
Solo para los que la han visto entera
Tengo un recuerdo inolvidable del último capítulo de A dos metros bajo tierra. Son las seis de la mañana, el salón está azafranado por los primeros rayos de sol, estoy en bata, agarrado a una litrona llorando como una puta Magdalena. Considero ahora si hubiera sido mejor haber dedicado los fines de semana de hace diez años a jugar al fútbol sala solteros contra casados, o en una liga de barrio. Al menos recordaría que los momentos más intensos de mi vida fueron goles, asistencias, darle con el dedo en el pecho al colegiado como Fernando Hierro acusándole de «gñññ gñññ» y amenazándole con «pfff pfff» sin que se me cayera la baba en el lance, como solo los grandes capitanes saben hacer. Pero no. Elegí las series modernas. Culebrones impenitentes intelectualizados y con un toque cool. Ahora donde otros tienen memorias de charros por la escuadra yo me veo a mí mismo bebiendo semidesnudo a horas intempestivas, con la voz quebrada pidiéndole explicaciones al televisor: Nate… Nate ¿por qué tú, Nate?
Me voy a ahorrar la predecible y obvia retahíla de elogios para que nadie dé cabezadas delante del texto. A dos metros bajo tierra fue una serie maravillosa. Punto. Fue emocionante, original, más adictiva que la heroína. Reímos y lloramos con ella. Y no como se ríe y se llora con el texto de la Reforma Laboral, precisamente; reímos y lloramos viviendo intensamente, pisando fuerte que diría Alejandro Sanz, más allá del hechizo y más allá del milagro como escribió Sergio Dalma, a lo «I want to live this life forever, ¿bailamos?» que muy bien apuntó en su momento Enrique Miguel Iglesias Preysler. Fue una serie realmente buena.
Dicho lo cual, sí que hay ciertos aspectos de este, uno de los productos más logrados de HBO, que merecerían ser analizados en frío. Sin dejarse llevar por la euforia del refinado placer que producen esas cinco temporadas. A dos metros bajo tierra se vendía en cofre indie, de temática gay, con sexo y droga sin censura. Una cosa casi subversiva que ponía patas arriba todos los valores caducos de la sociedad occidental. Sin embargo, un repaso a las tramas y el perfil de los personajes puede sugerir graciosamente lo contrario sin necesidad de ponerse muy tiquismiquis. Algo así como con la última película, The kids are all right, de una de las guionistas de la serie, Lisa Cholodenko, que al terminar uno se quedaba con la duda de si había visto una cinta independiente sobre lesbianas vegetarianas o la adaptación al cine de los mejores textos de Karol Wojtyla.
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No pude verla toda. Me perturbaba esa relación corporal cotidiana y casi morbosa con los muertos. Debe ser por el miedo atávico y el respeto hacia ellos. Además, esa chica tan promiscua psíquica y sexualmente me daba una pena enorme, como su madre, tan dura y exigente con sus hijos como incomprensiblemente frágil en su vida privada. No era creíble. Sin embargo, aprecié mucho ese film japonés en el cual un violonchelista desocupado terminaba trabajando -para escándalo de su esposa y satisfacción propia-, como maquillador de muertos.
Me he reído mucho con el artículo por lo que tiene de verdad. Y sí, es una de las series que más me han gustado (aunque no se si sería capaz de verla dos veces).
Lejos para mi la mejor serie, es honesta, deja atrás los prejuicios y a todos en parte algo nos idéntico, tengo todas sus temporadas en VHS y de ves en cuando la vuelvo a ver.
De acuerdo con todo, incluso el momento litrona llorando a moco tendido (aunque en mi caso con la escena final y la canción de Sia de fondo). Recuerdo ver un episodio en el que Claire abortaba y Nate decía algo así como que había llevado a abortar a dos novias y pensar «¿No tienen anticonceptivos o qué?».
Me pareció maravillosa la serie. No había leído las características de los personajes tan en clave negativa, salvo Nate, un narcisista egocéntrico que pasa por cool.
