Sociedad

La verdad de la Navidad

Foto: Martin Cox (CC)
Foto: Martin Cox (CC)

A nadie le importa la Navidad. Lo oirá todo el rato «son días como otros cualesquiera», «en mi casa no se cocina nada especial», «nosotros no damos regalos desde hace años» y una larga lista de tópicos-que-desmontar-en-Navidad.

La Navidad apesta. Cientos de luces de colores, villancicos, niños de vacaciones ocupando metros de calle, carritos de bebés conducidos por padres que salen a la calle a festejar la vida, gente embarazada (de verdad, la gente se embaraza mucho más en Navidad), «¿y tú para cuándo?», escaparates de señora con escotados vestidos (por delante y por detrás) para pasar las frías fiestas, expositores de panaderías llenos de dulces que harán que se ponga como una vaca y las lorzas le sobresalgan por delante y por detrás, encadenar tres catarros seguidos para acabar con una gripe fulminante, marisco y gastroenteritis, resacas, amigos retornados con sus planes superespeciales, parejas nuevas y enamoradísimas ocupando las pistas de patinaje sobre hielo. El abuelo amenazando otra vez con «este será mi último año» mientras le obsequia con cinco euros para invitar a los amigos. Los malditos y esperados anuncios de Freixenet y de la Lotería Nacional. Más luces, más abuelos, más frío, más villancicos y más niños sueltos.

Pero no todo es felicidad en el reino del señor.

Estadísticamente, los días previos a las fiestas de Navidad son la época del año en donde más rupturas sentimentales se producen. El año nuevo trae la ilusión de un cambio de ciclo que anima a muchas personas a cortar su relación y a empezar el año con renovadas ganas de acostarse con otras personas. Las presentaciones, comidas y demás eventos familiares propios de estas fechas pueden generar estrés y la sensación asfixiante de estar precipitándose en el amor. Además, las fiestas a las que siempre somos invitados en las que sobra o falta la pareja (considerando sobrar o faltar criterios completamente subjetivos), el poco interés a la hora de escoger regalos para él o para ella, el asco que le da su cuñado, o lo poco interesante que le parece su pareja ahora que pasan más de tres días juntos, son razones suficientes para animarse a pedir un divorcio. Personalmente, llevo las rupturas navideñas como tradición y las cumplo tan a rajatabla que empiezo a pensar que rememorar el nacimiento del niñito Dios me impide estar con otro hombre. Y aunque es obvio que romper en Navidad tiene su parte traumática, tampoco hay que olvidarse de lo bueno. Deje usted, o lo hayan dejado, el espíritu navideño favorecerá que todo el mundo esté más pendiente y dispuesto a aguantar sus lloros mejor que en cualquier otra época del año. Si a este espíritu navideño le sumamos el alcohol, el entierro del abuelo que ha acertado en sus vaticinios, y la no renovación de su contrato laboral, esté seguro de que abrazos no le van a faltar.

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17 comentarios

  1. Me siento totalmente identificado con el texto. Si estas fiestas son complicadas para las relaciones, súmale pasarlas de viaje… Que acabe ya este año!

  2. Artículo de gente depresiva que todos los años leemos en algúna web.

    Aguafiestas!

    • Para mí es evidente que faltan farlopa y jaco en la vida de estos reporteros tristones. Yo estoy pasando unas navidades fantásticas.

  3. Es una pena…Yo apuesto por unas Navidades cada vez más íntimas ,seamos originales!!! Pero todo el Año,centremonos en lo k significa y miremos más dentro de nosotros k fuera. Respetemos a los k prefieren Navidades trankilas ,quizás es por k necesitan cariño de verdad en estas fechas en la k los vacíos también se multiplican.
    Hagámonos pequeños ,muy pequeños …
    Claro que si sólo uno tiene esta mentalidad al final también acaba sintiéndose raro…
    Muchas cosas tienen/tenemos k cambiar.
    Yo no quiero esa Navidad Diana.

  4. Ni que decir de toda esa gente con tan mal gusto (o mala leche) por no hablar de una total falta de consideración a los demás, que se muere en vísperas de navidad o el MISMO día de la cena!. Inconcebible!. Pero es lo que hay. El salmón noruego al doble de precio! Vaya usted a saber si el salmón es de Noruega. Del bacalao mejor ni hablar.

