«¿Usted sabe lo que hace un político? Yo no, así que vóteme y se lo cuento»

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Tiririca. Foto: Cordon Press.
Tiririca. Foto: Cordon Press.

Brasil, la política del espectáculo

La televisión es omnipresente en Brasil. Hay pantallas con programación en directo en el supermercado, el autobús, el chiringuito, el metro, el quiosco, el ambulatorio, la farmacia y el ascensor. Y también en el taxi. Ocurre que a veces no hay un televisor: hay dos. En cierta consulta médica, en Río de Janeiro, una pantalla de plasma vomitaba noticias encima de otra exactamente igual, pero apagada. «¿Por qué dos pantallas si una está encendida?». «Por si se estropea la otra». Visto así, parece natural que la televisión sea el trampolín y el baremo de éxito o fracaso no solo de las empresas que se publicitan sin parar o de las gigantescas industrias culturales del país, sino también de los políticos.

Cada cuatro años, cuando llegan las elecciones, como ahora, en el lugar preferente que ocupan las telenovelas y el fútbol en prime time se hace un hueco para los espacios electorales gratuitos. Durante los últimos cien días, candidatos a presidente, gobernador, diputados y senadores han replicado sus mensajes a través de cuatro canales en abierto, simultáneamente, durante dos bloques de cincuenta minutos al mediodía y por la noche. Los aspirantes a dirigir el país tras las elecciones de octubre se reparten los tiempos con fórmulas casi logarítmicas a partir de enrevesadas coaliciones que condicionan el escenario: así, Dilma Rousseff ha tenido doce minutos y su mayor perseguidora, Marina Silva, dos. El fondo de los spots es clásico: frases dirigidas al elector en singular, a usted que mira esto, promesas contra promesas, ataques contra ataques. En la forma dominan los tonos pastel, las pupilas brillantes donde se reflejan los focos y los teleprompter que leen los candidatos mientras se escuchan acordes al estilo de John Williams, antes de dar paso a machacones jingles, normalmente sambas y forrós con letra a tono con el gigantesco y diverso pueblo brasileño.

Pero es un poco más tarde, cuando llegan los anuncios de diputados federales y estatales cuando empieza el verdadero show, una fiesta de luz y de color, una especie de linterna mágica a trepidante velocidad, entre lisérgica, humorística e indignante. Se trata de una tradición que ha ido ganando más y más visibilidad a medida que han crecido Youtube y las redes sociales: la inclusión de candidatos estrambóticos que piden su voto a partir de un nombre que recuerde a otro, o a partir de un rostro parecido a un famoso, o un famoso en sí mismo venido a menos o incluso personajes inefables. En los anuncios tienen derecho a mínimos discursos, en el más corto de los casos de solo cinco segundos. Y en ellos les da tiempo a decir su nombre el número que acompaña su candidatura —fundamental para pulsar los botoncitos en la urna electrónica, que funciona en Brasil desde 1996— y un par de frases. Las joyas incunables son una reducción al máximo del cuarto de hora de fama que preconizaba Warhol o un adelanto del éxito del Vine y los seis segundos. Los expertos en marketing político podrían darse un festín estos días en Brasil. Los electores ya lo hacen. Y no son pocos: ciento cuarenta y dos millones de personas. Todo se quedaría en anécdota si no fuese porque en las últimas elecciones surgió, de entre estos fenómenos, el diputado más votado del país.

El payaso de la tele

Todo empezó en 2010 con una rima chusca. «Vote Tiririca, pior do que está não fica» (peor de lo que está no va quedar). Eslogan directo al hipotálamo: una exhortativa acompañada de una nota marginal en rima consonante, que acompañaba a una sugerente frase con poco margen de imaginación: «Usted sabe lo que hace un diputado? Yo no, así que vóteme y se lo cuento». Y una imagen que habla por sí sola. Esta de aquí abajo:

Se llama Tiririca y es un payaso que se curtió en circos del humilde nordeste brasileño, y luego en la televisión, dónde si no, antes de presentarse a las últimas elecciones como diputado federal. Hubo carcajadas, acusaciones —nunca rebatidas-— de que era analfabeto y finalmente estupefacción cuando, llegada la hora de las urnas, cosechó más de un millón trescientos mil votos: Tiririca se convertía en el más seguido de esas elecciones y el segundo con más votos de la historia de Brasil. No se quedó ahí. Durante la legislatura, el payaso terminó siendo elegido uno de los mejores veinte diputados, básicamente por haber asistido al ciento por ciento de las sesiones deliberativas del Congreso. Un mérito donde tendría que haber solo una obligación. Pero en cualquier caso, un éxito. Tan enorme que Tiririca decidió optar a la reelección. Llegada la hora de elaborar los vídeos de propaganda de este año, hiló aún más fino. Su eslogan volvió a pegar: «Estás harto de la política? Vota a Tiririca».

