In memoriam: Neil Peart

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Neil Peart. Foto: Cordon.

Ha muerto uno de los grandes. Pero de los más grandes. Uno de los mejores baterías de todos los tiempos. Y cuando digo de los mejores, me refiero al pelotón de cabeza. Al Olimpo de las baquetas. A los reyes absolutos de ese instrumento. A Los Mejores con mayúsculas.

Neil Peart fue durante más de cuarenta años el corazón responsable de los enrevesados latidos que sostenían los entramados instrumentales de Rush, el legendario trío de virtuosos canadienses. Cuando hablamos de Peart, hablamos de alguien que desde hace décadas era nombrado junto a John Bonham de Led Zeppelin, Mitch Mitchell de Jimi Hendrix Experience, Keith Moon de The Who, Ginger Baker de Cream, Ian Paice de Deep Purple, Brian Downey de Thin Lizzy, Stewart Copeland de Police y los nombres comparables, que no hay muchos, que a ustedes se les ocurran. Ya me entienden: el Absoluto Primer Nivel en la batería rock.

La grandeza de Peart es evidente por sí misma, pero quizá difícil de glosar en un país como España donde, por desgracia, Rush nunca gozaron del estatus de popularidad que merecían. Un estatus que sí tenían en otros muchos lugares del mundo: eran dioses en su Canadá natal, desde luego, pero también grandes en los Estados Unidos y diversos países de Europa y Sudamérica. Aquí se los ignoraba sistemáticamente y, como dijeron en una entrevista para la web The Metal Circus, no les atraía la idea de tocar para públicos de mil quinientas o dos mil personas. En otros lugares sus conciertos eran a lo grande y venir a España significaba perder dinero sin poder siquiera usar su montaje de producción habitual. Pero bueno, no es necesario estar familiarizado con la discografía de Rush para entender quién era Neil Peart: bastaría con preguntar a cualquier batería profesional de rock. Todos dirían lo mismo: que Neil Peart era un absoluto gigante.

El trío Rush se formó en 1969, cuando un jovencísimo guitarrista de Toronto, Alex Zivojinovich, hijo de inmigrantes serbios, reclutó como bajista y cantante a su compañero de escuela Gary Lee Weinrib, hijo de dos judíos polacos que sobrevivieron a tres campos de exterminio nazis: Auschwitz, Dachau y Belsen. Todavía no conocían a Peart, así que unieron fuerzas con un batería llamado John Rutsey y, con el fin de facilitar la publicidad, renunciaron a sus apellidos europeos —impronunciables para los anglosajones— y adoptaron nombres artísticos más sonoros: Alex Lifeson y Geddy Lee. Esta primera formación grabó un álbum de debut homónimo en 1973. Era un buen disco, que fue bien recibido entonces por más que muchos críticos lo desprecien hoy (en mi opinión, un desprecio injustificado). Ya se notaba el afán del grupo por grabar temas largos y complejos con solos y desarrollos instrumentales, pero aquellos temas tenían un sonido tan bueno como genérico y poco original: son una mezcla de Jeff Beck Group con Led Zeppelin y otras bandas influyentes de la época. Por momentos incluso recordaba bastante al primer disco de Queen, que había sido publicado meses antes. Vamos, que Rush tocaban muy bien, pero no aportaban nada nuevo.

Hay un refrán que circula entre los músicos y que dice así: un grupo es tan bueno como lo sea su batería. Es decir, que no importa lo buenos que sea los demás instrumentistas; el techo de calidad lo sitúa el ritmo. Después de publicar el debut, Rutsey colgó las baquetas por problemas de salud. Geddy Lee y Alex Lifeson se encontraron con la difícil tarea de encontrar un batería igual o mejor que Rutsey en la zona de Toronto. Un día, siguiendo la recomendación de un amigo común, apareció por la puerta del local de ensayo Neil Peart. La historia de Rush y del propio rock & roll estaba a punto de cambiar.

Si decía que el techo de calidad de un grupo lo establece el ritmo, Neil Peart era un fanático del ritmo. Había nacido para ello. Se había criado en una granja, pero sus padres observaron en él un temprano interés por la música que trataron de cultivar contratando a un profesor de piano. El pequeño Neil estuvo dándole a las teclas durante algunos años, pero el piano terminó aburriéndolo, aunque marcó, según creemos todos, su futura afición por instrumentos de percusión melódica como marimbas, campanas y carillones (afición incrementada cuando se comercializó la batería MIDI que le permitía reproducir toda clase de sonidos con las baquetas). Los padres de Neil terminaron entendiendo que el chaval no quería saber nada del piano porque lo veían cogiendo dos palillos chinos de la cocina para tocar ritmos en la encimera, las mesas o la tela del corralito de juegos de su hermana pequeña. Estaba claro que la batería era lo que el chaval quería tocar, así que le compraron una y contrataron a otro profesor. Neil empezó a practicar sus canciones favoritas de rock & roll, rhythm & blues y swing.

