El fin de la risa (I)

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Les Guignols de l’info. Imagen: Canal+

Mucho se habla últimamente del «fin del humor». El debate sobre los límites de este, la creciente censura que ataca a la necesaria libertad de expresión, así como las batallas ideológicas (sobre todo en MordoTuiter) han ocupado gran cantidad de portadas en medios de todo tipo y enfoque. Sin embargo, todo este ruido está ocultando al público el tema de debate realmente importante que subyace detrás. Lo determinante no es si estamos ante el fin de la risa, sino determinar el fin de la risa. Por ello, como parte de nuestra reconocida labor de divulgación científica, hemos decidido analizar de manera profunda y rigurosa el tópico. Tras leer de cabo a rabo el International Journal of Humor Research, repasar el timeline de un par de cuentas de Twitter seleccionadas, y empaparnos de los artículos periodísticos del mayor experto patrio en la disciplina, estamos preparados para dar respuesta seria, cual filósofo alemán, y de una vez por todas, a la necesaria pregunta: ¿cuál es el fin de la risa?

El fin de la risa es ganar elecciones

En julio de 2018 se anunciaba la cancelación de los guiñoles en Francia. Inspirados en los británicos Spitting Image, la versión francesa llevaba treinta años al servicio de una visión cómica de la realidad. Sin embargo, volvieron brevemente en septiembre de 2019 para dar sentido homenaje al expresidente Jacques Chirac, tras conocerse su fallecimiento. El político francés había sido una de las estrellas del show. Es más, los muñecos contribuyeron con su humor a la transformación de un burócrata de perfil bajo en un candidato presidenciable. ¿Cómo? Representándole como un político afable, forofo del fútbol y con un puntito exaltado. Remarcando los ataques y traiciones que recibía de sus contendientes. Inspirándole, cómo cuando su personaje en los guiñoles se lanzaba a convencer a los franceses para que comieran manzanas («mangez des pommes») y Chirac convertía la ficción en parte real de su campaña. Y finalmente, abordando el personaje de Jospin, su principal contendiente, como un aburrido «Yo-yo». Es generalmente reconocido por los medios y los analistas que en 1995 los guiñoles decantaron, a base de risas, el voto desproporcionado de los jóvenes para hacerle presidente en la segunda vuelta. Quizá por ese motivo al comenzar sus escándalos los muñecos, decepcionados y sintiéndose responsables, crearon para él un nuevo personaje, «Super Mentiroso» (Super Menteur).

Otro de los casos más conocidos de políticos dados a la chanza fue el de Ronald Reagan. Primero comentador deportivo en radio en su Illinois natal, después actor y presidente del sindicato de actores en Hollywood, posteriormente gobernador de California desde 1967 a 1975, y finalmente cuadragésimo presidente de Estados Unidos. Estuvo en servicio desde 1981 hasta 1989, ganando sus segundas elecciones con el 97.6% de los votos de los colegios electorales y convirtiéndose además en el presidente de mayor edad elegido en su país, a los setenta y tres años y trescientos cuarenta y nueve días de edad. ¿Por qué? Era tan fan de la risa que sacaba partido de ella en cualquier situación. Por ejemplo, en los debates electorales televisados. Preguntado por el impacto de su avanzada edad ante una eventual emergencia de seguridad nacional («el presidente Kennedy pasó varios días casi sin dormir durante la crisis de los misiles de Cuba» argumentaba el presentador del debate), el candidato conservador respondía con tranquilidad: «no voy a convertir la edad en un tema de debate en la campaña, y no voy a utilizar con fines políticos la juventud e inexperiencia de mi oponente». Hasta su oponente terminaba entre risas.

No era esta una respuesta casual. Ronald Reagan mantenía un listado de tarjetas con múltiples one liners, que recopilaba minuciosamente para utilizarlos en las más diversas ocasiones. Los one-liners son chistes de una sola frase, con un punch-line, o conclusión, rápida y contundente. Algunos ejemplos mundialmente conocidos son «Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción» (Groucho Marx), «Las dos palabras más bellas de nuestro idioma no son «¡Te quiero!», sino «¡Es benigno!» (Woody Allen) o «Intentarlo es el primer paso hacia el fracaso» (Homer Simpson). Los del presidente se han convertido en respetable memorabilia, tanto que la Ronald Reagan Foundation & Library los guarda con celo entre sus documentos y recuerdos.

