Sociedad

La irrupción del grano en la dermis moderna

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Imagen vía The Society Pages.

Exergo

Poco antes de jubilarse Milton Friedman, tuvo lugar en la Universidad de Chicago una escena no poco dramática. Era invierno del año 1976. Estaba el economista entrando al auditorio Regenstein, donde impartía sus famosas lecciones magistrales, cuando vio en el tablero el dibujo de una cara redonda y orejona escondida detrás de unos anteojos abultados. Había murmullos en el salón, algunas risas. El profesor se quedó de pie observando el dibujo, de espaldas a sus estudiantes, sin decir una palabra. Con la misma calma con que había entrado, Friedman tomó los libros que había dejado en el atril y salió del salón sin mirar a sus estudiantes: el auditorio estalló en una sola carcajada.

La caricatura en el tablero dibujada con marcador rojo venía acompañada de una frase muy corta: «Friedman el granoso» (Pimple Friedman). Los cachetes, la nariz y la frente del economista estaban repletas de acné.

El año siguiente Friedman se jubiló de la labor docente.

Preámbulo

El grano se ha constituido como el objeto social que pone en escena nuestros pecados; síntoma de vergüenza. ¿Por qué Friedman entendió como una afrenta la caricatura granosa en el tablero? ¿Cómo se llegó a asociar el barro o la espinilla con la culpa y la pena? ¿Qué hizo posible esa unión? ¿Por qué? ¿Por qué la vergüenza y no, digamos, la fortuna? ¿Qué sociedad fue capaz de configurar el pudor y el sonrojo alrededor de una alteración dérmica involuntaria? ¿Qué haz de relaciones hizo posible la emergencia de ese significante-vergüenza? Un vasto campo de investigación se abre con la enunciación de esas preguntas.

El grano o forúnculo (según la región de habla) entró a hacer parte del discurso de la dietética, la medicina y la higiene gracias a la reconfiguración del orden de las cosas en la episteme moderna. ¿Qué significa eso? ¿Qué carajos es una episteme? Por el momento diremos que, hasta hace un par de siglos la grasa acumulada en forma de protuberancia no tenía las mismas connotaciones sociales que tiene hoy (entre otras cosas porque no existía el grano como objeto material).

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3 comentarios

  1. Ya que hablamos de granos, aquí (hacia el final) tienes un jocoso colofón a un breve relato que apuesta por el optimismo. Espero que, como poco, sonrías. ¡Que buena falta nos hace!
    Razones para el optimismo https://dametresminutos.wordpress.com/2015/10/17/razones-para-el-optimismo/

  2. Si bien no es un lastre (socio históricamente construido) con el que carga mi dermis continuamente, cada vez que aparece este objeto social de vergüenza, se desmoraliza en mi ser. Sin embargo, la próxima vez que suceda lo portaré con orgullo y hasta vanidad, cómo mi mostacho, que sigue siendo un cierto tipo de cuerpo ajeno que coloniza mi cutis.

  3. ¡Menuda investigación hay detrás de esa prosa tan fluida! Excelente paper sobre el archienemigo adolescente.
    Aún así, me gustaría pedir que se revisen algunas cosas… Siento ser «esa persona», pero me da rabia cómo desmerecen un artículo tan bueno. Y sobra decir que no hace falta que aprobéis mi comentario.
    – En primer lugar, la frase: «De Larechalde le sugierió a Jules Ferry, primer ministro francés encargado de las negociaciones, la siguiente estrategia». Creo que Ferry era el ministro inglés, y que la forma del verbo es «sugirió».
    – Luego, aunque digamos «el acta», sigue siendo un sustantivo femenino, por lo que sería incorrecto «firmado por Eisenhower».
    – Por último, hay un punto entre Golden Fluffo y Shortening que no debería estar ahí.

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