Feliz año 869: la teoría de la Nueva Cronología

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Foto: Patrick (CC BY-NC-SA 2.0).

Si yo ahora llegase a su casa y, así a lo loco, les dijera que todo lo que creen saber sobre la historia es falso, que Pericles no existió, que Alejandro Magno es una metáfora y que Cleopatra tuvo un rollete sexual con Napoleón Bonaparte seguramente me recibieran con escepticismo. O con abierta hostilidad, vaya, por lo del allanamiento de morada. Pero nos entendemos. Que no me creerían.

Pues bien, esto, todo esto, es lo que sostiene un gran héroe de la dipsomanía y los datos cogidos con pinzas. Se llama Anatoli Fomenko y de su mano vamos a conocer la Nueva Cronología mundial.

No se lo pierdan, les prometo que no tiene desperdicio.

Pero, ¿quién es Anatoli Fomenko?

El protagonista de tan pintoresca teoría se llama Anatoli Fomenko y, en contra de todos nuestros prejuicios, no se pasea por la calle con un sombrero de aluminio. Al menos que sepamos, vaya. Bien al contrario, Fomenko es un matemático de gran prestigio, profesor en la Universidad Estatal de Moscú, miembro de la Academia de las Ciencias de Rusia, galardonado con el Premio Estatal de la Federación Rusa (una especie de Premio Nacional de las Ciencias, para entendernos) y con bien merecida fama por haber presentado una solución al problema de Plateau en la teoría de superficies espectrales mínimas (que, con sinceridad, no sé muy bien lo que es, pero suena sofisticado de cojones). Ah, también es un artista de cierta calidad, un pintor que crea representaciones gráficas extremadamente atractivas para explicar complicadas ideas matemáticas. Al menos eso dice él.

O, en otras palabras, hablamos de un tipo serio, uno de esos con enormes gafotas y cara de estar siempre pensando en algo muy complicado. Solo que este, nuestro Anatoli, tiene otras aficiones. Como la de estudiar la historia según procedimientos estadísticos y matemáticos, en lugar de tirar por la vía documental, que es lo que hacemos todos. Y lo de negar el pasado, sí. Ese es su otro gran hobby. Porque Anatoli Fomenko ha venido aquí a decirte que eres un gilipollas, y que todo (pero todo, todo) en lo que crees es una mentira. Así, sin paños calientes, que duele más.

¿De dónde se saca Fomenko estas zarandajas? Pues hay una respuesta larga y otra breve. La corta es muy precisa: de sus cojones morenos. La extensa nos lleva a una dilatadísima (lo juro) lista de chiflados, tipos con intereses ocultos y genios en un día malo que, vaya usted a saber la razón, decidieron que igual el año en que vivían no era el año en que vivían, y que, oye, tampoco sabemos tanto de Gengis Khan como para tener la certeza de que no sea una creación de Stan Lee. Mutatis mutandi, claro.

Porque nuestro protagonista cita una gruesa retahíla de antecedentes para sus cosas (de las que está fatal, fatal). El jesuita francés Jean Hardouin, el alemán Baldauf, el inglés Edwin Johnson (por ahora parece una alineación de la Patrulla X) y, ojo, dos platos fuertes: Newton y Morozov.

Lo de Newton puede sorprender un poco, pero hay que recordar que el gran sabio se tiró unos añitos intentando transformar el plomo en oro, lo que deja bien claro que nadie, por muy inteligente que sea, está a salvo de pasar malas rachas. Morozov, por su parte, es un precursor más claro. Este tipo (sin relación conocida con el pesimista cenizo de Evgeny Morozov) fue un revolucionario ruso que alcanzó aura casi de santo laico. Nacido en familia de clase alta, Morozov dejó atrás todo por la causa socialista, estuvo unos cuantos añitos en la cárcel, otros tantos en el exilio y conquistó éxito y popularidad bajo el gobierno soviético. Tanta que hoy hay un cráter Morozov en la Luna y un asteroide llamado Morosovia (que son dos cosas realmente envidiables, para qué engañarnos).

