Mirar al sol y la estupidez humana

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Fotografía: 16:9clue (CC)
Fotografía: 16:9clue (CC)

En este largo y tórrido verano del año 2015 me he paseado por varios de los tradicionales foros de las Universidades de verano donde he impartido varias conferencias. Siempre tengo la sensación de que cuando doy charlas el que más aprendo soy yo. Los gestos, las miradas, y por supuesto las preguntas, me hacen reflexionar y entender mejor las cosas que cuento. Estoy convencido de que si no tuviera la presión de las audiencias mi entendimiento del mundo sería (todavía) menor. Viene esto a cuento por una pregunta que se me hizo en uno de estos cursos y que motivó mi interés de tal manera que he decidido contárselo a ustedes aquí.

En mis conferencias para audiencias generalistas suelo hablar sobre el ojo humano, recordando su funcionamiento y mostrando cómo podemos mejorar la visión utilizando la ciencia y la tecnología. La óptica es bella en su lógica y simplicidad. Y aunque tratemos de sistemas ópticos biológicos, como es el caso del ojo, la formación de imágenes en la retina y sus consecuencias siguen unas reglas bien establecidas. El sistema visual humano es extremadamente complicado al tratarse de una parte de nuestro sistema neural, pero sin embargo la parte óptica, el ojo, que impone el primer límite físico a la visión es bien predecible.

Por supuesto, siempre intento transmitir la idea de la importancia de la ciencia en este campo en particular para entender nuestra propia visión, sus límites y sus posibilidades de mejora cuando nos falle. Qué se puede hacer y qué será posible en un futuro, es de esperar, cercano.

Suelo bromear a veces que me dedico a la física porque solo me encuentro cómodo tratando de comprender asuntos relativamente simples, que espero desentrañar y entender, al menos en parte. No soy lo suficientemente ambicioso para tratar de comprender temas de mayor envergadura. En esta categoría encuadro la «estupidez humana». Tengo claro que existe abundantemente e intento practicarla personalmente lo menos posible, aunque no estoy seguro de con qué grado de éxito. Una de las formas de estupidez que me parece más estúpida son las prácticas, que siendo dañinas para la salud, se promueven entre personas ingenuas que al aceptarlas se convierten en el paradigma de la estupidez.

Una de estas estúpidas actividades es «mirar directamente al sol durante periodos de largos de tiempo como un procedimiento saludable». Todos sabemos que cuando por descuido miramos al sol brevemente, nuestra rápida reacción nos hace cerrar los ojos, y aun así tenemos una «postimagen» que puede durar unos minutos. Nuestro instinto de supervivencia nos aconseja muy bien a no mirar al sol y obligar a alguien a hacerlo se nos antoja como una forma cruel de tortura.

Pues resulta que hay muchas personas en el mundo que parece ser practican, y recomiendan practicar, mirar directamente al sol a propósito. Es tan popular que tiene su propio nombre en inglés (sungazing) y muchos seguidores que airean sus innumerables ventajas. Se relaciona con prácticas de espiritualidad de tradición milenaria (no me cabe duda de que la estupidez humana es milenaria). Aquellos que lo practican se sienten «conectados con el universo» y sugieren que sus ojos son capaces de transformar la luz del sol en energía (podríamos pensar que de una forma similar a la fotosíntesis de las plantas). Para añadir un poco más de «interés», algunos de sus defensores sugieren que mediante esta práctica también es posible mejorar la visión y corregir problemas oculares. En esta última idea se centraba la pregunta del asistente a mi curso que me dejó primero perplejo, y luego interesado: «¿Es cierto que mirar al sol directamente cada mañana es muy bueno para nuestros ojos?». Mi primera reacción fue preguntarme: «¿Cómo es posible que algo tan obviamente peligroso pueda sugerirse como método de curación?».  

El protocolo de acción propuesto parece variar, pero básicamente consiste en mirar fijamente al sol al amanecer o al anochecer durante varios minutos, aumentando la duración de estas miradas cada día hasta «lograr» permanecer de forma continua al menos durante quince o veinte minutos al cabo de unos meses. Al alcanzar este nivel se promete que se logran unos altos niveles de «energía», una concordancia con los ritmos de la Tierra y una gran paz personal. Al cabo de seis meses de continuos progresos se mirará al sol durante media hora. En este nivel, la sensación de apetito desaparece y aumenta la autoconfianza en unos grados muy elevados. Finalmente, al alcanzar al cabo de diez meses cuarenta minutos de mirada al sol continuada, todas las posibles enfermedades desaparecen y te encuentras muy próximo a tu propio yo.

