¡Aplíqueme usted el código rojo!

Publicado por
Imagen: Sony Pictures Classics / Blumhouse Productions / Bold Films / Exile Entertainment / Right of Way Films.
Imagen: Sony Pictures Classics / Blumhouse Productions / Bold Films / Exile Entertainment / Right of Way Films.

Me importan un pito los Óscar. De hecho también me importan un pito los Globos de Oro, los Grammy, Los Emmy y —por supuesto— los Goya. La fascinante endogamia del mundo de los premios me resulta francamente aburrida y me fascinan aquellos que trasnochan para conocer unos galardones que uno puede ver resumidos en tres minutos a las ocho de la mañana. Dicho esto, cuando las estatuillas doradas las presentaba Billy Cristal un servidor pasó unas cuantas noches en vela: valió la pena solo por ver a Jack Palance hacer flexiones.

Luego, ya con la modernidad, el perro de Letterman que giraba sobre sí mismo cuando aplaudían, la pretendida transgresión de Seth McFarlane (magnífico comediante; pésimo actor) o el show de Ellen DeGeneres, una maravillosa intérprete que sufre la extensión de una gala imposible, me desenganché.

Sin embargo, este año voy a volver a sentarme en el sofá, sin palomitas, con una botella de vino, para ver si aún queda algo de inteligencia en Hollywood. Porque este año tiene que ser el año de J.K. Simmons, el año del actor del año, el villano más pérfido de 2014, el malvado dictador melómano de Whiplash: Terrence Fletcher.

Los más viejos del lugar y aficionados al off-Broadway recuerdan aún al monumental Coronel Jessup de Simmons en la adaptación teatral de Algunos hombres buenos. Frente al socarrón machista de Jack Nicholson, un orondo tirano con ínfulas de divinidad incorruptible, el Jessup de Simmons era un tipo físico y venoso, una bestia para la que no hay redención. No es porque lo diga él (Simmons) pero lo cierto es que entre su Jessup y su Fletcher hay demasiadas coincidencias, pero si bien el primero se activa con un mal marine, al segundo le basta con tener delante a cualquier músico, bueno o malo. El acoso, el insulto, la presión sin control, la religión del todo vale: el Simmons de Whiplash es el demonio al que todos temen, el hombre del saco, el tipo que dispararía a tu perro y luego le quitaría el collar simplemente para ver qué cara pones.

Jonathan Kimble Simmons, nacido en Detroit en 1955, es un monstruo de la interpretación. No es algo que sea nuevo, cuando en 1997 apareció por primera vez en Oz dando vida a Vernon Schillinger, el líder de la Hermandad Aria, los fans de la serie dieron gracias de que aquello fuera ficción. El asesino al que Simmons encarnaba con una presencia escalofriante es uno de los malos más populares de la historia de la tele (lamentablemente la serie de HBO no es popular en nuestro país) y cuando la gente habla de Walter White o Tony Soprano deberían saber que son hermanitas de la caridad al lado de Schillinger, un bastardo al que la piedad le sonaba a escultura de Miguel Ángel.

Luego llegaron Urgencias, Ley y orden (magnífico el arco de su personaje, un psiquiatra con galones), Spin city, Sin rastro, Everwood, The closer o Los Simpson. De vez en cuando, y con colegas como Jason Reitman (uno de los productores de Whiplash) o Sam Raimi (y el hilarante J. Jonah Jameson, el mejor personaje de la saga Spiderman, con permiso del Octopus de Alfred Molina) se pasaba de vez en cuando a la pantalla grande. Sus estupendos papeles en Quemar después de leer, Juno o Up in the air, daban la medida de un actor despampanante, uno de esos que no necesita más de treinta segundos para convertir el pis en gasolina.

El personaje de Simmons en Whiplash parece haber convencido a los incrédulos que quedaban de que este actor, que debutó en 1986, es puro mármol de Carrara. La presencia física del personaje, que parece lucir el cráneo afeitado como instrumento de intimidación más que como opción estética, sus bíceps, y ese traje negro que se levanta sobre unos zapatos lustrosos, es tan orgánico, tan salvaje en su pureza (cuando Nietzsche decía que Dios había muerto tenían que haberle pasado un vídeo de Terrence Fletcher) que desde su primera aparición al público se le pone la tensión en niveles de mudanza, divorcio o despido.