Pero aquí habíamos venido por lo de la cronología. Sí, este Morozov tenía unas ideas un poco particulares sobre estas cosas, porque los sabios a veces son un poco así, puro punk. Entre sus descubrimientos más llamativos podemos citar la fecha exacta del Apocalipsis de san Juan (el 30 de septiembre del año 395…hay que reconocer que no fue para tanto) o la autoría de dicha obra (que él hace reposar en Juan Crisóstomo, un patriarca de Constantinopla). Y ya a partir de ahí Morozov se viene arriba (muy, muy arriba) y dice que ha echado sus cuentas según criterios astronómicos, que ha tomado como referencia única el Almagesto (un tratado del siglo II escrito por Claudio Ptolomeo) y que, joder, aquello no cuadra. Que no cuadra nada. Vamos, que toda nuestra cronología anterior al siglo VI es una patraña. Creada artificialmente, que lo sé yo, que he hecho sumas y restas. Y que viva la Unión Soviética, coño ya.

Esas son las fuentes de Fomenko. No se dejen engañar por el tono…resultan (en un contexto general) bastante fiables. Y eso es lo que más asusta de todo este tema,

La Nueva Cronología, paso a paso

Bien, la idea base de la Nueva Cronología es tan sencilla (tan evidente) que el lector enrojecerá sin remedio al no haberse dado cuenta por sí mismo de la ciclópea mentira a la que se ha visto sometido por aviesos burócratas desde tiempo inmemorial. Sintetizando, y en pocas palabras, Fomenko nos dice que nuestra historia comienza en torno al año 800, y que todos los hechos anteriores (documentales, arqueológicos, culturales) son una invención realizada entre los siglos XV y XVII por parte de una casta de malvados (¿conspiración?, check), encabezada por la Iglesia católica. Fueron ellos, los seguidores del pescador, quienes no dudaron en levantar ruinas falsas, antedatar un par de milenios cosas como erupciones volcánicas o terremotos y, en general, ciscarse en la verdad para obtener el poder mundial (que es lo que siempre se busca en estos casos, ¿no?). Ya ven. Delirante.

Pero, oiga, clamarán con desprecio, ¿cómo puede ser que un tipo respetable, un matemático de nivel, caiga en tales dislates? Si yo pensaba que las magufadas eran cosas de gente con túnicas y gusto por los psicotrópicos. Pues sí…y no. Porque nuestro Fomenko se basa en un montón de datos incontrovertibles (solo que se deja sin contar muchos otros también perfectamente demostrables). Vamos, que aplica elementos matemáticos, estadísticos y astronómicos (algunos bien ponderados, otros con lagunas en su reflexión) para que las cosas le salgan como él quiere. Un ejemplo: utiliza el ya citado Almagesto para extraer de él la posición en el firmamento de ocho estrellas, demostrando que ese texto no pudo escribirse en el siglo II, sino muchas centurias después. Lo cual, así analizado, es cierto, solo que el bueno de Fomenko hace trampas al solitario y omite un par de cosas: que el Almagesto recoge unos mil cuerpos celestes y no ocho (y, oh casualidad, los seleccionados por nuestro héroe de pétrea faz son los que mejor se ajustan a su rollo), y que la exactitud de sus datos no puede compararse con la que se obtiene en la actualidad (por aquello de los telescopios y esas cosas). Vamos, que Anatoli es un poco golfo, no sé si me explico…

Así que ya tenemos los dos elementos fundamentales: un siniestro plan orquestado por las élites para mantenerse en el poder, y las prueba per-fec-ta-men-te irrefutables por las cuales eso queda demostrado. Solo hay otro problemilla adicional: ¿qué hacemos con los otros elementos que sirven para datar cronologías y monumentos y todas esas cosas? Ya saben, carbono 14, dendrocronología, termoluminescencia y demás. Pues nada, descartadas. ¿Por qué? Por inexactas, aprendiz, por inexactas. Solamente sirven si se cuenta con un cronograma previo en el que cuadrar los resultados, y como tal cronograma está equivocado y viciado de raíz…pues eso, que no valen nada. Sí, señora y señores, tal cual. A mí no me miren, pregunten a Fomenko. Más aún, seguro que han pensado en otras pequeñas contradicciones. Como la iglesia románica que tiene usted en su pueblo, esa tan cuca y oscura y que está medio abandonada por la Diputación. O, si es cosmopolita, tendrá en mente el Panteón, o la Acrópolis, o hasta en el Muro de Adriano. Y si, además, es de los que entran a los museos cuando viaja pues me podrá contar que ha visto un montón de monedas antiguas, y esculturas, y vasijas, y frisos, flautas o bastones. ¿Cómo encajamos todo esto en la Nueva Cronología? Pues de la manera más sencilla posible, buen hombre: todas esas son falsificaciones creadas a partir del siglo XV y diseminadas por el mundo para mantener el enorme engaño.