Ante tales beneficios, casi me daban ganas de empezar inmediatamente con el asunto… pero como científico prefiero confirmar algunos datos antes de lanzarme a mirar al sol a «ojo descubierto». Una primera búsqueda de literatura científica sobre el tema ya me dejó con una cierta preocupación simplemente al leer los títulos de los trabajos: Retinopatías solares en personas que practicaron mirar al sol bajo la influencia de LSD, publicado en la revista británica de oftalmología en 1973. ¡Parece que esto provoca problemas en la retina y además para hacerlo a conciencia ayuda estar colocado! En la misma revista, en 1988, se presentaron casos severos de daños retinianos en personas que miraban al sol siguiendo rituales religiosos. En este caso se trataba de personas que esperaban la aparición de la Virgen en Irlanda. Por cierto, muchas casos de supuestas apariciones han estado relacionados con deslumbramientos por el sol en todas las culturas.

Cuando elsol, que subtiende aproximadamente algo más de medio grado, curiosamente casi igual que la Luna, se enfoca por el ojo sobre la retina, produce un daño conocido como retinopatía solar. Ocurren varios procesos, pero es fácil entenderlo como una quemadura de la retina que puede llegar a causar ceguera (dependiendo del daño). Ocurre exactamente el mismo fenómeno que cuando se concentra el sol sobre un papel con una lupa: se quema. La mayor parte de casos reportados en la literatura han ocurrido durante la observación de eclipses sin protección.

Pero claro, ustedes me dirán que los amantes del sungazing no están tan rematadamente locos porque lo practican a primeras o últimas horas del día, cuando el sol está bajo en el horizonte y presenta un menor brillo. Como quería verificar yo mismo esas condiciones, me armé con un fotómetro y marché al campo a medir la luminancia del sol a distintas alturas al atardecer. Esto en sí mismo me resultó problemático. Mi fotómetro era visual y para poder medir el sol tenía que mirarlo directamente, cosa que quería evitar. Habilité varios filtros neutros (que absorben la luz en cantidades controladas) que coloqué manualmente sobre el instrumento para reducir cientos de miles de veces la luz del sol.  

La luminancia del sol en el cénit es del orden de 1500 millones de candelas/m2. De acuerdo con los umbrales máximos permitidos, mirando al sol más de 10 segundos continuos causaría un daño retiniano severo térmico. Diez minutos antes del ocaso, la luminancia del sol es de 10 millones de candelas/m2, y media hora antes (necesario para el tratamiento completo del sungazing) ya próximo a los 300 millones de candelas/m2 (dependiendo de las condiciones y lugar de observación). Para dar unos ejemplos que puedan comparar, el cielo tiene unas 5000 candelas/m2 y la pantalla de su ordenador no supera normalmente las 200 candelas/m2, y algunos ya se preocupan por los perjuicios de esa luz…

En estudios más recientes que  utilizan nuevas técnicas de imágenes de la retina (tomografía de coherencia óptica) se han mostrado daños en la retina tras exposiciones al sol. Los estudios de máximas exposiciones permitidas están basados en general en modelos con animales y se obtienen en situaciones donde el daño es manifiesto e irreversible. Existe una zona intermedia de exposiciones por debajo de los límites de riesgo que yo siempre aconsejo evitar (en mis experimentos llevo años mirando directamente a «pequeños soles» [láseres] en el laboratorio). Los efectos de acumulación temporal, combinación con posibles medicamentos, variaciones individuales… hacen que se convierta en un auténtico «juego de la ruleta» practicar el sungazing.

Entendiendo que nuestra estupidez es casi infinita y que nadie escarmienta en cabeza ajena, si están tentados de hacer sungazing mi recomendación es que hagan primero una prueba de concepto. Miren al sol cuando esté bajo en el horizonte durante unos segundos. Cierren los ojos y recréense con las postimágenes (escotomas temporales). Vuelvan a repetir la operación y, al terminar, miren la pantalla de su móvil, que no verán por unos segundos que quizás se les hagan largos. Finalmente, imaginen que esta ceguera temporal podría durarles toda la vida. Y entonces decidan que es mejor conservar sus bellos y eficientes ojos protegiéndolos de las quemaduras solares. Puestos a ser estúpidos de vez en cuando, es mejor poner la mano en el fuego que el ojo en el sol.

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