Exercicio:

Papel político:

Culos:

Escucha mujeres:

Analizan los sociólogos que fenómenos como el del payaso ocurren en Brasil por el sistema de listas abiertas donde se puede presentar cualquiera. También por el espíritu del pueblo brasileño, bromista y tolerante con todo tipo de excentricidades. El asunto es que el discurso y el programa son nulos, y las burlas lo dejan como defensor de la antipolítica, pero sin aportar más que chistes. Para el crítico televisivo Maurici Stycer, sin embargo, «el stand-up de Tiririca demuestra que el horario electoral no puede estar peor de lo que está». Ya lo decía el propio payaso en su eslogan de hace cuatro años. Tanta escuela ha creado que ahora tiene sus propios epígonos: en este 2014 hay registrado otros cinco Tiriricas, directamente con el mismo nombre. Si hay botín para uno debe de haberlo para seis, pensarán. Y no van tan desencaminados.

Freak show

Si Guy Debord levantara la cabeza y encendiese la televisión brasileña, se relamería. No hay ya división entre política y espectáculo, del mismo modo que la frontera de los medios de comunicación y la sociedad se ha borrado. Se felicitaban los colectivos sociales en 2013 por la respuesta popular espontánea a los problemas del país. «No nos representan«, gritaban. Y apostaban por un nuevo orden y con medios más democráticos y horizontales, como los que se encargaban de cubrir las protestas en las calles. Pero un año después volvió la maquinaria electoral con su engranaje televisivo, fundamental para los grandes partidos pero también para el último aspirante a diputado de la más remota circunscripción electoral. Así es especialmente para los que han conseguido sacar votos, o risas, o lloros, por sus nombres o apodos. Hay varios Bin Laden, Jesús, el Diablo y una colección de personajes difíciles de categorizar.

Rayo Privatizador:

Jesús:

Recopilación:

Nada de lo que ven está prohibido, todo está reglado por ley y lo único que puede pedir quien no esté de acuerdo es una reforma electoral. Claro que no le interesa a casi nadie del arco político, por una simple razón aritmética: los partidos grandes se nutren de los pequeños para ganar espacio electoral televisivo, una rentable sopa de siglas. Y los pequeños necesitan a los grandes para optar a cargos y ganar notoriedad. Dijo estos días la politóloga María Socorro Braga que «la formación de coaliciones es una caja negra». Negra por su opacidad, pero también por los datos que encierra, inconfesables a la vista del enorme cantidad de políticos imputados por corrupción.

El otro Obama

«Mi nombre es Claudio Henrique, pero me puedes llamar Barack. Barack Obama». Tiene sonrisa de perlas y un pelazo digno de Hollywood. Y como el presidente norteamericano en sus años mozos, él aún panfletea en la estación más grande de Brasil para ganar votos. El Obama carioca tiene planes ambiciosos para el estado de Río, que pretende representar como diputado federal en Brasilia. Ya ha intentado sin éxito llegar a alcalde de su ciudad, Belford Roxo, pegada a Río. Ahora cree que lo puede lograr con poco dinero pero mucha creatividad, en sus palabras. Este es su spot:

Barack asegura que eligió ese nombre porque le llamaban así en su ciudad y que muchos de sus proyectos tienen que ver con el programa político del estadounidense. Él es persona seria y no admite comparaciones con otros sosias. Mucho menos con los otros que emulan al Obama del norte: son cinco en total. Y cree que está a las puertas de conseguir un pasaje a Brasilia. Quién sabe si luego se encontrará a Bin Laden en los pasillos del Congreso.