Imagine, imagine a conspiradores embozados enterrando miles y miles de monedas romanas por el continente, así en plan rastreadores de tesoros pero al revés. ¿Las iglesias? Levantadas en la Edad Moderna. ¿Templos griegos y romanos? Edificados con, ojo, signos del paso del tiempo, como erosión o destrucciones parciales, para que parezcan más vetustos de lo que son. Ya ven. Y no solo en Europa, ¿eh? Las pirámides de Egipto, por ejemplo, fueron erigidas muy recientemente, durante la expedición napoleónica de finales del siglo XVIII. Y lo mismo en China (el Imperio chino es, en realidad, un invento de los jesuitas), o en Japón, o en el sudeste asiático, o en África, o en el Yucatán, o donde a ustedes les dé la gana de buscar. La Nueva Cronología lo aguanta todo.

Frente a lo demás (a las piedras, a los documentos, a las fuentes), ¿qué nos presenta Fomenko? Pues ideas sueltas, de esas que puestas unas detrás de otras acaban creando una chifladura deliciosa. Nos viene a decir que oye, si hay repeticiones en la historia pues igual es porque en realidad no son tales, sino diferentes versiones de un mismo hecho. Que hay solo cuatro fuentes históricas, y de ellas únicamente la primera es cierta, y las otras tres son copias de la anterior, multiplicando así los tiempos por cuatro. Nos dice, también, que la base documental de nuestro pasado es una manipulación realizada en el siglo XVII, sobre todo, y que la consciencia como especie empezaría, así, a la altura de la Ilustración. Que no es normal que sepamos tantos detalles de la vida de Alejandro Magno y después nos tirásemos casi medio milenio sin apenas documentos. Que la Biblia y la historia antigua (desde Grecia y Roma hasta Edad Media, visigodos, ostrogodos, vándalos y demás fauna) son en realidad invenciones hechas hace unos cuatrocientos años, relatos simbólicos que cuentan cosas muy importantes pero esencialmente falsas. Que, además, solo hemos logrado medir el tiempo con exactitud desde el siglo XII, así que todo lo anterior es forzosamente falso, fruto de invenciones y revisiones. Y, por último, que todo esto se ha hecho con un único fin: ocultar la muy decisiva influencia que en la historia del mundo tuvo una cosa que Fomenko llama «Gran Horda» y que, básicamente, es la traslación de la nación rusa a ese pasado mágico que tanto se preocupa en buscar.

En serio, no me digan que no es adorable.

Ejemplos prácticos para soltar en reuniones sociales

Cleopatra (1963). Imagen: Twentieth Century Fox.

A estas alturas ustedes, que han olido sangre, están esperando algunos datos concretos, cosas de esas de soltar en mitad del vermú y dejar a todos con la boca abierta. Y en Jot Down les vamos a complacer. Después de un ímprobo esfuerzo de resumen, añado, porque las teorías de Fomenko y sus amiguetes se desarrollan durante unos cuantos tochazos (van por encima de la docena) llenos de elucubraciones farragosas, términos técnicos y lisergia general. Pero en fin, que hemos hecho de tripas corazón y para allá nos lanzamos.

