Humanismo Humor snob Sociedad

En defensa de los departamentos universitarios

Alegoría de lo nuevo contra lo viejo en los inicios de la era meiji en Japón.
Alegoría de lo nuevo contra lo viejo en los inicios de la era Meiji en Japón. (DP)

«Escribo estas líneas con la serenidad que da el haber dedicado cuarenta años al estudio, la enseñanza y el servicio dentro de la institución, y de haber ocupado cargos de responsabilidad. No me mueve ningún interés personal, pues a estas alturas de mi carrera los intereses personales son, para mí, una categoría casi abstracta. Me mueve únicamente la preocupación por el futuro de la universidad española, cuya grandeza, permítaseme decirlo, descansa sobre estructuras que algunos pretenden ahora desmantelar con una frivolidad que no puede sino alarmar a cualquier persona reflexiva.

El departamento universitario no es una reliquia burocrática, como sostienen quienes apenas llevan unas décadas en la institución y ya se creen con autoridad para reformarla por un supuesto mandato democrático. Es, ante todo, un ecosistema de transmisión del saber. Porque el conocimiento no se transfiere únicamente en las aulas ni en los artículos indexados, sino que se transfiere en la proximidad, en el trato cotidiano, en esa relación entre el maestro y el discípulo que es, desde los griegos, la forma más noble de educación. Y en ese ámbito se transmite, naturalmente, en la familia. Solo el departamento hace posible esa proximidad.

Cuando se habla de suprimir los departamentos, hay una cuestión de justicia generacional que nadie parece querer abordar con la honestidad que merece. Hablo de los jóvenes, de los que están llegando ahora, llenos de energía y de promesas, sin más capital que su talento y los apellidos de quienes los formaron. ¿Qué será de ellos si desaparece la estructura que, precisamente, permite reconocer ese talento y situarlo donde pueda fructificar? Mi hijo mayor, Telepinu, de 26 años, lleva siete años trabajando en su tesis con una dedicación que me llena de orgullo como padre y, me atrevo a decirlo, como académico. Una tesis imprescindible sobre los intercambios entre Mitanni y los Hititas en la epigrafía y numismática del Oriente Próximo y en los archivos de Amarna, que yo le dirijo con devoción, y de la que espero que emerja con la máxima nota (ese cum laude que sin duda merece). Toda esa dedicación, todo ese esfuerzo desinteresado quedará suspenso, en el vacío, cuando no exista una estructura que lo recoja, que lo integre, que lo valore en su justa dimensión. ¿Cómo va a hacerse un hueco un joven brillante si no queda nadie con autoridad, con criterio y con conocimiento del campo para reconocer esa brillantez frente a los enemigos de todo lo bueno, lo justo y lo razonable? La respuesta es que no podrá.

Sencillamente, no será posible. Cuando no haya departamentos, será muy difícil continuar con esa cadena de transmisión del conocimiento. Y esto es lamentable. Ha costado mucho tiempo crear un edificio capaz de reconocer los méritos de Telepinu (al que si pongo como ejemplo es porque es ejemplar). Si los departamentos se disuelven y aparecen estructuras más grandes, transversales y colegiadas, todo el esfuerzo de generaciones se irá al garete. Resulta imposible componer los intereses de un grupo de más de cuarenta personas. En un departamento pequeño, sí —sobre todo si uno ha tenido el privilegio de construirlo desde que el rector me nombrara director-comisario— pero en cuanto se formen áreas disciplinares en las que se integre a gente que ni se conoce personalmente, todo esa labor será mucho más complicada. En un órgano como una facultad o un área de conocimiento grande, en el que nadie debe nada a nadie, la gente actúa y vota con otros criterios. Y yo me quedaré sin capacidad de interlocución.

Pero es que el problema no se limita a quienes ya están en el camino de heredar las cátedras. Afecta también a quienes apenas se inician en la universidad. Mi hija Asmunikal, de 18 años, acaba de matricularse en el grado de Filología Hitita de nuestra universidad con una vocación que, a quien la conoce, no puede sorprender. Viene de una familia de letras, ha crecido entre libros, ha desarrollado desde pequeña una sensibilidad para la cultura que sus profesores de bachillerato me han señalado en repetidas ocasiones en nuestras reuniones de la casa de la playa o en las fiestas del club social de la urbanización. Pues bien, ¿qué universidad le estamos ofreciendo a Asmunikal? ¿Una universidad sin departamentos, sin estructuras de pertenencia, sin redes de reconocimiento del talento? Eso no es una universidad: es un mercado en el que se priman habilidades estrafalarias, como esa noción tan sobrevalorada de la creatividad. No se quiere reconocer que lo que se pretende es certificar un ambiente de competencia neoliberal en la que prime la producción frente a la mesurada tradición académica. En ese mercado, ese zoco, los jóvenes con vocación y cultura como Asmunikal o Telepinu no tienen nada que hacer frente a los que simplemente han ido acumulando méritos externos, publicaciones con gente desconocida, estancias en el extranjero y títulos conferidos por quién sabe qué instituciones.

