlo.

    Militares? Olvidenlo!.
    Médicos? No por favor.

    • No me queda muy claro si en Grecia los motivos para dejarse la barba eran para no verse afeminados, cuando muchos usaban el cabello largo y atuendos y ropajes similares a las mujeres.

      Sin hablar de la homosexualidad, muy extendida y tolerada.
      Quisiera creer que para ellos la homosexualidad no era un signo de afeminamiento sino de exaltación gozosa de su masculinidad.

      • Correcto. Y mira la selección española de baloncesto: la mitad llevan barba y han perdido contra Francia. La relación causa-efecto es clarísima.

      • La homosexualidad era signo de virilidad si eras el activo y el de más edad, únicamente. Y sobre todo si tu objeto amoroso era un chico imberbe. Si no, era más detestada que ahora. No son un ejemplo a seguir.

        • «Los griegos» eran una multitud de ciudades-estado con costumbres y leyes diferentes. Lo que en Creta y Esparta era normal (la relación homosexual con efebos) podía costarte la vida en Mileto.

  4. «y es que en Roma el hecho de ir afeitado pronto se convirtió en un signo de ser ciudadano romano y no griego»

    Teniendo en cuenta que:
    – la República Romana nació hacia el 500 a.C., y existe un magnífico busto del, supuestamente, primer cónsul, Marco Junio Bruto, luciendo una magnífica barba;
    – la monarquía es algunos siglos más antigua;
    – una de famosa leyenda cuenta que, cuando la invasión gala de 390 a.C., un grupo de guerreros entró en el Senado y vio a varios ancianos sentados, tiesos como estatuas; al tirarles de la barba para comprobar si eran de carne o mármol, los senadores se enfurecieron, heridos en su dignidad, y golpearon a los galos, que los mataron en el acto;
    – Escipión Emiliano vivió entre 185 y 129 a.C., y no tuvo ninguna fama ni influencia hasta 151 a.C., cuando destacó en las Guerras Celtibéricas…

    … por todo ello y más, decir que el afeitado se instaló «pronto» entre los romanos es bastante falso. A no ser que la autora se olvide de toda la historia de Roma anterior al Imperio, claro.

    • Si quisiera haber escrito una lista de datos y no un artículo con un toque de humor sobre la historia de las barbas, lo habría hecho ,pero no es el caso. Cuando hablo de que «pronto se convirtió», por tanto, no estoy estableciendo una fecha sino narrando cómo en cierto punto de la historia romana, las barbas dejaron de estar de moda (además, se especifica que esto fue en el siglo II aC, así que no acabo de ver la problemática).

      • Bueno, son cosas de la narrativa. Si es verdad que vistos los comentarios, habría que ser más cuidadosa en el tema de fechas y alguna frase pero me ha gustado el artículo porque es un artículo de humor que retrata como durante la historia, el hombre se ha preocupado (¡hasta con leyes e impuestos!) de su estilismo, en este caso barbudo.
        Yo llevo barba y no me siento ofendido, es un artículo curioso y redactado con humor.

    • No se puede ir tan de sobrado y a la vez estar tan equivocado, infórmese un poco mejor sobre Publio Cornelio Escipión, por que ha puesto una parida bien gorda.

  5. Y el impuesto a las barbas de Enrique VIII sin duda obedeció a la misma razón por la que, siglos después, Inglaterra estableció impuestos a las ventanas y a los sombreros: no por ninguna fobia, sino por la pura y dura pasta.

    De algún sitio tenía que sacar Enrique el dinero para ser un tragaldabas barbudo como era en realidad, y no un adonis lampiño como nos lo presenta Jonathan Rhys-Meyers.

  6. A ver, en mi vida me he dejado barba ni bigote y eso que pasé la juventud cuando los Beatles se llenaban la cara de pelos. Todos mis amigos y conocidos, sin excepción, cayeron en esta funesta manía pero yo, ¡jamás! Aguanté el tipo (fantástico) contra viento y marea sin hacer caso de las insidiosas sugerencias de todos ellos para que ocultara mi fabuloso rostro tras unas greñas como las que ellos utilizaban para tapar sus caras de panolis. Alguno de ellos, en una de esas madrugadas de tabaco y ginebra, acababan por confesar que lo hacían porque se encontraban feos o con cara de gilipollas. Lo comprendo y no lo censuro pero un hombre como yo, se debe a su público femenino y éste exige poder disfrutar de la visión clara y sin barbas roñosas, de mi preciado perfil.

    • ¡Ah, pues a mí bien que me ha ido y me va con las barbas hasta el suelo! Vale que algún fideo se traba de vez en cuando y que alguna se cambia de acera cuando me ve llegar arrastrándolas, ¡pero ellas se lo pierden!

  7. Ariane, me has convencido. Este verano estuve pensando si me dejo o no me dejo, pero definitivamente seguiré afeitándome :)

    • Si estuvo usted dudando sobre el tema, merece dejarse la barba, aunque pienso que es y ha sido siempre para viejos.

