¿A qué película no nominada para el Óscar le hacemos justicia?

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Hay decenas de clásicos del cine que no fueron nominados para el Óscar como mejor película. A veces porque en un mismo año se estrenaron muchas películas de peso y la competencia era demasiado fuerte. Otras veces porque los académicos votaban así como solamente ellos saben votar y nominaban cosas de las ya no se acuerda nadie. Y muchas otras veces porque eran películas no habladas en inglés (o que sencillamente no se estrenaron en Estados Unidos), pero estas películas en habla no inglesa son tantas que las dejaremos para una lista alternativa de las que nunca fueron nominadas en esa categoría.

Hagamos pues justicia retroactiva. Recordemos algunos grandes clásicos hablados en inglés que no fueron nominados para el Óscar a la mejor película y hagamos cada cual una lista de nominaciones retroactivas. Por supuesto, yo aquí solo cito unos ejemplos célebres, pero ustedes añadan aquellos que se les ocurra.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942)

Una de las grandes comedias de Lubitsch, quizá la más icónica junto a Ninotchka, se quedó sin la nominación como mejor película en una edición donde la lista de posibles candidatas era bastante larga: diez. ¿Es que aquel año se estrenaron diez mejores películas que eran todavía mejores?, se preguntará ustedes. Pues no. Las diez dominadas no eran mejores; de hecho, no lo era casi ninguna. No es que jugase en su contra el predominio de películas patrióticas en aquella lista —Estados Unidos acababa de entrar en guerra—, sino el hecho de que Ninotchka había sido nominada en 1940. Eso sí, al año siguiente le dieron a Lubitsch el Óscar como mejor director por su trabajo en El cielo puede esperar.


Laura (Otto Preminger, 1944)

Uno de los mayores clásicos del cine negro y una obra que ha fascinado a generaciones de críticos y cinéfilos. Pues bien, quedó fuera de la lista de los Óscar para dejarle sitio a cosas como el biopic patriotero Wilson (sobre el presidente Woodrow Wilson) o Siguiendo mi camino. Esta última se hizo con el Óscar, aunque hoy casi nadie la recuerda, mientras que Laura es indispensable en la filmoteca de cualquier cinéfilo. Por cierto, aquel año tampoco fue nominada Náufragos, aunque sí se nominó a Alfred Hitchcock como director (por supuesto, no le dieron la estatuilla). Pero estamos a punto de ver que esto le sucedía a Hitchcock bastante a menudo. En fin, cualquier excusa es buena para ver en movimiento a Gene Tierney:


El sueño eterno (Howard Hawks, 1945)

La edición de los Óscar de 1946 fue especialmente competida y esta joya del cine negro no pasó el corte. Pero, para que se hagan una idea de lo difícil que fue votar en aquella edición, baste decir que sufrieron similar suerte otros títulos hoy venerados como Encadenados (de nuevo: hola, Hitchcock; adiós, Hitchcock), Gilda o El cartero siempre llama dos veces (hablo de la versión protagonizada por Lana Turner, obviamente).


El tercer hombre (Carol Reed, 1949)

La obra maestra de Carol Reed recibió un Óscar a la mejor fotografía (en blanco y negro; por entonces había dos categorías) básicamente porque a los académicos se les hubiese caído la cara de vergüenza en caso de otorgarle la estatuilla a otro director de fotografía que no fuese Robert Krasker. Lo más extraño es que la propia película, con todo el prestigio que acumuló desde el momento mismo de su estreno, fuese ignorada en la categoría principal, y por motivos francamente incomprensibles. Nadie dudaba de que era una de las películas del año y ganó el BAFTA de la academia británica, así como la Palma de Oro en Cannes (eso sí, el propio Reed fue nominado al Óscar como director, aunque no ganó). Fue una injusticia histórica; aunque entre las nominadas había dos candidatas indiscutibles: Eva al desnudo y El crepúsculo de los dioses, no creo que alguien piense que El padre de la novia, Las minas del rey Salomón o Nacida ayer merecieran arrebatarle la nominación a una de las obras cumbre de la historia del cine. Con uno de mis finales favoritos; no se puede acabar mejor una película:


Cautivos del mal (Vincente Minnelli, 1952)

Esta película fue, junto a Cantando bajo la lluvia, la gran damnificada de la categoría en 1952. En aquella edición hubo nominadas incontestables como Solo ante el peligro, El hombre tranquilo o Moulin Rouge, pero también estaban en la lista El mayor espectáculo del mundo o Ivanhoe, fastuoso desfile de trapos donde el bigotito de Robert Taylor y los ojos color violeta de Liz Taylor competían por adueñarse de la pantalla (a ver, Ivanhoe me gusta, pero). El caso de Cautivos del mal es llamativo porque no fue nominada como película, pero sí ganó otros cinco Óscar, incluyendo el de mejor guion, mejor fotografía y mejor dirección artística, además de una nominación para su protagonista Kirk Douglas.


Centauros del desierto (John Ford, 1956)

El año 1956 fue duro para la memoria de los Óscar. Centauros del desierto es hoy considerada, y con justicia, un puntal indiscutible del wéstern y una referencia estética prácticamente universal cuya influencia trasciende su género y puede detectarse en multitud de películas posteriores. Pues bien, los señores académicos no tuvieron a bien nominarla como candidata a mejor película del año y prefirieron incluir en su selecta lista, por ejemplo, La vuelta al mundo en ochenta días. Que es divertida y lo que ustedes quieran, pero vamos. Un escándalo.


La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956)

Esta obra maestra fue instantáneamente menospreciada por cabalgar a medias entre dos géneros que eran considerados «menores», por no decir infantiles: la ciencia ficción y el terror. La película, además, llegó a los cines muy retocada por los ejecutivos del estudio; si una película de verdad necesitaba uno de esos director’s cuts que casi siempre superfluos, es esta. Aunque ni siquiera esos inoportunos retoques consiguieron arruinar el largometraje, los críticos «serios» de la época sencillamente hicieron como que la película no existía y los académicos, completamente sumidos en la brevedad de miras del momento, tampoco intuyeron sería recordada décadas después como un hito.


Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

El cine de Hitchcock tuvo una relación extraña con los Óscar. Cuando llegó a Hollywood, siendo ya un experimentado director, parecía que sus películas iban a merendarse todos los premios de por vida. Su primera película estadounidense, Rebecca, ganó el Óscar a la mejor película en 1941. La siguiente, Sospecha, fue nominada en 1942. Recuerda fue nominada en 1945. Hitchcock, además, fue nominado cinco veces como mejor director —las cinco nominaciones merecidas y aún hubiese merecido alguna más—, pero sin estatuillas. Sin embargo, la crítica pareció cogerle algo de tirria debido a su vocación comercial y varios de sus mejores largometrajes empezaron a ser ninguneados. Ningún caso fue tan sangrante como el de Psicosis, una película arriesgada y puntera que, con un presupuesto bajo y muchísima inspiración, ayudó a moldear la historia del séptimo arte. No fue nominada. En una lista donde sí estaban El Álamo, Tres vidas errantes o Hijos y amantes.


¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962)

Una película de serie B concebida como vehículo sui generis para dos viejas glorias, que se convirtió en un fenómeno inesperado y recibió cinco nominaciones a los Óscar, entre ellas una para Bette Davis y otra para el apartado fotográfico. Sin embargo, no entró como candidata a mejor película. No es que hubiese aspirado a ganar, porque 1962 iba a ser el año de Lawrence de Arabia, favorita incontestable. Pero la lista de nominaciones de 1962 fue más que discutible. No solamente ¿Qué fue de Baby Jane? se quedó fuera, sino también El hombre que mató a Liberty Valance o El milagro de Ana Sullivan, mientras que sí fueron incluidas Vivir de ilusión o una versión de Rebelión a bordo que, recordemos, terminó siendo bastante irregular después de un rodaje caótico y digno de Lucasfilm.


Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963)

Otra increíble película con la que el orondo genio contribuyó al progreso del séptimo arte. Una obra maestra del cine de suspense, terror y ciencia ficción, y una película tan repleta de hallazgos narrativos que se podría estudiar cine solamente con ella, pero que se quedó fuera de una lista donde estaban largometrajes como Tom Jones (sin relación con el cantante) o Los lirios del valle, que está bien, pero vamos, ¡no es como la puñetera Los pájaros!


2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968)

Al igual que Hitchcock, Stanley Kubrick fue sistemática y concienzudamente menospreciado por los ilustres miembros de la academia estadounidense. La película que más hizo por revolucionar la narración audiovisual en el último medio siglo no mereció la consideración como candidata a mejor película del año, mientras que ese mismo año sí fueron incluidas Una chica divertida (obra menor del gran William Wyler) o Raquel, Raquel. En fin, el paso del tiempo es severo con el criterio de los académicos.


El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975)

Con todo el cinismo con el que podamos contemplar estos premios, hay que admitir que los años setenta fueron difíciles para quienes votaban las candidatas a mejor película porque, incluso cuando se intentaba afinar el máximo con las nominaciones, había tantas opciones que algunas de las mejores del año se quedaban fuera por narices. Fue el caso de la maravillosa El hombre que no pudo reinar, que no entró en la lista porque vean ustedes qué cinco nominadas hubo aquel año: Alguien voló sobre el nido del cuco, Barry Lyndon, Tiburón, Tarde de perros y Nashville. En fin, en esta ocasión no podemos culpar a los votantes.


Carrie (Brian de Palma, 1976)

El fascinante clásico del cine de terror (y del drama juvenil) no ha dejado de revalorizarse con los años, pero sufrió el estigma asociado con el cine de terror, género que, en efecto, aterra a quienes conceden las estatuillas. En este caso, también cabe decir que hubo una lista de nominadas donde era difícil meter cabeza: Rocky, Todos los hombres del presidente, Network y Taxi Driver. Quizá Esta es mi tierra, el film biográfico sobre Woody Guthrie, podría haber cedido el puesto a Carrie. Pero, como digo, era más fácil que fuese elegido un drama que una película «de género», por más que esta fuese prácticamente perfecta (del remake prefiero ni hablar). Y el miedo que da Sissy Spacek cuando se lo propone.


Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977)

Uno intuye que los señores académicos de 1977 no iban a permitir que aspirasen al premio y al mismo tiempo dos películas de ciencia ficción y navecitas. Encuentros en la tercera fase cedió una más que merecida nominación a La guerra de las galaxias, que en mi opinión era inferior como película; Star Wars no alcanzó la perfección hasta El Imperio contraataca, que sí debió ser nominada y no lo fue. En cualquier caso, La guerra de las galaxias obtuvo su lugar en la lista porque se había convertido en un fenómeno mundial difícil de ignorar, aunque Spielberg se lo tomó con su característica deportividad. Lo curioso es que, antes de estrenarse ambas, George Lucas opinaba que la película de Spielberg iba a ser no solamente mejor, sino también más exitosa que la suya. Spielberg, que es todavía más zorro que Lucas (y eso es mucho decir), le aseguró a su amigo que La guerra de las galaxias iba a reventar la taquilla. Como Lucas no le creía, hicieron una extraña apuesta: cederse mutuamente el 2.5% de los derechos de sus respectivas películas, para ver quién ganaba más dinero a costa del otro. Y bueno, Spielberg pasó años y años cobrando cheques de La guerra de las galaxias por un valor acumulado de millones de dólares… sin haber tenido que mover un dedo.