Se argumenta que los departamentos perpetúan dinámicas de poder y jerarquías. Es una acusación que conviene examinar. Toda corporación genera dinámicas de poder, porque toda institución está formada por personas, para bien y para mal. La pregunta no es si el departamento tiene imperfecciones, sino si su eliminación las corrige o las agrava. Temo, con fundamento, que eliminarlos las agrave. Las estructuras informales, las redes invisibles, los favores y transacciones que no quedan en acta, se tuercen precisamente donde no hay marco institucional que los regule. El departamento, con sus reuniones, sus votaciones, sus actas, sus procedimientos, certifica y hace legal lo que de otra manera sería un escándalo público. Lo que viene después puede no tener nombre ninguno, y eso, a mi juicio, es mucho más peligroso. ¿Qué quieren? ¿Profesores libres, independientes, que se unan por afinidades en estructuras flexibles para conseguir objetivos y cumplir las misiones de la universidad? ¿Dónde se ha visto eso?

Mi apuesta es que no saben lo que quieren. Lo único que les une es romper con lo que hay, una estructura que nos funciona perfectamente. No soportan el éxito y la excelencia, y buscan cualquier resquicio para laminarla. Así, por ejemplo, los de siempre, los que no entienden, me han afeado que Charo me sucediera en el cargo de director, como si ella no hubiera acumulado méritos suficientes desde que la traje al departamento. Basura fascista. Por suerte, y como no podía ser de otra manera, la comisión de igualdad puso las cosas en su sitio, revelando lo que era aquello: un ataque contra ella por ser mujer.

Episodios igualmente desagradables les han sucedido a otros queridos compañeros, a los que han criticado por meter en su departamento a su novia, a su pareja o a sus hijas. Puro machismo. El dictamen de la comisión fue blando (ya le dije a Charo que tendría que haber dirigido mejor el debate), y eso ha alentado a los que iniciaron las infamias. Nunca se están quietos. Son malas personas, gente insidiosa, maleducada, y mentirosa que no hace sino decir inconveniencias. Gente envidiosa que no ha visto en su casa cómo nos conducimos los verdaderos académicos. Y es que si no has jugado en una alfombra persa de niño, de adulto no sabrás pisarla.

Confío en que, quien tenga que hacerlo, corrija la deriva inaceptable que está tomando la institución queriendo suprimir los departamentos. La excusa que han puesto es la nueva ley de universidades, la LOSU, que permite acabar con una estructura que acusan de franquista. Dicen también que se trata de un tema práctico y de eficiencia administrativa, una oportunidad única, porque la docencia ya la organizan las facultades y la ciencia se hace en grupos de investigación que, por lo visto, se construyen por afinidades entre personas libres. «Libres», dicen, como si no supiera todo el mundo que aquí se entra por invitación, y que el método de la cooptación es el único que funciona en la universidad. Tendré que recordar a algunos y algunas que yo mismo les metí sin publicaciones, sin currículum, sin trayectoria internacional, sin nada. Que no tenían donde caerse muertos, que les busqué un tribunal afín, y que les rescaté a cambio de, simplemente, un poco de lealtad y de no votar en contra de las propuestas que les hiciera como director. Propuestas siempre pensadas para el bien común.

Sé que los míos están molestos porque (no sé cómo) se ha divulgado la idea de que yo siempre me he inclinado por contratar a gente que no fuera muy inteligente. Es un hecho que nadie quiere dedicar tiempo y esfuerzo a formar a futuros competidores. Sin embargo es un infundio que yo y Charo solo queramos a nuestro alrededor a gente dependiente, incapaz de irse a otro sitio, o de hacer nada por su cuenta y que siga acríticamente nuestras instrucciones; gente cuanto más mediocre, mejor. Lo primero es que alguien tiene que sacar el trabajo. Y lo segundo es que eso es demostrablemente falso. Si hubiera sido así, si realmente yo me hubiera afanado en crear una legión de satélites inútiles para mantener la fila prieta, evidentemente lo hubiera conseguido y hoy no me estaría encontrando con esta traición. ¿No es cierto?

