Unorthodox, o cómo matar a Dios a pastelazos

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*Este artículo contiene SPOILERS pero también sugerencias

Una joven que huye de un entorno asfixiante para coger finalmente el timón de su vida; una historia tan universal que podría haber arrancado en Teherán, Kabul o Avilés, pero esta vez nos fugamos con Esther Shapiro (Shira Haas) del corazón de la comunidad judía jasídica de Nueva York. Hablamos de una sociedad hermética que se opone tanto a la modernidad —desde los pantalones vaqueros hasta internet— como al Estado de Israel (el mesías no ha llegado todavía). Atrapada en el éter jasídico, Esther también carga con la responsabilidad histórica y apremiante de parir sin descanso para subsanar la pérdida del Holocausto. La suya, entre otras muchas cosas —más bien sobre todas ellas—, es una comunidad traumada.

Le damos al play y nos bastan unos segundos para sentirnos confortablemente instalados en ese ambiente opresivo recreado con el rigor más escrupuloso: desde los imponentes sombreros de visón sobre las cabezas de los hombres (se llaman shtreimel) hasta las sobrias pelucas sintéticas de las mujeres; desde el plástico que cubre y alarga la vida de sillas y sofás hasta esa cocina envuelta en papel de aluminio durante la celebración de la Pascua judía. Sepan que la más microscópica partícula de levadura en el aire puede arruinar el banquete kosher más pantagruélico. Tal es el detalle que uno tiene que recordarse a sí mismo que no está viendo un documental hecho en las tripas de una sociedad tan hermética. ¿Realmente son actores los que cantan y bailan en la boda de Esther? ¿Vieron al novio romper la copa con el tacón del zapato? Ni en la más festiva de las celebraciones se olvida el dolor por la destrucción del Templo de David a manos de los romanos.

El trabajo de documentación es patente para los ojos, aunque puede que aún más para los oídos. Esther y los suyos hablan yiddish, una lengua que hunde sus raíces en el alemán medieval pero con ramas de las que brotan voces hebreas, eslavas e incluso arameas. Ludwik Lejzer Zamenhof construyó el esperanto sobre la gramática de su yiddish materno, el mismo que hablaban los padres de Woody Allen cuando no querían que el chaval les entendiera. Una vez más nos repetimos a nosotros mismos que en Unorthodox se trata de actores, y no de personajes reales de un documental. El truco reside ahora en que la mayoría de los intérpretes son alemanes en cuya boca el yiddish, como lengua germánica, suena totalmente fluido y natural. Sabemos, eso sí, que el milagro se obra bajo las directrices y la supervisión de varios hablantes nativos en el equipo.

Unorthodox tenía todos los ingredientes para ser una bestia perfecta. Lástima.

Desde el principio se avisa al espectador de que la miniserie (son cuatro episodios) es una adaptación de la novela autobiográfica de Deborah Feldman, pero no de que pasaremos de un magnífico documental a un telefilm alemán de domingo por la tarde. El bofetón tras el regalo para la vista y el oído en Nueva York llega en forma un pastelazo en la cara ya a este lado del charco: Esther vuela a Berlín y aterriza por casualidad en una escuela de música (es su pasión) donde acaba apadrinada por un profesor palestino y arropada por un grupo de nuevos amigos entre los que hay una pareja gay, una israelí laica y una refugiada de Yemen. No hemos dicho que busca allí a su madre, quien presuntamente la abandonó cuando era niña, y que ahora vive con otra mujer. ¿Realmente era necesario todo esto? Si la serie la hubiese dirigido el doctor Jekyll, siempre podríamos echarle la culpa a un señor Hyde cursi y ramplón que sabotea su trabajo cada noche. A esto no le encontramos explicación.

