
El ilustrador Robert McGinnis, célebre por sus carteles de cine, como los de las películas de James Bond o el de Barbarella, y por más de un millar de portadas de novelas pulp, como 1280 almas de Jim Thompson, tenía trece años cuando se estrenó Stagecoach (La diligencia, 1939), la película de John Ford. La aparición de Ringo en uno de los travellings más famosos de la historia del cine le marcó para siempre: «Cuando vi a John Wayne con el rifle en la mano, resuelto e imponente recibiendo a la diligencia, encontré a un héroe. Allí había honor, sentido del deber, aventura; un modelo a seguir creado por él mismo, una figura que desarrolló durante una carrera como actor que aún hoy le coloca en la cima. Hace años encontré una fotografía del rodaje de The Searchers (Centauros del desierto, 1956). A partir de ella, introduciendo algunos cambios, pinté Ethan». Esa fotografía en blanco y negro de Wayne en otra película de Ford, comprada en una librería de Nueva York, se convirtió en un retrato al temple de huevo sobre tabla, la técnica pictórica habitual de McGinnis, que el artista pretendía regalar a la estrella de Hollywood para agradecerle todos los buenos momentos que le había hecho pasar desde niño en una sala de cine. Corrían los últimos años de la década de los setenta del pasado siglo y era bien conocido que el actor padecía un cáncer que acabaría con su vida el 11 de junio de 1979, antes de que McGinnis lograra terminar su obra. En homenaje póstumo a Duke, el ilustrador realizó una serie numerada de mil copias de Ethan que la galería Greenwich Workshop vendió en un tiempo récord. Los beneficios fueron destinados a la John Wayne Cancer Foundation, cuya misión es promover la investigación para luchar contra la enfermedad.
Ethan Edwards no siempre se llamó así. En la novela de Alan Le May en la que se basa la película, el personaje comparte el apellido pero tiene otro nombre también bíblico: Amos. Ford y su guionista, Frank S. Nugent, lo cambiaron porque en aquellos días era muy popular tanto en la radio como en la televisión una comedia, Amos ‘n’ Andy, sobre dos granjeros negros del sur que emigran a la gran ciudad. No obstante, las diferencias entre el Amos de la novela y el Ethan de la película no se reducen al nombre de pila. Amos no desaparece durante tres años una vez finalizada la guerra de Secesión, ni se sugiere en ningún momento el pasado de forajido y de mercenario al servicio del emperador Maximiliano que Nugent y Ford adjudican a Ethan. Amos lleva años conviviendo con la familia de su hermano Henry (Aaron en la película) y conoce perfectamente a Martin Pauley, su compañero de búsqueda, que en la novela no tiene sangre india; es el hijo de unos granjeros asesinados por los comanches cuando él tiene dos años al que adoptan y crían sus vecinos, los Edwards. Amos es un hombre simple y noble, secretamente enamorado de su cuñada Martha, pero ella ni lo sabe nunca ni, por tanto, le corresponde. En la película es evidente que la atracción es mutua. Ethan es un personaje mucho más turbio, complejo y atormentado que su referente literario.
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Señor Faerna, ha escrito usted un texto hermoso sobre un film hermoso…
Los colonos e invasores que masacraron a los nativos americanos, han sido tratados de manera vergonzante en la cultura popular. No hay pelicula que tape esa verguenza. El holocausto indio fue parecido al Judio, si no en numero si en eficacia. Les robaron casi todo, material y terrenal y mataron a gran parte de los nativos. Y jamas tuvieron reconocimiento, solo innumerables peliculas vergonzantes de hollywod.
Me parece que no va de esto.Intenta solamente disfrutar.Verás que cambio. Estamos hablando solamente de cine.
Verdaderamente es un texto hermoso y evocador. Seguro que veremos de otra manera esa película que tanto nos gustó.
La he visto muchas veces, es una de mis películas preferidas. Merece la pena verla.
Cuando era un crio me encantaban las películas de John Wayne, luego para mi desgracia empece a averiguar cosas de su vida personal y con el tiempo ha llegado a ser un actor al que detesto.
Hombre totalmente de acuerdo, ver sus películas con mi padre me traen excelentes recuerdos.
Muchas gracias, de verdad, muchas gracias. No sé la cantidad de libros que habré leído sobre Ford, y la cantidad de veces que habré leído sobre Centauros del Desierto (que considero es la más importante y emocionante película del que considero más importante director de la Historia del Cine), pero este artículo me ha parecido de los más completos y bellos homenajes que he leído sobre ambos. Estoy emocionadísimo. Gracias, de corazón.
Excelente actor, gratos recuerdos de mi infancia.
Hermoso y documentado artículo. Muchas gracias.