Arte y Letras Literatura

Un tal Bolaño

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Xosé Luis Fortes cuenta que a finales de 1979 coincidió con un tal Bolaño en Ourense. Tuvieron trato durante un mes, aproximadamente. Según él, casi seguro que era Roberto Bolaño Ávalos (1953-2003), el escritor chileno. Acentúa la palabra «casi», para dejar claro que pudo ser Roberto Bolaño pero también no serlo. Es cauto a propósito de sus recuerdos. A veces «también la memoria recrea ficciones», admite. Fortes (1961) trabaja como celador de carreteras en la Xunta de Galicia, pero en su otra vida, la de las tardes, se entrega a la literatura. Yo nunca había leído ni oído que Bolaño hubiese estado alguna vez en Galicia, pero me empecé a interesar vagamente por esa historia cuando Fortes me la contó por tercera vez en diciembre de 2017.

A mediados de ese mes quedamos en el café Bohemio de Ourense, en una mesa al lado de la puerta, por la que entraba un frío atroz. Nos levantamos media docena de veces a cerrarla. Encendí la grabadora y le pedí todos los detalles que consiguiese recordar del tal Bolaño. El relato comenzaba en 2008, y después iba hacia atrás. «Ese año yo sufrí un infarto, y en mitad de mi recuperación mi amigo Pepe Bouzas apareció en el hospital con un ejemplar de Los detectives salvajes (1998). Me empezaron a sonar demasiadas cosas, y aparecieron algunos datos ante los que me dije que allí había algo nuestro, generacional, común». Días después su amigo le envió un enlace a una entrevista en una radio de Girona. «Aquella voz me sonaba. Era Roberto Bolaño, y en ese momento es cuando pienso por primera vez que es perfectamente posible que Bolaño fuese el mismo Bolaño que yo había visto y tratado treinta años antes en Ourense».

En su teoría, había algunos fragmentos sobre Galicia en Los detectives salvajes que despertaron los recuerdos en los que Bolaño se le apareció en Ourense. «¿Qué fragmentos son esos?», pregunté. Dos noches después me envió una fotografía de la página 427 de la novela, en la edición Narrativas hispánicas de Anagrama. Se trataba del comienzo del capítulo 20, donde Xosé Lendoiro, poeta y abogado, relata cómo y cuándo conoció a Arturo Belano, trasunto de Roberto Bolaño y protagonista de la novela junto a Ulises Lima, a su vez trasunto del poeta mexicano Mario Santiago (1953-1998). Lendoiro lo conoció durante un viaje por Galicia, en un camping de Castroverde (Lugo) al que el abogado fue a parar en su roulotte, con la que se dedicaba a recorrer España por placer. Un día, durante su estancia en Castroverde, un niño se precipitó a la sima de una montaña llamada la Boca del Diablo. El vigilante del camping se ofreció a descender con una cuerda y rescatarlo. Cuando al fin lo subieron, se organizó «una fiesta de gallegos en la montaña, pues los campistas eran funcionarios y oficinistas gallegos y yo era hijo también de aquellas tierras y el vigilante, al que llamaban El Chileno pues esa era su nacionalidad, también descendía de esforzados gallegos y su apellido, Belano, así lo indicaba». Al menos en la ficción, pensé, Bolaño sí había estado en Galicia, como una etapa más del interminable viaje que Belano y Lima emprenden en 1976, cuando salen de México D. F. en busca de la poeta realvisceralista Cesárea Tinajero, y que, a menudo por separado, los llevará a lo largo de veinte años por Nicaragua, Estados Unidos, Francia, Austria, Israel, Egipto, Liberia, Angola, otra vez México y también España.

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12 comentarios

  1. «…Roberto Bolaño, después de todo, era un detective salvaje» Y usted un testarudo continuador en la búsqueda de la quimera. Excelente nota. Me sentiría muy satisfecho saber que tambien usted se sintió… no defraudado, talvez triste con el final de Los detectives salvajes (si no es así, este particular no quita valor a su excelente artículo) y es por tal motivo que se convirtió en un desastrado detective que deja todo en el aire, con ganas de que otros continuen la labor, ad eternum. El continuo y obsesivo uso de frases temporales referidas al pasado dan la sensación de que, al final, repleta la bolsa de pretéritos, nos encontraremos con la verdad deslumbrante en una explosión, pero nada señor, nada de nada. La realidad es tan desolante! Menos mal que también hay poesia:…Está en un sótano. Hay que bajar dos plantas. Si te quedas en la primera te encuentras el pub Kinley. Si desciendes una más está el antiguo Yopo..» PD: Qué pálida desparramamos los argentinos, pero en el fondo somos buenos, algo ingenuos pero buenazos. Gracias por la lectura.