Entre tanta cal y tanta arena sería injusto no distinguir la huella de Shira Haas, una actriz israelí del 95 capaz de transmitir tormento hasta cuando le pillan el plano desde la nuca. Haas es, además, nieta de un superviviente del Holocausto e hija de judíos de origen centroeuropeo, con lo que el drama y el yiddish le vienen de cuna. Amit Rahav, quien interpreta a su marido en la serie, también encarna a la perfección al joven jasídico atrapado en un cenagal de sentimientos contradictorios. Acabará cortándose las crenchas, sí, pero a diferencia de Esther no los barrotes de su prisión. Y es que es la lucha por la emancipación de la mujer la que articula la narración, pero el que quiera saber cómo lo viven los hombres podrán meterse en la piel del joven rabino Shtisel en la serie homónima. Ya que hablamos de sugerencias, encontrarán la pata que le falta a Unorthodox en One of Us, ese magnífico documental que pone voz y rostro a varios hombres y mujeres que consiguieron huir de la prisión jasídica. Tampoco se pierdan Holy Rollers, la película basada en la historia real de dos jóvenes judíos convertidos en «mulas» para las mafias del tráfico de drogas. Es delirantemente cómica, aunque para realidades que superan de largo toda ficción está la historia de Csanád Szegedi, ese nazi húngaro que un día descubre que es judío y acaba atrapado en los renglones de la Torá. Keep Quiet se llama el documental que protagoniza el propio Szegedi.

Volviendo a Unorthodox, el empalago berlinés resulta más llevadero con el making off que incluye en el paquete, el cómo lo hicimos para retratar a una comunidad al margen del tiempo. De hecho, el coronavirus se ha cebado en barrios como el de Mea She´arim de Jerusalén: sin televisión ni ordenador en casa no se habían enterado de la gravedad del asunto. Tampoco verán la serie.

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28 Comentarios

  1. Una serie muy woke que, para lo que cuenta, podría haber limitado su duración a una hora. Como todo lo de Netflix.
    Y, sí, es tan inclusiva que te hará vomitar de la emoción.

    • ¿EN SERIO lector? Ya puestos a quejarnos de una expresión chorra, pues me quejo yo del «en serio» y su sucedánea más repelente: «Traumada? ¿Hola, Jot Down?»

    • Gustará más o menos, pero el verbo traumar existe como sinónimo de traumatizar. Compruébalo en el DRAE si quieres.

  2. Has escrito un gran artículo, pero, por desgracia, no te hacía falta emponzoñar y criticar de un modo burdo la serie para que la gente haga click y lea tu artículo. Si no me crees, hazlo en tu próxima redacción para esta revista y verás cómo los índices son los mismos. Es más: los siete párrafos están brillantemente hilados; has dado con el tono exacto; has ido al grano en todo momento. Sin embargo, el esfuerzo por epatar lo ha echado todo por la borda. Si cogemos tu artículo y le quitamos: pastelazos; Avilés; lástima; telefilm alemán de domingo por la tarde; ¿Realmente era necesario todo esto?; cursi y ramplón; la pata que le falta y empalago; el artículo se transforma en un diamante; en un texto que no necesita cabrear a los adolescentes que han visto Unorthodox. (La finalidad de este comentario no es que sea publicado —entiendo que no se publiquen las críticas negativas—, sino interpelarte a ti como autor).

    • ¿Pero es que hay adolescentes que leen el Jot? Pues yo coincido con el autor del artículo y en sus calificativos, que considero oportunos… y que puede redactar como le de la gana, aunque a ti por lo visto te disguste tanto. Aunque me he gustado mucho la serie, lo que comenta Karlos es justo lo que más me chirría. Un 7 le doy a Unorthodox, si hubiesen rebajado el tono pastelón de la parte berlinesa de 8 o 9.