Bien, empecemos con fuerza. ¿Les suena Jesús de Nazaret? Alto, con barbita, pelo largo, un final más bien tormentoso. Sí, el que vivió en Judea durante el siglo I. Esperen… Aquí es donde se nos escapa el asunto, porque para Fomenko nuestra historia no existía hace dos mil años. Así que, ¿cómo resolvemos el asunto? Pues muy fácil: Jesús de Nazaret es, en realidad, Andrónico I Comneno, un emperador bizantino que reinó entre 1183 y 1185. Esta figura es «gemela» a la de Jesús: su vida pública cubre tres años, fue acusado injustamente, entró en la gran ciudad de su zona a lomos de un animal de carga (solo que Andrónico lo hizo atado sobre un camello sarnoso, pero vaya usted a Anatoli con los detallitos), y fue sacrificado delante de una multitud, propinándole un soldado romano el golpe de gracia costal (a nuestro Comneno se lo hicieron con una espada). Ah, sus últimas palabras iban dirigidas al Señor. Ya ven, calcado. Añadimos a esto que María Magdalena es en realidad Eudoxia Macrembolitissa (una emperatriz bizantina caída en desgracia en el siglo XI), y que el Jerusalén bíblico se corresponde con Yoros, en pleno Bósforo, y tenemos una ensalada riquísima. Por cierto, la identificación de Jerusalén con la actual ciudad palestina se produce en época de Napoléon, que ya vemos que estaba bastante en el ajo… Y los británicos que no se pongan chulitos, porque todas las leyendas, hechos y hazañas de sus reyes son en realidad traslaciones de los emperadores de Bizancio.

Vayamos a Roma… ay, Roma, la ciudad eterna. Solo que Roma, la Roma de los romanos, la de Julio César y las túnicas y el quousque tandem abutere no estaba realmente en Italia. Ni siquiera en un único sitio, vaya, sino que fue moviéndose por Alejandría, Constantinopla y Moscú. Será en el siglo XVIII cuando, en pleno Renacimiento, se reinvente la visión de la gran urbe clásica. Pero, un momento… Hemos dicho siglo XVIII y Renacimiento… Perfecto, no hay problema, Fomenko nos marca que Leonardo, Miguel Ángel, Durero, Boticelli y todos aquellos tipos vivieron, en realidad, durante la centuria de 1700, solo que se les atrasó un poco en la cronología oficial para que todo cuadrase. Muchos de ellos pudieron trabajar en el Vaticano, que es un edificio creado en la segunda mitad del siglo XVII para sostener (e inventar) la antigua grandeza romana, y que estaba dedicado, agárrense que vienen curvas, a Batu Khan, el nieto de Gengis Khan. Batu Khan, Vaticano… Joder, qué sencilla es la historia a veces, y cómo nos complicamos con ella. Roma fue creada de la nada en 1380 por los rusos, que malvadamente resultaron omitidos en las crónicas de la historia falsaria, transformándolos en paletos etruscos. Ah, este Batu fue el fundador de la Gran Horda rusa que dijimos más arriba, y que, básicamente, es la base auténtica de toda nuestra civilización, al menos hasta que los malditos escribas (o mandarines, o curas) se dedicaron a falsificar TODO para hacer de menos a los hijos de Rus. Solo un apunte más, la erupción del Vesubio, la de Pompeya y Herculano, es de 1631, y les vino de perlas a los falsificadores para dejar por allí cosas a medio hacer y hacerlas pasar por nuestras raíces clásicas.

Oiga, y en Oriente Próximo cómo están las cosas para Fomenko. Pues mire usted, muy claritas. Por de pronto la guerra de Troya tiene lugar entre los años 1204 y 1261, y en realidad habla de la Cuarta Cruzada, ahí es nada. En esas tierras gobierna la Gran Horda, que habla, ojo, la única lengua que existe en todo el mundo, y que es eslava. La disgregación de ese imperio se identifica simbólicamente con la caída de la Torre de Babel, y se produjo por culpa de Mahoma. Solo que Mahoma es, en realidad, Mehmet II, el que ocupó Constantinopla. Y también es Alejandro Magno, por lo de la invasión de Oriente. Y uno de sus sucesores, Solimán el Magnífico, será en realidad Salomón. Y también un poco Alejandro Magno, porque ya en plan delirio qué importa una barbaridad más. Y su templo nunca se derribó, porque si lo pensamos bien es Santa Sofía de Constantinopla, y eso sigue en pie. Y la Kaaba de la Meca es un meteorito que cayó en Novgorod en 1421. Y, ya por ir rematando, Grecia no es un lugar, sino un tiempo, y hace referencia a los siglos XII al XVI, que son aquellos previos a la gran deformación de la historia, como la Atenas clásica es el origen de muchos de nuestros rasgos culturales. Ah, ninguno de los grandes escritores, filósofos o matemáticos griegos existieron en realidad, sino que son, en la mayoría de los casos, construcciones de la Edad Moderna (los menos se quedan en reconversiones de obras muy primitivas que datan de esos siglos oscuros llamados «Grecia»). Y la guerra del Peloponeso tuvo lugar en el siglo XV en la Península Ibérica, ahí es nada. Esto es Esparta, o algo.