La propia fundación se hace eco orgullosa de su sentido del humor como una de las características definitorias de la personalidad del político americano. En su carrera tuvo que lidiar con momentos complicados, como la caída del muro de Berlín, una importante crisis económica y un intento de asesinato. Nada le hizo cambiar su estilo. Respecto a la extinta URSS, la CIA desclasificó documentos con chistes sobre el país soviético y sus dirigentes, que Reagan recopilaba con interés. Algunos, reconocía en público, incluso se los contaba a Gorvachov. «Un americano y un ruso discutiendo sobre su país. El americano dice «en mi país puedo entrar en el Despacho Oval y decirle al presidente Reagan que no me gusta cómo dirige EE. UU.». El ruso responde que él también puede hacer lo mismo. «¿Seguro? No me lo creo», contesta atónito el americano. «Por supuesto, si quiero puedo entrar en el despacho de Gorbachov y decirle que no me gusta cómo el presidente Reagan dirige EE. UU.»».

Hasta en las situaciones más dramáticas mantenía su vis cómica. Tras recibir un disparo de John W. Hinckley en marzo de 1981, Reagan hizo acopio de todo su arsenal de chistes para dejar claro que la situación estaba bajo control y no le había afectado. Desde preguntar a los cirujanos que iban a operarlo si eran «todos republicanos»; pasando por decirle a su hija que «el disparo ha arruinado mi mejor traje»; responder a una enfermera, que le animó a que siguiera con el buen trabajo de recuperación, si «entonces esto me va a pasar más veces»; quejarse a su asistente cuando le confirmó que el gobierno seguía funcionando con normalidad «qué te hace pensar que eso me hace feliz»; o recibir a su mujer nada más llegar al hospital con la famosa frase del boxeador Jack Dempsey tras una dolorosa derrota, «Cariño, olvidé agacharme» («Honey, I forgot to duck»). En claro homenaje a tamaña personalidad, el más grande jugador de fútbol americano de la historia, Tom Brady, usaba como jugada «audible» en la final de la Super Bowl LIII su nombre: «Reagan» era, evidentemente, una carrera hacia la derecha.

La política como fin de la risa sigue siendo de máxima actualidad. Giuseppe Piero «Beppe» Grillo, cómico y actor italiano, tuvo un papel relevante en las elecciones italianas del 2013 con su partido Movimiento Cinco Estrellas, llegando a convertirse en la lista más votada al congreso con más del 25% del voto y 108 diputados. En las elecciones de Ucrania en 2019 el actor y comediante Volodymyr Zelensky, tras interpretar en tono satírico desde 2015 al presidente de Ucrania en la comedia Servidor del pueblo, ganaba la segunda vuelta con más del 73% de los votos para convertirse, esta vez de verdad, en presidente de la nación. Alemania, año 2014, elecciones europeas. El periodista Martin Sonneborn, de la revista satírica Titanic, crea el partido Die Partei. Con objetivos como «promover las élites» o crear «un muro alrededor de Suiza», y cabalgando sobre la más gamberra posible de las campañas, consiguieron un 0,64% de los votos y un parlamentario europeo. Sí, en Alemania. No podemos olvidar tampoco a los últimos presidentes de EE. UU. Barack Obama, que dejaba el cargo y el Despacho Oval con una imprescindible entrevista de empleo en el show de Stephen Colbert, se había reído de sí mismo a cuenta de la inapropiada selección de las claves de acceso, y sus chistes o sus reuniones con la prensa acompañado de su «Traductor Enfadado» se convertían en acontecimientos virales.

También, según cómo se interprete, su sucesor el constructor ha cimentado su carrera en la comedia. Tanto con cameos en series y películas como El príncipe de Bel Air, The Job, De repente Susan, Sexo en Nueva York, The Drew Carey Show, Amor sin preaviso, Spin City, La niñera, The Associate, The Little Rascals, Zoolander, Eddie, Solo en casa 2: perdido en New York o un combate de la WWE, como presentando durante catorce temporadas la versión norteamericana de The Apprentice, a lomos de la popularidad de su ya famosa frase registrada «You Are Fired!». Tras muchos años riéndose de sí mismo, consiguió alcanzar la presidencia, así que para qué cambiar: sigue construyendo su carrera sobre este humoroso muro colorado.

