
¿Cómo filmar el horror? ¿Cómo registrar el infierno con una cámara? O, mejor aún: ¿cómo recrear el infierno en un decorado para luego filmarlo esperando que, al registrarlo, la cámara revele algo relevante sobre el verdadero infierno de Auschwitz?
El hijo de Saúl es el ambicioso intento de László Nemes de dar respuesta a estas preguntas. Para este joven cineasta húngaro, la mejor forma de filmar el horror es con un compromiso férreo con la rigurosidad formal, en su caso la que imponen el primer plano y la subjetividad de un punto de vista unitario. Por eso mantiene la cámara a escasos centímetros de su protagonista durante toda la película, siguiéndole por el caos del campo de concentración en primeros planos frontales o dorsales.
Pero, ¿qué hay detrás de esa decisión creativa que vertebra todo el filme? ¿Qué busca László Nemes con esos primeros planos, con esa obsesión de su cámara por el rostro de su protagonista? ¿Por qué filmar el horror en primer plano?
De entrada, por una voluntad de realismo. En una entrevista para IndieWire, el director comentaba que su protagonista no presta atención al horror que le rodea porque su mecanismo de defensa es el aislamiento. Y por eso él decide no enseñar de forma directa todo lo que le rodea. Solo vemos el campo de concentración por los huecos que deja el rostro de Saúl a ambos lados de ese estrecho encuadre con formato 4:3. Pero además Matyas Erdely, el director de fotografía, se asegura de que ese fondo quede muy desenfocando, dificultando aún más nuestra visión de las atrocidades que rodean a Saúl.
Por otro lado, esa negación visual que experimenta el espectador desde el inicio del filme pretende emular la experiencia del protagonista en el campo de concentración, marcada por la angustia, la falta de información y el caos absoluto. El uso magistral del fuera de campo y del sonido produce una sensación muy incómoda en el espectador, que sabe de todas las atrocidades que están ocurriendo pero no ve ninguna claramente. Lo que se intuye es a veces mucho más poderoso que lo que se ve, y Nemes lo sabe: «Mi objetivo era enseñar menos para hacerles sentir más».

Otra razón para filmar en primer plano es la envergadura que adquiere el sonido. Muchas de las atrocidades del filme suceden fuera de campo, pero nada se escapa a nuestros oídos. Con un tratamiento hiperrealista, complejo y por capas, el desgarrador sonido de muerte nos fuerza a imaginarnos todo el horror que la cámara nos niega, introduciéndonos sin remedio en el centro de ese infierno. László Nemes aprendió la lección de Bresson, que en sus Notas sobre el cinematógrafo recomendaba reemplazar las imágenes con sonidos cuando fuera posible, pues «el oído va más hacia el interior.»
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PELICULÓN. Así, escrito en mayúsculas. La vi en el cine y éramos nada más que tres en la sala. Una lastima, porque considero que para apreciar todo lo que relata este artículo es necesario verla en pantalla grande y escucharla dentro de una sala. Hacía tiempo que no me sentía tan metido dentro de una película.
Corran a verla en el cine antes de que la quiten.
Si una peli fuera de serie, y concuerdo con los criterios de Claude Lanzan que sabe de lo que habla, esta peli es un complemento a su peli Shoah , otra de las grandes sobre este tema, donde te describen los supervivientes, incluyendo los ejecutores, todos los detalles de la maquinaria administrativa y los trabajo de los sapos y sus comandos. Un premio de Cannes bien merecido sin duda.
Pero, como siempre, ¿sólo trata de judíos o también muere algún goy?
La película es buena, pero el tema de la cámara siempre en primer plano… al quitar la profundidad de campo creas tensión, obligas al espectador a imaginar e intuir el horror de lo que pasa, haces un ejercicio de técnica audiovisual… y enseñas a todo el mundo lo que es estar en Auschwitz si tienes un número considerable de dioptrías y has perdido las gafas. Alguien tendría que haberle dicho en postproducción que quitara los grandes planos borrosos en los que acabas haciendo que al espectador le duelan los ojos y salga momentáneamente de la historia, que las lágrimas sean sólo por lo que ocurre en el campo de concentración, no por enseñar un bosque desenfocado.
Formalmente, estéticamente y narrativamente me parece un film insoportable. Mi resumen: he salido pdel cine mareado y esto es literal.
Sí, entiendo la idea de seguir a Saul a todas partes, el desenfoque, el 4:3 y la fijación del protagonista de redimirse de sus actos como sonderkommando enterrando al chaval. Pero conmigo no funciona. Un tostón que a mi juicio funcionaría como corto y ya. Es que 1h45′ de lo mismo resulta un coñazo. La idea funciona bien en las duchas, en la escena inicial o en alguna que otra escena. Pero para mí es de cineasta vago usar lo mismo para todo y esconderlo en un halo de sensibilidad especial
De verdad, alucino con las buenas críticas que leo de este film….. es realmente insoportable, a mi, literal, me produjo dolor de cabeza tanto forzar la vista para intentar ver algo que no fuera el cogote del protagonista, un coñazo inmenso, vale lo de centrar la historia en lo que el protagonista ve, pero es wue nosotros no vemos lo que el ve, solo vemos su nuca y poco mas.