
Karl Popper, Thomas Kuhn y un pitecántropo se encuentran en el Paraíso. Popper afirma que el estar muerto no demuestra haber vivido. Kuhn le responde que a los demás les da igual creer haber vivido o haberlo hecho de verdad. Los dos miran al pitecántropo y le preguntan lo que opina. Y el prehistórico responde: «Caballeros, en mi caso es diferente, porque muerto no es lo mismo que extinto. De hecho, es muy difícil demostrar que mi gente no haya existido: miren a los fósiles».
La ciencia, así como la conocemos hoy en día y en nuestra cultura occidental, se ha forjado durante miles de años tambaleándose entre dudas y certezas, verdades y leyendas, desinformación y conocimiento, mezclando sabiduría y negocio, intereses e inquietudes, y muchas, muchas contradicciones. Las religiones promovían el desarrollo cultural para luego reprimirlo cuando no caminaba por el derrotero deseado. Los gobiernos siempre han querido aprovecharse de la tecnología, pero sin tener que lidiar con los despertares intelectuales asociados con el impulso del progreso. La sociedad exige soluciones, pero rechaza por defecto —y a menudo agresivamente— cualquier cambio de sus dogmas, de sus creencias y de sus preceptos. Todos anhelan el fruto prohibido del conocimiento, pero le tienen miedo a sus consecuencias. Así que la ciencia ha evolucionado en un marco donde quizás el centro de gravedad puede que sea claro, pero sus fronteras son increíblemente borrosas. Cuando intentamos comprender los fenómenos de la naturaleza sufrimos limitaciones asociadas al mismo proceso de conocer, y limitaciones asociadas a nuestros contextos históricos y sociales.
Por esto, aunque nos gusta decir que la ciencia puede descubrir, en realidad lo que hace sobre todo es interpretar. Su objetivo es proporcionar interpretaciones sólidas, sensatas y coherentes con las observaciones y con las experiencias, y luego someterlas a prueba hasta el agotamiento. Hay quien piensa que existen ciencias duras y ciencia blandas, pero la verdad es que nadie trabaja manipulando la mismísima realidad, y todos, al fin y al cabo, solo podemos proponer modelos fundados en los datos que tenemos, y buscar más datos para evaluar si estos modelos son suficientemente buenos para poder suponer lo que pasa en una célula, en un organismo, en una comunidad o en el universo. Karl Popper decía que tal vez exista una verdad, pero lo que no puede existir es la certeza de haberla alcanzado. Por eso nuestros modelos pueden falsearse, demostrando que no funcionan, pero no confirmarse, porque siempre puede pasar que de repente se vengan abajo a la luz de nuevas evidencias. Una hipótesis que cae frente a la evidencia es errónea, pero una que aguanta no por ello es verdadera: que no haya caído no quiere decir que nunca caerá.
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Análisis totalmente certero, las secciones de divulgación científica de los medios dan vergüenza ajena.
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