  8. Qué bien poder hacer público mi amor por las barbas y más a raíz de un artículo como el tuyo…

    Sinceramente creo que has perdido un precioso tiempo en pensar y buscar la relación de la barba con determinadas características-de determinadas personas-en determinadas épocas ( si bien es curioso conocer las costumbres y pensamientos de épocas pasadas y cruzo dedos de pies y manos por que éste haya sido el objeto del derroche de palabras y energía ut supra.

    Tu documentación sobre el tema sólo sirve para atestiguar que el hombre no ha cambiado y que las modas (ropa, peinados, maneras de hablar ( tonos, dejes, cadencias…), pensar, posar en las fotografías y un kilómetrico ecétera de formas de expresión estúpidas de ciertos humanoides), siguen siendo un instrumento para etiquetar y prejuzgar a otros según sigan o no la corriente del río. Qué- lástima.

    «Expectation is the mother of all disappointment», ergo entono el «mea culpa» por tener la esperanza de que la cultura supusiese para todos un motor, un punto de inflexión…la salvación de la mediocridad hacia la evolución del pensamiento.

    Más didáctico habría sido centrarse en que el hecho de que la moda llegase a ser costumbre era algo muy factible en las sociedades no consumistas y no globalizadas y así convertirse en características distintivas de religiones, tribus, gremios…Desde el estampado de una tela hasta la forma en la que uno se arregla el pelo y no me enrollo porque lo que vengo a decir es que, como amante incondicional de las barbas desde mi maduración sexual, lo único que para mí tienen en común los hombres barbudos es un tremendo atractivo físico. Y, como amante incondicional de las barbas he de agregar que me parece estúpido que se plantee que eximen, limitan u otorgan características de ningún tipo excepto, para mí, de la masculinidad ( una exteriorización más de ésta, no un síntoma exclusivo).

    Reitero, yo las adoro, en especial las rojas; y el pelo de los hombres ( que no osos) en su pecho, piernas, brazos y cara; que estoy viviendo la época visual más feliz de todos los tiempos y que deseo de todo corazón que los chicos dejen de depilarse cejas y pechos, rasurarse o, lo que es peor, quitárselos para siempre con el maléfico láser…. Que la barba bien entendida oculta piel, no personalidad; que si quieres asegurarte el derecho de conocer a quien te corteja, fíjate menos en su barba (y en su físico) y más en su mirada y su actitud…Porque hasta la aptitud no llegarás atravesando pelos, te lo prometo.

    Hombres y mujeres: Salid a la calle como sois, amad vuestra naturaleza entera y otro mundo, sano, os sonreirá de vuelta!!

    P. S: Yo he conocido a Dioses con barba, pero no he salivado porque éso Sí me parece antiestético.

    P.S.P.S: Tu artículo es muy Carry Bradshow ( infantiloide y de mujer despechada y perdida que echa la culpa al hombre por no encontrar al que soporte su histeria), me parece que si adoptases un registro menos manido y vulgarizado podrías hacer algo de más calidad. Te animo con eso.

      • Si Sostres poseyese el monopolio de la crítica constructiva y fuese tan bueno, no lo habría tenido que googlear, Palmira.

    • La reposdata es de traca. Remata a la perfección una redacción fanfarrona, sobrada, arrogante… me da que tú con tu piltrafa de estilo y tus ínfulas no escribirás nada más que posts trasnochados en JotDown, felicidades lumbrera!

      • Pues a mí me parece bastante acertada, y creo que a la autora aún le parecerá más. A tí, a juzgar por tu respuesta, está claro que te ha dado de lleno.

        3 puntos para Olga.

        • No tenía intención de contestar, pero dado que hay quien habla por mi, prefiero ser yo quien hable en mi nombre ;)

          Agradezco toda crítica constructiva, y espero que agradezcas tú también mi consejo de que mejores tu comprensión lectora, ya que no creo que hayas entendido ni un poquito el objetivo del artículo, que no es otro que el de, usando las barbas como excusa, dar un paseo por algunas anécdotas curiosas de la historia.

          Aprecio, de verdad, tu interés por en qué malgasto mi tiempo, y sobre en qué podría utilizarlo mejor, pero estoy satisfecha con mi empleo del mismo, gracias.

          Asumo que tu desconocimiento de la ortografía del nombre de Carrie Bradshaw se extiende al contenido de sus artículos, que poco tenían que ver, por interesantes que me parezcan, con lo escrito por mi aquí.

          Un saludo :)

          • My dearest Carry, o, perdona (y para que me entiendas mejor) k EH – r ee:

            1.- Asumes a la perfección: Desconozco la profundidad de los artículos de ese personaje de ficción al que le dan un «trabajo» para que el prototipo no resulte tan machista ( si es que algunos se lo creen). Después de ver un par de episodios me di cuenta de que podía hablar de ella desde el desconocimiento sin faltar a la verdad. Ni que decir tiene que ni el más mínimo interés sobre cómo deletrea su apellido y de cómo se llama su perro.

