
Cuesta creer que un movimiento artístico como el surrealismo, basado en la confrontación y en la aglutinación de individuos raros y personalidades excéntricas, pudiera aun así generar toda una serie de artistas que no encajaron o que fueron demasiado radicales o extraños para su tiempo. Sin embargo, ahí está la lista de nombres que el tiempo ha ido engrosando. Gente como Leonora Carrington, Xul Solar, Richard Oelze, Remedios Varo y muchos más que se han ido desenterrando a posteriori, a veces muchas décadas después de su muerte. Son los «olvidados» del surrealismo. La ironía es que la mayoría tuvieron bastante éxito en su tiempo, y vivieron en el centro de la escena artística internacional. Las razones de que estos artistas terminaran cayendo en el olvido son diversas. La condición de armada unificada que a veces asumió el grupo surrealista, la evolución de los postulados individuales, la emigración cultural y política, la misoginia de la crítica de arte o el simple hecho de que la época iba dos o tres pasos por detrás del artista.
El caso de Leonor Fini es complicado. Se puede argumentar que su arte presenta una complejidad, una multidimensionalidad y una articulación formal que no tienen nada que envidiar a un Ernst o a un Dalí. Y sin embargo, muy pocos intérpretes de la historia del arte han estado de acuerdo.

A partir de la década de 1980, con la revisión de la pintura figurativa del siglo XX y del surrealismo en particular, prácticamente todos aquellos surrealistas abandonados por el canon han ido teniendo su momento. Reivindicación crítica, exposiciones en grandes museos y publicaciones. Y sin embargo, el nombre de Fini sigue apareciendo en el mejor de los casos mencionado al final de esas listas de olvidados de las vanguardias, siempre en la periferia de la mirada revisionista. Y lo que es peor, cuando se la ha reclamado, a menudo ha sido atendiendo a aspectos banales que intentan convertir su obra en un producto mucho más barato de lo que realmente es. Leonor Fini, por ejemplo, tiene el dudoso honor de haber sido reivindicada por Madonna y Kim Kardashian. Su exposición más multitudinaria de toda la historia no tuvo lugar en ningún museo de arte, sino en una trampa para turistas como es el Museo del Sexo de Nueva York.
¿Por qué se sigue sin tomar en serio a una artista de la talla de Leonor Fini? Como he dicho, la repuesta no puede ser simple.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Gracias por descubrirme a esta gran artista, a la que desconocía por completo. Es increíble que no tenga mayor reconocimiento.
Cuando vi por primera vez sus trabajos también compartí ese prejuicio crítico del que se habla: hipersexualidad y excentricidad, pero ahora, en estos tiempos en los cuales parece haberse despertado un arcano temor a la figura femenina como protagonista, habría que comenzar a considerarla como una visionaria. Y si no fuera así, no será obstáculo para que continúe a inquietar con esas maravillosas imágenes de aquelarres truculentos, brujas, gatos, hombres hipnotizados y niñas enigmáticas. Gracias por recordarla.