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Italia: the B-Sides

Nápoles, ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress.
Nápoles, ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress.

Supongo que ya sabe que no existe en el planeta persona más conocedora de los entresijos científicos, filosóficos, existenciales y materiales del mundo contemporáneo, más informada en cualquier asunto de la azarosa actualidad y más experta en cualquier rama del saber al que aspira todo ser humano que un ciudadano español con una caña en una mano y un pincho de tortilla en la otra. Los años de falsa bonanza económica, vacaciones en Cancún, Audi rojo y piso nuevo le proporcionaron carta blanca para que todo lo viera, de todo opinara y nada nublara su intocable razón. En ese periodo recuperó su ancestral voluntad conquistadora y evangelizadora de los tiempos del Imperio, volviendo a cruzar los Pirineos y el Atlántico para preparar sangrías y kalimotxos a quien se lo pidiera, dar lecciones de milagro económico a cualquier extranjero advenedizo y llevar La Palabra a quien quisiera escucharle y a quien no: «Sabed, guiris, que solo un español sabe divertirse como se debe. El resto no tenéis ni puta idea».

Esa vorágine ilustradora llevó al español también a Italia, donde echó su buena semana disfrutando de las bonanzas del circuito turístico tradicional, a saber: una tarde en Milán, un día o dos en Venecia, un ratico en Pisa y Siena, un circuito cultural exprés en Florencia, una buena pizza en Roma y la chiusura in belleza: un domingo por la mañana en el Vaticano para ver al papa, no vaya a ser. Se acercó al país con cautela, porque sabía (sí, sabía) que los italianos tienden a soltar codazos en el momento más inesperado, a robarle la novia a uno y a devolverle mal el cambio en las tiendas. Y volvió satisfecho a España con su nariz inmaculada, con su chica de la mano y sus monedas en el bolsillo, sabiéndose un experto si cabe mayor en cultura transalpina, hasta el punto de sentirse en condiciones de explicar a los italianos su propio país. Y sin embargo ignoraba que Italia le había hecho la mayor jugarreta de todas: hacerle creer que una semana de vacaciones y un par de artículos leídos en la prensa esporádicamente le habrían permitido comprender la insondable idiosincrasia de un país que tiene más capas que un campo de cebollas.

Italia es fascinación, es belleza, es tragedia, es desparrame, es misterio entendido como permanente ausencia de verdad. Los científicos que investigan los agujeros negros gozan de cierto prestigio social, pero son unos mindundis comparados con cualquiera que se plante ante Italia a puerta gayola y pretenda desentrañar su enigma, su secreto de infinitas ramificaciones cuánticas. Adentrarse en el misterio italiano implica no salir ya jamás, maravillarse y horrorizarse a partes iguales y nunca entender nada del todo. Tratar de responder a las preguntas que el país plantea es tarea pintoresca en el mundo de hoy, en el que prevalece cierto afán por comprender en su totalidad los eventos apenas sucedidos para poder pasar inmediatamente a otra cosa, como si la realidad fuera el capítulo de anoche de Juego de Tronos. Todo se simplifica por tanto, también Italia, y prevalece la tendencia de sintetizar el país en cuatro o cinco imágenes, en un vulgar compendio de tweets. Ya saben: la pizza, la pasta y el tiramisú, la Fontana di Trevi y el Puente de los Suspiros, Monica Bellucci y las velinas, el inefable Silvio y su bunga bunga, la Mafia, Sophia Loren, Marcello Mastroianni y Raffaella Carrà. Y así. No es que en esa lista no figure ya una parte de las bondades y miserias indiscutibles del país, pero conviene ampliar el espectro y profundizar un poco, porque a veces uno oye hablar de Italia que parece que le están cantando una canción de Hombres G sobre «capones de la Mafia», no sé si me entiende.

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20 comentarios

  1. Bueno, está gracioso, combatir los tópicos con otros, los tópicos de cara B

  2. Como hombre que ha tenido la inmensa suerte de emparejarse con una Siciliana no puedo mas que suscribir todo lo dicho en este artículo. De mi vida diaria con ella, el trato con su familia y con los palermitanos, de mi limitada experiencia en Sicilia he de decir que si hay algo que me enamora especialmente de ellos como cultura es la armonía con la que parecen vivir sus contradicciones culturales. Todo un misterio.

  3. Brillante. Gracias al autor, con el que comparto condición: yo también estoy casado con una italiana.

  4. Hubiera estado más interesante con menos desprecios al español medio, ese enemigo ancestral del español avanzado que es capaz de apreciar todos los matices del italiano medio.

    • Totalmente de acuerdo. No deja de ser paradójico que alguien se las da de culto, mostrando Italia fuera de tópicos, a su vez escriba un texto lleno de tópicos sobre su propio país.