¿El resto del mundo? Pues lo mismo, porque lo bueno de estas cosas tan bizarras es que suelen ser universales. Hay cambios, claro. El descubrimiento de América se produce en el siglo XVII, y Colón no es sino un trasunto simbólico de Noé. Una vez allí los castellanos se dedican a sembrar el continente de restos «precolombinos», por lo de seguir con el engaño. Por cierto, que lo hacen bajo el mandato de los Borbones, porque los Habsburgo pintan más bien poco en esta historia. Sirven, únicamente, como excusa para oprimir documentalmente a la Gran Horda rusa, transformada en Imperio romano, Sacro Imperio, Imperio de los Habsburgo, Imperio bizantino, etcétera. Los occidentales, que se quieren quedar con todo el mérito.

Podríamos seguir. Por aquí sale Cleopatra teniendo un affaire amoroso con Bonaparte. Por allá asoma el Imperio de Trebisonda. Las Coronas medievales inexistentes. La Biblia redactada durante el Concilio de Trento. El éxodo judío que es en realidad la huida tras la caída de Constantinopla. Los templarios surgiendo en el siglo XVI y siendo eliminados cien años más tarde (de sus cenizas surgió Suiza, nada menos). Y, bueno, para qué engañarnos… aliens. A veces también nos hablan de aliens. Porque tienen que aparecer, ¿no?

Lean a Fomenko, amigos.

Y feliz año 869.

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13 comentarios

  1. Bueno, ellos tienen a Fomenko, nosotros a Cucurull
    https://es.wikipedia.org/wiki/Institut_Nova_Hist%C3%B2ria

  2. Todo es una conjura de Soros, los nazi-comunistas de la Nasa que nos quieren hacer creer que la tierra es redonda, y los reptilianos que desde el club Bilderberg nos obligan a vacunarnos. Me parece que voy a escribir un libro acerca de ello.

  3. Carlos Baiget Orts

    Recomiendo a cualquier mente crítica leer y analizar los libros de Fomenko empezando por «Cronología-1» hasta «Cronología-7», y contrastar su contenido con el de este artículo en cualquier punto del proceso.

    Si no se está dispuesto a tanto, recomiendo «The lost Milenium» (Jhons Hopkins University Press), del matemático Florin Diacu, para comprender el problema en su verdadera dimensión.

    • Tochus

      Mas que recomendación, me parece un reto. Con lo que anda el tiempo de caro, cómo para merendarse esos «tochacos» y sobre ese tema.

      • Carlos Baiget Orts

        Se pueden recomendar retos, no son excluyentes. Sobre donde invertir el tiempo, lógicamente ha de ser donde se esperen encontrar recompensas. Sobre ‘este tema’ (entiendo ‘cronología historica’), me parece un poco chocante que mucha gente interesada en la historia prefiera ignorarlo, cuando se trata de hecho y por definición, su columna vertebral.

        Refutar la cronología, es refutar la historia construida sobre ella. No demostrar la cronología, es no demostrar la historia construida sobre ella. Cuando ciencias exactas como la astronomía y las matemáticas contradicen la historia, es el momento de reconstruirla. Y ello se hace precisamente comenzando por la cronología que le servirá de base.

  4. Carlos Baiget Orts

    Para posibles interesados en leer críticas objetivas sobre Nueva Cronología, les indico que encontrar la mención de que «La guerra del Peloponeso tuvo lugar en el siglo XV en la Península Ibérica» como hace este artículo es un indicador *infalible* de que el autor del mismo *no ha leído* y *no comprende* la Nueva Cronología.