Bienvenido, Mr. Chance (Hal Ashby 1979)

En 1979 hubo muy buenas películas que no fueron nominadas: Manhattan, El síndrome de China, Justicia para todos, Fuga de Alcatraz. Todas ellas hubiesen merecido la distinción. También esta extraña y poética historia sobre un autista interpretado por el genial Peter Sellers. En este caso, la verdad, es difícil de justificar que una película así quedase fuera de una lista donde sí estaban Norma Rae o El relevo, que eran películas correctas, pero no como para eclipsar a cualquiera de las anteriormente mencionadas. Con Bienvenido, Mr. Chance hablamos de una película donde Hal Ashby tuvo las santas narices de usar «El amanecer» de Richard Strauss después de que lo hubiese usado Kubrick en 2001… ¡y consiguiendo que encajase de maravilla! (la versión que Eumir Deodato hizo de este pasaje de Así habló Zaratustra es acojonante, todo sea dicho). Si estos tres minutos no eran merecedores de la consideración de los académicos, que baje Dios y lo vea (en serio; en el contexto de la historia y el escenario urbano al que de repente se enfrenta el personaje, el uso que hacen aquí de esa música es una absoluta genialidad). Por no hablar del final, que no comentaré por si alguien no lo ha visto.


El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980)

Esta vez sí, una película de la saga galáctica que merecía estar nominada. Pero claro, ya habían nominado la primera parte aunque lo había merecido menos, así que la cosa no se iba a repetir. Pero esta sí debería haber estado en la lista, no estoy seguro de que las nominadas Quiero ser libre o Tess fuesen de verdad mejores películas que El Imperio contraataca, que para mí es la única verdadera gran película de Star Wars y una de las mejores obras del cine fantástico, con maravillosas dosis de épica familiar shakesperiana.


Érase una vez en América (Sergio Leone, 1984)

El largamente esperado retorno de Leone a la dirección fue artísticamente apoteósico. Aunque recibido con entusiasmo en Europa, los distribuidores estadounidenses hicieron una carnicería con el metraje, cambiando escenas de sitio y reordenando la estructura narrativa creando una versión inconexa que el público americano no entendió (ni tenía por qué entender) y que los críticos americanos, perplejos, tampoco supieron cómo interpretar (años después, los americanos fliparon cuando vieron la película tal y como Leone la había concebido). Una lástima porque, en el año en que ganó Amadeus, la estatuilla debería haber sido para Leone. Para colmo, el mencionado montaje americano contenía un error terrible: al meter la tijera dejaron fuera de los créditos el nombre de Ennio Morricone, que había compuesto la que seguramente era la mejor banda sonora original de aquel año (descontando las obras de Mozart, claro), y el pobre se quedó sin poder aspirar a una más que merecida estatuilla.


La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987)

Otra de las veces en que una gran obra de Kubrick era desestimada como candidata, pese a que la crítica mundial la recibió con asombro y pese a que Billy Wilder llegó a decir que la primera parte de La chaqueta metálica, la del entrenamiento militar, era «la mejor película que he visto». Lo más sangrante es que en su lugar fueron nominadas cosas como Hechizo de luna o Atracción fatal. ¿Incomprensible visto desde hoy? Sí, pero esto eran de verdad los ochenta, amigos y amigas fans de Stranger Things.


Bird (Clint Eastwood, 1988)

En 1988, Eastwood aún era un actor taquillero que en sus ratos libres usaba los beneficios de sus films palomiteros para dirigir películas raras que casi nadie tenía interés en ver. Sin embargo, hay que decir en favor de los críticos que estos se adelantaron en varios años a la consagración total como director que Eastwood consiguió con Sin perdón. Ya con Bird, la sentida biografía del genial saxofonista Charlie Parker, los críticos empezaron a afirmar que Eastwood era uno de los grandes directores del momento y que acababa de parir una obra maestra. Aun así, la academia prefirió nominar El turista accidental o Armas de mujer, que no estaban mal, pero. (De nuevo, almas de cántaro amantes del revival ochentero, aquella década era así).