            2.- No te ofendas por la etiqueta, quien la pone ha de saber que los demás le estarán poniendo una. ( Yo asumo que la personalidad de Achuza no ha podido resistirse conmigo….y no me enfado con él/ella)

            2.- Debo confesar que sí tengo interés en que los artículos de esta página me gusten y tengan un contenido más maduro que no se merezca respuestas sarcásticas; lo dejas a huevo, Ariane. Y sí, «pillo» el objeto, por evidente, de tu artículo…Así te lo hago saber cuando te digo que «cruzo dedos», pero no me gusta el enfoque( lo que no significa que el contenido no me parezca interesante, que esto tb te lo dije).

            3.-Querida/querido Anchura, la erística es lo que es y admite todos los registros para llegar a su propio fín, es un juego( en el que deberías meterte y así amplías repertorio), no te amargues…O déjate la barba, que es lo mismo.

            4.- Confío en que lo próximo que escribas, me guste más.

            5.- Sigo pensando que son más atractivos los hombres con barbas que las mujeres con babas.

            6.- Por favor, no esperes a que te den paso para responderme. Ese protocolo no tiene sentido desde el anonimato (al menos para mí, por lo que tienes todo mi permiso).

            Un saludo Ariane, gracias por tu respuesta ;)

            A Achuza le dejo 1/2, y el otro para cuando se le pase el ardor :)

      • Creo que a partir de los puntos suspensivos dejas muy claro que lo que les precede es más cosa tuya que mía. Sin embargo, Achura, dado que dedicas dos renglones y medio a derrochar acritud, me temo que tendré que vivir con la duda de si tú podrías mejorar en algo mi estilo.

        Espero que en estos dos días se te haya pasado la acidez de estómago, que da mal aliento, en serio.

        Un besito

  9. a ver una foto de un cuadro de Enrique VIII de mi libro de historia la recuerdo y creo que ese sr. que era pelirojo a la sazón, lucía una barba de mucho cuidado, o era fruto de la imaginación del pintor, cosa que no creo viendo como se las gastaba d.Enrique. o no era él, y sobre el impuesto sobre las barbas ya se sabe el estado saca pasta de donde puede. Podría seguir buscando ejemplos de barbudos ilustres y benefactores de la humanidad,pero no merece la pena, si no te gustan las barbas pues aféitate la tuya y no mires las de los demás

  10. perdona otro comentario creo que a jesucristo también le atribuían barba, y a S. pedro, no soy muy creyente pero

  11. Pues yo desde que me he dejado la barba estoy harto de follar. Literalmente se lo digo a todos vds.

    Ariamsita, your arguments have been rendered invalid.

    Juego, set y partido para mi barba.

    Hale, adios!!

        • llevo un rato intentando recordar (sin éxito) un ZAS en toda la boca mejor que este.
          Bravo, UnoQuePasaPorAquí y enhorabuena por tu éxito.

          Yo también he notado cierta mejoría en mi atractivo desde que uso barba, aunque no a tu nivel, crack!
          No sé por qué tanto odio a la barba y a los que nos hemos subido a ese carro recientemente.
          ¿No tiene uno derecho a hacer lo que crea conveniente para verse más guapo y con más confianza delante del espejo? ¿Es porque está de moda? ¿Los que critican las barbas no siguen a su vez otras modas, las que sean?

          Sobre el artículo: la Historia del ser humano es tan larga y llena de acontecimientos que se pueden encontrar ejemplos positivos y negativos casi de cualquier cosa.
          Que sí, que es un artículo de opinión y humorístico, vale.
          Y muy interesante y ameno

  12. Entiendo (a lo mejor me equivoco) que el artículo tira a la ironía. Apunta a la costumbre que tenemos de juzgar y tratar de imponer nuestras costumbres como buenas a los demás. ¡Con lo que cambian las costumbres y las modas con las épocas!. Que Alejandro y Napoleón fueran imberbes es irrelevante. ¿Y qué?. Salomón, Ulises Grant y Gengis Khan eran barbudos.

    Aunque había guerreros mongoles que se tajaban la cara (no afeitar: tajar, ojo a la diferencia) para no tener que cuidarse de ella. Supongo que estos antibarbistas serían los héroes de la autora.

  13. No tocamos épocas ni movimientos como el Barroco, o el Romanticismo, por ejemplo, dónde tuvieron gran cabida los bigotes y barbas. Ni hablas de los antiguos imperios de oriente, por ejemplo. Tomamos ejemplos concretos y aislados en el tiempo. La idea de hombre afeitado y bello lo trajeron los americanos con el ilustrador Leyendecker, al que admiro en gran profundidad, pero es algo absolutamente moderno, de hecho si sabemos mirar verdaderamente la naturaleza y la idealización magnífica que hacen de ella los artistas, encontraremos que tanto bello es un afeitado como una barba o un buen bigote victoriano, tan bello una gorda de Rubens como una modelo de Dior, o una arquitectura tradicional china como el palacio de Versalles. Otra cosa es que personalmente no te excite sexualmente un hombre con barba, pero como digo, todo es cuestión de inclinarse a la naturaleza y abrir el paladar del gusto.

  14. MACHISMO DETECTADO:
    «, por la cual se ha negado a las mujeres el derecho a conocer el rostro de quien las corteja,»

    Ellas no son el objeto pasivo a cortejar. Esta afirmación las sitúa, como siempre, en una situación de inferioridad.

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