
Existe la falsa creencia de que las diferentes capas de la cultura están reñidas entre sí y no son compatibles en la estantería de una cabeza ordenada o carente de taras. Se trata de esa errónea percepción de que una videoteca no puede apilar Ciudadano Kane al lado de El vengador tóxico porque ambas se repelerían entre sí, o de que resulta poco coherente disfrutar de las aventuras del linaje de José Arcadio Buendía a lo largo de Cien años de soledad y al mismo tiempo admirar las cataratas de mocos que expele la familia de La pandilla basura. Pero en el fondo esas son apreciaciones esnobistas que segregan culturalmente al considerar que la gente sana y leída no es capaz de disfrutar de lo más chabacano, o al revés.
Spike Jonze es un creador fabuloso, alguien con quien hemos saldado cuentas en esta casa, un ocurrente realizador de videoclips y spots que en realidad son pequeñas obras de arte, un actor ocasional (Tres reyes, Moneyball, El lobo de Wall Street) y un director que además de parir decenas de cortometrajes fue capaz de saltar a la gran pantalla con la fascinante Cómo ser John Malkovich. En el mundo del cine también firmó las admirables Adaptation (El ladrón de orquídeas), Donde viven los monstruos y, sobre todo, demostró que era posible convertir la historia de un hombre que se enamora de Siri en algo elegantísimo con la película Her.
El hombre fue nominado al Óscar al mejor director por Cómo ser John Malkovich, se alzó con el Globo de Oro en la misma categoría con Adaptation, y se llevó a casa un Óscar por escribir el guion de Her, film que también estaba nominado a mejor canción y mejor película. En los círculos más intelectuales, Spike Jonze es un artesano brillante y respetado, una persona de un buen gusto exquisito a la hora de trasladar cualquier locura imaginable posible al medio audiovisual, un realizador eminente y distinguido.
Además de eso, Spike Jonze también es uno de los culpables de que exista un programa de televisión donde unos chavales se meten coches de juguete por el culo para sorprender a su médico, cocinan en una sartén una tortilla con su propio vómito, se pegan sanguijuelas en el globo ocular, se rebozan en mierda de un váter público y se autolesionan de manera salvaje con todo tipo de objetos con el único objetivo de echarse unas risas.
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Yo recuerdo siempre dos: uno que disfrazaban al pavo de terrorista suicida y se tenía que subir en un taxi y tal, lo mejor es que la barba postiza que le pusieron la habían hecho con vello púbico XDDDD Y otra en la que Knoxville se ponía a jugar al football con Jake Allen, un defensive end de más de 120 kilos que le metía unos viajes que…
¡Juas, juas, juas! ¡Es que se caga uno, macho!
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