Al principio se sintió atraído por el estilo expresionista y sísmico de Keith Moon, batería de The Who: «Me afectó mucho, fue el primer batería que de verdad me hizo sentir excitado ante la idea de tocar música rock». De él aprendió que la batería puede envolver la melodía vocal y no solo acompañarla con un ritmo monótono; también se sintió impactado por una idea de libertad y de ruptura de convenciones (como la costumbre de pegar a los platos en mitad de un redoble, cosa que Peart haría algunas veces en el futuro) que, a ojos del jovencísimo Neil, vinculaban a Moon con algún batería de jazz como Gene Krupa. No en vano el jazz había sido el primer estilo que había escuchado con atención, pero alguien como Moon apelaba más a la necesidad de expresión y desfogue de un adolescente. Se volvió tan fan de Keith Moon que montó una banda dedicada exclusivamente a tocar versiones de The Who. Y esto produjo un giro inesperado: cuando empezó a tocar el repertorio de su ídolo, irónicamente, decidió que «no me gustaba tocar como Keith Moon. Prefería ser más organizado y reflexivo sobre el qué tocar y cuándo tocarlo».

De Neil Peart es, por cierto, una de las mejores definiciones que se han hecho de Moon: «Era la clase de batería que hacía grandes cosas más por accidente que a propósito». También dijo del británico que «hubo otros grandes baterías que me inspiraron y me enseñaron cosas, pero nunca más veremos a alguien como Keith Moon». A finales de los sesenta, Neil no había cumplido los dieciocho, pero su estilo se había alejado ya muchísimo del que aún consideraba su ídolo. Neil seguía sorprendiendo a otros músicos que solían señalar la semejanza de su estilo con el de Mitch Mitchell —el paralelismo tenía sentido, pues Mitchell también tenía una concepción jazzística de la batería—, pero Peart, para asombro de sus interlocutores, respondía que Keith Moon había sido su mayor influencia. En cualquier caso, el estilo de Mitch Mitchell es una buena comparación y punto de partida para explicar el del propio Peart. Mitchell puede parecer anárquico a quien lo escucha por primera vez, pero todo lo que hace está calculado y cae en su sitio. Baste escuchar esta canción de The Jimi Hendrix Experience a la que han quitado las pistas de voces y guitarras; quedan la batería de Mitchell y el bajo (tocado aquí por el propio Hendrix). Ambos magníficamente compenetrados en una estructura mucho más sólida y cerrada de lo que pueda parecer al escuchar la canción completa.

Cumplidos ya los dieciocho años y viendo que en los alrededores de Ontario no parecía tener mucho futuro como músico, el joven Neil subió a un avión y se fue a Londres, en cuya bulliciosa escena esperaba abrirse camino. Allí no solamente fracasó en su propósito de ganarse la vida como músico, sino que para sobrevivir terminó de dependiente en una joyería. Después de año y medio consiguiendo poco más que algún trabajito de estudio y unos conciertos aislados, pensó que podía dejar de ser un pringado en Londres para serlo mejor en casa. Voló de vuelta a Canadá. Allí se enroló en una banda desconocida (curiosamente llamada Hush) y estuvo tocando con quien pudo hasta que alguien le dijo que Geddy Lee y Alex Lifeson de Rush necesitaban un batería de nivel para suplir al que habían perdido. Rush no era todavía un grupo famoso, pero sí muy prometedor, puesto que en su haber contaban con un disco que se había escuchado, aunque poco, en los vecinos Estados Unidos. Neil Peart, que tenía por entonces veintidós años (prácticamente la misma edad que Lee y Lifeson) se presentó a una audición y, lógicamente, los otros dos lo vieron tocar y decidieron que no necesitaban seguir buscando batería.