Y es que a veces la línea entre realidad y ficción es muy fina. Es más, en lo relativo a la realidad política, es complicado hoy día saber ya qué es real, qué es ficción y qué son «alternative facts». Julia Louis-Dreyfus lo confirmaba en sus disculpas tras ganar el Emmy en 2016 por la sátira política Veep: «Creo que Veep ha derribado el muro entre la comedia y la política. Nuestro programa comenzó como una sátira política, pero ahora parece más bien un documental aleccionador. Así que ciertamente prometo reconstruir ese muro y hacer que México lo pague». En el 2015 ya había avisado del riesgo de que esto sucediera. «Creo que sería apropiado en este momento citar nuestra sátira política, Veep: «Qué gran honor debe ser para ustedes honrarme esta noche»… Oh, esperen, oh, Dios. Oh no, no, lo siento mucho. Donald Trump ya dijo eso, lo siento». Y es que Julia siempre ha tenido mucha clase.

El fin de la risa es determinar la clase social

Aunque está extendido que «la comedia debe golpear hacia arriba» («comedy should punch up»), nunca ha quedado claro el origen de la expresión. Lo que sí está claro es su significado: el humorista debe dar cerita de la buena a los poderosos. Y si no es así, ¿a santo de qué el bufón de la corte podía decirle barbaridades al rey sin jugarse el cuello? Vamos, que desde siempre en la comedia han existido clases sociales. Postula Julio Embid en Hijos del hormigón (2016) que las series de televisión han popularizado los personajes de clase media y baja como protagonistas de productos de humor (Aída, Con el culo al aire), mientras que las clases sociales más altas aparecen predominantemente en dramas y tragedias (Crematorio, Élite). No es el único estudio en esta línea clasista. «El valor cultural de un buen sentido del humor» confirmaba, tras entrevistar a mil británicos en el festival de Edinburgo que, mientras algunos cómicos eran admirados por todas las clases sociales, las preferencias de las clases medias y trabajadoras con respecto al humor eran una manera de demostrar su «velado esnobismo». Lo que en nuestro país vino a ser la moda del «humor inteligente», vamos. Como concluía uno de los autores del estudio, «hasta cierto punto los gustos de las personas respecto a la comedia son un indicador de su clase social». Esta teoría, aun siendo discutible, nos permite determinar que la risa se manifiesta de maneras diferentes según la clase social y según el entorno en que se desarrolla.

Para entender por qué es discutible que las clases sociales bajas se asocien al humor y las altas a la tragedia podríamos hablar de la primera temporada de La casa de las flores o El príncipe de Bel Air, pero sobre todo es necesario introducir el chiste de «Los aristócratas» en la discusión. Con orígenes fechados alrededor del año 1975 (Rationale of the Dirty Joke, An Analysis of Sexual Humor), este chiste ha tenido una carrera que ya quisieran para sí la mayoría de profesionales del humor.

Como muchos otros chistes, está conformado por tres partes claramente diferenciadas. La primera es la presentación, que incluye diversas variantes de una familia con varios miembros que conversa con un cazatalentos. El agente en cuestión les pregunta por la naturaleza de su actuación, lo que da pie a que la familia lo explique o represente. La segunda, el desarrollo del chiste, queda a gusto del consumidor en lo relativo a su nivel de detalle, ya que consiste en un listado de todas las prácticas desagradables, ilegales e inmorales que a uno se le puedan ocurrir. El objetivo es incomodar y romper toda norma social, preferiblemente de manera grosera y buscando en progresión geométrica alcanzar un clímax gore a base de tabúes arrojados con crudeza sobre la mesa. No voy a comentar los diversos actos que se suelen incluir en esta parte, ya que le es suficiente al avezado lector con repasar los principales artículos de esta, nuestra publicación, para hacerse una idea. El punchline llega con la pregunta del cazatalentos sobre el nombre del espectáculo, momento en que la familia responde al unísono y con alegría «Los aristócratas». Y es que la clase social marca la diferencia hasta en los chistes. Este es tan particular que se ha convertido en una seña de identidad entre comediantes. Tanto que en el año 2005 realizaron un documental al respecto. En él, múltiples cómicos explicaban cómo lo han utilizado o adaptado, y el impacto que ha tenido en su carrera. Por ejemplo, el chiste se volvió tragicómicamente popular cuando Gilbert Gottfried lo utilizó en un evento organizado por Hugh Hefner a finales de septiembre de 2001. Con el ataque a las Torres Gemelas todavía reciente, el cómico decidió iniciar su actuación con un one-liner relacionado con la tragedia, para intentar rebajar la tensión al respecto: «Quería venir en vuelo directo, pero no me ha sido posible, me han dicho que teníamos que hacer escala en el Empire State Building primero». La respuesta del público fue negativa, incluyendo gritos de «¡Demasiado pronto!». Para salir del paso Gottfried se lanzó a narrar su versión más detallada de los aristócratas, convirtiendo el chiste más transgresor del mundo en la salida más brillante imaginable para la situación más incómoda posible.