    • «Entiendo que no se publiquen las críticas negativas», para enmarcarlo, oíga. Si tú «entiendes» que un medio como Jot Down sólo obedece a la voz de algún amo secreto, creo que fallas el tiro. Como tu parlamento final donde afirmas que no se debe cabrear a los adolescentes que la hayan visto. ¿Entonces los redactores de esta web que deben ser, meros plumillas que hacen sinopsis para las contraportadas de los DVD y Bluray?, ¿no pueden ser entes independientes que tengan su propio criterio?, ¿Estás seguro de que un adolescente de 2020 va a perder su tiempo en leer? Directamente, leer. No te digo ya cuando se trata de uno de esos mega-artículos de JD que tardas horas en terminarlos. Alguno habrá, claro, pero aunque lo hubiera, ¿es necesario incluir en la guía de estilo como redactor de JD’ no ofender a los adolescentes? Sería por cierto, lo único que quedaría ya por añadir en cualquier serie o película actual, todas las cuotas inclusivas metidas a empujones como en el metro de Tokyo.

  3. Qué tal clickbait. Uno entra a la página para ver cómo la serie «mata a Dios a pastelazos» y al final nada de eso. La crítica hace muy bien resaltando las virtudes de la serie (de hecho lo hace demasiado bien), pero a la hora de la crítica resulta que al autor simplemente le parece «cursi» la diversidad berlinense. Resulta que una pareja gay en Berlin y una refugiada yemení son «empalagosos». No hay nada más de fondo.En fin, espero que se publique una mejor reseña de esta serie en Jotdown, en donde he podido leer críticas maravillosas y bien fundamentadas.

    • No, te confundes. El redactor se queja de lo que nos quejamos todos los amantes del cine y las series desde hace ya tiempo. La forzada cuota de ‘inclusividad’. Por narices en todas las series y pelis deben haber parejas gays, lesbianas, diferentes razas (a ser posibles de las más ‘perseguidas por los prejucios heteronormativos’) y no, antes de que empieces a chillar señalando con el dedo a la pantalla mientras gritas «¡alerta antifascistaaa!’, te diré que no tengo nada contra nadie que no me haya puteado, pero estoy hasta aquí (me toco la coronilla, malpensada) de que tengan que colar con calzador ese tipo de interpretaciones así como panfletadas varias en los guiones. Hay unas cuántas series de estos dos últimos años que me gustan bastante pero podrían haber llegado a gustarme muchísimo sino fuese porque los guonistas no ganan para calzar zapatos del 30 en un pie del 45.

      • ¿Y no cree usted que precisamente en este caso lo de la inclusividad tiene todo el sentido del mundo? Que una persona educada como lo ha sido ella se haga amiga de una árabe, de una pareja gay, de varios alemanes, es parte de la historia, creo. Otra cosa es si se ha hecho de modo cursi, en eso no voy a entrar.

  4. Bastante de acuerdo. La parte de Williamsburg es brillante y en el documental de cómo se hizo creo recordar que se dice que algunos no son actores. La parte de Berlín flojea mucho por el peaje buenrollista y multicultural que hay que aplicar. Con todo, una serie recomendable donde lo mejor es la impresionante interpretación de esa menuda actriz israelí. Por cierto, yo también he visto Shtisel, u me parece mucho mejor, costumbrista y realista en el caso de los haredi que viven en Israel. Una de las escenas para el recuerdo de Unorthodox (el baño en el lago de la protagonista) está literalmente copiada de Shtisel, solo que esta con protagonista masculino y mucho antes, 2011.

  5. Me alivia constatar que no estoy solo en mi perplejidad respecto a la serie. El ambiente tóxico de la comunidad neoyorquina se antoja auténtica ante las cámaras, tanto como flojo la contraparte berlinesa. Los atormentados y ortodoxos protagonistas contrastan con los muñecos de plástico europeos, éstos últimos parecen y se comportan como robots enchufables y recargables sacados de Black Mirror. No se salva ni la madre: da bastante vergüenza ajena el contraste entre el desempeño de ambas actrices frente a frente en el último capítulo, donde en lugar de un clímax emocional te encuentras un enorme bluf. Qué oportunidad perdida.