  2. ¿Dónde estabas? ¿Con quién? ¿Qué hacías? Preguntas que cualquiera que haya vivido en Chile podría responder con total seguridad si le ha tocado pasar un terremoto. Esas cosas no se olvidan. Con la misma precisión podríamos contestar muchos de los que leímos hace casi veinte años esa novela que, a su modo, también fue un sismo mayor: Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

    Estábamos en Antofagasta, rodeados de desierto y mar… https://alejandroaliagablog.wordpress.com/2018/05/05/cuando-pase-el-temblor-a-20-anos-de-los-detectives-salvajes/

  3. Un hijo ilegítimo de Ryu Murakami

    También es indudable que estuvo en Japón. En la página 500 del libro hay un indicio insobornable de ello.

  4. Excelente relato, gracias escritor Tallón. Nunca he leído a Bolaño pero he sabido de él desde hace años. Cris, mi expareja los ha leído casi todos y recuerdo dos títulos en casa “Los Detectives Salvajes” y “2666” pero jamás intenté abrir y leer una sola página y hoy, dos años después tampoco lo he hecho pero desde hace unas semanas El País ha sido muy pródigo con el escritor y su obra – y otros diarios- y me he puesto en la tarea de compartirle a Cris los artículos pero antes de hacerlo los he leído, acaso como una manera, ahora que no somos los dos que éramos, de acercarme a sus gustos literarios y este artículo fue la gota faltante para hacerlo finalmente; a partir de mañana comenzaré a leer a Roberto Bolaño. Gracias.

  5. Relato digno de una novela de Bolaño

  6. Estupenda historia. ¡Tallón ha vuelto!

  7. LA GALLEGA MELANCOLICA

    impresionante la cantidad de gente que le cogió el teléfono al autor para no decirle nada. colijo que porque a nadie le interesa si bolaño estuvo en galicia. ni a bolaño. a ver si los abogados de carolina lópez dejan pasar este ataque. espero que no.

  8. Si te dormiste con Los detectives Salvajes es porque no has tenido juventud. Si te dormiste con 2666 es porque nunca te has puesto a pensar en la muerte. Si te dormiste con Nocturno de Chile es porque nunca has sentido el desarraigo. Si te dormiste con todos ellos, es porque lo tuyo es Sidney Sheldon.

  9. Quiero hacer un comentario sobre los comentarios, algunos me parecen dignos de elogios, otros de profunda y sincera negación; cuanta ignorancia sigue habiendo en el mundo. Buen relato meta-literario sobre Roberto Bolaño, la fascinante historia por el personaje.

  10. Pingback: Monsieur Pain | El último fragmento

  11. cesar a secas

    En El Yopo se cruzaron cientos de caminos. Con Roberto, si llegó a estar allí, no coincidí, me acordaría, creo.
    Juan Saavedra, hermano de Orlando, era en realidad el verdadero anfitrión; su guitarra, su voz de trueno y su complicidad ideológica constituyeron un reclamo eficaz para un sector importante de la sociedad del Ourense de finales de los 70, necesitados de un lugar y un pretexto para conocernos y poner en común nuestros devaneos intelectuales e, incluso, nuestras incipientes aspiraciones artísticas.

    Desde allí me iba al Long Play, otro club/discoteca muy cercano, tocando también al río Barbaña. No es probable que me hubiese topado en este último con Roberto Bolaño, la clientela estaba aquí lejos de parecerse a los asíduos de El Yopo, pero, en cambio, era este un lugar en el que, a mí y a otros músicos como, por ejemplo, Los Suaves, se nos pagaba por nuestro trabajo y eso nos ayudaba a pagar recibos y a seguir construyendo sueños.

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