Y es que Gottfried (por cierto, palabra de origen germánico, que significa Godofredo en español, que se traduciría como «protegido de Dios» y que representa bien su estilo de «humor»), al menos podía hacer chistes para salir del mal paso. Hay situaciones sociales donde esto no es posible e incluso puede terminar muy mal.

El fin de la risa es llevarte a la cárcel

El gran dictador (1940). Imagen: Charles Chaplin Productions / One Production Company.

No siempre es aconsejable usar el humor. Al menos salvo que el objetivo sea pasar una buena temporada sin ser molestados, con tiempo para leer y con nuestros gastos financiados mediante dinero público. Porque, aunque Daniel Davinsky considera que el humor no derroca gobiernos de ningún tipo, siempre hay alguien que decide lanzarse a hacer reír a quien no quiere. Y como los gobernantes no siempre han leído a Daniel, o no le creen, es mejor tener cuidado.

Maestro del cuidado fue el argentino Quinodando voz durante décadas a Mafalda con sutileza y talento. «Basta de censu…» pintado en una pared, o «el palito de abollar ideologías» son ejemplos icónicos de su genial tira cómica. En un país bajo una dictadura militar, donde no existía censura previa y en el que hasta un texto no estaba publicado era imposible saber el impacto que podría tener y cómo se lo iban a tomar, hacer chistes con crítica social era todo un reto. Mara Burkat, investigadora argentina especializada en humor y dictaduras, explicaba que el humor permitía «hacer algo» contra las mismas sin caer en el colaboracionismo. En principio, ensanchando las libertades poco a poco. En segundo, al permitir contar cosas que de otro modo no hubiera sido posible contar. Para ella la revista Humor en Argentina fue un ejemplo de la evolución de esa espita de gas que daba salida a la tensión acumulada. La revista La Codorniz en la España de Franco fue probablemente otro buen ejemplo. Autodefinida como «la revista más audaz para el lector más inteligente», sufrió censura hasta el punto de que los secuestros de sus portadas se convirtieron en leyendas urbanas. Un clásico fue la titulada «Bombín es a bombón como cojín es a X, y nos importa tres X que nos cierren la edición», que nunca se publicó, pero cuya ausencia se achacó a la censura. Y así de 1941 a 1975, con dos bombines.

En otros países modernos, quiero decir a día de hoy, la situación no ha cambiado mucho. Myanmar, donde el satirista Zarganar (o Maung Thura) fue enviado a la cárcel por el gobierno militar; Egipto, donde Bassem Youssef ha recibido múltiples ataques y demandas por insultar al islam debido a sus parodias de Mubarak antes y de Mursi ahora; Siria, país del caricaturista Ali Ferzat, exiliado en Kuwait tras haber sido atacado en su casa, torturado y acusado de insultar al presidente; o Corea del Norte, donde el humor político está prohibido. El escritor Josep Pernau explica en Humor de combate: cómo sobrevivir a las dictaduras (2007) cómo reconocer los principales motivos para entrar en la cárcel por culpa del humor, y así evitarlos si es posible: «En una dictadura, cuando uno se planta en medio de la plaza del pueblo y empieza a gritar que el tirano es un imbécil, le pueden detener por dos cosas: por escándalo público y por divulgar un secreto de Estado». Este chiste, por cierto, se incluye también en la lista de Ronald Reagan.