Y es que no saben de lo que hablan. Se tienen que aferrar a nociones como la eficiencia. Dicen, como justificación para acabar con los departamentos, que no es de recibo pagar complementos salariales a directores, subdirectores, secretarios para que no hagan, en realidad, nada más que mafiosear para conseguir crear plazas repartiéndose créditos de titulaciones, o inventándose cargas docentes para inflar grupos, o limitando quién puede dar asignaturas a través de áreas minúsculas. Esto es absurdo y de no saber cómo hemos venido dando las plazas a quien nos ha parecido. Demuestra que no entienden cómo funciona esto.

Ignoran lo más básico, el quién manda aquí. Por eso lo han tramitado todo a oscuras, sin ninguna transparencia, sin preguntarnos a nosotros, los directores. Todo a través del Claustro y de una consulta pública previa de un año con la excusa de que el primero es el órgano máximo de la universidad y de que todo el mundo tiene derecho a opinar, como si los cargos y la experiencia de décadas no fueran nada cuando se quieren hacer cambios sustanciales en la organización, y como si se pudieran dejar cosas tan serias en manos de liliputienses.

Puedo conceder que hay aspectos que pulir. Estaría de acuerdo en que no haga falta pedir permiso al departamento para echar la acreditación a la ANECA, o en cambiar el sistema por el que fijamos las autorías de los artículos y la dirección de tesis y proyectos, pero eso se puede hacer mediante reformas, no a través de una enmienda a la totalidad. Cometimos errores, sí. El mayor, quizá, permitir que entrara gente «de paracaidista»; esos Ramón y Cajal y similares que no debían nada a nadie y que eran, por tanto, incontrolables. Son gente astuta. Alguno incluso llegó hasta el decanato engañando a todo el mundo. Pero hemos aprendido la lección.

Con toda la responsabilidad que me confieren cuatro décadas de servicio a esta institución, me opongo frontalmente a la eliminación de los departamentos universitarios. No en nombre de mis intereses, que, como he dicho, son para mí una categoría casi abstracta. Sino en nombre de una universidad progresista, de su historia, de su misión, del lado correcto de la historia, de los jóvenes que merecen encontrar en ella un hogar. En nombre, en definitiva, de Telepinu y de Asmunikal, que son, nadie lo debería ignorar, el futuro de mi país; un país progresista, libre, antifascista, feminista, acogedor, multicultural, integrador, respetuoso y tolerante».

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

18 comentarios

  1. Qué lujo para JD contar con articulistas de este calibre. Es lo más malicioso e inteligente que he leído en semanas. Aunque todavía habrá alguno que no lo pille.

  2. Simplicísimo

    Hay que volar el sistema educativo, empezando por la universidad.

  3. Enorme, Tapiador, enorme. Pero cuidado, que la cosa está muy justita y habrá quien no lo pille.

  4. Antes había cátedras, ahora departamentos. Los departamentos universitarios son casas de putas con muchos hijos de, como cualquier departamento cualquiera, digamos consejerías o jefaturas de servicio en comunidades autónomas. ¿Por qué cosa los cambiamos? Eso es lo que echo de menos en este texto, que me ha gustado.

  5. Viví la universidad española y la caricatura del director del artículo se queda corta. El nivel de caciquismo y de tiranía, de enchufismo y de endogamia no tiene parangón en ningún sitio. Me parece muy bien que por fin alguien se atreva a acabar con los departamentos. Son un nido de corrupción. En el fondo no dejan de ser la evolución de las famosas cátedras del franquismo. Una legión de inútiles colocados a dedo por el capo mafioso de turno que primero colocaba a la mujer, luego a la novia, luego al sobrino, luego al hijo y luego a sus minions para que le hicieran el trabajo. Gente servil y pelota que no servía para nada y que esperaba su turno en el escalafón para ser funcionaria a los cincuenta años. Las universidades están tomadas por esa gente. No me extraña que se resistan a que les eliminen. Bien por la ley esa.

  6. Los únicos que se oponen a la eliminación de los departamentos son los que mafiosean gracias a ellos, como señala certeramente el autor del artículo. Para el profesor raso que hace su trabajo sería una liberación. Me alegro que alguien por fin toque el tema de las comisiones de igualdad, que sólo sirven para que las mujeres mediocres tengan un arma con la que trepar. Las mujeres normales las odian y detestan a las tipas que se meten en ellas. Además, están llenas de mujeres y novias de catedráticos.

  7. ¡Ay, Maravall, qué grandes han sido tus obras y el recuerdo que has dejado!