El constante punteo de Peart, como el de Mitchell, no tiene nada de la desenfadada desobediencia de Keith Moon, pero era justo lo que Rush necesitaban para ascender un escalón más en su progresión técnica. Otra inesperada aportación de Peart resultó ser su facilidad para escribir letras variadas y muy superiores a las de sus dos compañeros, por lo que terminó convirtiéndose en el letrista principal del trío, mientras sus dos compañeros componían buena parte de la música. Cuando grabaron Fly By Night, el segundo disco ya con Peart integrado en el trío, quedó bien claro que habían fichado a un batería que se salía de lo convencional:

Aquel disco los consagró en Canadá, aunque solo obtuvieron un (muy) discreto éxito en los USA con la canción homónima «Fly by Night». Sus siguientes álbumes ampliaron lentamente la base de fans, aunque el trío continuaba siendo bastante deudor de sus influencias; a veces su rock progresivo sonaba demasiado a Led Zeppelin, algo que no pegaba con el estilo ligero y casi jazzístico de Peart. Y otras veces sus desvaríos instrumentales, aunque siempre fantásticamente interpretados, no estaban muy inspirados (de hecho la batería de Neil solía ser lo mejor). Con los cuatro siguientes álbumes fueron abriéndose camino —muy poco a poco— en Estados Unidos y el Reino Unido con medios tiempos melódicos donde, no obstante, empezaba a captarse una mayor madurez. Rush publicaron seis álbumes de estudio entre 1974 y 1978, cinco de ellos con Peart; eran una banda respetada, pero no admirada. La crítica los consideraba un trío de virtuosos consagrados con un más que eficaz poderío rockero, pero a quienes les faltaba encontrar su propia fórmula.

El cambio llegó con el séptimo disco, Permanent Waves, que iniciaba una nueva etapa en su carrera. Aunque aún sonaban duros, el factor progresivo ganó importancia frente al hard rock más directo y convencional de la primera etapa. Publicado en 1980, Permanent Waves les ayudó a triunfar por fin y a lo grande en Estados Unidos, donde fue número 4 en las listas de ventas, y en el Reino Unido, donde fue número 3. El disco no tuvo hits descomunales, pero vendió mucho porque la percepción que el público y la prensa tenían de Rush dieron un vuelco descomunal. ¿En qué consistió la revolución? Pues en que Rush ya no sonaban a sus influencias ni tampoco a lo que se escuchaba por la radio. Rush sonaban a Rush. Después de siete discos en siete intensos años, habían conseguido desarrollar una personalidad inconfundible. Desde entonces ya no imitaron, sino que iban a ser otros quienes los imitasen a ellos. Sirva como muestra este detalle: si le suena un riff inicial de la siguiente canción de Rush y no sabe de qué, fue «tomado prestado» por los creadores de la serie South Park en el episodio en el que Timmy se monta un grupo de rock.

Repitieron bombazo con el siguiente álbum, Moving Pictures, disco que contenía clásicos instantáneos como «Tom Sawyer» o «YYZ», cuyo ritmo se basa en el código Morse para las tres letras del título (unos grandes fans de Rush, los también incomparables Primus, usaron el riff de «YYZ» para abrir la maravillosa «John the Fisherman» en su primer álbum, el directo Suck on This, y también harían una versión completa en sus conciertos). Antes de todos estos triunfos, Neil Peart había sido un batería muy bien considerado, como es lógico, pero el éxito internacional lo puso en primera línea, convirtiéndolo en un auténtico icono. Resultaba evidente que, como instrumentistas, Geddy Lee y Alex Lifeson eran grandes músicos, pero Peart era otra cosa. Era sencillamente uno de los paladines de la batería a nivel mundial. Empezó a ser situado en las posiciones altas de todas las listas de los mejores baterías de rock. Empezó a ocupar portadas en revistas especializadas que hablaban de él constantemente. Se había convertido en un modelo para miles de aspirantes a batería en todo el mundo, como John Bonham o Keith Moon lo habían sido antes que él.

Rush continuaron la senda del éxito con álbumes en los que había mayor presencia de sintetizadores (Signals, Grace Under Pressure, Power Windows, Force Ten, etc.). Aunque esta etapa me atrae menos que la anterior, no dejaban de ser un trío interesante y lo cierto es que en los ochenta terminaron de cimentar su prestigio internacional. Desde finales de aquella década y durante los noventa volvieron a un sonido más guitarrero, iniciando su tercera etapa en la que aún había rock melódico (Roll the Bones), pero donde recogieron influencias del grunge de manera totalmente natural, como si hubiesen sido un grupo más de jovenzuelos de Seattle («Stick It Out», «Driven»).

La tercera etapa de Rush estaba siendo también triunfal, pero en 1997 empezó una pesadilla para el pobre Neil Peart: su hija de diecinueve años se mató en un accidente de coche. Su mujer, totalmente deprimida, fue diagnosticada de un cáncer que la mató menos de un año después. Según Peart, «Se dejó morir, no le importaba. Fue un suicidio lento».