    Otro indicador infalible es la continua exposición de Corolarios como si fueran Premisas: «dice que la historia comienza en el año tal…», «dice que las pirámides son del S. XVIII (sic)», «dice que Colón es un trasunto de Noe…», «dice que el Alamagesto es falso…»

    Así mismo, el número de burlas indica claramente la procedencia del autor: muchas burlas = humanista (historiador, literato: descarta conclusiones), precaución y respeto = científico (matemático, astrónomo: confirma rigor del método)

    Incluso aunque formen parte del estilo, una presentación muy mordaz, nunca ataca a la base y al desarrollo, sino únicamente al enunciado que toma cada demostración.

    En resumen, cuando encuentren una crítica excesivamente burlesca y detallada de los corolarios de Nueva Cronología, sepan que se encuentran ante un artículo cuya principal función es *prevenir* que apliquen su propio escepticismo contra ella, y consuman uno preelaborado que supuestamente les mantendrá en terreno seguro y lejos de la peligrosa superstición con la que, se advierte, esta está construida.

    • Mire: la historia, como el resto de conocimientos en los que se intenta trabajar con rigor, se revisa y corrige continuamente. Cuando , por documentos, excavaciones, dataciones por C14, sedimentos, análisis de hielos, etc. se llega a la conclusión que una fecha era erronea, pues se corrige. Y así, a base de hallazgos y de pulir errores, va avanzando. Por cierto, los «errores», son a lo sumo del orden de una década, si nos vamos a hace 2000 años, no son de siglos.Detallito sin importancia.
      Por cierto, y ya para reirme: según Fomenko, ¿cuando escribió sus crónicas Sima Quian? ¿ Y cuando vivió Confucio? ( personaje que por cierto, fue el primer arqueólogo musical de la historia, entre otros méritos, según la «historia oficial»).
      Sorpréndame, impida que me ría, e igual me leo un libro de Fomenko.

      • Carlos Baiget Orts

        Puedo empatizar con usted, porque opinaba de forma parecida antes. Intentaré ser breve y conciso, mi objetivo será principalmente que no se ría, o que si lo hace por algún comentario final, sea de forma no relajada.

        La historia no es el pasado, es un modelo del pasado. La función del modelo no es explicar el pasado, sino el presente, y principalmente a los poderes legítimos que lo gobiernan. La historia es útil, por eso es vulnerable. Un poder muy concentrado no puede resistir a escribir su propia historia, que sustituya al pasado, y que explique su presente (e.g. Korea del Norte, Estado Islámico).

        Antes de la historia, esta función la cumplían los mitos, pero la historia es más robusta porque tiene un margen de tolerancia contra la crítica racional, por eso la historia sustituyó al mito.
        Ahora bien, la contundencia de la crítica está limitada por los recursos intelectuales de cada época. Una vez establecido el modelo, no acepta elementos que lo contradigan y solo acepta refuerzos. Pero si las disciplinas científicas avanzan lo suficiente, refutan completamente el modelo porque se produce una colisión de los postulados. Esto ya ocurrió hace algunas décadas a nivel científico, tras algunos siglos de discusión autoreprimida de las incoherencias internas.

        Se me acaba el espacio y dejo algunas sugerencias para empezar a recorrer el camino que le llevará inexorablemente a Fomenko si decide recorrerlo, aunque no empieza por él. Newton reconoció que iba sobre hombros de gigante, Fomenko reconoce que va a hombros de Morozov. Los tres cuestionaron la cronología.

        Busque «inis c-14 crash», contraste la reputación del lugar donde encuentra el documento, así como la de sus autores, refute lo dicho allí. Busque «scythia to camelot», y haga lo mismo, luego compruebe que lo dicho allí es necesario en el paradigma de Fomenko. Busque el momento y lugar de aparición del manuscrito más antiguo que se conserva del primer autor clásico que se le ocurra, y haga lo mismo con otros autores hasta que le resulte aburrido. Evalue la coherencia del relato sobre los trabajos de Domenico Fontana en Pompeya 150 años antes de su descubrimiento. Lea en artículos científicos sobre la magnitud del anacronismo que representa la complejidad del mecanismo de Antikitera, y compare la cifra con la hallada por Fomenko de desfase cronológico por otros criterios.