      • Puede ser. Sin embargo el ‘español medio’, si eso existe, arrastra un complejo frente a otros países europeos que quizás le impida ser más curioso o empatizar más con sus países vecinos. Sobre Italia oigo muchos tópicos (soy italiano y se que algunos de esos tópicos son ciertos, otros no). Pero también oigo los mismos tópicos sobre Francia con un resentimiento que considero injustificado. Ojo, muchos franceses arrastran también tópicos sobre España que hace decenios dejaron de tener sentido. En cualquier caso el ‘español medio’ debería dejar de tener ese complejo y dejar justamente de interpretar los tópicos que se le asignan. La curiosidad y el intento de comprensión de otras culturas nos hace más flexibles y, como se dice, cultos :)

  5. Sensacional artículo, soy un enamorado de Italia y aunque ni de lejos he llegado a vislumbrar toda la complejidad de sus diferentes «mundos», en mis diferentes viajes sí que he percibido algunas de las cuestiones que planteas. Podrías tratar, deshaciendo topicos, el asunto del italiano B , ese tipo de mundo muy alejado del clásico italiano que se observa paseando en los centros de las ciudades, en mercados,…

  6. Gran comentario k. No hay nada mas español que ridiculizar a tus propios compatriotas para parecer mas snob.

    Yo he conocido varias caras b de ese país llamado Italia y no las cambio por España, que le voy a hacer.

    Por cierto calificar de gran ocasión la conmemoración de los 150 anos del genocidio de la población del Reino de las Dos Sicilias (llamado eufemisticamente unificación) demuestra que no rasca en la superficie del país que idolatra. Le recomiendo que lea el libro «terroni» de Pino Aprile.

  7. Me parece un artículo muy ilustrativo, y además me ha resultado divertido.
    Añadiría que cuando se trata de formarse una idea acerca de otro país, la tendencia de los españoles a simplificar y sacar conclusiones precipitadas e irreflexivas, generalizando casos particulares, mirando sin ver, rellenando con la imaginación los puntos que le faltan entre tópico y tópico, no se aplica únicamente a Italia. Me parece además que hay en general, a la hora de aproximarse a otras culturas, o idiosincrasias, una falta de empatía y de curiosidad verdaderamente atroces (eso que, tópico mediante, se le suele achacar por ejemplo a los viajeros norteamericanos).

  8. Te felicito por el artículo. Simplemente genial!! lo has descrito a la perfección!! tanto la manera que tenemos de ver italia y a los italianos y sobretodo su manera de ser y de pensar. Si, parecida a la nuestra, muy mediterranea, pero no igual. muy compleja con muchos contrastes…
    Felicidades.

  9. Estoy muy de acuerdo con todo lo dicho en este artículo, desde mi modesta posición de admirador de todo lo italiano, empezando por su literatura y su gastronomía. De hecho, a mí me ocurre que circunstancias, actitudes y desmanes que en España me indignan, cuando las veo en Italia me resultan hasta simpáticas, o, cuando menos, tolerables.
    Para quien esté interesado en este tema, las infinitas peculiaridades de la italianidad, existe un blog estupendo del corresponsal del grupo Vocento en Roma, Iñigo Domínguez:
    http://www.elmundodecerca.com/dominguez/
    Muy recomendable

  10. Excelente. Creo que fue Simone de Beauvoir la que dijo, asaz cruelmente, que «un español es un tipo que pontifica sobre todo sin tener ni puñetera idea de nada». Como español de origen italiano le agradezco este artículo lleno de humor, sobre todo en cuanto a que reivindica una «multicultura capaz de demostrar que cuando se vive en los matices de los grises se utiliza mejor la materia gris que cuando se imposta todo en el blanco o el negro. Grazie guagliò !

  11. Muy buen artículo.
    Siendo italiano residente en España desde hace más de diez años, me alegra ver (muy de vez en cuando, desafortunadamente) que se publique algo sobre Italia que no esté repletos de los mismos tópicos de siempre. Como escribe el sr. Zabala, Italia es un país de muchas capas y mucho matices, no es nada fácil de entender. Roberto Benigni, por ejemplo, puede parecer un payaso que hace películas mediocres, pero es un hombre de profunda cultura y gran experto de Dante y de poesía medioeval…

  12. Y qué país no es complejo y qué país no tiene mil capas?

  13. Ha sido un placer leerlo.
    Españoles e italianos somos diferentes pero nos entendemos muy bien. Las «B-sides» españolas nos las han contado muy bien Azcona y Berlanga. Las italianas: Ennio Flaiano. Estoy cayendo en que Flaiano firma también «El verdugo», no lo había pensado. Pues lo que decía al principio. También firma alguna otra «B-side» de España que no recuerdo.

  14. Me ha gustado mucho el articulo. Tiene fallos porque toca muchos palos y como bien dice el autor, todos hablamos de cosas que no sabemos.
    Que te hagan leer La Divina Comedia en el colegio no te hace mas culto. Y el italiano se indigna (y mucho) y se resigna tambien.
    Dicho esto, tengo que decir que leerlo ha sido un soplo de aire fresco. Soy espanola y vivo en Italia y cuando las cosas no funcionan (pasa muy a menudo) es muy dificil acordarse de todas las «caras B» que este maravilloso pais posee.

  15. Una síntesis de Italia y de España, con lo que mejor y lo peor: Argentina, lo hemos heredado todo. Tendrías que pasarte un tiempo en nuestros pagos, aunque sea el ccc del mundo.

  16. Soy un español medio (esto es, sin Audi, sin piso y que no conoce Cancún), pero que ha tenido la suerte de vivir en algún lugar de África, de Asia y de Europa.
    La frase: «…es fascinación, es belleza, es tragedia, es desparrame, es misterio entendido como permanente ausencia de verdad» podría describir esos mismos lugares… No somos todos tan distintos. Ni mejores ni peores. Diferentes, pero iguales en cierto modo.

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