Incluso en la Alemania nazi se hacían chistes. Criticar a Hitler podía llevar a la cárcel o la muerte, sin embargo, como explicaba Rudolph Herzog en un libro al respecto, los chistes eran una manera de crítica que normalmente terminaba con una leve reprimenda. Algunos chistosos incluso terminaban sus chistes con un «eso son X años de trabajos forzados». Pero claro, no siempre. Una viuda de guerra no tuvo otra idea que contar en el trabajo, en una fábrica de armas, el famoso chiste internacional, «Hitler y Göring están en lo alto de una torre en Berlín. Hitler le dice a Göring que quiere dar una alegría a los berlineses. Göering le responde: ¡salta!». Denunciada por un compañero, juzgada por el Tribunal del Pueblo y sentenciada a muerte, queda claro que no todo el mundo está preparado para escuchar según qué chistes, y menos en Alemania.

Probablemente el mejor chiste contado sobre una dictadura en general (junto con Bananas) y sobre la Alemania nazi en particular, es la película El gran dictador de Charles Chaplin. Esta obra, de 1940, no cuenta con la ventaja de la distancia en el tiempo que le pedían a Gottfried, pero se despacha a gusto. Tanto como muchos de los ciudadanos alemanes entonces, demostrando con sus chistes que para nada existía una aceptación unánime del más conocido -ismo moderno. Uno de los problemas de los dictadores con la risa es que el humor no suele estar alineado con sus objetivos de veneración, infalibilidad y control. Se atribuye a Aristóteles la sentencia de que «solo Dios y los animales carecen de sentido del humor» (de hecho, Dios en la biblia solo aparece riendo cuando se cabrea). Parece evidente que quien se cree un Dios sufra del mismo mal. El estudioso dictador del humorismo español, Jaime Rubio Hancocktiene un artículo dedicado en exclusiva a chistes de dictaduras, donde se puede comprobar cómo normalmente se enfocan en aquellos aspectos en los que la represión dictatorial más incide o en aquello que más afecta a la población que sufre la falta de libertad.

Pero no hace falta irse a los extremos del espectro de las formas de gobierno para comprobar el impacto inesperado del humor en la plaza del pueblo. No hace mucho la palabra titiritero se convertía en una de las más mencionadas en la prensa generalista desde que Spike Jonze lanzara Cómo ser John Malkovich. Alfonso Lázaro de la Fuente y Raúl García, titiriteros y miembros de la compañía Títeres desde Abaj», representaban en Madrid la obra La bruja y don Cristobal como tantas otras veces había hecho antes en otros sitios, allá por inicios de 2016. Sin comerlo ni beberlo ni esperarlo, se encontraron en prisión, denunciados por la Audiencia Nacional, acusados de enaltecimiento del terrorismo y de atacar derechos y libertades públicas. Una obra, que no era para niños, con una broma en forma de pancarta, que tampoco era para todo el mundo, provocó una situación que no se hubieran imaginado ni los de Charlie Hebdo en sus portadas más locas.

En Alemania no eran menos, por supuesto. Conocido es el Erdogate, o Böhmermann affair, en honor al cómico Jan Böhmermann, quien incomodó al presidente turco Erdogan con sus bromas. El mandatario turco consideró que la libertad de expresión no aplicaba en esta situación y que lo que había hecho Böhmermann era un caso de libro de «Schmähkritik», o crítica abusiva de un líder extranjero. Jugando con el metachiste, el comediante explicó en un show de televisión la diferencia entre los chistes que están protegidos por la libertad de expresión y los que serían considerados crítica abusiva. El problema es que este valioso ejemplo educativo lo realizó ilustrando ambos tipos de chistes con Ergodan como ejemplo y, para qué negarlo, usando un humor bastante grueso. Tras la solicitud formal por parte del gobierno turco de que procesaran al cómico, la broma final la hizo la canciller Merkel en la más típica tradición humorística germánica: aceptando encausarle a la vez que se ponía a abolir el párrafo del código penal que podía terminar con él en la cárcel.