Fletcher es una máquina de acosar, un hombre que desvela (en la mejor escena de la película) que a él el ser humano se la trae sin cuidado, que su obligación es cruzar el límite y descubrir a ese genio, al Charlie Parker que puedes esconderse tras la apariencia de un esforzado músico de jazz. Whiplash es Simmons, llana y simplemente; cada uno de sus gestos (esos dedos, una especie de extensión del látigo del esclavista), su voz, siempre al borde la explosión, como si la ruedecita de volumen se le hubiera estropeado y solo funcionara al llegar al nueve y —sobre todo— esa mirada anfibia que lo ve y lo siente todo, como el padre que sin mirar sabe exactamente dónde está su mujer, sus hijos, el periódico, el coche y el tiempo que va hacer mañana.

No hay muchos actores que puedan dar vida a alguien así sin convertirlo en un monigote, un espantapájaros enfadado. Simmons no solo consigue que sintamos —por unos segundos— ternura por ese malnacido sino que lo convierte en un personaje al que no podemos sacarnos de la cabeza. Hannah Arendt hablaba de la banalidad del mal y de su falta de complejidad, algo que podríamos extrapolar a la glorificación del villano (del de ficción, por supuesto) cuando este es solo un enfermo, el producto de una vida estropeada. Terrence Fletcher no tiene nada de banal: causar dolor le parece placentero y para él —como para Miles Davis— la música es una misión divina. Destruyendo el alma de sus alumnos cree separar el grano de la paja. Crear un mártir es solo el primer paso para trascender y Fletcher sabe cómo seguir el camino.

Con este villano bíblico, este tipo de sesenta años que creció en una de las ciudades más duras de Estados Unidos debería llevarse el Óscar. De hecho, deberían suspender la ceremonia, darle la estatuilla en su casa y librarnos de otra pantomima interminable.

Cuando a Simmons, vestido de Jessup, le preguntaban «¿ordenó usted el código rojo?», debería haber contestado: «Sí, y ha sido maravilloso».

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

10 Comentarios

  1. Está Vd. muy cerca de la felicidad. Yo soy feliz porque casi todo me importa un pito.

    Tiene que ser Vd. muy obtuso para escribir si todavía queda inteligencia en Hollywood.

  2. Neil Patrick Harris nunca ha presentado lo Oscar, lo hará este año por primera vez. Aunque igual este artículo está escrito desde el futuro.

  3. Secundo al 100% la opinión del autor sobre la actuación de JK Simmons en Whiplash, una película altamente recomendable no sólo por su protagonista, sino también por el co-protagonista, un actor que si Simmons no hubiese hecho esa interpretación, las loanzas se las llevaría él. Además, la música de la película es genial, y el clímax final es pura emoción.

  4. Ellen DeGeneres es una maravillosa humorista pero una interprete bastante regulera, el nombre que encajaba ahí es Hugh Jackman. Está claro que el autor de este artículo está desenganchado de los Oscar desde hace mucho tiempo, sí.

  5. Mil gracias Eva por devolver al autor al presente. La película a mi me pareció normal. Esos golpes al rostro lo harán tocar mejor? no creo am
    igos. Sin duda alguna es una copia vulgar del sargento de la chaqueta metálica.

  6. Cuando le vi en esos 5 minutos que sale en Up in the air, me pregunté cuando le darían un papel en condiciones a ese pedazo de actor. Por fin se lo dieron.

  7. Histriónico y sobreactuado, me gusta más en otros papeles. Entiendo que haya tenido éxito con esta peli, pero vamos, Wiplash me parece muy sobrevalorada (menos en el pulso de algunas escenas, que ahí sí reconozco una gran virtud a la pelicula).

  8. Una cosa es que actúe bien el tal Simmons y otra bien diferente es que ésta sea una gran película, y ni mucho menos hablamos ya de que ofrezca nada que no este hecho y mil veces repetido ya en el cine.
    (Sargento Hartman en la Chaqueta metálica o sargento Tom Highway en El sargento de hierro sin ir mas lejos?)

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.