Ocio y Vicio Moda

Blanca y radiante

Fotografía: tibbygirl (CC)
Fotografía: tibbygirl (CC)

Mi madre se casó de azul. Un traje de chaqueta y falda azul. No es que mi madre fuese una adelantada a su tiempo o una contestataria o tuviese un desafecto especial a las tradiciones, es que mi madre se casó embarazada y, hace cuarenta años, si te casabas embarazada —y eras pobre— estaba mal visto vestirse de blanco. Mi madre no lo sabía pero su vestido de boda no estaba adelantado en el tiempo sino que más bien pertenecía a otro tiempo. A ciento veinte años en el pasado concretamente. Porque hasta 1840, el color que representaba la pureza —y uno de los preferidos en las bodas— era el azul.

El 10 de febrero de 1840, en la Capilla Real del Palacio St. James de Londres contrajeron matrimonio Victoria, reina de Inglaterra y el duque Alberto de Sajonia-Coburgo. Hasta esa fecha, los vestidos de boda eran trajes de gala. Atuendos ricos y profusamente ornamentados que habitualmente se confeccionaban en colores que representasen a la familia o a la casa a la que pertenecía la novia. Sin embargo, la reina Victoria se casó de blanco. También era un vestido engalanado y portaba el manto de armiño real, pero el vestido era blanco, lo cual causó una notable sorpresa en la alta sociedad de la época, acostumbrada a telas rojas, amarillas, azules, verdes o multicolores.

Recreación fotográfica de 1854 de la boda real (DP).
Recreación fotográfica de 1854 de la boda real (DP).

Pero la sorpresa duró poco y enseguida le sustituyó la imitación. Así, mientras los novios siguieron vistiendo con sus bandas, sus medallas y sus sables cruzados, las novias comenzaron a inundar de blanco las ceremonias nupciales de la aristocracia inglesa y, por extensión, la europea.

Sí, he dicho la aristocracia y la alta sociedad porque hasta la expansión popular del concepto de «amor romántico» solo existían dos tipos de bodas: las bodas de los pobres, que no existían, y las bodas de los ricos, que eran esencialmente contratos mercantiles. Lo que vendría a ser una OPA o una fusión de empresas pero con modales amanerados, intrigas palaciegas, hipocresía, espionaje y una pizca de traición. O sea que sí, lo mismito que una OPA.

Ritratto dei coniugi Arnolfini, de Jan Van Eyck (DP).
Ritratto dei coniugi Arnolfini, de Jan Van Eyck (DP).

De hecho, el cuadro del matrimonio Arnolfini, cuyo verdadero nombre es Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa no deja de ser la plasmación física de ese contrato. Según un ensayo que el crítico Erwyn Panofsky publicó en 1934, el cuadro pintado por Jan van Eyck a mediados del siglo XV representa la boda secreta entre el rico mercader Giovanni de Arrigo Arnolfini y la joven Jeanne Cevani, que a su vez procedía de una acaudalada familia italiana establecida en París. Y como la ceremonia fue secreta, es la pintura la que dio fe efectiva de las nupcias. Por cierto, que ya ven lo guapa que iba la novia con su vestido verde.

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2 comentarios

  1. Un post muy interesante, gracias por compartirlo!

  2. La verdad es que si que es curioso que todas las culturas tengan la tradición del casamiento. Aún con sus diferencias con bastantes puntos en común. En todos los casos es motivo de alegría y satisfacción para amigos y familia. Artículo muy interesante.

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