No se vayan todavía, aún hay más. George Carlin fue denunciado en múltiples ocasiones, sobre todo tras publicar su obra Siete palabras, dónde analizaba con detalle las siete palabras prohibidas en los medios. Lenny Bruce, considerado en 2017 por la revista Rolling Stone uno de los tres mejores cómicos de stand-up (monólogos) de la historia, era arrestado en 1961 en San Francisco por jugar con el verbo inglés «to come» (traducible como «venir» o «correrse», según el contexto). Sus visitas a la cárcel por obscenidad, y sin pasar por la casilla de salida, incluyeron detenciones sobre escenarios en Londres o Nueva York, y solo conseguían reforzar sus convicciones de que esa era la línea a seguir. A nivel más local tenemos el caso de Camily de Ory, quien enfrenta dieciocho meses de condena por chistes sobre el niño Julen; la absuelta por el Tribunal Supremo por sus trece tuits sobre Carrero Blanco, Cassandra Vera; o David Suárez, que perdió el empleo por los suyos sobre su jefe y sobre personas con síndrome de Down. Pero, ¿quién no ha hecho alguna vez un juicio a los límites del humor?

A veces estas situaciones tienen solución. El cómico Dani Mateo hizo un chiste médico-político en televisión, que terminó con su nariz en una bandera en prime time y posteriormente con su trasero en los juzgados de Plaza de Castilla imputado por ultraje a la bandera y un delito de odio. Ya no como cómico, sino como empleado que debe pagar facturas (malditos costes fijos), pidió perdónculpó a los guionistas (que se encuentran en La Retaguardia), y finalmente gag y tuits desaparecieron de la web. Y es que el tema económico sí que quita la risa. Sacha Baron Cohen incluye ya un presupuesto específico para demandas en sus proyectos. Ha sido denunciado por el gobierno de Kazajistán, dos estudiantes de la Universidad de South Carolina, un trabajador de un bingo solidario, un miembro de Fatah y el candidato al senado de EE. UU. Roy Moore, este último reclamando noventa y cinco millones de dólares. El humor es caro. Últimamente los humoristas son demandados por los objetivos de sus chistes, pero también por otros humoristas. Maravillas de internet.

Personalmente, me parece ejemplar el enfoque de José Antonio Pérez Ledo, también conocido como Mi Mesa Cojea. En su web podemos encontrar un aviso legal para abogados que habla de delitos, falsedades y dinero, intentando intimidarles con la verdad. ¡Iluso! También incluye una disculpa preventiva con licencia Creative Commons, válida para cualquier tipo de ofensa, siempre que se produzca en Twitter. Y es que, como los chistes, hay humoristas de muy diversos tipos, colores y sabores. Como para dividirlos en disciplinas, vamos.

(Continúa aquí)

