
Hace unos cuantos años, en los corrillos cercanos a la industria cinematográfica, circulaba el rumor de que Disney estaba mirando con ojos golosos al Mundodisco que el escritor Terry Pratchett había construido a base de letras. Era totalmente cierto, Ron Clements y John Musker, dos directores que tenían entre sus criaturas a La sirenita, Aladdin, Hércules o Tiana y el sapo, sopesaron la posibilidad de trasladar Mort al mundo animado. Mort era la cuarta novela ambientada en Mundodisco y la primera centrada en el personaje de Muerte, una Parca carismática con aspecto de esqueleto ataviado con capa, espada, guadaña y mucha curiosidad por los humanos que acompañaba al otro lado durante la jornada laboral. En aquella historia un chico llamado Mort, acompañado de la hija adoptiva de Muerte y una princesa que regateó un destino mortal, zarandeaba la estabilidad de la realidad y el universo al convertirse en aprendiz del segador de almas. Podría parecer un material demasiado tétrico como base para una película Disney, pero la compañía ya había fabricado productos oscuros como Tarón y el caldero mágico y por otro lado también había inventado el término disneyficación gracias a su habilidad para endulzar relatos originalmente salvajes, como ocurría con las fábulas del folclore alemán.
El caso es que entre los trabajos del porfolio de la artista Claire Keane, hija del legendario animador Glenn Keane, aparecieron algunos bocetos de aquella adaptación de la novela, ilustraciones curiosas que no pasaron de ser esbozos conceptuales con los pañales recién puestos. Musker y Clemens abandonarían el proyecto para centrarse en la polinesia Moana (que aquí se estrenará como Vaiana porque el nombre original estaba pillado). Y Mort sería otro film que podría haber sido, uno con bastante mejor pinta que las tv movies y films de animación torpe existentes basados en Mundodisco. Recientemente, durante el aniversario conmemorativo del fallecimiento de Pratchett, se ha anunciado que una nueva versión de Mort para la pantalla grande está en marcha. Y también que la hija del escritor, Rihanna Pratchett, será la encargada de adaptar otra de las novelas de Mundodisco, The wee free men (pequeños hombres libres), al formato largometraje.
Garabatos
La película de Mort no era la única obra abortada que dejaba migajas capaces de hacer salivar a los fans en porfolios de artistas: Steve Purcell, padre de Sam & Max, dibujante ilustre en Lucasarts y diseñador de personajes en Brave, atesora bosquejos para una película cancelada basada en Monkey Island, una saga de videojuegos en cuyas dos primeras entregas había colaborado mucho. Los bocetos tardaron años en aparecer, antecedidos de rumores sobre una cinta de animación con Guybrush, grog y piratas bajo el amparo de Lucasfilm y la Industrial Light & Magic y la dirección de un Steven Spielberg fan de las aventuras originales. La cinta se titularía The curse of Monkey Island y no tendría nada que ver con la tercera entrega jugable del mismo nombre. En su lugar sería una especie de reboot, pero no convenció lo suficiente y el plan se desechó. El responsable del guion era Ted Elliot, quien acabaría encargándose de escribir Piratas del Caribe, aquella cinta que venía a ser Monkey Island con Johnny Depp correteando por ahí.
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Existe un mundo paralelo en el que se pueden ver todas estas películas; además te libras de ver «Lo que el viento se llevó», todas las de Cameron, «La familia bien, gracias», y muchísimas otras.
Ponga su película odiada aquí:
El proyecto de Sergio Leone sobre el asedio de Leningrado, del que habéis hablado en otros artículos, y para el que buscó financiación (sin encontrarla). Sólo por el inicio espectacularmente brutal que estaba planeando, ya merece ser considerada entre las más grandes películas jamás rodadas.
A mi las dos pelis que más me jode no llegar a ver de las que mencionas en el artículo son la conjura de los necios y buenos presagios.
Es La brújula dorada, no La brújula perdida. Basada en las novelas de Phil Pullman (las otras de esta trilogía son The subtle knife y The amber spyglass) sí que tienen un cierto tono anticlerical, pero no más intenso que otras cosas que se hayan rodado. Es una lástima, porque la primera no estaba mal resuelta a pesar de su tono comercial. Más que el asunto antireligioso, lo inquietante de estas narraciones es la permanente crueldad del mundo adulto hacia los niños, que mantiene un permanente aire incómodo.
«cosas tan curiosas como jirafas con máscaras de gas ardiendo» ¿Qué es lo que arde, las jirafas o las máscaras de gas? ¡Necesito una aclaración!
Tú ere mu tontoooooooo!!!!!!!!!!!!!