Sociedad

El corresponsal: algunas consideraciones sobre el trabajo de esos afortunados que trabajan lejos de sus jefes

JDS 30corresp
Foto: Cordon Press.

Este artículo forma parte de Cada mesa, un Vietnam, a la venta en nuestra tienda web.

El corresponsal, entendido como el periodista que reside de forma estable en un país extranjero e informa sobre él, es un hombre-orquesta. Ha de dominar todos los palos del oficio porque su ámbito de trabajo no es temático, sino geográfico. Se trata de un empleo muy bonito y, a poco que uno se lo tome en serio, bastante angustioso. El corresponsal está físicamente lejos de sus jefes. Esa es una gran ventaja. Pero también está lejos de sus compañeros y del público para el que trabaja. Ignora si lo que hace es bien recibido o simplemente soportado. Actualmente puede caer en la tentación de mirar si se dice algo de él en las redes sociales: desaconsejo vivamente esa práctica, porque combina narcisismo y masoquismo y conduce al bloqueo.

Hay quien dice que el oficio de corresponsal está en extinción. Eso es falso. Siempre habrá (hasta donde es posible prever) grandes medios y los grandes medios siempre tendrán corresponsales. Ocurre que los grandes medios tienden cada vez más a captar una clientela global; lo que se extingue, probablemente, es el corresponsal costumbrista dedicado a explicar a la gente de su pueblo lo exótica que es la gente en otro pueblo. Lo que cuenta ha de ser igualmente relevante y comprensible para un argentino y para un egipcio. Solo los medios con cierta vocación global pueden permitirse corresponsalías; los demás, o, mejor dicho, aquellos que sobrevivan entre los demás, deben concentrarse en un periodismo de cercanía y, por tanto, no necesitan gastar dinero en pagar los gastos de unos tipos que viven en ciudades carísimas. Me desentiendo en este texto de cuestiones como la explotación del corresponsal freelance que cobra unas monedillas por cada pieza y al que desde la redacción se miente y estafa de forma sistemática: examinar esas vergüenzas corresponde al derecho laboral y a veces al penal. Bien pagado o mal pagado, el trabajo de un corresponsal no cambia.

Siguen unas cuantas recomendaciones prácticas. Me permito exponerlas porque dando tumbos por ahí he conocido corresponsales extraordinarios y alguna cosa creo haber aprendido de ellos. En algunos aspectos del oficio no he podido aprender y hablo de virtudes de las que carezco.

Hay que conocer el idioma del lugar, evidentemente. En un futuro no muy lejano el móvil podrá ayudarnos a obtener traducciones simultáneas decentes, y en caso de extrema necesidad se puede contar con un intérprete, pero nunca habrá mejor opción que hablar el idioma. Y bien. El nivel mínimo permite leer la prensa, escuchar la radio o los informativos de televisión, hacerse comprender por la gente y ser capaz de realizar entrevistas que vayan más allá del diálogo para besugos. Con el nivel correcto se cazan las conversaciones ajenas en los bares o los transportes públicos (en el oficio eso no se llama cotilleo, sino trabajo de campo), se captan los matices y se logra una cierta intimidad con los interlocutores.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

9 comentarios

  1. Hace un montón de años (quizá 35), escuchando en casa una crónica De Francisco Eguiagaray para Radio Nacional, yo, que era un pipiolo, alucinaba oyendo a aquel hombre distinguir entre Checoslovaquia y Hungría y los países más al este, porque decía que los primeros habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro, eran el corazón de la vieja Europa y el asunto tenía su importancia.
    Leer los nombres de toda esa gente que cita Enric González es un montón de recuerdos de voces e imágenes de un mundo que ya no existe. La
    Me repito, pero un solo artículo de este hombre, vale la suscripción de todo el año. Muchas gracias.

  2. Hace un montón de años (quizá 35), escuchando en casa una crónica De Francisco Eguiagaray para Radio Nacional, yo, que era un pipiolo, alucinaba oyendo a aquel hombre distinguir entre Checoslovaquia y Hungría y los países más al este, porque decía que los primeros habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro, eran el corazón de la vieja Europa y el asunto tenía su importancia.
    Leer los nombres de toda esa gente que cita Enric González es un montón de recuerdos de voces e imágenes de un mundo que ya no existe.
    Me repito, pero un solo artículo de este hombre, vale la suscripción de todo el año. Muchas gracias.

  3. Maestro Ciruela

    «Eguiagaray me ofreció una copa de champán. Era un brebaje dulzón, de paladar áspero, realmente horrible. «Está bien, ¿verdad?», preguntó. No sé si me tomaba el pelo. Parecía gustarle de verdad.»
    ¡Je, je, je…! ¡Genial, y el artículo un gozo para el espíritu! Gracias.

  4. Excelente.

  5. Como siempre, una maravilla, unos minutos de interesante, amena y divertida lectura.
    Gracias!!

  6. ¡Qué artículo, señor! Un pequeño capo lavoro. Discùlpeme la fantasía, pero aun sabiendo que no es corresponsal de guerra, mientras leía, cada vez con un escalón más de imprevistos, me imaginé que todos estos partes de “guerra mundana” los hacía metafóricamente escondido detrás de una roca en un desierto ignoto, con bombas y balas que rebotaban, gritos e insultos y usted sudando y angustiado por saber si la información llegaba o no. La magia de la escritura. Permítame recordar al grande Montanelli que prefirió abandonar su querido cotidiano para no ser un dependiente de Berlusconi. De este dio una definición lapidaria con respecto a su vanidad: si en los matrimonios, por los homenajes, quería ser la esposa, en los funerales quería ser el muerto. Una lectura fantástica. Muchas gracias.

    • Enric Gonzalez fue brevemente corresponsal de guerra, si no recuerdo mal, en el Congo. En una de sus cronicas, o relatando mucho despues aquellas andanzas, resultaba descorazonador las historias que contaba sobre una mujer local a la que atropello un camion militar repleto de soldados delante suyo…para que seguir. su corresponsalia en Nueva York es de sobra conocida, y viviendo en esa misma cuidad desde have 12 anyios, sigo a rajatabla su premisa de andar siempre embobado con la cabeza hacia arriba admirando los rascacielos y con un lapiz y un mapa siempre tratando de descifrar los antiguos barrios del downtown

  7. Constantino

    Ricardo Ortega fue teniendo cada vez más la suerte de espaldas. Su vida se convirtió en uno de esos días en que todo termina saliendo de mal en peor, hagas lo que hagas. Y para postre, olvidó el consejo del sabio Martín Tapias: «No te pongas nunca delante de los americanos».
    Hace un año:
    https://www.jotdown.es/2019/11/no-te-pongas-nunca-delante-de-los-americanos/

  8. Pingback: Los corresponsales, en Jot Down |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*