  8. Por aportar contexto, hay un departamento del que usted me habla que lo empezó un director-comisario que lo primero que hizo fue meter a su mujer y hacerla catedrática. Luego se rodeó de gente que le votaban que sí a todo y que hacían la vida imposible a todo el que se opusiera. A una profesora que se negó a meterles en un artículo le hicieron una ‘reprobación’ pública. La mujer del catedrático ‘heredó’ el puesto de directora de departamento, y metió a su hija. Luego ella misma se metió en la comisión de igualdad. Lo gracioso es que la ponen como ejemplo de éxito de mujer profesional. Luego se pusieron a ‘amenazar’ con denunciar al que dijese algo sobre la endogamia y el mangoneo con las plazas. Después se pusieron a gritar en los consejos de departamento a todo el que se les opusiera, y a meter querellas en el juzgado a todo el que levantase un poco la voz, para acojonar al personal. Sin éxito, claro, pero asustan a los más débiles. El director-comisario ese va vendiendo por ahí que es emérito cuando no lo es. Se metió en una Real Academia diciendo que lo era. Sociatas todos, eso sí. Pero no ha habido ni una investigación, oye. Lo que deberían haber hecho hace tiempo es disolver ese departamento por incumplir unos estándares mínimos de ética.

  9. Jajaja. Me despiporro. Lo triste es que nada de lo que dice sorprende. La sátira atroz que hace el artículo no hacen sino reflejar la realidad diaria de muchísimos departamentos universitarios españoles (aunque no de todos). Lo más triste es que todo el mundo se ha acostumbrado a que las cosas ‘tienen que ser así’, y nadie hace nada. Porque está retorcer lo legal y está lo ético. Así están los departamentos, llenos de mediocres y con la gente buena en el extranjero, expulsada. Que unos catedráticos metan a su hijo debería ser motivo suficiente para que la universidad les cierre el garito. Meter a la novia o mujer, lo mismo. Muy valientes los que han decidido coger el toro por los cuernos. Espero que les salga bien.

    Muy bien esas comillas iniciales y finales, sí señor. Esa tradición cervantina del ‘manuscrito encontrado’. Enhorabuena.

  10. Earnest B. Lekue

    Bravo por el profesor Tapiador. Desde «Ese pedazo de Ondas» de Rafael Tapounet no leía nada con tanto filo.

  11. Jurista asombrado

    A mi lo que me flipa es que las universidades tengan comisiones de ética que se dedican a ver si un becario ha puesto bien las comillas al citar una referencia, y de igualdad, que se asegura de que todo el mundo usa bien los pronombres, y que estas comisiones pasen de investigar los enchufes de las mujeres e hijas de los catedráticos EN EL MISMO DEPARTAMENTO que su marido/padre. ¿Eso no importa?. Hay que cerrar esas comisiones. ¡¡¡Y QUE SE ACTUE DE OFICIO!!!

  12. El problema de la universidad española es que los catedráticos están tan acostumbrados a hacer lo que les sale de la polla que ya no se da cuenta de que la mitad de las cosas que hacen, como el sistema para sacar plazas, son una aberración legal. Han perdido la noción de la realidad. El día que un fiscal entre ahí a saco van a flipar. Con tres tíos con las pelotas bien puestas como este señor, dando detalles y orientando a un fiscal con ganas de limpiar la casa, no queda títere con cabeza. ¿Pero sabéis lo que pasa siempre? Que en cuanto alguien levanta un poco la voz le compran. Le dan un cargo en el organigrama para que no pueda abrir la boca, o un puestazo en otro sitio, o un premio, y pa’alante, todo el mundo calladito. Ha pasado siempre. Por eso se siguen haciendo las cosas como se hacen. La gente que se rebota es porque se siente poco valorada. Lo más barato ha sido siempre comprar a los críticos.

  13. Es una sátira mordaz a más no poder, pero dice verdades como puños en cada línea. Debe ser un infierno trabajar en esos departamentos si no se está dentro de la cuchipandi.

  14. La imagen mental que me viene a la cabeza leyendo este artículo es esa escena del Terminator en la que Arnold entra en la comisaría y se pone a disparar a todo lo que se mueve. Vaya manera de dar estopa de manera elegante. Menuda masacre. No deja títere con cabeza.

  15. Lo he leido cuatro veces ya y cada vez que lo hago le encuentro un nuevo matiz. El término japonés sería 洗練された. Yo me fui de la universidad española por culpa de un director de departamento que era exactamente como el de esta sátira. No debe ser poco común.

  16. La universidad pública española es un erial, pero de vez en cuando despunta alguien, como este, al que enseguida cortan la cabeza o condenan al ostracismo.

  17. Ja, ja, he empezado a leer y he tardado un poco en darme cuenta que iba de coña. Tiene mucho de verdad y lo que cuenta es la realidad en las universidades históricas y departamentos con cierta solera. Tengo la suerte de pertenecer a un departamento relativamente joven, en una universidad que también lo es, donde hay respeto, transparencia y todo sigue criterios de meritocracia, con sus matices, como siempre, pero no creo que peor que en otras administraciones públicas o empresas, donde las cosas tampoco son tan ideales como te venden.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*