Destinos Ocio y Vicio

Berlín: ¡Tan lejos, tan cerca!

¡Tan lejos, tan cerca! (1993). Imagen: Cinemussy.
¡Tan lejos, tan cerca! (1993). Imagen: Cinemussy.

«Continuará…» amenazaban las letras sobre la pantalla durante los últimos segundos de El cielo sobre Berlín. Por la manera en la que el film estaba hilvanado, y parecía llegar a su propio término gracias un golpe de inspirada suerte, la advertencia parecía más bien una manera menos prosaica de decir «fueron felices y comieron perdices» que el anuncio de una perspectiva real.

Poco después caía el muro, y las dos ciudades que hasta entonces habían avanzado aisladas por tiempos paralelos volvían a penetrarse, descubriéndose mutuamente una variedad infatigable de espacios nuevos: calles, fachadas, patios, estaciones, canales, puentes, edificios históricos, y un sinfín de otros elementos que aparecían como rescatados de otro mundo ante el atónito observador. Los ojos debieron de girar frenéticamente en las órbitas del director Wim Wenders frente esta inexplorada colección de localizaciones, decidiéndole seis años después de El cielo… —cuando la incierta expectativa de una secuela se había diluido casi por completo—, a situar a sus ángeles en el nuevo escenario de la ciudad reunificada.

En 1993 se estrenaba ¡Tan lejos, tan cerca!, que aunque premiada con el premio especial del jurado en Cannes, fue recibida tibiamente por la crítica. Y no con poca razón. Si se asocia el título a un sketch de Barrio Sésamo con Coco explicándonos alguna de las elementales leyes de la perspectiva no se está completamente desencaminado. Algo de ese candor está también presente en la película, pero en este caso es Mijaìl Gorvachov el que se nos muestra de cintura para arriba detrás de un escritorio, reflexionando sobre la paz mundial y el futuro de los hombres. La escena, al comienzo de la película y que nada tiene que ver con el resto de su desarrollo, resulta incómoda por su grandilocuencia, y hace que me pregunte qué le contarían a Gorvachov para convencerlo de hacer un cameo en una producción de arte y ensayo alemán. Pero bueno, hay que confiar en el genio del señor Wenders. Y ¿qué puede fallar en una película donde aparecen Lou Reed, Peter Falk y Mijaìl Gorbachov interpretándose a sí mismos? Bastantes cosas, porque si El cielo… poseía un equilibrio mágico a pesar de sus posibles carencias, conseguir esto una segunda vez era pedir demasiado a los ángeles. El plot, que continúa la historia del ángel Cassiel y su compañero Damiel, incorpora además tejemanejes incomprensibles entre gánsteres y la aparición de un desubicado personaje interpretado por Willem Dafoe llamado Emit Flesty —time itself al revés— que no termina de cuajar.

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7 comentarios

  1. Impresionante! Que gran recopilación de hechos nimios que dan cohesión a un todo, 2 películas magistrales. Una más que la otra tal vez, un clásico moderno. Y no puedo dejar de nombrar, en el (triste) olvido, la terrible versión de hollywood. Así como no dejar de nombrar la gran actuación de Bruno Ganz.

  2. Pelicula fascinante de Wenders. Al contrario que el autor del articulo, me encantaron las actuaciones de Lou Reed y Peter Falk (colombo) entre otros.
    No me queda claro de q va el articulo…a parte de revisitar antiguos lugares donde fue filmada la película, q es mucho más interesante que todo lo que aquí se dice por cierto. Si tienes un rato y te atrae esta visual échale un ojo. El tema te sorprenderá, además de ser mucho más profundo de lo que aquí se implica. No digo más.

    • La autora, no el autor.

      • Sin embargo a mí me queda claro que la autora nos da una visión muy interesante de un Berlín poco conocido pero cargado de símbolos y anécdotas que remiten a su singladura histórica reciente; y todo hilvanado con las secuencias de las dos famosas pellículas de Wenders. Un ejercicio singular con resultado muy satisfactorio.

  3. Pingback: Berlín: ¡Tan lejos, tan cerca!

  4. Pingback: Damiel – El club Pickwick

  5. Me parece que el personaje de Willem Dafoe tiene todo el sentido del mundo en esta película. Gracias a la autora de este artículo por revelarme el sentido de su nombre al revés: «Time itself». Si el personaje es «el tiempo mismo», podemos asociarlo con el dios del tiempo, Cronos, llamado también Saturno. Y … ¿acaso la palabra Saturno no deriva luego en «Satán»? ¡Esa es la razón de ser de Dafoe! No olvidemos que se presenta para «tentar» a Cassiel humanizado ofreciéndole dinero para que participe en un juego de azar.

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