        Si al final decide leer a Fomenko empezando por Cronología-1, no tolere la más sutil falacia lógica, cierre el libro inmediatamente y vuelva a la historia oficial, aquella sobre la que nunca pidió la más mínima prueba. Si no entiende el análisis de 1000 páginas de Fomenko y sus tres colaboradores matemáticos sobre el Almagesto en Cronología-3, vuelva a este artículo y lea el resumen del mismo, confórmese. Haga lo mismo si consigue entenderlo y entonces me entenderá a mi también.

        pd: Ningún documento chino es anterior al S.XVII

        • Sima Quian: historiador hace unos 2000 años. Numerosos pasajes de sus crónicas eran leídos con escepticismo durante siglos. Hasta que hace unos 40 años, un campesino por accidente topó con una estatua de terracota enterrada. Y luego los arqueólogos descubrieron otra 10.000 más…un ejército entero a gloria de la tumba del emperador Quin Shi Huan Di. Sima Quian los describía, y desde entonce sus crónicas son estudiadas con menos escepticismo. ¿El ejército de terracota fue una falsificación de los jesuitas y no-sé-quién-más en el s.XVI o XVII…? ¿El Partido Comunista Chino participó y participa hoy en día de tal conjura, y si es que sí, por qué motivo?

          Confucio, sV a.c., rescató y conservó de la biblioteca de un Estado partituras en desuso de unos 200-300 años de antiguedad. Gracias a él y a sus discípulos se conservan. Pero los instrumentos se perdieron / olvidaron con el tiempo. Hasta que hace unos 20 años, cerca de donde Confucio rescató las partituras, se encontró restos de instrumentos ( piedras musicales, gongs…) que los análisis fecharon contemporáneos de Confucio. A partir de estos restos, arqueólogos y artesanos construyeron nuevos instrumentos…y funcionan. Y además permiten interpretar estas partituras. ¿Como se explica esto según Fomenko? ¿Una conjura de musicólogos falsificando tablillas de bambú y luego diseñando, construyendo, rompiendo y enterrando instrumentos?

          Y podría extenderme con docenas y docenas de ejemplos más.

          Por lo tanto, y tras ver como Ud. ni siquiera intenta responder a mis preguntas mientras divaga acerca de «qué es la historia», me permitirá que no solo ignore a Fomenko, sino que me ria de él y además que no le replique a Ud. más.

          • Carlos Baiget Orts

            Creo que usted merece mis disculpas así como mi infinito agradecimiento por abrirme los ojos y hecerme ver el error que me cegaba. Yo simplemente no sabía que un señor habia tropezado con una estatua y otro se había hecho una flauta como la de su tatarabuelo.

            Le felicito porque con su aportación usted no sólo ha destruido a Fomenko sino cualquier intento futuro de cuestionar el anclaje cronológico de los eventos pasados de la humanidad. Así mismo pido perdón por mis divagaciones sobre lo que es la historia, que ya no puedo borrar para desgracia de mi reputación.

            Acepto con resignación que usted cumplirá su palabra de no replicarme más, pero pienso que el tiempo lo cura todo y algún día podré seguir adelante.

            Un saludo.

  5. Alfredo Cuartana

    Esto es como un virus. Uno de mis profesores de historia en la universidad seguía al milímetro la Nueva Cronología de Anatoli Fomenko. Tuvimos que estudiar todo un curso basado en esta Nueva Cronología y el tío se la sabía al milímetro. Ni que decir el caos de números en la cabeza para preparar los exámenes, encima todo falso. Además, tal como nos la vendió (en su favor diré que la labia que tenía el tipo era increíble), la Nueva Cronología parecía ser verídica por la gran cantidad de fechas, detalles y curiosidades. Recuerdo que un grupo de alumnos se hicieron fanáticos del tema desde entonces (casualidad: los que sacaron mejor nota) y explicaban todo en base a estas sandeces, negando por ejemplo hechos sobradamente demostrados: aseguraban que los nacionales en la guerra civil eran realmente los nazis, que hiroshima y nagasaki fueron la misma bomba pero las dos ciudades se destruyeron por efecto del «eco». En fin, daño incalculable y seguro que ya hay varias generaciones contaminadas.