Como es lógico, aquellas dos tragedias hicieron que Rush aflojaran la marcha. Varios años después, con el cambio de siglo, retomaron aquella tercera etapa de «rock noventero» que los seguía mostrando con un sonido perfectamente vibrante, como si hubiesen tenido veinte años menos, lo cual es una de las características más notables de una banda que no parecía envejecer nunca («One Little Victory», «Far Cry»). El último álbum en estudio que editaron fue Clockwork Angels. Era el año 2012 y ellos seguían consiguiendo sonar como un grupo que tuviese menos de un lustro de existencia.

En 2014 iniciaron una gira mundial para celebrar el cuadragésimo aniversario de la formación clásica del trío. Fue la última buena noticia relacionada con Rush y con Neil Peart en particular.

En el 2015, después de terminar la gira de celebración, empezaron a llegar las malas noticias. Primero se habló de un receso temporal por problemas de salud: una tendinitis de Neil Peart y una artritis que Alex Lifeson padecía debido a su psoriasis crónica. Cosas jodidas para músicos, pero no alarmantes como para temer por sus vidas; de hecho, los miembros del grupo aseguraban que Rush volvería a estar en marcha tarde o temprano, aunque fuese para giras cortas o grabaciones aisladas. A finales de aquel año, sin embargo, Neil Peart anunció repentinamente su retirada. El motivo alegado fue el cansancio después de cuarenta años de marcha ininterrumpida con el grupo.

En enero de 2018, tanto Geddy Lee como Alex Lifeson negaron rotundamente la posibilidad de una reunión. Y esto era más inquietante para los fans. Al contrario que en otros grupos de tan larga vida, las relaciones entre los tres miembros de Rush parecían (y eran) cordiales. Las tensiones internas no parecían explicar esa repentina ausencia de planes de futuro. Todo el mundo sospechaba que un final tan terminante implicaba problemas de salud más graves. En efecto: aunque en secreto, Neil Peart estaba ya combatiendo un tumor cerebral.

Por desgracia, este 10 de enero del 2020 la enfermedad le ha vencido, confirmando los peores temores de los seguidores de Rush y de los admiradores de Neil Peart. Con él muere Rush porque Neil Peart era, es y será insustituible. Él dijo una vez que «nunca habrá otro Keith Moon» y hoy es el triste día en el que hemos de decir que nunca habrá otro Neil Peart. El corazón de uno de los baterías más grandes de todos los tiempos ha dejado de latir, y con él han dejado de latir cuarenta años de canciones. Pero despidámoslo con una sonrisa; aún recuerdo mi sorpresa al descubrir que, cuando Neil Peart no estaba escribiendo letras filosóficas, paría cosas como esta canción que le dedicó a un amigo. ¿El título? «Creo que me estoy quedando calvo».

En cien años, todos calvos, Neil. Pero tú habrás tocado la batería mejor que todos nosotros juntos. Y qué demonios, eso es un pedazo de testamento.

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11 comentarios

  1. Victor

    Solo por soñar, si Zack Starkey ha logrado sustituir a Keith Moon ¿por qué no a Neil Peart? En fin, otro gran grupo que nos deja, y por desgracia no será el último.

    • Blackfoot

      Rush juegan en otra liga, no necesitan eso, ni recurrir al tal Portnoy ese como ya babean muchos fans del prog ni hacer nada de nada. Ya han hecho todo lo que tenían que hacer. Estoy seguro, no obstante, que Lifeson y Lee seguirán adelante juntos pero jamás bajo ningún concepto bajo el nombre de Rush.

      En el mundo de la música (y más en bandas masivas) la integridad es una cualidad casi inexistente (¿Alguien ha dicho Mötley Crüe y su circo de despedida para volver cuatro años después agarrándose a la primera excusa que han encontrado? ¿Scorpions? ¿KISS?, ¿Queen y sus +?, ¿The Who?… y así un infinito etc.), pero si hay una banda de la que podemos afirmar, desgraciadamente, que ha dejado de existir, esos son Rush.

      Descansa en paz, Neil.

  2. Extraordinario artículo para un músico irrepetible. Poco más se puede decir.

  3. Felicidades, fantástico artículo que me ha hecho disfrutar de cada línea que has escrito.
    Como fan de RUSH desde hace más de 36 años aún estoy asimilándolo, porque aunque sabía que no se habían disuelto, siempre te queda la esperanza mientras vivan de que se junten para algún evento, etc…, y que coño TENÍA 67 AÑOS, con esa edad no es normal que nos dejara.
    Hoy he cogido mi Bluray del R40 y me ha servido para despedirme del Profesor.
    Por otro lado, me ha encantado ver la de miles de comentarios que hablan de él en las RRSS, sobre todo de músicos de renombre que han tenido unas frases maravillosas hacia su persona.