  5. En la Navidad siempre he percibido que existe una especie de imposición a ser feliz,….y a que nazcan otro tipo de ‘buenos’ sentimientos. La Navidad no cambia a las personas ni las hace mejores, las deja igual que son. Es una fuente de esperanza y de conflictos porque como seres humanos somos pura contradiccion y porque este transfondo prendidamente mágico pone de relieve que otro paisaje no significa otro ruido. Está bien que la gente rompa sus relaciones antes de Navidad, sobre todo porque no es culpa de la época, no tiene nada que ver con los compromisos familiares …en una palabra ‘no eres tú, soy yo’. Como seres humanos, queremos tener la seguridad de que año tras año algo se repetirá, de que seguimos aqui y un punto de apoyo son las tradiciones. Estos dias desligados de imposiciones anímicas y memorias nostálgicas terminan siendo lo que realmente son: tan solo fiesta.

  6. Y es que poniéndote el nuevo pijama de franela todo se calma ;)

  7. No sé, de tan repetido acaba por no decir nada. Por lo visto, el resto del año la gente no se muere, no pone cuernos, no se suicida, es sincera y generosa a más no poder pero resulta que tiene la curiosa costumbre de esperar a la Navidad para mostrar cómo son realmente. Que ya es ponerse de acuerdo, ¿no?
    Claro que, quien más, quien menos, todos tenemos nuestras historias de parientes tocanarices en Navidad pero, insisto, ¿qué pasa? ¿El resto del año son un encanto? Entonces, ¿cómo hemos llegado a esta estúpida convención de que es insoportable tener al ‘cuñao’ de turno a tu lado en la cena de Nochebuena? ¿Acaso si te toca en a tu lado a mitad de agosto en un cumple mejora mucho la cosa? ¿Entonces? ¿Es progre decir que la Navidad es una mierda pero dar el pésame cuando realmente te importa un pito que se haya muerto esa persona no es una muestra de hipocresía? Hay cosas que no entiendo. Será que me hago viejo.
    Si tanto toca las narices, cosa que se puede entender, ¿por qué celebrarlo? ¿Quién te obliga? Dile a tus amigos o a tu familia que pasas de todo, que te dejen en paz. Si de verdad quieres que sea así, lo puedes conseguir, al margen de que te tengan por ‘rarito’. Pero tú eres ‘auténtico’, qué carajo, así que pasa de todo… Claro que entonces te jode no tener un regalito o dos, que nadie te felicite, aunque sepas que más de una vez es mera convención, que el ‘cuñao’ es un pelma pero celebrarlo con tus hijos o tu pareja o los amigos, después de todo, está bastante bien y que andar todo el día con cara de vinagre sólo por ir a la contra es una mierda.
    Así que deja de lloriquear y pásalo bien.
    Y feliz Navidad, hombre, y que sea con salud.

  8. La Navidad es un AUTÉNTICO COÑAZO!!! Todo es consumir, comer, emborracharse, ver a gente que no te apetece, las calles abarrotadas de gente gritando, ruido, luces, consumismo a raudales, hipocresía… Lo dicho, un soberano coñazo.

    • Esa descripción vale para lo mismo para la Navidad que para los sanfermines o la feria de abril. O sea, cantemos con Alpino, «Odio las fiestas».

  9. misántropo

    Gran artículo.

  10. Los que estais a favor de la navidad…porfavor plantearos vuestra vida,estais ciegos, el capitalismo lo ha logrado también con vosotros.

    • Yo no es que esté muy a favor, pero usted ¿cómo huye del omnipresente capitalismo? ¿Acaso se puede? ¿Y no se puede estar a favor de la Navidad sin ser reo del capitalismo (más reo que en cualquier otra época del año, quiero decir)? ¿Y por qué sólo nos acordamos de que somos víctimas del consumismo en Navidad y no en vacaciones de verano o en Las Fallas o en los cumpleaños? ¿Y cuando decimos que odiamos la Navidad a qué nos referimos exactamente?, porque en Nochevieja la gente está encantada de la vida (includo los detractores de las Navidades o especialmente ellos), y todo petado, y venga y venga y dale y dale.

  11. Pingback: Hombres salvajes, las fiestas del miedo: un Halloween a la europea - Jot Down Cultural Magazine

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