    • Carlos Baiget Orts

      Hola,

      La Nueva Cronología no pretendía ser ‘Nueva Historia’. En su origen era únicamente una demostración de la imposibilidad de la cronología histórica consensuada. La situación actual en pleno S. XXI es que la Historia Clásica es incompatible con la Astronomía moderna, así como con la Estadística. El resultado es comparable al de lanzar un huevo contra un muro de hormigón.

      Refutando este pilar fundamental se conseguiría derribar todo lo construido sobre ello, pero lamentablemente y ante la imposibilidad de hacerlo, ha comenzado una guerra santa que pretende ridiculizar las últimas consecuencias derivadas de este hecho, no el propio hecho. Es más, poner el foco de la crítica sobre esta base astronómica y matemática sería letal para la versión consensuada de la historia, falsificada en el S. XVII (como se demuestra) usando una versión primitiva de estas ciencias como coartada.

      Preste atención a David Martín de Diego, Vicedirector del Instituto de Ciencias Matemáticas del CSIC, opinando sobre Nueva Cronología en 2016: «Se basa en hechos históricos y en unos argumentos científicos que deberían ser rebatidos del mismo modo.»

      No va a pasar, hay varias generaciones contaminadas, pero por el dogma. Se va a luchar por la Historia Clásica de la misma manera que se lucho por las Sagradas Escrituras, de forma irracional, visceral, hasta que se acepte la realidad de su función instrumental. Según el bando en el que uno se encuentre, se considerará un virus o una revolución más del saber humano.

      La Nueva Cronología no es algo nuevo, y su robustez actual tiene un efecto secundario inesperado: obliga a comparar su sustento con el de la historia consensuada, algo para lo que simplemente, esta no fue diseñada y no puede soportar.

      La Alquimia ya pasó a ser Química, la Filosofía Natural ya pasó a ser Física, la Astrología ya pasó a ser Astronomía, ahora las nuevas encarnaciones de estas ciencias obligan a la actual Historia del Pasado a ser literalmente algo del pasado.

      Un Saludo.

    • Carlos Baiget Orts

      Hola,

      La Nueva Cronología no pretendía ser ‘Nueva Historia’. En su origen era únicamente una demostración de la imposibilidad de la cronología histórica consensuada. La situación actual en pleno S. XXI es que la Historia Clásica es incompatible con la Astronomía moderna, así como con la Estadística. El resultado es comparable al de lanzar un huevo contra un muro de hormigón.

      Refutando este pilar fundamental se conseguiría derribar todo lo construido sobre ello, pero lamentablemente y ante la imposibilidad de hacerlo, ha comenzado una guerra santa que pretende ridiculizar las últimas consecuencias derivadas de este hecho, no el propio hecho. Es más, poner el foco de la crítica sobre esta base astronómica y matemática sería letal para la versión consensuada de la historia, falsificada en el S. XVII (como se demuestra) usando una versión incompleta y errónea de estas ciencias.

      Preste atención a David Martín de Diego, Vicedirector del Instituto de Ciencias Matemáticas del CSIC, opinando sobre Nueva Cronología en 2016: «Se basa en hechos históricos y en unos argumentos científicos que deberían ser rebatidos del mismo modo.»

      No va a pasar, hay varias generaciones contaminadas, pero por el dogma. Se va a luchar por la Historia Clásica de la misma manera que se lucho por las Sagradas Escrituras, de forma irracional, visceral, hasta que se acepte la realidad de su función instrumental. Según el bando en el que uno se encuentre, se considerará un virus o una revolución más del saber humano.

      La Alquimia ya pasó a ser Química, la Filosofía Natural ya pasó a ser Física, la Astrología ya pasó a ser Astronomía, ahora las nuevas encarnaciones de estas ciencias obligan a la actual Historia del Pasado a ser literalmente algo del pasado.

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