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15 comentarios

  1. Blackfoot

    Estamos viviendo la era más repugnante para ejercer tu libertad de expresión desde los tiempos de la inquisición, una era calcada a aquella, donde te incitan a denunciar a tu prójimo si se sale de los cánones que algunos progres de mierda han decidido. ¿Y sabéis quién tienen la culpa? Vosotros, usuarios de redes sociales, generalmente (no todos, afortunadamente) borregos incapaces de salirse de la opinión de la masa inquisitoria ante un linchamiento público no sea que, encima, os caiga otro a vosotros. En España concretamente, desde que tengo uso de razón, se ha hecho humor negro DE ABSOLUTAMENTE TODO, y la gente respondía «Halaaa, qué burro/bestia/animal/cabronazo/eres jajajaja» se reía y lo olvidaba a continuación. El receptor era consciente de la jodida barbaridad que le habían soltado, era consciente de lo políticamente incorrecto de lo que acababa de oir… pero no se ofendía, que es la moda actual. Se hacían chistes que me importa una mierda reproducir aquí sobre los crímenes de Alcasser («Les ha tocado la quiniela, dos de catorce y una de quince»), sobre Puerto Hurraco (aunque ahora no recuerdo ninguno), sobre la desgracia de la riada del camping de Biescas donde murieron docenas de personas («Se organiza festival benéfico en homenaje a las víctimas de Biescas, actuarán Los del Río, Siniestro Total y Sepultura». Incluso de algo tan jodido y por lo que todos los pasamos tan mal como lo de Miguel Ángel Blanco, se hizo un chiste («Le dice M.A. Blanco al etarra que lo lleva por el bosque ‘joder, qué miedo da este sitio de noche’ y el etarra le responde ‘dímelo a mi, que tengo que volver solo'»). A esto podemos añadir chistes racistas (¿quién llega antes a la cima de una montaña haciendo alpinismo, un gitano o un negro?, el gitano, que le roba las cadenas al negro). O los mismos chistes por los que condenaron al tontolaba ese de Podemos sobre cuántos judíos cabían en un Seiscientos y cosas similares. Madre mía la que le caería ahora a Gomaespuma sobre todo por su etapa más hardcore en los 80 cuando organizaban concursos ficticios donde el premio era «un cáncer de mama para su hija pequeña» o años más tarde las parodias llenas de topicazos sobre gitanos con el mítico Gitano Pelaez (¡Peláez, fuera de clase! ¿No me puedo quedal a robal gomas? ¡No, fuera de clase! ayyy, se lo vi a desí a mi primo el Richal y te va a enterá). El humor no va de abajo a arriba ni de un lado a otro, el humor es humor y hay que reirse de todo y de todos. Por que es humor y no va de herir, denigrar ni ofender, es puto humor, desde el más light al más harcore (bendito Lenny Bruce lo que tuvo que sufrir) o tíos enormes como el mencionado Gilbert Gottfried con el cual lloro de la risa cada vez que veo su performance de «The aristocrats», que cada vez que la representa es más salvaje que la anterior (pedofilia, zoofilia, incesto, coprofagia… inenarrable). Gottfried es como esos antiguos músicos de blues y soul que eran incapaces de repetir la misma toma dos veces exactamente igual porque cada vez que tocaban o cantaban lo hacían con el alma. Su chiste sobre el vuelto directo que tuvo que cancelar por la parada en el Empire State es sublime, y lo mejor era hacerlo justo en ese momento, hay que quitarle leña a la tragedia justo cuando acaba de suceder ¿os pensáis que por hacerlo ahora le iban a reir la gracia? ¿Precisamente ahora?. Y si, ahora puede salir un ofendidito y decirme que si yo mismo tuviese cáncer o algún familiar mío tuviese down o cualquier enfermedad jodida no lo vería igual. Queridos ofendiditos: Lo vería exactamente igual, el humor debe usarse como terapia y cuanto más bestia y despiadado mejor, porque aunque no lo creáis, elimina toneladas de tensión en situaciones cargadas de dolor. Y lo más gracioso (irónico porque esto no tiene gracia), es que una de esas ofendiditas sea Irene Villa. Se llevan haciendo chistes sobre su atentado desde el siguiente día de que sucediese pero solo ahora que es una pseudo-famosa de red social por ser una víctima de terrorismo (curiosa manera de hacerse famoso aunque ella presuma de carreras etc etc, como las que puede tener cualquier persona y no por eso es famosa), es cuando le da por ponerse magnánima y «perdonar a toda esa gente a la que no merece la pena prestarles atención porque son gente sin alma ni respeto por la tragedia humana que blablabla» (no usó esas palabras exactas pero más o menos). En fin, mundo gilipollas, pero España más. Afortunadamente en USA todavían quedan algunos outsiders que se pasan la censura por el forro pese a algunos caídos como el pobre Louis CK por la estupidez más grande desde los días en los que hundieron a Pee Wee Herman por hacerse una paja en un cine porno. Lo curioso, es que luego sigue arrasando una serie como «Friends» (que me encanta, quede claro, la he visto entera como cinco veces), llena de homofobia, gordofobia ridiculizaciòn del débil o personas con poca inteligencia, machismo, sexismo, racismo (cuatro negros contados salen en toda la serie), personajes celosos y posesivos etc etc. Pero mira oye, a los neoinquisidores se ve que cuando les interesa, lo pasan por alto, «Bueno vaaaa, eran los 90, se puede pasar por alto, al fin y al cabo lo que hacían realmente era criticar esos comportamientos» ¡Y se quedan tan anchos después de, seguro, haberle jodido la vida a alguien por algo que han disculpado en «Friends»!, por no mencionar a los niñatos aquellos que se negaban a cantar la palabra «Mariconez» ¡la santa inquisición en forma de cantantes de karaoke!. ¿Hipocresía? ¿Cinismo? ¿No saber ni dónde tienes la mano derecha y a donde va Vicente va la gente? ¿O todo junto a la vez? El mundo se ha vuelto gilipollas y le veo poca solución, soy muy pesimista al respecto. La inquisición fue reversible, fue hace siglos. Lo de ahora creo que incluso, va a evolucionar a peor. Espero que valientes como David Suárez siga provocando con sus barbaridades desde Twitter le digan lo que le digan. A él también le han jodido la vida, y como dijo Louis CK en una breve reaparición hace poco «Ya no tengo nada que perder, me da todo lo mismo».