Balas sobre Broadway (Woody Allen, 1994)

Ya hemos dicho que a la academia no le gusta premiar comedias. Además, 1994 fue un año con mucha competencia en las nominaciones: Cadena perpetua, Quiz Show, Pulp Fiction. Y Forrest Gump, de la que no soy un gran fan, pero bueno, a la gente le gusta porque es como una caja de bombones o algo así, y sonaban canciones estratégicamente situadas para servir como publicidad del disco con la banda sonora. Lo que sí es difícil de explicar es que, si de verdad las comedias tienen poco sitio en los Óscar, Balas sobre Broadway no estuviese nominada y Cuatro bodas y un funeral sí. Eso sí que no tiene sentido.


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9 comentarios

  1. Fco_mig

    La verdad: se me ha hecho muy difícil tener que quedarme solo con una. Me he decidido por «El hombre que pudo reinar» porque he intuido con bastante precisión que era la que más iba a necesitar mi voto de las que no pude descartar. Lo siento mucho por Hitchcock, por Eastwood y por Carol Reed. Y alguno más. En fin.

  2. Jerónimo Vargas

    «Luces de la ciudad» de Charles Chaplin. Claro que el caso de Chaplin y los Oscars es especialmente sangrante.

  3. José Antonio

    Ya sabemos que eso de los Oscar es, algunas veces, algo que no tiene mucho que ver con el verdadero cine. Se han cometido demasidas injusticias a lo largo de la historia de los premios como para seguir siendo un referente imprescindible.

  4. Buena selección y buen articulo.
    Eso si, Forrest Gump es una muy buena película y Robert Zemeckis un buen director aunq no esté bien visto por los cinéfilos.

  5. El Tirador Solitario

    Hasta donde yo sé, Lubitsch no ganó el Oscar por «El diablo dijo no»…😐

  6. nachob

    La noche del cazador, La ventana indiscreta, Ha nacido una estrella (1954), Cantando bajo la lluvia, Luna nueva, Ángeles con caras sucias, Blade Runner, Grupo salvaje, Espartaco, Ed Wood, Sospechosos habituales, Victor/Victoria, Días del cielo, Shampoo, La gran evasión, Desayuno con diamantes, ….
    Durante muchos años han sido solo 5 las pelis nominadas, pero el problema era que entre ellas había alguna que ya era una «intrusa» desde el principio, ya sea por éxito comercial o promoción, dejando fuera a otras que sí lo merecían. En otros casos el tiempo ha hecho a un clásico que en su día no fue especialmente bien acogido (caso de Blade Runner).
    En 1962 nominaron a El día más largo, Rebelión a bordo y a The Music man como «mejor película», dejando fiera a El hombre que mató a Liberty Valance, Días de vino y rosas, El hombre de Alcatraz, ¿Qué fue de Baby Jane?, El milagro de Ana Sullivan, Lolita o El mensajero del miedo, por nombrar solo pelis USA.
    Sin embargo en 1975, el año de El hombre que pudo reinar, las nominadas eran Alguien voló sobre el nido del cuco, Tarde de perros, Nashville, Barry Lyndon y Tiburón, las 5 también obras maestras.

  7. Mr Darcy

    Lubitsch no ganó el Oscar al mejor director por «Heaven can wait» (1943)
    Ni tampoco Warren Beaty por dirigir la pelicula del mismo nombre en 1978 (que por cierto era un remake de «Here comes Mr Jordan», no de «Heaven can wait»)
    Lubitsch tan sólo ganó un Oscar honorífico en 1946

  8. Ricardo Mackintosh

    Se han olvidado de Blue Velvet, de Lynch

  9. Faithnomore

    Por fin alguien insinúa la verdad sobre los nefastos 80.
    Sr de Gorgot, nuevamente, en la diana

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