Puedo si explicar lo que significó para mí como adolescente gay en los 90 ver la relación entre keith y dave. Más allá de los mensajes, los gays aunque veamos personajes con defectos, el solo verlos en la pantalla ya nos emociona, en una TV donde la heterosexualidad es la norma (y fuera de ella). Es como si dijéramos : ¡Mira mira ese señor es como yo y está en la tele y se enamora como yo¡ y muy importante: Keith y dave tenían final feliz, interrumpido por la muerte solo como todos los matrimonios.
PD: No creo que la serie y el mensaje priorice lo conservador, si no la autenticidad de personas que se atreven a ser ellos mismos, mas allá de las consecuencias. Lo dice Brenda cuando se entrevista con la psicologa judeocristiana: Si se te antoja cepillarte a todo el mundo y no lo haces porque te prohíben, no indica una vida más sana, o superioridad moral, indica hipocresía y represión.
PD PD: El novio republicano de Claire le dice: » Yo estoy en contra del aborto pero pague uno»…. mas claro.
La volví a ver este pasado mes de agosto en un maratón solitario con los preciosos cofres del DVD americano que se abren como ataúd.
La serie se mete en nuestro subconsciente y nos enfrenta a los miedos pero también nos introduce en una especie de inconsciente social que nos ayuda. Confieso que tenía miedo de revisarla porque aun recordaba la angustia me provocaban alguna de las muertes del arranque – prólogo en cada episodio: el rayo, la mujer que se atraganta y muere sola… siempre se muere solo, ¿o no?
No ha envejecido más que en mostrar los móviles de hace tres lustros. Una serie que seguro gustó a Ingmar Bergman en el caso de que la tuviese disponible en su isla de Faro.
¡Qué antipáticos protagonistas! El egoísmo de Nate, su inmadurez, el egocentrismo de Claire, se me hicieron a ratos insoportables. Tan imperfectos, tan humanos.
Me encantó la subtrama de Claire estudiante de arte con esos colegas tan colgados.
Adoro a Brenda. Adoro a su madre y a su sexy padre.
Me encanta Lisa. Me encanta aun más Maggie la hija del rarito George y su enamoramiento silencioso con Nate. Me gustaron todas las mujeres de Nate, y eso que soy gay.
Me gusta mucho la señora Fisher, su liberación, sus amantes, su loca hermana adicta al Vicodin, su look de campesina pobre de dust bowl de Oklahoma.
Si en épocas de la prohibición el Hollywood clásico nos enseñaba cuán borrachos los yanquis eran (y deben de serlo aun hoy) y lo poco que les importaba infringir la Ley en esos precode con James Cagney y compañía; esta serie, cualquier serie americana, cualquier película independiente, cualquier treceañero gringo es un maestro, nos enseña que para ser feliz o al menos aguantar vivir en EEUU hay que escaparse de la trampa que es vivir en ese primer mundo tan compliado, hay que drogarse. No es una apología de las drogas, es Neorrealismo setenta años después. Los Angeles parece una pesadilla urbana fea, inmensa, complicadísima, una ciudad sin habitantes, un caos urbano de coches, un poblacho multicultural. Me atrae, me horroriza ese sur de California, su acento, su mal inglés, su filosofía ta exportable.
No estoy de acuerdo en la devoción por el final de la serie en su ya mítico desenlace mortuorio convertido en clásico de youtube. El mal maquillaje y errónea peluquería con envejecimientos a base de pelucas trasnochadas me produce repelús y me impide no ya llorar, sino tan sólo emocionarme.
Al principio pensé que la crítica «desmontadora» era en serio, pero luego ya se te ha visto el plumero :-P .
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«A dos metros bajo tierra» sigue siendo la mejor serie que he visto hasta la fecha. Y además, es brutalmente visionaria. Si se rodara hoy tal cual puede que algunos de sus guiones y personajes sonaran algo a cliché, pero es que el último capítulo de la serie se emitió…. hace más de 13 años, ahí es nada. Es cojonuda hasta para eso: a través de unos personajes que quizá puedan ser un poco caricaturescos anticipa muchos de los debates y conflictos sociales que después se han ido produciendo.
