Arte y Letras Literatura

Los coches y las letras

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Arthur Miller y Marilyn Monroe (1956). Foto: Paul Schutzer / Getty.

En julio de 1959 el poeta y editor malagueño Manuel Altolaguirre (1905-1959) perdió la vida cuando conducía junto a su segunda mujer, María Luisa Gómez Mena (1907-1959), una de las mecenas del arte cubano. Eso es lo que le ha sucedido a Paul Otchakovsky-Laurens (1944-2018), editor de autores como Georges Perec, Marguerite Duras y Emmanuel Carrère, que, como el malagueño, ha fallecido en un accidente de coche, acompañado de su mujer, la pintora y escritora Emmelene Landon, que ha resultado herida. Se encontraban de vacaciones en las Antillas francesas, en la isla de Marigalante.

El automóvil cobró un papel importante en las artes y las letras desde comienzos del siglo XX. Los diseños con trazos geométricos para vestidos y abrigos de mujer de la pintora Sonia Delaunay iban a juego con los coches de la época. F. Scott Fitzgerald incluyó el automóvil en muchos de sus relatos, en los que narró sus viajes por Europa, aunque en El gran Gatsby cobró protagonismo convirtiéndose en uno de los ejes de la historia, por decirlo con una metáfora automovilística. Edith Wharton, dueña de un automóvil, hizo que figurase de manera omnipresente en las páginas de sus crónicas en el país galo durante la Primera Guerra Mundial, Fighting France (Francia combatiente). De hecho, aunque se suele citar la Primera Guerra Mundial como la principal causa de muerte entre las figuras del movimiento moderno en Europa (fallecieron, entre otros nombres representativos de la cultura, el filósofo T. E. Hulme, el escultor Gaudier-Brzeska, el pintor futurista Umberto Boccioni, el arquitecto Antonio Sant’Elia y los poetas ingleses Rupert Brooke e Isaac Rosenberg), los accidentes de automóvil ocupan un lugar destacado por el número de artistas y escritores que han fallecido y las condiciones funestas que rodean los accidentes.

En el último tercio del siglo XIX comenzaron a registrarse los primeros índices de accidentes de tráfico. En los años previos a la Primera Guerra Mundial se había convertido en un problema grave, especialmente debido a la convivencia de vehículos con y sin motor. Frederick S. Crum se hizo eco de ello en un extenso artículo de 1913, «Street Traffic Accidents», que apareció en Publications of the American Statistical Association. Señalaba cómo se había incrementado el número de víctimas mortales de accidentes de automóvil en las principales ciudades estadounidenses. En Nueva York, el registro cuadruplicaba con creces las cifras de 1907: de cuarenta y dos habían pasado a ciento ochenta y ocho en 1912; en Chicago, de veintisiete a ciento cuatro; incluso en Washington D. C., donde solo había habido dos víctimas en 1907, tenían veintidós en 1912. En Londres, los accidentes de automóviles y motos alcanzaron cifras espeluznantes: ciento setenta y una víctimas mortales y seis mil trescientos dieciséis heridos en 1912. En París, la situación no era mucho mejor y se sumaba el problema de los atascos. En otro artículo de la época se recogía que, en 1913, circularon por la Rue de Rivoli treinta y tres mil vehículos (cuatro veces más que por la Quinta Avenida).

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2 comentarios

  1. Menuda recopilación, enhorabuena y muchas gracias por la información. Por mi parte, yo añadiría a la lista «Free Air», una novela muy entretenida del olvidado Nobel estadounidense Sinclair Lewis. No me atrevo a decir que sea la primera de su género, pero por la fecha (1919), sin duda es de las primeras, y el viaje Nueva York-Seattle da para mucho. En la literatura árabe contemporánea es clásica la narración «Hombres en el sol», de Ghassan Kanafani, que en su momento fue un texto de denuncia sobre las desigualdades del mundo árabe, que hoy se han consolidado, pero que también tiene mucho de novela de carretera. Y en el párrafo que le has dedicado a Stephen King, yo habría mencionado a «Christine», su terrorífico coche-personaje.

  2. alfonso vila francés

    Pues sí…
    https://www.jotdown.es/2013/08/preguntas-ociosas-para-amantes-de-la-cultura/
    («la extraña muerte de Luis Martín Santos»…)

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