Allanando el retiro

En Brasil a Gran Hermano le llaman como se debe, Big Brother, apocopado en BBB. Y, como sucede en Europa, algunos de sus participantes cobran cierta notoriedad catódica, situación que se va diluyendo de forma inversamente proporcional al número de edición del programa. En Brasil van por el BBB 14. Imaginen cuántos estómagos por alimentar una vez que termina el corto periplo por la fama de estos chicos. Seis de ellos se presentan a diputados. Evitamos el vídeo porque no hay diferencias con un político al uso. A propósito de carreras cortas, en el fútbol se dura más tiempo que en BBB pero después de ser un campeón pasas a ser un excampeón. Y de ahí a la nada media una desagradable cuesta abajo en la que el teléfono deja de sonar. Aun así, hay quien puede presumir de vidorra fuera del fútbol. Y a pesar de eso, les falta algo. Les ocurre a dos jugadores que formaron una pareja futbolística para la historia. La dupla Bebeto-Romario ganó el último Mundial para Brasil, en 1994. Hoy se ganan la vida por separado, pero haciendo lo mismo. Diputados. Uno estatal, el otro federal. Y con ansias de ser senador (ocho años de mandato) con una salvedad inconfesable: cuentan que Romario tiene intención de presentarse a alcalde de Río de Janeiro. Sería un colofón perfecto a una carrera. Política, se entiende.

Romario:

Bebeto:

En Brasil hay Romarios y Bebetos como Reagans y Schwartznegger en Estados Unidos. Costaría mucho más encontrar una comparación con Tiririca, el Rayo Privatizador o el mismísimo Jesús. Aquí se termina el horario electoral gratuito. Ahora empieza la telenovela y después, el fútbol. La vida vuelve a la normalidad en Brasil.

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8 comentarios

  1. Sostres

    Ya sé que me van a caer palos por todas partes, ¿pero no creéis que de Río Grande o Río Bravo, hacia abajo, la gente se va «simplificando» de manera alarmante? Así, como chiquillos en jardín de infancia…

    • Simplicidad y complejidad hay a ambos lados de Río Bravo y en todo el trozo del planeta que está entre los polos… Pero yo siempre simpatizo con aquellos que ante las miserias de la existencia responden con excentricidad y psicodelia antes que con paranoia y neurosis.

    • Fernando Herrán

      Supongo que recordarle que nos gobierna un señor que da conferencias por tele plasma y que todo es mentira menos algunas cosas, que tenemos ministros de trabajo que se encomiendan a la virgen para generar empleo o ministros de interior que hacen a la virgen policía honoraria, a ministras cuyas fiestas de cumpleaños paga la gurtel sin que ella lo sepa, a subdelegadas del gobierno con el marido en busca y captura, presidentas regionales de partido huyendo de la policía y un interminable etcétera… no servirá de nada. Y eso por mencionar solamente al partido (des-)gobernante del año presente, que si nos vamos a hacia atrás la cosa se va tornando desopilante.

      Y vamos, que tenemos al norte a Hollande ejerciendo de follarín, al este hasta hace nada a Berlusconi con sus bungabungas, a Marine Le Pen llamando a la puerta por París, a un tal Farage en Reino unido payaseando y ganando elecciónes y hasta a Cañete intentando explicar que las acciones petroleras que le ha vendido a su cuñado hace unos días no le inhabilitan para ser comisario de energía.

      Vamos, y si me acuerdo de Bush, terminator, las eyaculaciones de Clinton o a Putin galopando torso al aire por Siberia o acariciando tigres cual gatetes…

      Especie humana, que se llama.

  2. Joseph

    Si los políticos mutan en payasos, porqué no equilibrar la balanza?
    Y ver payasos profesionales metidos en la política?

    Ya ha habido una entretenedora que devino diputada en Italia.

    Todo esto es muy tragicómico, y muy divertido si.
    Como debe ser.

  3. joão carlos

    Palhaço é o povinho que obrigados vota nesta gente, paga impostos escorchantes e se acham livres e democratas.
    Quando educação, ética e moral são sancionados em Lei a sociedade revoltada perde a obrigação de cumprir.
    O cidadão honesto, indefeso (desarmado) é vítima cotidiana de assaltos, furtos e roubos. A polícia não protege mas oprime. A noticia diária de falcatruas, corrupção e assalto ao erário por políticos e servidores públicos, a leniência de todo o poder judiciário criam a incredulidade na Justiça, no Direito e no futuro.
    O brasil (sic), não tem concerto.

  4. El del ’94 no es la última Copa Mundial de Fútbol que ganó Brasil

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