En mi humilde opinión A dos metros bajo tierra es una serie brutal, me atrevería a decir casi de culto. Un guión bajo mi punto de vista excelente y sobre todo es una serie que no deja indiferente a nadie.
Esta es probablemente la serie más sobrevalorada de la historia de la TV. Seguramente en su momento parecía muy moderna pero yo la vi hace un par de años y me resultó insoportable. Todo quedaba muy forzado y se veía antigua a más no poder. Es el típico caso de mal envejecimiento de una serie/película. Todos los personajes resultan inaguantables, especialmente Brenda y su hermano. La única excepción es Claire, que tampoco es que sea gran cosa pero por lo menos no daba ganas de vomitar. El artículo me parece muy acertado porque muestra unos personajes que hoy en día no habría manera de tragárselos, pero que hace quince años deslumbraron a mucha gente como un espejismo de modernidad.
El error que cometes (o que cometo yo, porque esto no es más que mi interpretación del asunto) es que no tiene moraleja moral. Son una sucesión de personajes típicamente americanos deconstruidos, con sus debilidades y contradicciones, no creo que Ball quiera que los apruebes, solo que los entiendas.
También es verdad que al ser dirigidos y escritos por diferentes a veces falte una dirección, un «esto va de x que le ocurre y». Pero en realidad, así es la vida, un montón de sucesos fortuitos a los que intentamos dar sentido. Estamos poco acostumbrados a la falta de lecciones de moral en el cine y la televisión y cuando no la hay, la inventamos.
No sé, es como yo lo veo.
Opino como Bilbojon. Habría que dejar un poco al margen esas incoherencias o esa pequeña inconsistencia. Como digo siempre: «la realidad supera la ficción» y extraños comportamientos o incoherencias tenemos todos los días en las noticias. Al margen de esto, habría que analizar la serie en el momento que se emitió en las televisiones, allá por 2001 si mal no recuerdo. Una serie que hablaba de un tema tabú como es la muerte, pero que no únicamente se conformaba con eso, si no que tuvo el valor de hablar (y analizar) de prácticamente todos los elementos que nos mueven y nos hacen humanos (nuestros errores y nuestras virtudes). Sería largo detallar los aspectos en los que profundiza, pero entre ellos: la muerte, el amor, la familia, la amistad, el trabajo, la sexualidad, la depravación, la locura, la soledad, la inhumanidad, la humanidad, el triunfo, el fracaso, las creencias, la religión, la fe, la rebeldía, la política…todo ello siempre en un tono de humor negro (cuando lo necesitaba) y otras veces tan real (y tan crudo) que daba miedo de lo real que era. Si uno revisa todas las temporadas, uno acaba siendo mejor persona. Es verdad. Todo el mundo debería de ver esta serie, porque al final (por muy inmortales que nos creamos) a todos nos va a llegar el momento. Esta serie es un ejemplo de buen hacer en cuanto a narrativa, y más aún en cuanto a interpretación. Es maravillosa. Y deja momentos realmente inolvidables. Por citar uno, memorable el episodio en el que fallecía una actriz de cine para adultos, con un final de episodio bellísimo. Esta serie tiene tantos momentos, que sería imposible enumerar todos, porque todos los episodios tienen algo para el recuerdo. Y no hablemos de los episodios de la temporada final. Para mí es una de las mejores series de la historia de la televisión (incluso diría que para mí es la mejor), que recuerdo con muchísimo cariño. Tanto es así, que todavía recuerdo el momento en el que la descubrí en TVE2, un verano del 2002, a las 23:00 horas. Me compré todas las temporadas en DVD, y para que nos vamos a engañar, todos los años hago una visita a la familia Fisher. Me hacen sentir bien, y además me siento muy identificado con ellos. Recomendada.
Una serie irrepetible. Habla mucho mejor de psicología y relaciones humanas que cualquier tocho psicológico que puedas encontrar en la librería. Una serie sobre la muerte que habla sobre al vida. Pero si ya la intro era una obra maestra:
https://www.youtube.com/watch?v=w5JkGY1qC8Y&t=4s