    Fé de erratas: Nei Peart falleció el 07/01/2020 aunque se hizo público en día 10 por petición expresa de su familia.

    DEP & RUSH ON!

  4. Bien por meter a Brian Downey entre los mejores. Lo es y se le suele obviar. Neil también lo es, por supuesto.

    • Blackfoot

      Cierto, a mí también me ha sorprendido porque nunca se le menciona y en fin, ¡hablamos del ‘man from the back’ como le presentaba Phil Lynott!

  5. Un auténtico maestro.
    Lo único que no me gustaba de él son sus composiciones de tono ultraliberal. Pero eso ya es meterse en política, y a un genio de la música hay que juzgarle por su talento. Descomunal

  6. Hi hatt de 15"

    Yo me quedo con una reacción que leí por Twitter sobre Neil:
    «El batería favorito de tus baterías favoritos»

    Agradezco a Neil, no la inspiración … bueno si… la inspiración de dejar de hacer ruido con la batería y dedicarme a otras cosas que el que vale, vale y el que no, pues…
    De tanto en tanto me pego una escapada a Youtube para ver/escuchar YYZ y el solo de batería…y lanzar 4 exabruptos de envidia cochina de la buena, autenticamente española, siendo «Os**a pu*a, es que mira que es bueno el ca**onazo este!!» lo más flojo.

  7. Se muere uno de los grandes de una de las grandes bandas del mundo y nos tenemos que contentar con tragar de manual del redactor trendy-que-sigue-la-ortodoxia-de-1977.

    Si no te gusta el Rock Progresivo y no has conseguido disfrutar de un discarral como 2112 pues te fastidias, está todo ahí.

    Y todavía tendremos que dar las gracias porque Chris Squire o Carl Palmer se fueron sin pena ni gloria.

  8. blunsburibarton

    Descubrí a Rush hacia el final de los años 80. En esa época de adolescencia la publicación de un álbum como A Show of Hands que incluía los éxitos de la banda en directo supuso un hito para un grupo de jóvenes ansiosos de encontrar algo con lo que identificarnos. Un poco antes de que ese directo saliera a la luz ya habíamos indagado en el pasado para descubrir que esos tres tipos habÏan parido auténticos discazos. Mi sensación es la de que, salvo contadas excepciones, la obra incluida en Presto, Roll the Bones y Counterparts no estaba a la altura del pasado. Perdí la pista de las obras ulteriores pero gracias a sus directos posteriores mantuve el contacto con sus nuevas creaciones aunque quizá marginalmente. Mi impresión, equivocada probablemente, es la de que Vapor Trails o Snakes and Arrows están muy lejos de 2112, A farewell to Kings, Hemispheres o Moving Pictures por citar algunas obras del pasado.
    A pesar de haber perdido la actualidad del presente no he dejado de escuchar a Rush. A veces pasan meses sin hacerlo y, como un click inesperado, de repente un dÏa me pongo a disfrutar compulsivamente de Jacob´s Ladder, La Villa Strangiato, 2112, Tom Sawyer, Witch Hunt… y no sigo porque tendría que añadir muchas piezas. Como era de esperar, desde que supe de la muerte de Neil, llevo muchas horas de audición de sus viejos temas.
    Neil era en su juventud un puto apartado, un nerd, un tipo objeto de burlas por sus compañeros. Tocar la batería le ayudó a encontrar un sitio, cansado de ver cómo se malubicaba en un mundo compartimentado en el que su posición era marginal. Subdivisions va de todo eso. Aún ahora escucho esta canción, y tantas otras, mientras camino por la calle rumbo a algún lado, me siento desubicado en el mundo en el que a veces no creo encajar pero escucho a Rush y me siento mejor. Estoy convencido que esa sensación fue la de Neil cuando vio como de repente se iban de su vida su hija y su mujer.
    Siempre me cayó bien Neil Pert, tan tímido que apenas podía interactuar con sus fans encontró su sitio gracias a su talento y a la aceptación de Alex y Geddy, amigos los dos de la infancia. No creo que Rush sea una banda popular. Mi mujer no me deja ponerlos en el coche porque no soporta a esos gritones. Estoy convencido de que esa voz aguda de Geddy Lee, por cierto un bajista como pocos, echa para atrás a muchos que no saben lo que se pierden.
    Sí, yo escucho a Rush y lo seguiré haciendo por mucho tiempo, seguramente hasta que me muera.

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