    • Quizás sea una apreciación errónea, pero para gustarte tanto todo tipo de humor se te ve un poco avinagrado con el mundo ¿no?

      • Blackfoot

        Teniendo en cuenta que el mismo ser humano está matando el sentido del humor salvo el light tipo Lina Morgan y que ya no se puede bromear sobre nada porque 35.987 colectivos se sienten ofendiditos a la vez, ¿qué quieres? ¿que de saltos de alegría o qué, colegui?

        • Lina Morgan, pajares y esteso, Alfredo landa, gracia morales,, Agustín González, López Vázquez….
          Todos magníficos actores, pero de verdad ¿te parece mejor humor ese de hace 50 años que el actual?

    • Podrías informarte un poco antes de pontificar. Irene Villa dijo este mismo año q muchos de sus chistes le gustaban y le ayudaban a mitigar el dolor. También q el chiste de zapata no era para tanto y q pobre hombre.

      Y que quieres que te diga, me parece admirable tomárselo así y un poco vergüenza ajena tus comentarios sobre ella.

  2. Sir Arthur

    El oponente de Reagan en ese debate era el candidato demócrata Walter Mondale.
    Político ridiculizado por Matt Groening y Seth McFarlane

  3. Será cosa de la evolución, en la última generación la piel se ha vuelto más fina…y ya no se aguanta una avispa en la polla. Blanditos.

  4. Hablando de censura, me gustaría saber dónde terminó un comentario femenino que respondía a Blackfoot. Aparte de esto quiero aclarar que Beppe Grillo, un cómico, sí, y de calidad solo usó su carisma y cultura, no su humor para fundar M5S. Se puede acceder a su blog para confirmarlo. Y se podría afirmar que fue obligado a darle forma política ya que, queriendo crear una corriente interna en el PD (heredero del PC) se le contestó que «… si BG quiere crear un partido se lo invente él». El resultado está a la vista. Tal vez lo más cómico que hizo al principio de sus protestas fue cargar dentro de una carretilla miles de solicitudes firmadas para llamar la atención del gobierno sobre un problema social. Más que cómico para mi fue dramático. Y, por supuesto, el presidente de entonces no lo recibió.

    • Guillermo de Haro

      Si no consideramos su tipo de humor, basado en la crítica social y a los políticos, tendría que darte la razón. Yo sí lo he considerado humor, por eso está incluido. Abajo unos ejemplos y referencias. Y sí, a veces hay cierto humor que duele.

      «Grillo was known for his anti-establishment comedy as well as the denunciation of public policies»
      https://en.wikipedia.org/wiki/Beppe_Grillo

      Grillo certainly doesn’t sound like a politician. “I was just down in Rome with our new parliamentarians—young, spotless, upstanding people,” he told me yesterday. “And we announced, ‘Ok, so now we’re going to get down to work, and keep all the promises we made during the election campaign.’ People stared at us wide-eyed and said, ‘Keep your election promises? How dare you?’ ”
      https://www.newyorker.com/news/news-desk/what-beppe-grillo-wants

      During the 80s his act turned steadily more political as he inveighed against the corruption that was steadily engulfing Italy under its then Socialist prime minister, Bettino Craxi. Here are some of his quips:

      «[A politician visiting China] rang [the Socialist PM Bettino] Craxi and said: ‘Listen. There’s a billion people here. Are they all socialists?’

      And Craxi said: ‘Yes. Why?’

      ‘Well, who do they steal from?'»

      «Italy is a nation of tricksters. Yesterday I was in Rome. I got on a bus and stamped my ticket: ‘Click. Clack.’ The driver turned round and said: ‘What the fuck’s that noise!'»

      «Who makes up a criminal conspiracy? If you go and look, [you’ll find] they are made up of bankers, politicians, judges and, just perhaps, once in a while, a criminal.»

      «An artist ought never to prostitute himself or herself – except for money.»

      «They ask me: ‘Are you on the left?’ I don’t know. I’ve stood still. It’s all the others that have moved.»

      And, in philosophical vein: «Life has become a show at which we are the audience – and have to buy a ticket.»
      https://www.theguardian.com/world/2013/feb/26/beppe-grillo-political-jokes

  5. El comentario femenino estaba en «quemar después de leer». Me confundí debido a la vecindad de los argumentos.

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