    • De todos los comentarios, el tuyo (análisis) es el que más me ha gustado. Gracias.
      Shira representa un papel tan intenso y brutal que deja al resto, sobre todo a la ‘parte Berlín’, como algo añadido… artificial…. no sé si me estoy explicando bien…

  6. A mí me gustó la serie. La crítica me parece respetable. Lo que me parece fuera de lugar es la mención al coronavirus en un barrio de Jerusalén, ¿alguien tiene algún dato que avale esta afirmación? Otrosí: ¿las mujeres de Avilés no tienen los mismos derechos que tenemos los hombres en Málaga?

  7. La serie retrata de forma magnífica la mentalidad y la opresión de esa religión, y ya solo por eso vale la pena verla. Pero estoy de acuerdo con el artículo: la facilidad con la que la protagonista resuelve todos sus problemas acaba alejando la historia de la realidad. Solo necesita aterrizar en Berlín para que todo le salga bien. Todo. A las pocas horas se deja caer por un conservatorio donde acaban fascinados por su maravilloso arte interpretativo, le salen unos amigos majísimos y hasta un noviete guapérrimo, su madre -a la que expulsó a patadas de su vida- la perdona y la acoge, y hasta su marido ultraortodoxo acaba comprendiéndola entre lágrimas. Mira… no, la vida real no es así.

  8. Si el tema os interesa, aprovechad para leer al grandísimo Isaac B. Singer, cuyo tema siempre fue el conflicto entre tradición y adaptación de esa misma comunidad.

  9. Hola a todos. No se trata de una serie que vaya más lejos de consumir en un fin de semana..ni de culto ni siquiera excelente. Pero si que es cierto que ayuda a entender la represión a la que somete la religión a algunas culturas.
    Sobra metraje y sobra «buen rollo», pero así es Netflix (para lo bueno y para lo malo).

  10. Muchas gracias por el artículo, me ha gustado. Me gustó mucho la serie así que leer esto me ha hecho disfrutarla otra vez y con algún dato más que desconocía.
    Discrepo en la valoración pero no por conocer Berlin sino porque yo no sentí por ningún lado el tono pastel que criticas. Siempre es interesante saber porqué otro opina distinto cuando lo explica tan bien.
    Me sumo a Antonio en la curiosidad -puesto que no es el tema del ensayo- del dato sobre el coronavirus. Presumo que se basa en los artículos publicados en prensa como Haaretz y no en disponer de las cifras reales, verdad?

  11. Discrepo totalmente. Me parece una serie excelente que se complementa con el making off i también con la película ONE OF US.
    Por cierto: ayer podía leer en el diario ARA (catalán) que más de dos mil judios ultraortodoxos (todos hombres por supuesto) se saltaron la cuarentena en en NY para hacer al aire libre un funeral por un rabino muy prestigioso de 93 años. A pesar de los ruegos de la policía ellos continuaron con lo suyo lo que nos da idea del grupo de presión que representan. Hay fotos que acompañan el acto.

  12. Entiendo que lo que le molesta al señor del artículo es que Berlín era demasiado buenrollista. No sé, pero, ¿había que inventarse otro Berlín? no niego que la coincidencia de la escuela de música ya es demasiado, pero es que Berlín no es un pueblo de Castilla La Mancha, es multicultural, es así, no hace falta meter gente de todas las culturas porque es que en ciudades como esa la vida es tal cual. ¿a qué llaman inclusividad en la series? a que por ejemplo yo, que vengo de un país multicultural, tengo un circulo de amigos parecido al de la serie? ¿no se cree? ¿es falso? afortunadamente es todo lo contrario: las series están empezando a mostrar la realidad de muchas ciudades como esa, donde gente de distinto orígenes es amiga y no son todos altos, rubios y ricos.
    La parte donde canta Shira es hermosa, el final de la serie es patético. Se lo debieron ahorrar.

  13. A mí me gustó muchísimo. Y a todos los que han aportado opiniones en Filmaffinity, también, con notas entre 7 y 10.
    No obstante, reconozco que me gusta leer las críticas discrepantes. Incluso me hacen gracia. ¡Salud!

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