Sociedad

Habitar el riesgo 

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Foto: Cordon.

En 2016 la Coordinadora de ONG para el Desarrollo (que integra a cuatrocientas organizaciones entre las que se cuentan ONG y coordinadoras autonómicas en cien países distintos) me invitó a un encuentro que se realizaría en Madrid los días 7 y 8 de noviembre, y al que asistirían miembros de varias ONG y periodistas de distintos medios para discutir y reflexionar acerca de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en septiembre de 2015 en una cumbre de las Naciones Unidas. La Agenda propone diecisiete objetivos de desarrollo sostenible cuyo fin es el de terminar con la pobreza, reducir la desigualdad y luchar contra el cambio climático. La Coordinadora me pidió que, en el marco del encuentro, diera una conferencia acerca de cómo los periodistas podíamos narrar un tema tan abstracto como ese sin caer en clichés, tópicos o cientificismos incomprensibles. El texto que sigue es el que leí en ese encuentro, el 8 de noviembre de 2016 en Caixa Forum de Madrid:

Para empezar por alguna parte, podríamos empezar por las palabras. ¿Saben qué es una agenda? Para la mayor parte de la gente que anda por ahí afuera, cargando las bolsas de las compras o preguntándose cómo cuernos llegará a fin de mes con ese salario miserable, sobreviviendo a la depresión o al amor o a la diabetes, la agenda es un trozo de papel o la pantalla de un teléfono donde se anotan tareas pendientes: «Martes 5, llevar a Esteban a inglés, descongelar pollo, reunión con Vicente. Miércoles 6, cita con Natalia, llevar auto al mecánico, depilarme». Pero aquí, esta tarde, yo digo agenda y ustedes piensan en la ONU. Es un ejemplo banal, quizás burdo, pero en ese pequeño error de paralaje reside, quizás, parte del problema: en dar por sentado que, cuando decimos «agenda», todos escuchamos lo mismo. Y con el mismo interés. ¿Cómo puede convocarse el interés de un lector en torno a algo llamado Agenda 2030 cuando todos los involucrados en el tema dan por sentado que esas palabras remiten indudablemente a la idea de «si no hacemos algo pronto, este sistema cultural, político y económico que tenemos nos llevará al desastre», mientras un lector común y corriente lee Agenda 2030 y piensa en ese adminículo en el que anota la cita con el ginecólogo y con el analista? 

Cuando me invitaron a formar parte de este encuentro me pidieron que hablara acerca de cómo contar, desde el punto de vista periodístico, algo tan abstracto como una «agenda mundial». Los «17 Objetivos de Desarrollo Sostenible con 169 metas conexas, de carácter integrado e indivisible» de la Agenda proponen, y cito más o menos literalmente, un mundo sin pobreza, hambre, enfermedades, privaciones ni violencia, en el que la alfabetización, la salud, el acceso al agua potable y los alimentos sean universales, donde se respeten los derechos humanos y los niños crezcan libres de la violencia y la explotación, y las mujeres y niñas gocen de la plena igualdad entre los géneros; un mundo en el que cada país disfrute de un crecimiento económico inclusivo y sostenible, y en el que el desarrollo y la aplicación de las tecnologías respeten el clima y la biodiversidad. Puesto así suena, con perdón, a la promesa que nos hace el mercachifle de la esquina cuando nos quiere vender un líquido que tanto sirve para quitar los rayones del auto como para reparar paredes, desinfectar heridas, rizarse el pelo, limpiarle el trasero al bebé y lavar los platos: demasiado bueno para ser verdad. 

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10 comentarios

  1. Por artículos como este me estoy pensando en hacerme suscriptor. Esto sí es contenido que merezca ser pagado, aunque se pueda acceder a él gratis.

  2. Muchas gracias por el remezon

  3. Laura Escuela

    Inspirador. Magnífico artículo. Enhorabuena

  4. Me quedo revuelto pero habiendo dado algún paso hacia adelante con esta lectura. Gracias por el texto.

  5. Luisa Cajamarca

    Este artículo se ha convertido en un nuevo referente para mí. Gracias.

  6. Estas consideraciones tendrían que extenderse también en el ámbito de la administración pública, por lo menos en aquella italiana. Tiene que haber sido uno lleno de literatura latina aquel que ordenó «obliterare» los boletos de los trenes antes de abordarlos. Qué le costaba decir marcare, convalidare, segnalare, annullare, cancellare? No. Obliterare da más prestigio. Perdí mi primer tren italiano tratando de saber qué quería decir.

  7. Constantino

    Pues a mí me ha parecido un artículo largo y plano. Decía un profesor mío que las conferencias son oportunidades para el ponente saque a pasear automatismos morales. A mi entender el periodista debe reflejar el dato, le guste o no, sea moral o no. Para el gusto está la estética y para la moralidad, el sacerdote. Cuantos menos efectos especiales y dramaturgia, mejor el periodista.

    • No he entendido muy bien lo que quieres decir. Si no he entendido mal, lo que trata esta ponencia o discurso es precisamente quitarse de en medio la dramaturgia, los efectos especiales o la palabrería, para mostrar información cruda, ¿no es así? Yo al menos lo he entendido así. Los datos, del tipo de «este mes han muerto de hambre 3000 personas en Uganda», buscan en sí mismo drama, pero un drama de usar y tirar, del que se olvida fácilmente. El que intenta conmovernos para luego pasar a «informarnos» de los goles de la última jornada de liga. En cambio, escribir un artículo acerca de como el hambre afecta a una familia de Uganda, día a día, sin esconderse detrás de datos, es más útil. No quiero decir que el sensacionalismo sea el camino, sino que la información cruda es más instructiva y útil, como lo que explicaba de los efectos de la tuberculosis.

      • Constantino

        A mi entender, un peñazo de artículo. Todos los ejemplos en tono gris, encima copiados de terceros, no reflejan el dato, porque no tienen otro objetivo que excitar la dramaturgia. Son una de las muchas antítesis del periodismo. Lea usted el texto que comienza con «Para quien quiera imaginarse el sadismo del que es capaz un pandillero…» y después me hace el favor de recordar a Nieves Herrero, preguntando a los padres de las desaparecidas en Alcasser qué era lo que sentían en aquellos momentos. ¿Periodismo en estado puro? Si el periodista es gráfico, cuando se encuentre con una violación, ¿qué hará? ¿Filmarla, venderla como periodismo en horas de máxima audiencia y, después, para legitimar su condición moral, hacerse eco de las palabras de Luther King, Buda o el Papa Francisco? Pues qué bien. El periodista como una extensión del «porno stuff». Cierto que muchos hacen carrera siendo más basurólogos que periodistas. Algunos, hasta consiguen auparse a un cargo en la administración.

  8. Toda una lección sobre la escritura y el periodismo. Enhorabuena a la autora, y muchas gracias.

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